Inflación: Ganancia para los judíos

Adolf Hitler dijo que se puede hablar de economía sin utilizar términos inaccesibles para la mayoría: "Suele ocurrir que lo que en apariencia parece tan difícil, es muy sencillo en la realidad; que la dificultad ha sido originada al correr de los siglos por los hombres mismos, muchas veces por un cierto orgullo, debido a que consideran magnífico hablar de ciertas cosas no comprendidas por todos... Yo juzgo la economía desde el punto de vista del provecho que proporciona y no partiendo de una teoría... Las personas no están al servicio de la economía, sino la economía al servicio de las personas... Todas las teorías no sirven para nada cuando no hay qué comer".(Conferencia con los obreros el 20 de mayo de 1937. "Habla el Führer", página 393. Editorial Plaza Janés, 1973).

Así, pues, no le está vedado al sentido común hablar claramente de que la práctica económica llamada "liberal" esconde un factor capcioso que ha venido sometiendo al mundo a cíclicas presiones empobrecedoras. Una presión que se ejerce en pinzas: Por un lado la Inflación y por el otro la Depresión. O hay más dinero del que la producción de bienes apoya, y consecuentemente todo se encarece, o escasea el dinero y entonces baja el consumo, disminuye la producción y aumenta el desempleo. Dogma: No hay más que esas opciones.

Ese dogma subsiste porque la economía de cada país está sujeta a un centro económico Supranacional, a una cúpula supracapitalista que rige sobre el interés de los pueblos.

Algunas teorías suponen que la economía se rige por sí sola, por un sortilegio de ajustes automáticos. ¿Existe algo complejo que pueda funcionar sin plan ni dirección?,
¿puede una planta industrial trabajar sin que nadie oprima un botón, aceite unos engranajes o cambie una banda?, ¿puede funcionar sin que nadie formule un plan y marque metas?... Ni la más pequeña empresa funciona por sí sola. Tampoco funciona automáticamente la economía internacional. Hay una mano que la dirige, la encauza, la acelera o la frena.

Inflación - Deflación, ¿alternativa imposible de esquivar?. Hitler se encontró con ella en 1933 (empobrecimiento de ambos signos) y la rechazó diciendo: "En el campo económico no existe dogma alguno para perjudicar a un pueblo... Lo decisivo en la vida del individuo no es el billete de banco que se le entrega, sino lo que puede adquirir con él... Es imposible comprar más de lo producido. El total de la producción nacional determina el nivel de vida de la nación".

Consecuentemente, decidió que la solución no estaba en producir más billetes (inflación), ni tampoco en mutilar la actividad económica (deflación), sino en aumentar vigorosamente la producción de bienes y servicios, para lo cual necesitaba hacer a un lado el dogma (inflación - deflación). Y desvincularse de la cúpula del poder económico internacional, que él denunció como economía “esencialmente judaica". Los hechos parecieron darle la razón, pues en 5 años convirtió a la Alemania arruinada en una potencia de primer orden, aunque se había atraído sobre sí a un enemigo implacable.

En este punto hay qué hacer hincapié en que por ahora ningún país puede ya desvincularse del control económico internacional para practicar una economía realmente propia, ajena a la cíclica tenaza empobrecedora. La oportunidad de lograrlo se perdió en la Segunda Guerra Mundial.
Napoleón entró en dificultades con los financieros judíos, y en 1807 decía: "Sería dar pruebas de debilidad perseguir a los judíos, pero sería dar prueba de fuerza corregirlos" (Napoleón y los Judíos - Anchel). Creó el Banco de Francia, pero no lo entregó a la alta finanza, sino que se reservó el cargo de presidente vitalicio del mismo. lL emisión de dinero no se hacía como préstamo al gobierno, sino de acuerdo con la producción agrícola e industrial (El Enigma Capitalista - Joaquín Bochaca).

De esa manera el Imperio Masónico, surgido de la Revolución, se iba desmoronando. Consecuentemente, las logias y la alta finanza le retiraron su apoyo a Napoleón. Inglaterra ayudó a cercarlo, con la cooperación de Rusia y de Prusia, hasta vencerlo finalmente en Waterloo (1815).
La Revolución de 1789 fue un torrente de infamias tan grandes que ahora se le recordaría con vergüenza, de no ser porque una propaganda sutil y constante la ha barnizado como una epopeya de humanitarismo, de "derechos del hombre", de "libertad, igualdad y fraternidad".

Después de la derrota de Napoleón, Francia había quedado sumida en grave crisis. Tuvo que acudir a la alta finanza internacional, particularmente representada por los Rothschild, y obtuvo - para empezar - un crédito por 187 millones de francos, pero debería reembolsar 384 millones, más intereses anuales de 17 millones.

El Banco de Amsterdam y la Bolsa de Valores hacían especulaciones vertiginosas. Se valían de diversos procedimientos, casi siempre incomprensibles para la mayoría de sus víctimas. Con el apoyo de mil monedas depositadas en el banco - pongamos por caso - se abrían créditos por ocho mil monedas, dado que estos créditos no iban a ser utilizados ciento por ciento en el mismo lugar ni en el mismo momento.
De esa manera se cobraban intereses sobre un dinero abstracto, sin existencia real, que sólo figuraba en libros y en documentos financieros. Eso equivalía a fabricar o falsificar dinero. Era una inflación, de la cual los prestamistas obtenían grandes utilidades. Y los retiros paulatinos de dichos créditos se cubrían gradualmente con los nuevos depósitos que iban entrando. ¡Todo un ingenioso malabarismo! (La Banca a Través de los Años - Dauphin Meunier. El Enigma Capitalista - Joaquín Bochaca).

Hay minuciosos estudios según los cuales se realizaban especulaciones complejas que permitían ganar a sus autores más del 200%. Cuando en otras palabras, especulaban con dinero ficticio y ellos se aseguraban con riqueza auténtica.
En cambio, el capital verdaderamente productivo, como el de una industria o un comercio serio, sólo obtenía del 4 al 7 por ciento de utilidad. Ganaba más el que especulaba (sin producir nada), que el que producía.
Con las acciones se hacían malabarismos fantásticos. Ya fuera imprimiendo más de las debidas o provocando ficticias alzas y bajas.

Las autoridades reaccionaban lentamente y dictaban diversas prohibiciones contra esos abusos, pero frecuentemente eran burladas. Ya la inflación era exagerada y ciertos acreedores no podían pagar, sobrevenía el ciclo de "depresión", en el cual algunos financieros se incautaban bienes reales (que les habían sido dados en garantía).

John Maynard Keynes fue un personaje extraño. Nació en Inglaterra y - según Charles Hession - fue arrastrado a la homosexualidad por una rara secta que daba culto a la sodomía y que tenía animadversión a la civilización cristiana.
Keynes lanzó una teoría económica contraria al concepto de que el presupuesto del gobierno ha de ser equilibrado. Afirmó que el Estado debe crear dinero y gastar más de lo que recibe de impuestos, y más que el aumento de producción. Esto, sencillamente, es inflación.

Ahora bien, la inflación presenta las siguientes implicaciones:

1) lmprimir más dinero del que tiene respaldo de producción es como introducir dinero falsificado. Es una especie de confiscación de una parte del dinero que está en manos del pueblo. Es como imponer un impuesto invisible. La inflación hace disminuir el poder adquisitivo del dinero.

2) Con la inflación se encarece todo. Ante las protestas públicas, el Estado puede congelar algunos precios (con lo cual daña al empresario menos fuerte) y el consumidor sólo logra un paliativo temporal. El alza de salarios es otro espejismo, pues siempre se va quedando atrás de los precios.

3) Se van pulverizando los patrimonios familiares. El ahorro pierde valor incesantemente. Se le mutila al pueblo su fuerza económica. La clase media es comprimida hacia abajo. Ya no basta lo que gana el jefe de familia y entonces la esposa y los hijos se ven forzados a trabajar también, cosa que tiende a debilitar el contacto familiar. Se propicia la ruptura de la unidad de la familia.

4) La inflación es una droga que da pasajera euforia. Inicialmente crea más empleos, pero acaba por frenar la inversión privada y entonces reaparece el desempleo.

5) Las grandes empresas pueden sortear el daño de la inflación mecanizando más sus plantas para reducir la mano de obra, o bien, subiendo el precio de sus productos. En realidad hacen ambas cosas y con frecuencia la inflación hasta les es beneficiosa. En cambio, muchos capitales medianos y pequeños viven dificultosamente en la inflación o van siendo absorbidos por los más fuertes o por el Fisco.

6) Tras efímeras etapas engañosas de precios tope o de aumentos de salarios se va perdiendo la confianza en el sistema económico de libre empresa.

7) Si imprimir billetes (dinero) fuera el secreto para producir riqueza, todos los países nadarían en la abundancia tan sólo con imprimir cada vez más billetes.

8) La inflación beneficia únicamente al movimiento político que la produce. El poder adquisitivo que incesantemente va perdiendo el pueblo, no se esfuma.

9) No es poder que desaparece misteriosamente. Es poder que se transfiere al Estado y a la cúpula supracapitalista.

10) La inflación tiene móvil político. En unos países el gobierno utiliza la inflación para adquirir empresas, perder dinero en ellas, adquirir más empresas. Y seguir perdiendo dinero. Tales gastos, a costa del pueblo, significan un aumento de poder político y económico para el Estado. Nadie sabe qué se hace con las dichosas "reservas" que el gobierno de los Kirchner posee, ni dónde están; lo que sí es claro es el para qué las está utilizando, o sea, para todo aquello que beneficie a su política y que necesita de algún capital, como subvencionar agrupaciones de los "derechos humanos" afines a su gestión, realizar fraudes electorales sobornando presidentes de mesa como sucedió en las recientes elecciones, comprar películas para que los amerindios pobres lo voten, invertir en nuevas empresas del Estado, en estatizar las privatizadas, comprar y sobornar diversos canales de televisión y radio, etc.

11) En otros países el incremento de dinero que logra el Estado a través de la inflación se destina a subvencionar a los movimientos revolucionarios internacionales. Roosevelt hizo esto en grande escala.

La estadística le asigna al dólar, en 1939, un índice de 100. Diez, años después, en 1950, el valor adquisitivo del dólar había bajado a 57,7. O sea que cada dólar había perdido más de 42 centavos de valor adquisitivo. ¿Desaparición fantasmagórica?.. ¿Magia?. ¡No!. Ese valor adquisitivo perdido por el ciudadano norteamericano se había transferido a otra parte.
En cuanto Alemania atacó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1941) y estaba a punto de acabar con esa base de la Revolución, Roosevelt anunció que Estados Unidos apoyaba a la URSS porque era “una democracia agredida". Inmediatamente comisionó al banquero Averell Harriman para que volara a Moscú y le preguntara a Stalin qué era lo que necesitaba con más urgencia.

Aparte de esa ayuda directa, Moscú recibió la ayuda indirecta de los ejércitos norteamericanos que abrieron un frente en Noráfrica, otro en Italia, uno más en el occidente de Francia (Normandía), otro en el sur de Francia, más la acción de la flota americana en la batalla del Atlántico y los bombardeos masivos contra las ciudades alemanas y las industrias que abastecían el frente antisoviético.

Ha sido costumbre que después de un periodo de inflación se aplique uno de deflación, en el cual se reduce la circulación del dinero, se frena la economía y resurge el desempleo. Son los famosos “ciclos" que la economía “liberal" o “neoliberal" viene aplicando desde hace más de cien años. La deflación equivale a practicarle sangrías a un enfermo con fiebre - porque de esa manera la fiebre baja y parece mejorar - en vez de curarlo y fortalecerlo. Con esto se evidencia que, tanto Menem con sus políticas deflacionarias, que generaron desempleo y disminución de la producción, como los Kirchner con sus políticas inflacionarias, que encarecen todos los bienes y servicios, son parte del mismo juego de los ciclos económicos gobernados por la Alta Finanza, con el objetivo de saquear lo ganado lícitamente por el pueblo argentino.
Entre ciclo y ciclo hay un periodo de descanso, al cabo del cual regresa la onda inflacionaria. De esta manera los gobiernos disponen de dinero - robado al pueblo - para ampliar sus aparatos gubernamentales y el número de sus favoritos, a la vez que el supracapitalismo acrecienta su poder para impulsar internacional mente a la revolución.

Todos los pueblos se encuentran inermes ante el saqueo “legal" de la Inflación. Todos pagan ese tributo, cuyo monto oscila durante una larga temporada para desembocar en la deflación. Las clases media y baja son las más duramente golpeadas. Su rendimiento diario de trabajo puede permanecer en el mismo nivel, o incluso subir, pero el poder adquisitivo de su dinero sigue descendiendo. Muchos aplauden a los Kirchner por su "defensa" de los derechos de los trabajadores que se traducen en varias leyes de protección, esto no tiene ningún efecto benefactor, ya que lo primordial, es decir, el poder adquisitivo de los trabajadores, se encuentra en constante descenso actualmente.

- El dinero ahorrado en casa se va volviendo polvo.
- Ahorrado en la Banca rinde intereses, pero éstos van siendo roídos por la Inflación, hasta anularlos.
- El ahorro invertido en bienes raíces parece el más garantizado, pero el gobierno se convierte por ley en socio del dueño y le quita gran parte de lo que pueda ganar en caso de vender. Esto también se aplica para nuestro país, ya que con los descomunales y constantes aumentos en los bienes raíces, el vendedor queda con mucho menos dinero del que tenía antes, pasando a ser propietarios los grandes productores de soja de este país, los judíos.

Las finanzas gubernamentales se ven teóricamente afectadas por el alza de costos, pero se resarcen rápidamente con aumentos substanciales a impuestos, tarifas y servicios.
Tales o cuales profesionistas o artesanos pueden cobrar más por sus servicios y se defienden, pero de un modo o de otro luego los alcanza la inflación.

¿A dónde va ese tributo ineludible?... ¿Qué se hace el esfuerzo de producción de un pueblo, que hoy vale "x" y que al año siguiente vale "x" menos 10%?... la respuesta hay qué buscarla en las altas cúpulas financieras. Parte en las de cada país y particularmente en las cúpulas internacionales. Con esto nos podemos dar cuenta hacia dónde van las famosas "reservas" y el "gran superávit" que el gobierno kirchnerista posee, debido a la inflación y a la enorme presión impositiva.

La creación de un Gobierno Mundial requiere de muy grandes recursos económicos, que el supracapitalismo va obteniendo internacionalmente con el tributo ineludible de la inflación. Unos cuantos ejemplos pueden ser: Financiar poderosos medios de comunicación para influir en la opinión pública, con el fin de protegerse a ellos mismos, patrocinar la preparación de jóvenes, seleccionados ideológicamente, para luego introducirlos en puestos gubernamentales, donativos para los partidos políticos, y para las campañas electorales de los candidatos más funcionales, para ganar influencia en todos ellos, aportes económicos y patrocinios publicitarios para favorecer la carrera política de algunos jueces, diptutados, senadores, e incluso presidentes, con este enorme poder económico puede propiciar períodos de auge o depresión, financiar golpes de Estado, etc.