¿Es la homosexualidad una actividad normal? (Edward Fields)

Con este título ha publicado el doctor Edward Fields, director de la conocida re­vista Nacionalsocialista norteamericana "The Truth at Last", un documentado folleto sobre el movimien­to de los grupos homosexuales cuyas acti­vidades han llegado a alcanzar una gran notoriedad en su país - y, en general en todo el mundo -, contando, además, con notables protecciones desde las cimas del Poder. Con relación al texto que seguidamen­te publicamos deberíamos añadir la cono­cida frase de que "puede herir la sensibili­dad de nuestros lectores". Se trata de un trabajo totalmente contrario a la línea que intentamos seguir de ofrecer información poco conocida o incluso "sensacionalista" pero a través de un lenguaje correcto. Al abordar el presente texto cabían varias al­ternativas: No publicarlo, censurarlo o po­nerlo tal como fue escrito y nos hemos in­clinado por la última. El motivo por el cual hemos creído in­teresante la publicación de este trabajo, es la permanente propaganda unidireccional del tema del homosexualismo. "La Vanguardia" del 30 de noviembre de 1994 publicaba una en­cuesta realizada por el Centro de Investi­gaciones Sociológicas según la cual el 53,4% de los encuestados consideraba que las parejas de homosexuales deberían te­ner los mismos derechos en todos los sen­tidos que las parejas formadas por hombre y mujer, mientras que el 32,9% apoyaba el derecho de las parejas homosexuales a adoptar hijos. He aquí la transcripción literal de este estudio:

"Gays en el ejército"

"Derechos gays"

"Están en todas partes y son como nosotros"

Tal es la línea promocionada por la prensa liberal. ¿Es buena la actividad ho­mosexual para las fuerzas armadas, las es­cuelas y la sociedad?. ¿Es su estilo de vida tan respetable como una relación heterose­xual?. La prensa, las universidades, los polí­ticos e incluso algunas iglesias están promoviendo, voceando como cotorras, que la homosexualidad no es diferente que la unión entre un hombre y una mujer. Los detalles y consecuencias gráficas de las prácticas homosexuales han sido suprimi­dos en toda discusión y debate, incluso en los del Congreso sobre la conveniencia de permitirles la entrada en el ejército. ¿Cuá­les son los peligros que los homosexuales y sus prácticas conllevan?. El Sida llegó a convertirse en una pan­demia a través de las actividades sexuales de los Gays y a partir de ellos se extendió a otros segmentos de la población. Si no fuera por los homosexuales, esta plaga no se hubiera expandido por América y Euro­pa, tal como se ha desarrollado sobre todo con sus extrañas e insanas prácticas se­xuales. Los Gays bisexuales y los Gays drogadictos están infectando con el Sida a la población heterosexual. Todas las prue­bas demuestran que esta enfermedad está, ya, fuera del control humano. A pesar de esta plaga, los sedicentes liberales mantienen que no hay diferencia entre el sexo heterosexual y el homosexual. Para evitar escandalizar a la gente normal sobre la manera en que esta enfermedad es desarrollada entre los homosexuales, la prensa, simplemente, omite detallar sus abominables prácticas.

1) Sexo oral: Es practicado por todos los homosexuales. En muchos de tales ac­tos, ingieren semen. El semen contiene los mismos gérmenes que están en el sistema sanguíneo. En consecuencia, consumir se­men plantea el mismo riesgo para la salud, como seria el consumo de sangre humana.

2) Sexo anal: Es practicado por el 90% de los homosexuales y dos tercios partici­pan regularmente según el estudio de Co­rey y Holmes. El grupo estudiado tuvo un porcentaje de 110 diferentes participantes sexuales y 68 "relaciones" rectales anua­les. Durante la "relación" anal, el recto se convierte en un recipiente mezclador de sa­liva, heces fecales, semen y todos los gérmenes procedentes de tales fuentes. Como la pared rectal tiene tan sólo el espesor de una célula, el desgarro de la pared anal ocurre con frecuencia permitiendo el acce­so directo de tales contaminantes a la co­rriente sanguínea. Esto puede ser, también, consecuencia de la transmisión de la hepa­titis B, otra terrible enfermedad infecciosa que puede ser fácilmente contagiada a gente inocente a través de los servicios de la alimentación, como camareros y cocineros, una ocupación favorita de los homosexua­les.

3) "Fisting" es la práctica homosexual que consiste en introducir la mano y/o el brazo dentro del ano. En el retorcido tipo de sexo practicado por los homosexuales, se utilizan varios "juguetes sexuales", así como botellas, zanahorias, pepinos e inclu­so jerbos (pequeños mamíferos roedores) vivos. En las grandes ciudades, donde los homosexuales tienen a congregarse, muy frecuentemente los médicos de emergencia son requeridos para extraer tales objetos de sus rectos. No es raro que los daños causados sean difícilmente reparados por la cirugía. Algunos resultan tan tremenda­mente dañados que se ven obligados a usar bolsas colostómicas el resto de sus vidas.

4) Sexo fecal: Es practicado por el 80% de los Gays. Lamen o introducen sus len­guas en los anos de sus "copartícipes" e ingieren heces. La mitad de ellos admiten la práctica de tan repulsivos hábitos de ma­nera regular. El Doctor John Elford, de Lon­dres, en su estudio llevado a cabo en 1991 descubrió que los homosexuales continua­ban con estas prácticas, que ellos llaman "rimming" (contorneo), al mismo nivel que en su anterior estudio de 1984. Esta extraña y repugnante práctica de inferir heces fecales es la causa principal de la hepatitis y de los contagios de tipo parasitario comunes entre los homosexua­les.

Según el Departamento de Sanidad Pública de San Francisco, entre el 70 y el 80% de los 75.000 casos de hepatitis re­gistrados en esa ciudad se dan entre los homosexuales. Los Centros de Control Sa­nitario redactaron un informe sobre la he­patitis entre los Gays y descubrieron que son los portadores de esa enfermedad en el 29% de los casos en Denver, del 66% en Nueva York, del 56% en Toronto, del 42% en Montreal y del 26% en Melbourne. La hepatitis es altamente contagiosa y se desarrolla en condiciones de escasa higie­ne. Mata a la mayoría de sus víctimas al destrozarles el hígado. Personas inocentes se hallan en peligro de infección hepática a través de los homosexuales que trabajan en gran número como cocineros y camare­ros en los restaurantes. Las autoridades médicas que escriben en publicaciones dedicadas a los homose­xuales llaman a la infección crónica de los Gays con variados parásitos intestinales "Síndrome Intestinal Gay". Por otra parte, la ingestión de heces es la causa de fiebres tifoideas, herpes y cáncer. Según informes médicos oficiales, el 10% de los Gays ad­miten la práctica de comer deliberada­mente heces y/o beber agua contaminada de los enemas.

5) Sexo urinario: Es practicado por el 29% de los Gays, que lo denominan "Gol­den Showers" (Duchas doradas). Consiste en beber o ser rociado con orina, una subs­tancia altamente tóxica. El consumo de ori­na puede causar, eventualmente, la muer­te.

6) Sadomasoquismo: Es un pasatiem­po para el 37% de los homosexuales. Con­siste en inflingir o recibir torturas para ob­tener un placer sexual. Muchas muertes en ciudades con una numerosa población ho­mosexual han sido atribuidas a estrangula­mientos "accidentales" u otras causas relacionadas en el curso de una sesión de sexo sadomasoquista. En San Francisco, cier­tas autoridades médicas "liberales" consi­deraron necesario impartir, a cargo de los contribuyentes, clases de sadismo y masoquismo para gays en la creencia de que impedirían o harían disminuir el nú­mero de "muertes accidentales". En tales clases se enseñaba cómo atar a un copar­tícipe sin cortar la circulación de la sangre.

7) Encuentros sexuales anónimos: Se llevan a cabo con desconocidos en urina­rios públicos. Los practican el 41% de los Gays, mientras que el 60% comete tales actos con extraños en baños públicos. En el curso de tales encuentros "de alto ries­go", un 64% admite haber usado drogas ¡legales. En un estudio llevado a cabo sobre 824 Gays "promiscuos", el Doctor Steven Morin halló que la campaña promovida por los "mass media" sobre lo que llamaban sexo seguro trajo como consecuencia reducir el promedio de 70 encuentros se­xuales anónimos, de 70 hasta 47 anuales. Un estudio de Corey y Holmes en Seattle durante 1992 descubrió que, en pro­medio, el homosexual común, en un año sodomiza a 108 varones y traga semen de 48 de ellos. Permite a 68 Gays que pene­tren su ano con el pene e ingieren heces de otros 19 "copartícipes". No es sorpren­dente que, en el período de ese estudio, el 10% contrajeran hepatitis B y otro 75 adi­cional hepatitis A.

Consecuencias medicas de la actividad homosexual

Las mencionadas actividades, promís­cuas e insanas, son la causa de que el 78% de los Gays contraiga enfermedades trans­mitidas sexualmente. Dependiendo de la ciudad, entre un 39% y un 59% han sido infectados con parásitos intestinales tales como lombrices, gusanos y amebas. Tal tipo de infecciones son generalmente difun­didas sólamente en las atrasadas naciones del Tercer Mundo, donde se esparcen so­bre todo por la suciedad y la ignorancia. La antinatural actividad de los Gays es la única razón de que tan recientemente como en 1992, el 83% del total de casos de Sida en los Estados Unidos se daba entre los varones Homosexuales y Bise­xuales. Los varones bisexuales son el principal vector de transmisión de esta malig­na enfermedad en la comunidad heterose­xual, a través de una normal actividad he­terosexual con una desafortunada hembra que, más tarde podrá, a su vez, contagiar esa plaga a su prole o a otros hombres. A pesar de que cualquier persona puede re­sultar contagiada por el Sida - especialmen­te si es drogadicta - el sexo Gay es como jugar a la ruleta rusa pues el daño inflingido al cuerpo en el curso de tal actividad ayu­dará indudablemente a la proliferación del virus.

Es difícil (aunque no imposible) que los homosexuales transmitan el Sida a gente inocente por contacto no sexual, pero sí es, en cambio, muy fácil, que transmitan otros repulsivas enfermedades. La conocida pre­ferencia de muchos homosexuales de em­plearse como cocineros, camareros y en­fermeros debiera ser motivo de preocupación. La hepatitis, la tuberculosis, los parásitos intestinales y otras enferme­dades pueden ser contraídas a través de personas infectadas que manejen alimen­tos o, incluso, que se hallen a proximidad de los mismos. En vez de impedir a tales personas el contacto con alimentos o con pacientes de hospitales, la muy prohomo­sexual Administración Clinton ha promulga­do leyes que prohiben su licenciamiento e incluso su traslado de puesto de trabajo bajo el pretexto de "impedir la discrimina­ción”. La naturaleza intrínseca de la homo­sexualidad anula cualquier esfuerzo que los "liberales" que con ellos simpatizan puedan hacer para lograr que los Gays practiquen lo que llaman "sexo seguro". Los homosexuales son, por naturaleza, promiscuos y muchos de ellos disfrutan con sus orgías, con el sadomasoquismo y con el sexo anó­nimo con desconocidos.

En grandes ciudades con un contin­gente considerable de homosexuales, "lo­cales de negocios" que proveen a sus an­tinaturales antojos han surgido como setas venenosas después de una lluvia de prima­vera. Esos locales, tales como las bien co­nocidas "casas de baños Gays" y las me­nos notorias "casas de alquiler para torturas", provistas de látigos, cadenas, ju­guetes sexuales y correas de cuero para "esclavizar a un amante" son populares y respetadas en la subcultura Gay. ¡Ay del político urbano que tratare de cerrar tales locales!. Se encontraría con un cohesionado, organizado y oculto bloque de activistas militantes dispuestos a destruir su carrera política. El Doctor Cameron comparó 6.211 obituarios de 16 publicaciones homosexua­les con los de periódicos regulares en un período de 12 años. Halló que la edad pro­medio para la muerte de hombres blancos, casados es de 75 años, y para mujeres blancas casadas, 79. Esto significa que un 50% viven por encima de esa edad. En el estudio del Doctor Cameron, el promedio de duración de vida de los varones Gays es sólo de 42 años, con sólo un 9% que sobrepasan la edad de 65. Si el Sida es la causa de la muerte, el promedio de edad del deceso baja hasta los 39 años. Las lesbianas tienen un promedio de duración de vida de 45 años, y sólo un 24% sobre­pasa la edad de los 65 años.

Los Gays tienen 102 veces más posi­bilidades de ser asesinados, generalmente por otros Gays. Cometen suicidio 25 veces más a menudo y tienen un promedio de accidentes mortales de tráfico 19 veces mayor que los varones heterosexuales. Esto demuestra que hay serios problemas emocionales asociados con la homosexua­lidad. Antes de la actual era de absoluto predomino liberal, la homosexualidad fue definida como una enfermedad mental por la Asociación Psiquiátrica Americana. También es digno de ser tenido en cuenta que el 21% de las lesbianas mueren por asesinato, suicidio o accidente. Tal pro­medio es 534 veces mayor que el de las hembras blancas heterosexuales en eda­des comprendidas entre los 25 y los 44 años.

Teniendo presente las previamente mencionadas prácticas sexuales de los Gays, hallamos que muchos de los notorios asesinos masivos de reciente memoria son homosexuales. Ejemplos bien conocidos son el recientemente ejecutado John Way­ne Gacy, en Illinois, el asesino sexual y caníbal Jeffery Dahmer y el asesino de ni­ños Wayne Williams, en Atlanta. En los ca­sos de Dahmer y Gacy, los niños víctimas de esos depredadores sufrieron diabólicas torturas sexuales en sótanos de mazmorras antes de ser estrangulados, y en el caso de Dahmer, fueron comidos. Hay muchos asesinos en serie Gays en toda Norteamé­rica esperando turno para ser ejecutados.

"Sex before eight before it's too late" (Sexo antes de los ocho años antes de que sea demasiado tarde): Tal es el slogan de una nueva especie de pervertidos organi­zados: Los pedófilos. Aunque no sea muy conocido por la gente normal, debido a la ley del silencio impuesta por los "mass media", grupos militantes con nombres como "North American Man Boy Love Association" (NAMBLA) - que debe traducirse por Asociación Norteamericana proAmor Hombre - Niño y "Pedófilos Anónimos" (PAN) han emergido súbitamente para ingresar en las huestes de las corrientes Gays más acep­tadas. Lejos de ser considerado un vergon­zoso grupo marginal, NAMBLA tiene miles de miembros que celebran mítines públicos exigiendo que se ponga fin a las restriccio­nes que ponen trabas a su repulsiva con­ducta. Muchos de estos pedófilos importan pornografía infantil de países en los que tan despreciable actividad goza de la protec­ción legal de gobiernos liberales, tales como Holanda y Dinamarca.

En un reciente desfile homosexual en la ciudad de Nueva York, los miembros de NAMBLA fueron entusiásticamente vitorea­dos. Encabezados por un profesor de es­cuela pública a quien las autoridades aca­démicas habían vanamente tratado de expulsar a causa de sus confesados apeti­tos sexuales, los miembros de NAMBLA retozaron abiertamente con sus compin­ches Gays, muchos de los cuales estaban completamente desnudos, y unos y otros escupieron e hicieron gestos obscenos cuando pasaron ante la Catedral de San Patricio en la Quinta Avenida. Diversos grupos que promocionan ta­les delitos aconsejan solapadamente a sus adherentes sobre la mejor manera de ga­narse la confianza de los niños. Algunos de los métodos con los cuales estos degenerados engatusan a los niños consisten en obtener posiciones de mando, tales como maestros de escuelas, clérigos o dirigentes de los "boy scouts". No debe olvidarse que un miembro del gobierno de Clinton, la les­biana de San Francisco Roberta Achten­berg estuvo hostigando legalmente du­rante dos años a los Boy Scouts por su negativa a permitir que los homosexuales pudieran ser dirigentes de tal organización juvenil. Es evidente que los peores tipos de pervertidos cuentan con poderosos aliados.

Como los homosexuales no se repro­ducen, deben reclutar a los jóvenes para nutrir sus filas. A pesar de que pueda haber una discutible evidencia en el sentido de que muchos de los más afeminados homo­sexuales hayan sido genéticamente progra­mados en tal sentido, parece claro que la homosexualidad es una perversión adquirida. Los liberales que enarbolan proclama­ciones de organizaciones sanitarias para "demostrar" que "los homosexuales son normales" están haciendo un daño enorme a jóvenes inocentes que van a ser objeto de seducción por parte de los Gays. Los poderes mediáticos no cesan de ridiculizar los esfuerzos de los ciudadanos decentes para proteger a sus hijos contra esos depredadores y sólo, muy de vez en cuando, denuncian las actividades aisladas de algunos depravados que "molestan" a los niños. Uno estaría tentado de decir que los dirigentes de los "mass media" están protegiendo deliberadamente a grupos como el NAMBLA.

En el curso de toda la Historia, com­probamos que cuando los homosexuales salen de sus guaridas para hacer gala de su aberrante estilo de vida ante la gente normal, esa sociedad se halla en un estado de acelerada decadencia. Todas las civilizaciones son obra de heterosexuales. Cuando las civilizaciones llegan al punto en que los hombres ya no son constructores, guerreros y padres, el cáncer de la homosexualidad hace su apa­ricición. La vida muelle facilita la eclosión de esta degeneración. Grecia y Roma fue­ron dos grandes civilizaciones antiguas que se hundieron debido, en parte, al afemina­miento y a la homosexualidad. Los verdaderos patriotas deben con­denar la homosexualidad como una ame­naza contra la familia y contra la misma nación. Los homosexuales cuentan con el apoyo de la minoría constituida por la coa­lición liberal que odia al auténtico, que siempre se ha opuesto incondicionalmente a sus aberra­ciones.

En vez de apoyar a la familia como el fundamento de una sociedad sana, nuestro corrupto gobierno actúa como un alcahuete en favor de los degenerados Gays. La pren­sa liberal y la Administración Clinton alien­tan a los homosexuales al prometerles la concesión de derechos especiales. A pesar de que es demasiado pronto para determinar el resultado final, el creci­miento sin precedentes de la pandemia del Sida, que cercena las vidas de los Gays como una gigantesca hoz, podría ser -y probablemente lo será- su definitivo vere­dicto de desaparición. A medida que el nú­mero de muertes originadas por esta enfer­medad va aumentando, incluso sus amigos empezarán a rehuirlos como los propaga­dores de la terrible enfermedad que, en rea­lidad, son. En conclusión, hay que responder re­almente a una gran pregunta concerniente a la homosexualidad: ¿Es normal?. Tras examinar el nauseabundo expediente de sus prácticas sexuales y el mortal peligro en que ponen a los inocentes, debemos concluir que no es normal y que, por con­siguiente, es una perversión, que de­bería ser erradicada de una sociedad sana por todos los medios y para siempre.