El Espacio Vital (Gerhart Jentsch)

Ediciones El Ultimo Avatara les presenta el cuadernillo titulado "El Espacio Vital", por Gerhart Jentsch, que fue publicado en el año 1940 por la editorial madrileña Blass, en el mismo se define la política del espacio vital (Lebensraum) , doctrina sobre la que, como tantos otros aspectos relativos al Tercer Reich y al Nacionalsocialismo, pesa un absoluto desconocimiento, provocado por una (mal) intencionada manipulación y corrupción de su verdadero significado.

Mientras la propaganda enemiga del Nacionalsocialismo pretendió identificar ésta como sinónimo de imperialismo, su significado real es, tal como se muestra en el presente cuadernillo, opuesta a dicha idea imperialista, en su acepción clásica, cuyos máximos garantes eran, precisamente, Inglaterra y Francia. Así pues, esta doctrina del espacio vital, al propugnar la no sujeción de Estados de un mismo espacio a los de otro, no hacía sino garantizar la libertad e independencia de los mismos y la defensa efectiva de los intereses de sus respectivos pueblos, en una relación de buena vecindad.

Con ello, se demuestra, una vez más, la buena disposición y voluntad del Reich alemán para una más justa ordenación europea, que hubiese asegurado la paz y prosperidad. Lamentablemente no todos tuvieron esa misma buena intención...

El Espacio Vital

Para comprender el objetivo verdadero del conflicto bélico surgido entre Alemania y las dos potencias occidentales de Europa, basta repasar los discursos cambiados entre el Führer Canciller de Alemania y los ministros británicos en el transcurso de 1939. En el fondo, revelan un solo objeto de discusión de importancia primordial: La reivindicación, por parte de Alemania, del espacio vital que por derecho le corresponde y la denegación de este derecho por parte de la casta que tiene dominado al pueblo inglés. Lo que a todo alemán parece un derecho elemental es presentado a los ingleses por sus dirigentes como una sospechosa monstruosidad.

Polonia fue un símbolo y un pretexto en esta discusión. El Gobierno alemán no podía abandonar su aspiración a resolver el problema germano polaco como Inglaterra quería, porque tal abandono hubiera significado supeditar el espacio vital de Alemania a la arbitrariedad anglofrancesa, según ocurrió de 1915 a 1935. Los dirigentes ingleses, por otra parte, sabotearon la solución, en extremo moderada, de este problema, y no precisamente por considerarla injusta, sino por ser de inicativa alemana, por temor a que tal feliz desenlace pudiese interpretarse como otro reconocimiento quizás definitivo, del espacio vital de Alemania por las potencias occidentales.

Trátase, pues, de esto: Alemania, por una parte, defiende el concepto de su espacio vital orgánico; por otra, los que están en oposición a este derecho quieren desintegrarla en todo lo posible y repetir así la obra destructora de la Paz de Westfalia de 1648 y del nefasto 1919.

Un concepto que constituye el argumento substancial de una guerra entre las grandes potencias europeas bien merece un estudio más minucioso. ¿Por qué causa ha surgido en la postguerra la idea del espacio vital?. ¿Cómo ha de conceptuarse e interpretarse ésta?. ¿Corresponde a necesidades naturales y a la realidad política?. ¿Tendrá tal vez validez para el mundo extraeuropeo?. ¿Sería imaginable o deseable un mundo políticoeconómico compuesto de diferentes espacios vitales?.

A continuación trataremos de estas cuestiones, aunque no sea más que a titulo de introducción escueta.

I) Las tres raíces históricas de los espacios vitales modernos

Una de las raíces del concepto moderno se tiene del espacio vital es de naturaleza político económica. Durante los primeros quince años de la época posterior a la gran guerra, ya superada, todo el mundo venía hablando de la necesidad de derribar las barreras que la guerra había levantado, impidiendo la división internacional del trabajo e intercambio interestatal de los trabajadores, del dinero y de las mercancías, y de aproximarse lo más posible al ideal de una economía universal que Adam Smith soñó. Esta pretensión formaba también parte del programa de Wilson, del célebre precontrato de armisticio del 5 de noviembre de 1918, aceptado como obligatorio por parte de las potencias occidentales de Europa. Todos los políticos responsables hablaban de ello, y quienes lo ponen en duda no necesitan sino hojear las actas de sesiones de las numerosas Conferencias internacionales celebradas entre 1919 y 1933 en cuestiones de Hacienda, Economía y Tráfico.

Pero solamente tres de las seis grandes potencias económicas que hablan aceptado el programa de Wilson siguieron una política económica de acuerdo, más o menos, con las declaraciones de sus representantes oficiales: fueron Alemania, Italia y el Japón.

Estos tres Estados, pobres en capital y materias primas, más ricos en reservas humanas y superabundantes en necesidades económicas, mantenían relativamente bajos sus aranceles de Aduanas, empleaban la cláusula de nación más favorecida y aspiraban a un comercio internacional cimentado en el intercambio clásico de productos elaborados y materias primas. El informe que el italiano Gini presentó en 1921. Y los prudentes consejos que el delegado de Alemania había dado en 1927 en la Sociedad de Naciones son dos ejemplos elocuentes de las numerosas advertencias que las naciones "proletarias" hicieron a los Estados plutocráticos, con el fin de que éstos aplicasen los principios pregonados por ellos mismos, por lo menos en la extensión en que aquéllas lo habían llevado ya a la realidad o estaban en vías de hacerlo.

En la política económica de las grandes plutocracias, empero, no sólo se echó de menos la prometida realización de este punto del programa de Wilson, sino que incluso motivó efectos contrarios en su desarrollo. Vamos a enumerar tan sólo los golpes más fuertes que se asestaron a la unidad económica del mundo:

1) La política del “cordon sanitaire” seguida contra Rusia, también en un aspecto económico, desde poco después de la guerra mundial y secundada principalmente por Francia (¡Génova, 1922!), política que excluyó de la circulación económica mundial a una duodécima parte de la humanidad, obligándola a seguir la ruta de la autarquía.

2) El expolio sistemático de Alemania, Austria y Hungría efectuado desde 1918 hasta la catástrofe financiera de 1931 por los dos grandes capitalismos europeos, los cuales, encubriendo sus intenciones con el mito de las reparaciones de guerra, paralizaron todo intercambio sano y normal de mercancías y monetario en la Europa Central y el resto del mundo.

3) La política proteccionista seguida por los Estados Unidos, que por medio del “Tordney McCumber Bill” de 1922 y de los aranceles de Smoot - Hawley de 1930, llegó a eliminar de la economía mundial la más importante de las unidades económicas existentes, en un grado aún mayor que los altos aranceles de McKinley de 1890.

4) El sistema de contingentes y cuotas que Francia, en 1931, introdujo en la economía mundial y que por combinación con aranceles ascendentes y otras prácticas mercantilistas aisló cada vez más el Imperio francés en un sentido económico.

5) La devaluación de la libra esterlina, el paso que la Gran Bretaña dio recurriendo a aranceles proteccionistas y los acuerdos de Ottawa, que condujeron al sistema de preferencia imperial (1931 - 32), excluyeron igualmente, paso a paso, la economía británica de la economía mundial.

Estas medidas, contrarias al intercambio interestatal de bienes, fueron, después de las conmociones de la gran guerra, las causas principales que impidieron la nueva coordinación de las diferentes economías desconectadas por aquélla, disolviendo incluso la escasa unidad económica del mundo que aun existía. Este proceso negativo puede considerarse consumado en 1931 ó 1932.

No quiero entrar aquí en una crítica minuciosa de estos cinco pasos fatales. Mas por la verdad histórica es preciso puntualizar dos hechos:

1) La evolución encaminada hacia una economía cosmopolita, aceptada por todos y con carácter obligatorio en el programa de Wilson, no se ha “paralizado”, como generalmente se cree, sino que ha sido invertida por determinadas medidas de ciertos Gobiernos.

2) Los principales enterradores de este sistema económico liberal, que los más renombrados demócratas occidentales no se cansaron de cacarearlo como ideal supremo, fueron las mismas democracias occidentales.

El aislamiento y la creciente autarquía de las cuatro grandes economías - Rusia, los Estados Unidos, los Imperios francés e inglés - condenaron a media docena de sectores económicos más pequeños, o dependientes de un intenso intercambio universal, a un existir de indigencia precaria al margen de los cuatro grandes espacios económicos: Es decir, al Japón y China, América del Sur, Italia, Alemania, los pequeños Estados del Norte y Noroeste de Europa, así como las naciones del sudeste europeo.

Muchas dificultades y agobios ha producido en todos estos espacios económicos la estrangulación inherente a la política autárquica de las tres grandes plutocracias. Pero de la necesidad surgieron las fuerzas de la autodefensa y del remedio. Fueron cerebros de estadistas más capaces y más enérgicos, así como nuevas formas de gobierno las que cambiaron las cosas. Tendencias autárquicas y economías planeadas, permitieron una compensación de los mercados cerrados a la exportación y desembocaron en una obligada colaboración recíproca de los espacios económicos postergados, encajándolos en intensas comunidades económicas:

1) Alrededor de 1931 - 32 inició Mussolini su nueva política comercial con el fin de construir un gran espacio económico dirigido por Italia, que debería extenderse, paulatinamente, a Hungría, los Balcanes, el Mediterráneo Oriental, Libia y finalmente Abisinia.

2) En 1931, los Estados Escandinavos, Holanda y Bélgica, emprendieron, mediante la Convención de Oslo, la creación de una Unión económica; pero los resultados de estos esfuerzos fueron limitados por no poder oponerse los interesados al veto que las grandes plutocracias occidentales interpusieron al año siguiente.

3) De 1932 datan los primeros ensayos del Japón en Manchuria, de dimensiones gigantescas y todavía de palpitante actualidad, para encajar el territorio chino en la unidad económica japonesa.

4) En 1933 - 34, finalmente, comenzó Alemania a congregar en torno suyo los espacios centroeuropeos coordinando a los demás pueblos en este territorio, desde el punto de vista económico o comercial.

Huelga decir que cada uno de estos remedios nacidos de una situación apurada ha tropezado con una oposición tenaz de los creadores del sistema de Ottawa.

El desarrollo políticoeconómico en la postguerra puede resumirse en estas dos conclusiones:

1) La política que Alemania sigue para garantizar su espacio vital no es una obra única y diabólica, según la presentan los dirigentes políticos ingleses, sino que es parte de una evolución general que arranca de las propias potencias occidentales; la división moderna del mundo en grandes espacios económicos.

2) La política alemana fundada en el espacio vital constituye - igual que la parecida política de Oslo y la política imperial italiana o japonesa, diferente en algunos aspectos - un acto de defensa económica y salvaguardia del aislamiento voluntario y de la política exclusiva de las grandes plutocracias.

Pero el origen de la idea del espacio vital no sólo debe buscarse en el sector económico: Tal pretensión sería imparcial e insuficiente. Tiene, además, otra raíz, que es de índole estratégica. Precisamente se fundamenta en la interpretación de la guerra total que modernamente surgió en la Inglaterra del siglo XIX concibiendo una guerra no sólo contra las fuerzas armadas enemigas, sino contra todo el pueblo del adversario, hombres, mujeres y niños, guerra militar, diplomática, económica, social y espiritual. Corresponde a la clase dirigente británica el mérito de haber conservado esta idea para la época moderna, “salvándola”, con otros atavismos tradicionales, entre las reminiscencias de un pasado remoto.

Durante las guerras napoleónicas encontró su argumentación jurídica por parte de lord Stowell, en el caso de Hoope (1799), y de lord Kenyon, en el caso de Potts contra Bell (1800). En todo el siglo XIX se la experimentó prácticamente, y para espanto de todo el mundo civilizado, contra los irlandeses, los egipcios, y los boers. Durante la guerra mundial se la aplicó con éxito y metodología bárbara. Posteriormente se ha intentado legalizar la guerra total en el artículo 16 de los Estatutos de la Sociedad de Naciones con ventajas para las potencias constituyentes de aquélla; es decir, para los imperialismos occidentales. Finalmente, se utilizó en 1935 el instrumento ginebrino para hacer el primer ensayo práctico en gran escala, valiéndose de Abisinia e Italia como objeto de experimentación.

Basta con echar una mirada a la Prensa diaria y revistas británicas, después de la Gran Guerra, para apreciar la extraordinaria intensidad y predilección con que los dirigentes ingleses han seguido la tradición del estrangulamiento económico y propagandístico precisamente durante los últimos veinte años. Hombres representativos de las ciencias políticas y estadísticas, economistas y políticos, chauvinistas, imperialistas e internacionalistas, las diferentes iglesias del protestantismo anglicano, primeras figuras de Whitehall, Fleet Street y Oxford, he aquí una serie ininterrumpida de hombres que se ocuparon de este tema en numerosos Tratados y con variaciones sujetas a la conveniencia del momento. ¿Dónde se encuentran los puntos débiles en la economía de cada Estado que permitan un estrangulamiento?. ¿Cuáles son las materias primas, de importancia vital, que el Imperio británico controla suficientemente para imponer, en caso dado, a cualquier Estado (que, naturalmente, figura siempre como “agresor”) la Pax Britannica o la “Paz Colectiva”?. ¿Cuál sería la coalición más adecuada para cada una de las eventualidades que pudieran constituirse y manejarse directamente por Londres o indirectamente a través de Ginebra?.

Como tantas veces ocurrió en la historia británica, la unanimidad con que se discutía este tema fue verdaderamente gregaria y predominante en la parte esencial, si bien la discusión se movía en un mar de argumentos para todos los gustos. Lo que el imperialista llamaba en su lenguaje escueto “la modalidad británica de la guerra” figuraba en el diccionario del internacionalista como “sanciones”. Los unos hallaron la justificación de la guerra total en los intereses del Imperio, otros en el ideario democrático, otros incluso en el cristianismo, en el progreso social, en el ideal colectivo, o nada menos que en la paz universal.

De la bibliografía política británica de los últimos seis años se desprende un hecho muy significativo. Se ve claramente cómo muchos escritores se esfuerzan en imputar a los Estados totalitarios la responsabilidad de esta idea británica de la guerra explotando hábilmente el parecido superficial de los términos “total” y “totalitaria”.

En esencia hay dos hechos políticos de importancia primordial que se destacan en esta discusión de los últimos veinte años:

1) No ha habido en Gran Bretaña ninguna entidad o personalidad de responsabilidad política que haya repudiado el dogma o la practica de la guerra total. Por el contrario, incesantemente se ha advertido a la población y al mundo entero que la próxima guerra en que la Gran Bretaña estuviera complicada sería una guerra total.

2) Como instrumento capital para la realización de la guerra de estrangulamiento o de sanciones, se ha considerado siempre el dominio del mar, y no sólo en Gran Bretaña.

Resulta, pues, que algunas grandes potencias son tan fuertes, tan autárquicas, o geográficamente tan bien situadas, que no tienen que temer este sueño imperialista británico: como, por ejemplo, los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Alemania, Italia y el Japón, sin embargo, vienen viviendo, particularmente desde la guerra mundial, bajo la constante amenaza del hecho fatal de adaptar su política, forzosamente, al criterio británico o estar expuestas a la mano estranguladora de Londres o Ginebra.

Es natural que los hombres responsables de la vida y del bienestar de millones de seres aspirasen a liberar a los pueblos encomendados a su caudillaje de esta dependencia tan peligrosa como denigrante. Y la solución del problema fue esta: crear espacios económicos substraídos a la intervención de la hegemonía marítima de otras potencias, y con materias primas y víveres suficientes para contrarrestar una guerra total o de sanciones, haciéndola imposible o molesta para sus ejecutores, por su larga duración.

Cuanto más se lograra la creación de tales espacios, tanto menos caerían las potencias de hegemonía marítima en la tentación de querer vigilar y controlar la política o la economía de otros espacios según sus intereses o ideologías, ajenas a aquéllos. En virtud de la construcción de tales espacios vitales sólidos, se llegada a la igualdad categórica, económica y diplomática entre aquéllos y las potencias de hegemonía marítima, que sería, ciertamente, un supuesto indispensable para la reconstrucción de un mundo sano.

En la amenaza de las potencias de hegemonía marítima, llevada ya a la realidad contra Alemania e Italia, de una guerra de estrangulamiento o de sanciones, estriba el segundo motivo histórico para la aspiración de Alemania, Italia y el Japón, a espacios vitales que les otorguen una solidez económico estratégica parecida a la que ya poseen la Gran Bretaña, Francia, la Unión Soviética y los Estados Unidos.

El tercer motivo principal que tenía el territorio centroeuropeo para reunirse en un espacio vital, fue la tradicional diplomacia de Francia y Gran Bretaña con respecto al núcleo de Europa.

¿Qué significa para el espacio de Europa Central y Oriental la política secular de cada una de ambas potencias occidentales, levantando, como contrapeso a cualquier potencia centroeuropea, un sistema de alianzas en el extremo oriental del Continente, entre el Golfo de Botnia y los Dardanelos?. Esta política equivale a perpetuar la enemistad y la discordia en Europa, y como toda política de alianzas, impide, prácticamente, resolver las antiguas o nuevas divergencias por el arbitraje u otra manera pacífica. La comprensión de esta circunstancia es no solamente de sentido común, sino fruto también de una experiencia histórica desde los días del Gran Turco, que marchó sobre Viena en beneficio del “más cristiano de los reyes”, hasta el episodio reciente de los Titulescu, Benes y Rydz Smigly.

Los Estados europeos situados al este de Heligoland y de la línea Maginot, ¿cómo pueden preservarse de ser constantemente azuzados unos contra otros o víctimas de otras artimañas de una de las dos potencias occidentales, o de ambas juntas, según las normas del “balance of power”, o sea según donde se incline la balanza?

Un problema análogo fue resuelto en América, en 1823, por los políticos responsables de entonces, en una situación parecida, fijando la doctrina de Monroe para el continente americano. Potencias europeas estaban entonces a punto de establecerse en aquel continente; Rusia, en el Noroeste, y Francia, en las antiguas colonias españolas; esta última con carácter de brazo ejecutivo de la Santa Alianza. El resultado hubiera sido un sistema de “balance of power” con esferas de hegemonía rusa en la costa occidental del Norte, de predominio francés en la costa oriental del Sur y de hegemonía británica en el Canadá. Aquellos políticos americanos no vacilaron un momento en oponerse a este juego, en su propio territorio, de las grandes potencias, extrañas al espacio americano; declararon que "toda tentativa de extender su sistema a cualquier parte de este hemisferio es peligrosa para nuestra paz y seguridad". La doctrina de Monroe, establecida con aquellas palabras, es el ejemplo clásico de una política decidida y perspicaz sobre la base del espacio vital, que en interés de la paz y de relaciones de buena vecindad, dentro de un espacio orgánico, niega a otras grandes potencias el derecho de sembrar discordias en la proximidad inmediata del territorio de los Estados Unidos por la creación de esferas hegemónicas propias o de Estados más pequeños, aliados o avasallados, ejerciendo así una presión diplomática o estratégica sobre los Estados Unidos.

No es éste lugar adecuado para seguir más detalladamente el desarrollo secular del espacio vital americano y de su teoría. Sólo queremos mencionar que aquélla encontró posteriormente su complemento, perfeccionado, en el panamericanismo cuyo origen ha de buscarse en fuentes suramericanas.

No se debe olvidar, además, que fuera de los Estados Unidos y de Alemania hay otras naciones que tienen su “doctrina de Monroe”, no consintiendo que por alianzas creadas en sus fronteras se provoquen o se perpetúen enemistades. La Gran Bretaña, por ejemplo, ¿permitiría acaso una alianza militar irlandesa con Alemania o el Japón, incluso cuando se concluyese para mantener el equilibrio de las fuerzas?. No será difícil adivinar la contestación a esta pregunta.

He aquí, pues, el tercer motivo capital de la política alemana del espacio vital; en interés de la paz y de las relaciones de buena vecindad en el espacio centroeuropeo, estableció Alemania su propia doctrina de Monroe para este espacio. Por una experiencia amarga se opone y se opondrá siempre a cualquier intromisión política de otras grandes potencias en este espacio sin previa inteligencia, por las mismas razones políticas que decidieron, y siguen decidiendo, la política de Monroe de los Estados Unidos y la panamericana.

II) ¿Qué es un espacio vital?

En consecuencia de las evoluciones que acabamos de esbozar, podemos circunscribir el concepto del espacio vital de la manera siguiente:

Definición económica: El espacio vital es un territorio suficientemente grande y vario en su estructura económica para que los grupos humanos que en él conviven tengan la posibilidad - siempre que trabajen sistemáticamente en colaboración y provecho recíprocos - de realizar una intensa producción de gran envergadura, una moderna división del trabajo y el intercambio de bienes y capitales preciso; es decir, lo necesario para que puedan llegar a un nivel de vida propio del siglo XX, logrando la independencia más completa posible frente a la política económica de los grandes capitalismos o de otros espacios vitales grandes, acaparadores de las materias primas.

Definición estratégica: El espacio vital es un territorio suficientemente grande y dotado de energías, víveres y materias primas asequibles en todo momento y con seguridad, para preservar a los pueblos integrantes de vivir como “criaturas” inertes, sujetas a cualquier gran potencia de hegemonía marítima o estar expuestos a una muerte segura.

Definición diplomática: El espacio vital es un territorio cuyos Estados integrantes muestran un recíproco “afecto” político, fundado en la confianza de buenos vecinos y en la comprensión de las mutuas necesidades, dándose garantías de que ninguno de los copartícipes seguirá una política de enemistad o de alianzas dirigida en contra de cualquier otro Estado comprendido en el mismo espacio, particularmente en combinación con un tercero intruso o como instrumento de éste.

III) Perspectivas de un mundo de espacios vitales

Las formas en las cuales pueden organizarse tales combinaciones de intereses y comunidades de vida son, probablemente, tan varias como las mismas formas constitucionales de los Estados contemporáneos. Mas tal vez sea factible fijar tres hechos constitucionales de carácter más general:

1) Cada uno de los espacios vitales hoy existentes ha sido construido por una fuerte potencia directora, propugnadora del mismo tanto en lo “interno” como en lo “externo”.

2) Parece, sin embargo, que generalmente existe la tendencia de apartarse de la coerción orientándose más bien hacia el convenio emanado de la libre voluntad. Compárese, a titulo de ejemplo, el panamericanismo moderno con la diplomacia coercitiva del dólar, ejercitada antes de 1900 en nombre de la doctrina de Monroe. Establézcase un parangón entre la evolución de los dominios británicos desde el estado colonial, a través del informe de Durham, hasta el Estatuto de Westminster de 1930 - 1931, que fijó la situación de aquéllos como Estados con amplia soberanía e independencia. Hágase una comparación entre la moderna posición estatal de las pequeñas naciones del sudeste europeo y su libertad de acción ilimitada, por una parte, y su situación anterior a la Gran Guerra bajo el dominio directo o la presión expansiva del Estado de los Habsburgos. A juzgar por lo que anuncian portavoces japoneses y chinos, de notoria autoridad, parece que también la potencia que está organizando con violento ímpetu el espacio vital del extremo Oriente prepara, no obstante, el terreno para sustituir la coerción, necesaria hasta ahora, por la buena armonía, con reconocimiento de la dirección japonesa.

3) De todo ello resulta que la digna existencia de los diferentes Estados no se merma en absoluto por los espacios vitales en que se reúnan.

La mayor libertad y soltura de la constitución de estos espacios vitales modernos se expresa también por la ausencia en ellos de la densidad, dureza y delimitación de los Estados Confederados y Nacionales de cuño antiguo. En una guerra británica, por ejemplo, Irlanda puede permanecer hoy día neutral, lo que hace veinticinco años solamente hubiera parecido increíble. Yugoslavia, para citar otro ejemplo, puede considerarse copartícipe no sólo del espacio vital alemán, sino también del italiano. La sensacional declaración de solidaridad que el Presidente Roosevelt dio en Kingston (Canadá) el 18 de agosto de 1938, puede interpretarse solamente en el sentido de que al Canadá ha de incluírsele tanto en el Commonwealth Británico como en el espacio vital panamericano. También se puede apreciar en los espacios vitales modernos la ausencia de toda exclusividad económica, porque ninguna de las potencias directoras de los ya existentes pretende un monopolio económico, sino que cada una se contenta con una posición de preferencia en la textura económica de su espacio vital.

Pero precisamente la soltura en la constitución de los espacios vitales modernos exige de sus potencias directoras vigilar cuidadosamente de que no haya tendencias asociales en algunos de los miembros integrantes. Una Praga que conspira con París o una Polonia convertida en instrumento de la política hegemónica británica, extraña al espacio propio, son tan insostenibles para la consistencia del espacio vital centroeuropeo como lo sería para el espacio vital panamericano un Panamá aliado del Japón o para el Commonwealth Británico una Irlanda que pactase con Alemania.

Si bien el concepto del espacio vital aparece menos definido que el Estado, es, por otra parte, más determinado y circunscrito que aquel de la zona de influencia o esfera de intereses imperiales. Potencias imperialistas son aquellas que, saliéndose de sus propios espacios vitales orgánicos, andan sin cesar auscultando todo el Universo con el fin de localizar puntos débiles para coleccionar esferas de intereses y acaparar colonias sin preocuparse en lo más mínimo de distancias o de ligamentos orgánicos.

Basta una mirada al más rudimentario de los mapamundis políticos para convencerse de que esta política coleccionista y conquistadora, extraña a todo espacio orgánico, es principalmente la característica de dos Estados: Gran Bretaña y Francia. Los territorios coloniales, las esferas hegemónicas y las zonas de intereses de estas dos potencias se encuentran dispersas por todo el orbe de una manera nunca vista. Ningún continente se ha librado de sus manos “acariciadoras”. Pero hay que apuntar en el activo de ambos Imperios el que hayan entrado en nuestro mundo moderno como fósiles oriundos de épocas más antiguas: La de los hidalgos marítimos, al acecho siempre de una presa fácil, y más tarde la de los caballeros capitalistas.

Por razones históricas, seguramente nos estará permitido considerar la parte anglosajona del Imperio Británico, el Commonwealth de las seis o siete naciones británicas, sus comunicaciones marítimas y quizás ciertos “puentes” o puertas de tierra, como espacio vital británico unido, exclusivamente, por el mar; en particular desde que se inició la política de Ottawa. Ligaduras raciales y espirituales, así como la común fidelidad a una Corona, constituyen aquí el aglutinante que normalmente sólo se da por una conexión especial. Los principales políticos de Francia se han pronunciado con harta frecuencia en el sentido de que el África Francesa y sus comunicaciones marítimas con la “tierra madre” constituyen el espacio vital francés propiamente dicho.

Mas es preciso subrayar el hecho de que estos dos Estados, ejecutando la ley bajo cuyo signo se asomaron al mundo, sigan declarándose hasta el día, saliéndose de sus propios espacios vitales, interesados en todo punto del mundo, desde la China hasta el Gran Chaco y desde Polonia hasta las Islas Falkland. A nuestro modo de ver, es igualmente un atavismo de siglos pasados el que esta política imperial única, de intromisión y control, se haya seguido bajo la bandera ficticia de ideas universales, tales como lo son la Democracia, Civilización, Humanidad, Sociedad de Naciones y otros mitos oportunistas.

Creemos, pues, estar autorizados para designar a estas dos potencias como hegemónicas, por ser las únicas cuyas capas dirigentes siguen inmiscuyéndose, aun hoy día, en continentes lejanos y espacios vitales extraños a favor de “sus” intereses imperiales o universales, estando incluso dispuestas a luchar por ellos.

Por eso no debe extrañarnos el que los ataques más violentos contra la constitución de los espacios vitales modernos partan precisamente de ambas potencias económicas. Mas no hay que olvidarse que la limitación a lo económicamente necesario, que lo más cercano, desde el punto de vista especial, igual que lo orgánicamente unido, es decir, lo que distingue la idea del espacio vital, está en el más fuerte contraste con el imperialismo desenfrenado del siglo XIX, tal como lo representan las capas dirigentes británica y francesa, directamente o a través de Ginebra.

El término “espacio vital” equivale, sin embargo, al reconocimiento de hecho de que Méjico pertenece tan poco al espacio vital japonés como el Manchukuo pertenece al americano, o Irlanda al alemán o Polonia al británico. Para expresar la misma idea de otra manera, podemos decir que en la órbita de los espacios vitales el Vístula es tan poco la frontera de Gran Bretaña como el Hudson de Alemania.

Los que afirman la idea del espacio vital pueden hacer estas observaciones porque parten de la hipótesis, históricamente bien fundada, de que, poco más o poco menos, al Continente americano le van las cosas mejor - aun en este siglo XX - al estar bajo los auspicios de una potencia directora arraigada en su propio espacio en vez de estar sometido a una colectividad de siete puntos más potencias rivales entre sí, cuya mayoría tenga otras raíces, y que por eso prefiera llevar a la realidad la ambigua ley del “balance” en lugar de la ley que aspira a la concordia y armonía. La comprensión de que lo dicho rige para todos los espacios vitales del mundo es principalmente cuestión de sentido común.

Frente a ello se levanta el tan conocido argumento de los colectivistas, que presumen haber descubierto, en consecuencia del desarrollo moderno de la técnica, que el mundo es demasiado pequeño para reconocer espacios vitales con ligaduras e intereses particulares. Pero estos mismos colectivistas, ¿afirmarían en serio que la “reducción” técnica de la tierra haya hecho superflua o indeseable la familia, o que la autonomía local o provincial sea en el siglo XX una cosa anacrónica?. No será preciso demostrar, ni requiere prueba contraria, el que tales “deducciones” superficiales no tengan nada que ver con la interpretación científica de las evoluciones históricas ni con un análisis sociológico serio.

El mismo desarrollo histórico, a partir de 1919, es la contestación más lógica y más contundente a este argumento que esgrimen los colectivistas.

Es significativo por demás que el término medio de los colectivistas británicos, el mismo que rechaza, a rajatabla, los espacios vitales de Europa Central, del Extremo Oriente o del Mediterráneo italiano, suele justificar y defender el espacio vital del Commonwealth británico cuyas razones puede sentir efectivamente por ser él mismo inglés.

Desde el punto de vista espiritual, el espacio vital significa esto: Modestia prudente y sincera en el enjuiciamiento, aceptación o condena de acontecimientos extraños por lo distante de los espacios y, por lo tanto, por la distancia psíquica. Yo, centroeuropeo, puedo comprender, histórica y psíquicamente, los problemas de Europa Central, y, por lo tanto, estoy en condiciones de emprender su ordenamiento con arreglo a las normas de la lógica racional. Tú, inglés, podrás comprender y ordenar, igualmente, los problemas del Commonwealth británico. No te quepa, sin embargo, la más mínima duda de que todo intento mío para organizar tu Commonwealth o todo esfuerzo tuyo para controlar mi espacio vital sería una arrogante usurpación de derechos básicos reservados al espíritu e incluso un crimen político. Los últimos veinte años, y en particular Versalles y el tinglado de Ginebra, lo han demostrado plenamente.

Decir “espacio vital” equivale, pues, a exigir esto: ¡Acabar con las pretensiones de hegemonía universal en su forma imperialista capitalista, presentadas con el disfraz colectivista o con el adorno desconcertante de consideraciones espirituales, humanitarias. democráticas, etctera!. ¡Acabar con aquella mentalidad fatal que, excediéndose de su propio espacio vital, quiere valorar, juzgar y controlar los acontecimientos políticos y económicos en todos los puntos de nuestro planeta!. ¡Reconocer una vez para siempre el hecho, comprobado por la historia, de que nadie es capaz (y menos quizá un anglosajón) de desprenderse hasta tal punto de los intereses e ideologías propias para poder enjuiciar y resolver de manera objetiva y equitativa estos problemas, complicados por las distancias geográficas y diferenciaciones en el modo de sentir de los pueblos!. ¿No lo ha demostrado también la época, ya en plena decadencia, del predominio universal de las dos potencias usurpadoras de la hegemonía en el mundo?.

La nueva época revolucionaria ante la cual se encuentra situada toda la Humanidad desde hace unos años, nos abre, pues, la perspectiva de un mundo orgánico de unos siete a nueve espacios vitales de derechos iguales, corno fase evolutiva próxima, frente a la construcción política del mundo de ayer, en el cual se encontraban de cincuenta a sesenta Estados nacionales, los cuales, con más o menos éxito, tenían que arreglárselas recíprocamente, y con algunos Estados hegemónicos “interesados” por todo el mundo e interventores en todas partes. Cada uno de estos espacios vitales modernos reunirá las condiciones necesarias para dar a sus habitantes, y por mucho tiempo, la sensación de cierta seguridad política y económica, que nuestra generación, la de los Estados nacionales oprimidos en su vida económica y amenazados políticamente por los Estados de hegemonía imperialista, tanto había echado de menos.

De ahí surge también uno de los principales problemas de la gran política: La inteligencia entre las diferentes potencias directoras de los espacios vitales dondequiera que éstas chocasen unas contra otras, o se superpusiesen. Baste aquí mencionar los Balcanes, donde se entrecruzan tres espacios vitales: el mar Báltico; la futura demarcación o compatible compenetración de los intereses ruso - japoneses en Extremo Oriente, o el problema de Canadá, parecido en su fondo material, si bien no ha alcanzado todavía la madurez histórica necesaria.

Además, no es aventurada la conjetura aceptando que determinado número de espacios vitales con iguales derechos, reconocidos armónica y mutuamente, encontrarán aquellas formas e instituciones de colaboración interestatal indispensables para el bienestar de todos, que el sistema hegemónico actual, en Europa Occidental, de las dos potencias frente a cincuenta unidades nacionales, sostenido por la fuerza, el “balance of power” y la discordia, no ha sido capaz de crear.

De esto se trata, pues, en la contienda actual. Los alemanes reconocemos un mundo de espacios vitales, así como los derechos, obligaciones y limitaciones que acarrea el pertenecer a uno de aquéllos. El acuerdo naval que el Führer - Canciller concluyó con Inglaterra, igual que sus pactos de no agresión y regulación de límites con Francia e Inglaterra, se orientaron por el concepto del espacio vital. "Reconoced nuestra dirección en Europa Central y nosotros reconocemos la inviolabilidad del Imperio británico y de sus comunicaciones marítimas, así como la del Imperio francés y de sus rutas en el mar".

La potencias occidentales, empero, son más exigentes. Quieren, desde luego, que se les reconozcan sus espacios vitales. En cambio, no están dispuestas a conceder a otros lo que para ellos piden con el más natural de los derechos: el reconocimiento del derecho a la vida y la no intervención. Sobre los espacios vitales de los demás pretenden, directamente o a través de Ginebra, derechos de intervención, reclamación y control. Desde 1918, Italia ha tenido que soportar estas pretensiones en la zona oriental del Mediterráneo, el Japón en el espacio de Asia oriental y Alemania en su propio espacio vital. En todas partes del mundo, sin poder exceptuar ni siquiera los mares que rodean el espacio americano, reclaman ambas potencias hegemónicas el derecho, tan absurdo como fatuo en este siglo XX, de intervenir en otros espacios vitales, cohibiendo su vida y dominándolos. Este sistema de insolente arrogancia ha ido, naturalmente, de fracaso en fracaso en los veinte años de la postguerra, precisamente por lo inicuo de su concepción.

Frente a esta organización estéril de las potencias hegemónicas vienen levantándose, desde 1931, las fuerzas constructivas del espacio vital; en Asia Oriental, en el Mediterráneo, y en la cuenca danubiana, de una manera parecida a como lo hizo América en 1823 cuando las fuerzas sanas, arraigadas en su espacio vital, pusieron, con la doctrina de Monroe, un dique occidental, protector de la arrogancia colectiva y hegemónica de la Santa Alianza. También la guerra desencadenada en 1939 es una parte de esta lucha que se inició allende el Atlántico hace más de cien años, la lucha entre el espacio vital y el imperialismo hegemónico .

El Revisionismo del "Holocausto" (Conferencia de Jürgen Graf en Estepona)

Queridos amigos, permítanme llamar su atención sobre un artículo sumamente revelador publicado hace un año en el "Journal of Historical Review" (Brian Chalmers: "The Spanish Inquisition and the Jewish Question", January/February 1996). El artículo en cuestión trata de la Inquisición española y proporciona pruebas concluyentes de que el número de las víctimas de la Inquisición ha sido siempre exagerado de manera irresponsable por los historiadores oficiales. Sin negar o minimizar crímenes realmente cometidos por la Inquisición, el autor prueba también que la historiografía oficial ha exagerado enormemente la crueldad de esta institución. Por ejemplo, el uso de la tortura durante los interrogatorios constituíala excepción y no la regla.

El autor del artículo basa sus pruebas en un análisis pormenorizado de los documentos. La conclusión es lógica e inevitable: Los que hasta ahora han escrito la historia de la Inquisición española han hecho caso omiso de la objetividad. Sus motivos no eran científicos, sino políticos. De hecho, todos estos historiadores eran anticatólicos y con frecuencia igualmente antiespañoles. Exagerando tanto la brutalidad de la Inquisicion como la cifra de sus víctimas, han fomentado el odio hacia la Iglesia Católica y el pueblo español, estigmatizándolo como intrínsecamente reaccionario y oscurantista.

Se trata aquí de un caso clásicode revisionismo. El revisionismo constituye una pura necesidad en todos los campos de la ciencia histórica. Nuevos descubrimientos,excavaciones, nuevos métodos científicos como la radiografia que permiten determinar con bastante exactitud la edad de tejidos, todo esto obliga al historiador a hacer almonedade prejuicios arraigados. Aunque la historiografia no sea una ciencia exacta como la física o la química, la obligación de cualquier historiador concienzudo es de aspirar a la exactitud absoluta y de separar los hechos históricos de las leyendas.

Traten de imaginarse la situación siguiente: Un historiador español que ha revisado la historia de la Inquisición, reduciendo drásticamente el número de sus víctimas, es citado ante el juez por "instigación al odio racial" y "difamación de los muertos". Ante el tribunal, el inculpado quiere probar su inocencia, presentando sus documentos y sus argumentos. El tribunal rechaza todas las pruebas, por conluyentes que sean, con las palabras siguientes:

"El hecho de que la Inquisición española haya hecho millones de víctimas es ampliamente conocido y, por ende, de notoriedad pública. Negando con argumentos pseudocientíficos el sufrimiento de estos millones de seres humanos, el acusado ha difamado la memoria de los muertos. Lo ha hecho para justificar la institución de la Inquisición, cosa que demuestra claramente que su verdadero objetivo consiste en socavar la democracia y en instalar en España una dictadura católica reaccionaria. Por eso, condenamos al inculpado a una pena de tres años de cárcel."

¿Pueden imaginarse tal proceso en su país?. Naturalmente no; la idea les parecerá lisa y llanamente ridícula. Desgraciadamente, simulacros de proceso de estetipo tienen lugar regularmente en Alemania, Austria y Francia. Las víctimas de esta represión son los llamados "revisionistas del holocausto" que niegan:

- La voluntad del régimen hitleriano de exterminar fisicamente a los judíos de los paises bajo su control.

- La existencia de las cámaras de gas homicidas y de los campos de exterminio.

- La cifra de 5 - 6 milliones de víctimas judías del Nacionalsocialismo.

¿Por qué esta represión?, ¿tal vez los revisionistas se sirvan de métodos no científicos?. En absoluto. Sus métodos corresponden a los generalmente reconocidos en cualquier otro campo de la historiografía. Sin embargo, una revisión radical del llamado "holocausto" de los judíos es totalmente inaceptable para el sistema vigente en los paises occidentales por razones puramente políticas. Como la refutación científica de las tesis revisionistas es imposible, el sistema "democrático" no tiene más remedio que censurar y reprimir jurídicamente.

Los revisionistas examinan las pruebas que nos oferecen los historiadores tradicionalistas para demostrar la realidad del genocidio sistemático y de las cámaras de gas, y las rechazan como fraudulentas. ¿De qué "pruebas" se trata?. Estudiando la vastísima literatura holocaustica oficial, el lector atento e inteligente se dará rápidamente cuenta de que toda la gravísima acusación de un genocidio industrial está únicamente basada en testimonios y confesiones. Los historiadores ortodoxos admiten a regañadientes que no existen pruebas documentales que corroboren la tesis oficial. Basta leer el libro "Les crématoires d'Auschwitz" (1993) del francés Jean Claude Pressac al cual todos los medios de comunicación dieron mucho bombo después de su publicación. En su introducción, Pressac, que ha visitado los archivos de Moscú, declara haber hallado documentos comprobantes de las cámaras de gas. Leyendo el libro, se hace constar que cada vez que Pressac habla de gasificaciones humanas, la fuente citada es la declaración de un "testigo ocular". Este hecho se explica con facilidad: Los pretendidos documentos existen solo en la imaginación del señor Pressac. Lo sé muy bien porque durante dos visitas a los archivos de Moscú, efectuadas en julio/agosto y noviembre/diciembre de 1995 con el historiador italiano Carlo Mattogno, he visto todos los documentos alemanes sobre Auschwitz contenidos en estos archivos. Si los documentes comprobantes existiesen, los propagandistas soviéticos los hubieran triunfalmente presentado al mundo después de la guerra. ¿Por qué no lo han hecho?. La respuesta es fácil.

La ausencia completa de documentos que corroboren la realidad de los campos de exterminio ha sido siempre un hueso duro de roer para los defensores de la verdad holocaustica oficial. Enfrentados a la necesidad de mostrar por lo menos algunos documentos, ellos recurren al truco siguiente:

Muestran documentos alemanes incontestablemente auténticos que hablan de la "evacuación" y de la "emigración" de los judíos, y emiten la suposición enteramente gratuita de que los Nacionalsocialistas se hayan servido de un "lenguaje camuflado" en el cual "evacuación" y "emigracion" tenían el sentido de "exterminación". En otras palabras, los historiadores oficiales hacen decir a los documentos lo que no dicen. A diferencia de estos falsificadores, los revisionistas se sirven de los documentos para demostrar lo que realmente ocurrió. Me contento con un solo ejemplo significativo:

Según afirman los defensores de la verdad oficial, casi todos los judíos húngaros deportados a Auschwitz entre mayo y julio de 1944 fueron inmediatamente gasificados en este campo. Se cae por su propio peso que esta afirmación no está basada en documentos, sino únicamente en testimonios de judíos y confesiones arrancadas a prisioneros alemanes después de la guerra. De hecho, existen varios documentos que refutan el mito de la exterminación de los judios húngaros. Según estos documentos, los judíos en cuestión estuvieron empleados en numerosas fábricas y campos de trabajo para producir aviones de caza y otras armas. ¿Que tipo de argumentos podrían oponer los historiadores ortodoxos a estos documentos?. Claramente ninguno. Es fácil comprender por qué temen un diálogo público como el diablo teme el agua bendita.

Además del análisis crítico de los documentos, los revisionistas son los únicos que estudian seriamente las declaraciones de los testigos y las confesiones de los llamados "criminales nazis". En mi libro "Auschwitz. Tätergeständnisse und Augenzeugen des Holocaust" (Auschwitz. Confesiones y testimonios del holocausto), publicado en 1994, editado y analizado 30 de los testimonios más importantes y más frecuentemente mencionados en la literatura oficial. Llego a la conclusión de que estos testimonios carecen totalmente de valor porque están llenos de absurdos técnicos y lógicos; además, están en flagrante contradicción entre sí.

No cabe duda de que el testigo mas importante es Rudolf Höss, primer comandante del campo de trabajo de Auschwitz. En marzo de 1946, Höss fue hecho prisionero por los ingleses, y al cabo de un interrogatorio de tres días, firmó su celebérrima declaración en la cual declaró que 3 millones de personas habían muerto en Auschwitz, en su mayoría en las cámaras de gas, hasta noviembre de 1943. En esta misma confesión, Höss dice haber visitado el campo de Treblinka en junio de 1941.

Sin embargo, como se puede leer en toda la literatura holocaustica oficial, Treblinka fué abierto en julio de 1942. Höss afirma igualmente que en Auschwitz se quemaban tres cadáveres en una mufla de crematorio en veinte minutos; cosa radicalmente imposible, dado que los crematorios contemporáneos más eficaces son capaces de incinerar un cadáver por mufla y hora. Desde hace 14 años, sabemos cómo los británicos obtuvieron la confesión de Höss. El escritor inglés Rupert Butler revela en su libro "Legions of Death" (Arrow Press, 1983) que el primer comandante de Auschwitz fue torturado sin interrupción durante tres dias y noches por un grupo de soldados encabezados por el judío Bernard Clarke. En este tipo de confesiones arrancadas por la tortura o el chantaje se basa la acusación de un genocidio bestial sin para en la historia del mundo.

A menudo se pone a los revisionistasl a objeción siguiente: "Es muy posible que muchos testigos hayan mentido o exagerado los horrores de los campos, pero no todos. La existencia de tantos testigos prueba que las cámaras de gas son una realidad pues no hay humo sin fuego." Es muy fácil responder a esta crítica citando los numerosos testimonios sobre gasificaciones en Dachau y Buchenwald. Muchos testigos describieron el proceso de exterminación en las pretendidas cámaras de gas de estos campos. Sin embargo, todos los historiadores, incluidos los propugnadores de la versión oficial del holocausto, admiten desde 1960 que las cámaras de gas de Buchenwald y Dachau eran un producto de la propaganda antialemana, y que los testimonios eran fraudulentos. ¿De qué pruebas disponen los historiadores ortodoxos para demostrar la existencia de las cámaras de gas de Auschwitz y de Treblinka?. De testimonios y confesiones, nada más?. Por qué serían estas confesiones y estos testimonios más dignas de crédito que aquellos sobre las cámaras de gas de Buchenwald y Dachau?. A este sencillo argumento, repetido mil veces desde Paul Rassinier, fundador del revisionismo, los exterminacionistas son simplemente incapaces de responder.

Además de someter los documentos y los testimonios a un examen crítico, los revisionistas se ocupan de un aspecto esencial, totalmente descuidado por los predicadores de la verdad oficial: El examen científico de las llamadas cámaras de gas y de los crematorios.

Los métodos usados corresponden a los utilizados por el investigador de cualquier asesinato apolitico. Permítanme citar un ejemplo:

Un hombre ha sido acuchillado. A doscientos metros del cadaver, la policía halla una navaja cubierta de sangre en cuyo mango hay huellas dactilares. Varios testigos declaran haber visto al señor Fulano acuchillar a la víctima antes de darse a la fuga. ¿Cómo procedera la policia en este caso?. Comparará el tipo de sangre del muerto al tipo del sangre en la hoja, y comparará las huellas digitales en el mango con las del señor Fulano. Así se procede en cualquier caso criminal. Todo jurista sabe muy bien que las pruebas materiales y forenses son superiores a las pruebas testimoniales pues un testigo puede mentir deliberatamente o equivocarse.

En el caso de un crímen tan espectacular y horripilante come la pretendida exterminación de unos millones de seres humanos en mataderos químicos, los jueces encargados de juzgar a los acusados hubieran tenido la obligación de dilucidar escrupulosamente cómo se habían desarrolladolas masacres. En otras palabras: Hubieran debido encargar a lo stribunales elaborar un peritaje sobre el arma del crimen, aspecto fundamental en todo proceso apolítico. Este peritaje, los tribunales no lo han exigido jamas. ¿Por que?. Porque tal peritaje habría demostrado la imposibilidad técnica del genicidio industrial.

Mientras que los primeros revisionistas, como Paul Rassinier, socialista, miembro de la resistencia francesa y prisionero de Buchenwald, se contentaban con la crítica de los documentos y testimonios, el revisionismo actual ha tomado un rumbo nuevo con las investigaciones del profesor frances Robert Faurisson en los años setenta. Faurisson fue el primero en estudiar las propiedades del insecticida Zyklon B, usado enAuschwitz para matar a los piojos y pretendidamente también para aniquilar a los judíos. Se trata de una forma delácido cianhídrico. Este ácido se utiliza en varios estados americanos para ejecutar a los condenados a muerte. Una ejecución así es un proceso complicado y peligroso; la cámara de gas debe estar herméticamente cerrada para evitar que el gas mortal se escape y mate al verdugo y al personal de la cárcel. El empleo del ácido cianhídrico en las llamadas "cámaras de gas", que eran en realidad depósitos de cadáveres adyacentes a los crematorios, posteriormente bautizados "cámaras de gas", habría provocado inmediatamente una catástrofe: El gas se habría escapado de estos locales que no podían ser herméticamente cerrados y carecían de una ventilacion eficaz. En 1988, los revisionistas Ernst Zündel y Robert Faurisson encargaron al ingeniero americano Fred Leuchter, constructor de las cámaras de gas americanas, examinar las "cámaras de gas" en los campos de Auschwitz primero, Auschwitz Birkenau y Majdanek. Después de sus investigaciones, Leuchter redactó su célebre informe que demostró la imposibilidad técnica de las gasificaciones (véase Robert Lenski, "The Holocauston Trial", Reporter Press, 1990). Aunque el informe Leuchter contenga incontestablemente algunos errores, la exactitud de sus conclusiones fué confirmada por el peritaje mucho mas científico y detallado de Germar Rudolf ("Gutachten über die Bildungund Nachweisbarkeit von Cyanidverbindungen in den ''Gaskammern ''von Auschwitz", Cromwell Press, 1993).

El último aspecto esencial de la cuestión fué esclarecido por el italiano Carlo Mattogno, especialista eminente en la historia de Auschwitz y sus crematorios. En un estudio publicado al cabo de seis años de investigaciones ("Die Krematoriumsöfen von Auschwitz Birkenau", en Ernst Gauss, "Grundlagen zur Zeitgeschichte", Grabert 1994), Mattogno prueba irrefutablemente que los crematorios de Auschwitz no podian incinerar mas de 162,000 cadáveres, cifra que cuadra muy bien con los decesos documentados en el campo. No se conoce el número exacto de las victimas de Auschwitz porque nos faltan las listas de los decesos para el año 1944, pero se puede calcular que el número de los muertos asciende aproximadamente a 150,000 - 160,000 durante toda la existencia del campo (abril 1940 - enero 1944). Epidemias, sobretodo el tifus, difundido por los piojos que los alemanes nunca lograron exterminar a pesar de todo su Zyklon B, provocaron la altísima mortalidad en Auschwitz.

Por supuesto, la cifra de 150,000 -160,000 muertos es espantosa, pero hay que recordar que los poderosos vencedores han cometido crímenes peores. Por ejemplo, cerca de 250,000 alemanes fueron quemados vivos en una noche y un dia en Dresden en febrero de 1945. En este caso, se trataba de una matanza organizada mucho más digna de la expresión "Holocausto" (que significa en griego "quemar totalmente") que un campo de trabajo donde muchos internados sucumbieron a epidemias incontrolables y a las duras condiciones de vida.

Quisiera resumir las conclusiones alcanzadas por los investigadores revisionistas:

- No existe la menor prueba documental para sostener la tesis de un genocidio organizado respecto de los judíos.

- Por otro lado, los documentos prueban claramente que una parte considerable de los judíos bajo el control alemán fueron enviados a campos de trabajo forzado donde las condiciones de vida eran con frecuencia inhumanas y donde muchisimos internados murieron de enfermedades y, durante la última fase caótica de la guerra, también de hambre.

- Las declaraciones de los testigos y las confesiones arrancadas a los vencidos carecen de valor. Para los vencedores, fué muy fácil obtener cualquier confesión y cualquier testimonio deseado.

- Las pretendidas gasificaciones en las localidades bautizadas posteriormente "cámaras de gas" eran técnicamente imposibles y, en consecuencia, no han tenido lugar.

- Era radicalmente imposible quemar los cadáveres de los pretendidos millones de gasificiados en los crematorios existentes.

La ausencia de una política de exterminación está igualmente probada por la abundancia de supervivientes judíos de los campos. Según escribe Nahum Goldmann, ex presidente del congreso mundial judío, en su famosa obra "Das jüdische Paradox" (Europäische Verlagsgemeinschaft, 1978), había en 1945, 600,000 judíos liberados de los campos. Si los Nacionalsocialistas hubiesen realmente seguido una política de liquidación física de los judíos, casi ningún judío habría sobrevivido a los campos. Innumerables judíos famosos, de Simone Veil a Simon Wiesenthal, de Elie Wiesel a Primo Levi, pasaron meses o años de su vida en los campos sin correr el riesgo de ser gasificados. Hasta el muy trágico destino de la familia Frank no cuadra con la leyenda. En el verano de 1944, esta familia fue deportada a Auschwitz, el pretendido "campo de muerte". Sin embargo, ninguno de ellos fué a las cámaras de gas. Otto Frank murió en Suiza 40 años después de la guerra, su esposa Edith murió en Auschwitz en enero de 1945, cuando según los historiadores oficiales las matanzas ya habían terminado; sus hijas Anne y Margot sucumbieron al tifus en el campo de Bergen Belsen a donde habían sido transferidas. Las terribles condiciones prevalentes en la última fase de la guerra son lo suficientemente amplias para explicar la altisima tasa de mortalidad de los detenidos, judíos y no judíos.

¿Frecuentemente se objeta al revisionismo el argumento siguiente?, ¿dónde están los millones de judíos qué faltan si no fueron exterminados?. La mejor respuesta a esta legítima cuestión fue proporcionada por el demógrafo americano Walter Sanning ("The Dissolution of European Jewry", 1983).

En su obra fundamental, Sanning demuestra de manera muy convincente la dimension de la emigración judía antes de la guerra, durante ella y en los años de posguerra. Según los cálculos de Sanning, basados exclusivamente en estadísticas oficiales, las pérdidas judías en los territorios controlados por los alemanes ascienden aproximadamente a medio millón.

El mito del holocausto empezó como propaganda de guerra. Despues de la Segunda Guerra Mundial, los poderosos vencedores y las organizaciones judías se dieron cuenta de que la continuación del mito les sería útil por varias razones:

- Acusando a los alemanes de un crimen monstruoso, los vencedores anglosajones y soviéticos ocultaron sus propias atrocidades.

- La propaganda holocaustica destruyó el orgullo nacional del pueblo alemán y lo envenenó con un complejo de culpabilidad, transformándolo así en una grey dócil, siempre dispuesta a obedecer a las órdenes de America y a ceder a cualquier chantaje judío.

- Los judíos se hicieron invulnerables a cualquier crítica. Incluso el implacable régimen de terror israelí en los territorios árabes robados se disculpa con el argumento que "el pueblo judío tiene el derecho de protegerse contra un segundo holocausto".

Es muy fácil imaginarse las enormes implicaciones políticas del revisionismo. Si lograse imponerse, las consecuencias serían desastrosas no solo para la judería internacional - incluidos los judíos totalmente inocentes de la propagación de la mentira -, sino también para toda la clase dirigente de las llamadas "democracias". Políticos, historiadores, periodistas, a todos se les caería la cara de vergüenza por haber defendido, durante medio siglo, un fraude de estas dimensiones. Las bases de la política internacionalista y multicultural que aspira a destruir a los estados soberanos y a minar las tradiciones de los pueblos blancos y cristianos estarían gravemente amenazadas. El derrumbamiento del mito del holocausto provocaría sin la menor duda una fuerte reacción nacionalista. No olvidemos que los manipuladores se sirven regularmente del holocausto para desalentar cualquier forma de patriotismo y para inculcar a los pueblos occidentales un complejo de culpabilidad. En consecuencia, nosotros ya no nos atrevemos a oponernos a la inmigración masiva de africanos y asiáticos que, a largo plazo, amenaza nuestra sobrevivencia como pueblos blancos y cristianos y la sobrevivencia de nuestra civilización.

Dada su incapacidad lamentable de responder a los argumentos revisionistas con otros argumentos, los regimenes "democráticos" no tienen más remedio que intensificar la propaganda, la censura y el terror. En lugar de apacigüarse con el tiempo, el lavado de cérebro nos hace aumentar en virulencia. En Alemania, Austria y Francia el revisionismo histórico es hoy considerado como un crimen. Günter Deckert, jefe del partido nacional democrático alemán, fué condenado a dos años de cárcel por haber traducido una conferencia técnica de Leuchter sobre las cámaras de gas. En Francia, se prepara un proceso contra el célebre filósofo Roger Garaudy, ex marxista, convertido al Islam en los años ochenta y autor del libro "Les Mythes fondateurs de la politique israélienne" (La Vieille Taupe, Paris 1996). El profesor Robert Faurisson ha sido citado ante el juez diez veces. En Suiza, las autoridades están preparando un proceso contra mi editor y contra mí en virtud de una nebulosa "ley antiracista", entrada en vigor en 1995. Sin embargo, la experiencia muestra que tales medidas represivas nunca han conseguido impedir la victora de una verdad; pueden solamente retardarla. Cuando la mentira del holocausto sea públicamente desenmascarada, los responsables de la mayor estafa de todos los tiempos se encontrarán entre la espada y la pared. Lo saben muy bien, y para retardar el ajuste de cuentas, intensifican la propaganda y el terror. Temo que en los años que vienen haya numerosas víctimas en nuestro campo.

¿Qué es el pueblo?

Cada pueblo representa una comunidad exteriormente visible. La misma sangre, la misma tierra, la misma lengua, cultura, costumbres e historia constituyen un vínculo inseparable, tanto la raza como la historia y la cultura son necesarias al devenir popular.

El pueblo es la vez una comunidad de disposiciones hereditarias y una comunidad de entorno. Cada generación no es más que un eslabón en la cadena que comienza con los más antiguos antepasados y se prolonga en el porvenir con las generaciones futuras. Todas juntas, forman la comunidad popular. La existencia del individuo tiene una finalidad cuando está en íntima relación con el conjunto del pueblo.

Todo portador de sangre viviente de esta comunidad tiene la responsabilidad de dar vida a las generaciones futuras.

Cada pueblo posee sus características étnicas. La composición racial del pueblo determina esta característica.

El pueblo es una comunidad de origen y destino. En tanto que comunidad de disposiciones hereditarias, es capaz de crear y de modelar ampliamente a su entorno.

Marxismo (Resumen)

El Marxismo como ideología política, económica y social surge a mediados del siglo XIX. Deriva del conjunto de planteamientos especificados en la obra máxima de la ideología marxista: “El Capital” obra escrita por el filósofo, economista y periodista de origen judío Karl Marx quien con ayuda de su amigo Friedrich Engels se basaron en la filosofía de Georg Wilhem Hegel, Feuerbach, de “La Economía Política” de Adam Smith, “La Economía” de David Ricardo y “El Socialismo Utópico” francés del siglo XIX, para así dar forma a una de las ideologías políticas que más seres humanos ha matado en la historia, llegando a la brutal suma de 110 millones de almas humanas en el mundo entero.

Estado y Propiedad Privada

El planteamiento principal marxista se basa en una total intervención del estado en el mercado y la abolición de la propiedad privada para individuos y sociedades; profesando así una economía de planificación central. El estado decide qué producir, para quién producir y cómo se producirá, buscando así la abolición de las clases sociales, haciendo a todos iguales económicamente, planteamiento que como veremos más adelante, es una auténtica falacia.

El principio de igualdad en todas las cosas, así como en el aspecto económico es totalmente utópico y quimérico ya que, nadie es igual a nadie, todos tenemos ventajas y habilidades distintas de las cuales nos servimos para la producción de riqueza. Se podría decir que la acumulación de riqueza es sólo para los más aptos y con habilidades suficientes para generarlas y que, con el sudor de su frente, hacen de esta habilidad la principal fuente de bienestar económico y social de su comunidad.

Las Raíces Filosóficas del Marxismo

En los inicios de la formación de las ideas marxistas, Karl Marx, tuvo dos grandes influencias filosóficas que definirían el devenir y formación del marxismo. En primer lugar está la de Feuerbach, que le aporto y asentó su visión materialista de la historia, y la segunda es la de Hegel que lo inspiraría acerca de la aplicación de la dialéctica al materialismo.

Feuerbach plantea que la noción de espíritu hegeliano es el resultado de la violenta separación de las cualidades de un sujeto material y sus capacidades o atributos. La expresión de esta separación es la religión. Cuando se desprestigia al hombre se enaltece a Dios. Por tanto, la verdadera libertad pasa por la ruptura con la idea de Dios. (!)

Sólo así el hombre se recuperara a sí mismo. La religión surge cuando las necesidades humanas no encuentran satisfacción: La capacidad de pensar seres infinitos no demuestra su existencia. El hombre alienado, confuso consigo mismo, crea sus propios dioses en función de sus deseos y angustias. El hombre religioso renuncia a su esencia y la contempla en Dios, ya no como su propia esencia sino como una esencia “extraña”, infinita y divina.

Su crítica de la religión conduce a Feuerbach al ateísmo, que según él, es el producto de una evolución que demuestra haber alcanzado la madurez. Marx se sirve de los planteamientos de Feuerbach para plantear el materialismo histórico en el cual al ya no haber dioses a los cuales alabar, el hombre resulta arquitecto de su propio destino el cual, ya no está atado al azar Divino sino a la producción material como bienestar evolutivo del destino humano. Para Marx el hombre es hombre porque tiene una historia, porque produce “su vida material”.

Hegel plantea su famosa dialéctica que es una concepción de la realidad en la cual, ésta y la razón, son dos términos inseparables. La característica de la dialéctica es que su protagonista no es el hombre, sino lo que Hegel llama metafísicamente: Espíritu absoluto o idea.

En la enciclopedia de las ciencias filosóficas, proporcionó el siguiente ejemplo de su visión de la dialéctica:

Primer momento: La lógica estudia la idea inmediata, tal como es en sí misma (espíritu objetivo).

Segundo momento: La filosofía de la naturaleza estudia la idea alienada fuera de sí misma y convertida en un mundo (espíritu objetivo).

Tercer momento: La filosofía del espíritu estudia la idea después de su paso por el segundo momento (superación); es la idea hecha conciencia (espíritu absoluto).
La realidad es la autocreación de Dios, es Dios en devenir. Marx se sirve de los postulados hegelianos para crear su famoso materialismo dialéctico.

Como podemos ver, Marx se basa mayormente en filósofos ateos. No creen en la existencia de un Dios superior. Dios es creador y es el único que no posee esa característica de proceso generativo creador porque es absoluto. La complejidad natural en todo sentido, es por lo menos, prueba inequívoca de una Inteligencia atemporal, Divina, Indiscutible, Perpetua.

La Religión desde el Punto de Vista Marxista

El marxismo desde sus inicios se declaró enemigo de las religiones. Marx dijo al respecto que la religión es el opio del pueblo. La fundamentación filosófica del rechazo a las religiones ha sido desarrollada por autores como Engels y Lenin.
La crítica teoría de la religión en la que se basa el marxismo es que ésta es concebida como el resultado de la producción de una superestructura de la sociedad.

Es decir, de la fabricación de fundamentos ideológicos que se hace una sociedad sobre sus propios modos de producción económicos. Así, para el marxismo, la religión siempre es una concepción de ideas políticas que tienden a reafirmar y sustentar la estructura económica existente.

Todo esto es totalmente erróneo ya que, no se puede relacionar la forma de vida espiritual para fundamentar la forma de vida material de producción que son dos cosas totalmente diferentes. Por un lado tenemos al mundo de los arquetipos, de los ideales sagrados y por el otro al mundo de lo material y de la generación de riqueza, dos cosas totalmente antagónicas y opuestas.

Es como tratar de explicar la existencia de un fantasma desde el punto de vista económico. Ante el mundo el marxismo es el enemigo acérrimo del capitalismo lo cual no es cierto ya que si hacemos un análisis metafísico y filosófico vienen a ser lo mismo.

Marxismo: Estado sobre el Individuo.

Capitalismo: Individuo sobre el Estado.

Al final las dos ideologías terminan en una vertiente antagónica pero equitativa. Recordemos que Marx fue financiado, al igual que otros revolucionarios, por banqueros norteamericanos de Wall Street, como lo documenta el escritor Anthony Sutton en su obra Wall Street y los Bolcheviques por ejemplo.

Subversiones y Gobiernos inspirados en el Marxismo

La revolución de octubre del año 1917, fue el primer intento de establecer un estado obrero para poner en práctica las ideas socialistas. Esta revolución fue encabezada por los bolcheviques cuyas figuras principales fueron Vladimir Lenin y León Trotsky. Tras la muerte de Stalin (el mayor asesino de todos los tiempos), comenzó un proceso de liberalización económica progresiva que terminó con la Perestroika.

Terminada la segunda guerra mundial la ideología marxista con respaldo militar de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dio origen a Partidos Comunistas Subversivos en todo el mundo.
Algunos de estos partidos llegaron a tomar el poder y establecer su propio estado marxista como lo son las siguientes naciones:

China, Vietnam, Cuba, Rumania, Albania, Polonia, Camboya, Etiopía, Yemen del Sur y otros de los cuales casi la mayoría ya no son marxistas y algunos que aseguran serlo. En 1991, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se disolvió, dejando tras de sí, millones de muertos y desaparecidos. El nuevo estado ruso ya no se identificó con el Marxismo supuestamente. Otras naciones del mundo siguieron el mismo camino.

Actualmente el socialismo científico que, de científico no tiene nada, ha dejado de ser una fuerza política importante en la política mundial, dando paso a ideologías mestizas y decadentes que han creado fenómenos políticos corruptos y degenerados.

Neo Strasserismo en Argentina

Queremos abrir una cuestión bastante particular que creemos que nos compete abordar de forma oficial en nuestro órgano doctrinal.

En primer lugar, no pretendemos abordar ésta cuestión bajo ningún punto de vista partidario, grupal o en nombre de alguna organización, sólo representando la postura oficial del Nacionalsocialismo Ortodoxo en la posguerra.

Creemos que la vuelta del Nacionalsocialismo al poder en Occidente es un hecho que sólo resta tiempo en consumarse e indicamos a aquellos opositores de ésta realidad como unos simples abnegados mentales, personas sufrientes de esclerozamiento mental y fosilización espiritual.

Aunque creemos plenamente en ésta realidad que está llegando, creemos que como protagonistas nos compete despejar de dudas e indicar con precisión quienes son éstas perversas mentes subversivas que se oponen a la ideología del Orden Natural.

Sabemos que éste sistema fue fundado y promovido desde la Subversión Inglesa en Francia, mal llamada: “Revolución Francesa” y su máxima característica es estar basado (el sistema que hoy gobierna Occidente) en la mentira, la falsedad y la calumnia, es la forma con la que los “Revolucionarios” de la Francia Liberal se oponían a sus enemigos antirevolucionarios y es la misma forma con la que los Aliados asentaron su conquista bélica a partir de 1945 hasta la fecha y han instaurado su tiranía demócrata liberal en todo Occidente, no sería de extrañar que éste cáncer mundial utilice las mismas tácticas para neutralizar a los movimientos ideológicos que pueden surgir y de hecho esto es lo que hacen.

Siendo el Nacionalsocialismo, el único movimiento que derrotó y puede derrotar a la maldad propiamente dicha en el Mundo, al régimen más sanguinario y perverso jamás visto, que como si fuera poco cree haber inventado la felicidad para el género humano, éste sistema es el Liberalismo.

Por lo tanto podemos deducir fácilmente que sobre el Nacionalsocialismo, la mentira, la calumnia y la falsedad están vertidas y junto con esto se aplica otro medio muy efectivo del liberalismo masónico: “Divide y Reinarás”.

¿Qué mejor que sumado a las mentiras que pesan sobre el enemigo, dividir sus fuerzas para así poder captarlas?. Bueno, esto es lo que se hace en los tiempos actuales y para frenarlo, lo que nos proponemos es dar una avanzada con la ortodoxia doctrinal de nuestra cosmovisión, reivindicándola, unificando a los elementos leales y denunciando a los traidores.

Hacemos esto ya que consideramos que la frontalidad es una de las características básicas de la ideología que defendemos, característica que nos ha dado muchas alegrías y problemas también.

Desde el principio de los tiempos, los movimientos traidores a la vida: Liberales (ya sean derechistas, marxistas o anarquistas) han envidiado en gran medida a la verdadera popularidad de los movimientos de tercera posición, ya que los primeros jamás han logrado despertar semejantes volcanes de pasión, fanatismo y lealtad.

Los movimientos liberales, siempre han tenido que recurrir a la táctica foquista para poder instaurar sus dictaduras materialistas y en dichos actos han amedrentado a la población que decían salvar, han robado, ultrajado y asesinado a cuanto se les ponga encima, inclusive a sus correligionarios considerados más “blandos” bajo el título de “reaccionarios” ésta radicalización llevó a la subversión liberal a buscar la forma de quedarse con la popularidad de los movimientos de tercera posición.

Cuando la Luz, la Verdad y la Belleza son encarnizadas en una Cosmovisión, valiéndose de un estudio irrefutable de la realidad, los traidores a la vida sólo tienen dos formas de combatir dicha cosmovisión: Con violencia o con mentira, es decir…

Exterminar a los Defensores de dicha Cosmovisión o inocular elementos ideológicos desviados para volver a dicha Cosmovisión servicial a la traición.

Por lo tanto, nos encontramos que siendo martirizados los líderes Nacionalsocialistas en Nüremberg y despertando ésta ideología a nivel mundial en una escala no esperada por ninguno de los traidores a la vida, precisan de la segunda estrategia y la utilizarán, para los fines enumerados: Que los liberales se queden con la popularidad de la auténtica tercera posición y desviar ésta ideología a que sea servil a la traición.

Si bien el término “Strasserismo” es ajeno a lo que políticamente se conoce como Argentina, vemos el paralelismo entre el antimovimiento Strasserista en Alemania y los Montoneros en Argentina, vemos como los hermanos Strasser por órdenes de la Corona Británica trataron de infiltrar el Nacionalbolchevismo dentro del Nacionalsocialismo para convertir a éste en funcional a los intereses económicos de la Corona Británica.

En Argentina sucedió lo mismo con el Nacional Justicialismo, elementos subversivos infiltraron dicho movimiento para volverlo servil a los intereses de los traidores a la vida y pervertirlo ideológicamente.

Los resultados de éstas movidas están a la vista de todos…

El Nacionalsocialismo tuvo la capacidad de neutralizar la subversión y acabarla fácilmente, el Nacional Justicialismo no tuvo la misma suerte, la subversión se apoderó de su movimiento y hoy tenemos al Justicialismo como el arma más grande de sometimiento a los intereses de la opresión mundial que sufre la Argentina.

Sin entrar en minuciosos detalles históricos que no vienen al caso en éste informe, podemos ver como el Nacional Justicialismo nació siendo una adaptación del Nacionalsocialismo en la posguerra para la Argentina, terminó siendo infiltrado por el Liberalismo de Derecha y de Izquierda, ni que hablar de la gran cantidad de Masones y Sionistas dentro de dicho arco político en la actualidad y como se fué deformando poco a poco dicho movimiento (Nacional Justicialista) con su fundador en vida o sin él.

De cara a un nuevo siglo, viendo los hechos que están por suceder en el Mundo, todo está dado para un resurgimiento de la auténtica tercera posición en Occidente (el Nacionalsocialismo) y los liberales se ven en la desesperada necesidad de frenar ésta cuestión de alguna forma, por lo tanto necesitan reflotar los emprendimientos que alguna vez promovieron y que en un caso le dio resultado y en otro no, por eso es que hoy estamos viendo como en distintos lugares del Mundo las corrientes infiltradas en la Tercera Posición están volviendo al asecho, vemos en Europa una cantidad de Nacional Bolcheviques, Nacional Anarquistas y distintos grupos Neonazis que sólo tienen como bandera una versión subversiva de lo que pretenden destruir (y supuestamente defender), el Nacionalsocialismo y ésta cuestión en Argentina no puede ser menos…

Volviendo a movilizarse nuevamente la Tercera Posición Nacionalsocialista, los traidores a la Vida en Argentina precisan nuevamente reflotar el movimiento Montonero para intentar frenar de alguna forma la inminente vuelta del Nacionalsocialismo al poder, ésta es una realidad tangible que quien quiera negar verla está autoengañándose y con dicha inocencia está beneficiando a los enemigos.

Ante ésta problemática, cabe preguntarse: ¿Cómo se los puede identificar?, ¿quiénes son los Montoneros hoy?, ¿qué solución existe?.

Lo primero que se debe hacer, antes de ofrecer una solución, es identificar a ésta subversión en nuestra actualidad argentina y a modo de introducción se puede refutar con simpleza su perverso discurso.

Se entiende que quien pretende pervertir un ideal, debe de alguna forma, tratar de trastornar su eje doctrinal, a modo de ejemplo se puede decir que, quien pretenda pervertir el Cristianismo, tiene que buscar la forma de poner en duda, hacer ignorar u olvidar el reconocimiento de Jesús el Cristo como Salvador de la Humanidad.

De igual forma, quien pretenda subvertir la auténtica Tercera Posición, el Nacionalsocialismo, tiene que buscar la forma de poner en duda, hacer ignorar u hacer olvidar el reconocimiento de la Raza como eje mundial y como supremo conector de los pueblos humanos con su naturaleza.

Es justamente esto lo que buscan los subversivos:

En primer lugar, valiéndose de teorías netamente marxistas gramscianas y progresistas de que “Argentina es un crisol de razas” lo más curioso es que ninguno de ellos posee un conocimiento científico, antropológico y biológico suficiente o respetable para hacer una afirmación así y con tanta simpleza rechazar todo un ideal formado, sin contar que hacer dicha afirmación es una muestra de completa ignorancia de toda la historia Argentina, país que fue forjado, defendido y fundado por elementos racialmente arios, por lo tanto desatender ésta cuestión es una traición a la Patria porque es faltarle el respeto a la sangre de aquellos héroes que todas las corrientes ideológicas de algún modo reivindican.

Otra de las cuestiones es reivindicar al Nacional Justicialismo como único movimiento nacional de Argentina, valiéndose así, con una cuestión de mero chauvinismo, desechar al Nacionalsocialismo, para refutar semejante mentira podemos declarar que el Nacional Justicialismo no es más que una doctrina adaptada a la realidad Argentina y a la realidad mundial de posguerra, es decir que ésta fue lo que pudo ser y no fue lo que realmente quiso ser y lo podemos ver, ya que todas las autoridades doctrinales del Nacional Justicialismo eran netamente Nacionalsocialistas y todos la gente de confianza del fundador del Nacional Justicialismo (Juan Domingo Perón) eran Nacionalsocialistas, por lo tanto a lo que se pretendía llegar era al Nacionalsocialismo y todo esto sin contar que entre ambas doctrinas no se encuentra contradicción alguna y quién forjó el Nacional Justicialismo fue el Teniente de la Schutzstaffel Jacques De Mahieu.

Por lo tanto podemos concluir que quien es verdaderamente Nacional Justicialista y persigue un auténtico ideal de Tercera Posición, debe volver el rostro hacia la autenticidad ideológica del Nacionalsocialismo, todo lo demás fue una simple herramienta partidaria para llegar a ésta ideología y los hechos históricos nos lo demuestran con claridad.

Es por esto que sólo cabría en la pseudoideología montonera declararse Nacional Justicialista o defensor de su creador (Peronista) y a la vez atentar contra la raíz de todo esto que es el Nacionalsocialismo, concluimos con que si alguien es verdaderamente Nacional Justicialista, debe abandonar todo romanticismo histórico y dedicarse al estudio, lucha y defensa del Nacionalsocialismo.

Argentina es un país occidental, hijo de Europa y de Raza Aria (ya que una tierra le pertenece a quienes la forjan y no necesariamente a quienes la habitan en su mayor o menor porción) y por lo tanto aquí la legítima Tercera Posición es el Nacionalsocialismo.

El Atentado del 20 de Julio de 1944 en el Tercer Reich

El atentado del 20 de julio de 1944 fue el fallido intento de asesinar al líder alemán Adolf Hitler, llevado a cabo por un grupo de oficiales traidores de la Wehrmacht organizados por el coronel conde Claus Von Stauffenberg como parte de un golpe de estado basado en la llamada Operación Valquiria.

Antecedentes

El proyecto de derrocar a Adolf Hitler empezó a gestarse de manera difusa en 1938 dentro de algunos pocos altos oficiales de la Wehrmacht. Entre estos conspiradores estaban el general Ludwig Beck, antiguo jefe de Estado Mayor y el mariscal de campo Erwin Von Witzleben, sin embargo la indecisión de los generales del ejército Franz Halder y Walther Von Brauchitsch impidieron ejecutar tales planes, mientras la política de apaciguamiento seguida por Gran Bretaña y Francia en esos años les desanimaba de realizar un acto concreto contra el régimen Nacionalsocialista.

Tras los resonantes triunfos de la Wehrmacht en Polonia, Noruega, Francia, Bélgica y Holanda, la popularidad de Adolf Hitler aumentó muchísimo entre las masas alemanas y los oficiales de la Wehrmacht no fueron ajenos a tal fenómeno, por lo cual a fines de 1940 se hizo muy difícil reclutar conspiradores decididos a derrocar al régimen triunfante hasta entonces.

En 1941 tras la Operación Barbarroja se forma otro grupo de resistencia dirigido por el coronel Henning Von Tresckow, quien trabajaba como parte del Estado Mayor del general Fedor Von Bock, su tío. Desde allí Von Tresckow reclutaba nuevos conspiradores entre la oficialidad germana, pero sus planes no pudieron avanzar mucho debido a la Batalla de Moscú en diciembre de 1941, donde el avance alemán fue totalmente detenido por el Ejército Rojo lo cual significó que Hitler le quitara a Von Bock el mando del Grupo de Ejércitos del Centro mientras Brauchitsch también era relevado del mando de tropas. A ello se sumaba el hecho que los destacados triunfos de la Wehrmacht en el frente oriental durante 1941 desanimaban a posibles adherentes de participar en una conspiración contra Hitler.

En 1942 Tresckow con ayuda del general Hans Oster logró reclutar en su núcleo de oposición al general Friedrich Olbricht, quien dirigía la oficina principal del ejército en Berlín, controlando allí un sistema de comunicaciones autónomo que unía a las unidades militares de reserva aún estacionadas en territorio de Alemania.

A fines de 1942 Tresckow y Olbricht intentaron asesinar a Hitler con bombas dos veces, una en Smolensk y la otra en Berlín, pero ambos planes fallaron, también buscaron sin éxito unir a su conspiración a los mariscales de campo Erich Von Manstein y Gerd Von Rundstedt, dos militares veteranos que gozaban de gran prestigio en la Wehrmacht por sus conocimientos de táctica en combate, quienes podrían ayudar a un efectivo derrocamiento del régimen Nacionalsocialista y no a un mero asesinato de Hitler.

En 1943 los planes para un golpe de Estado contra el Tercer Reich se vieron favorecidos por el curso de la Segunda Guerra Mundial desfavorable para Alemania, con la derrota en la Batalla de Stalingrado, la contraofensiva soviética que culminó en la Batalla de Kursk y la derrota germana en África del norte tras la batalla de El Alamein. A mediados de ese año Tresckow reclutó en la conspiración al coronel Claus Von Stauffenberg, herido de guerra en África, quien se mostró dispuesto a realizar personalmente el intento de asesinar a Hitler.

Ese año Olbricht sugirió a Tresckow un proyecto de golpe de Estado ya avanzado. Había un plan de emergencia militar del Tercer Reich denominado Operación Valkiria. Dicho plan implicaba la movilización de unidades de la Wehrmacht para restablecer la autoridad y podía usarse según Olbricht para que unidades militares tomen el control de las ciudades arrestando a los líderes Nacionalsocialistas, y desarmando a las Schutzstaffel y a la Gestapo tras la muerte de Hitler. Dicho plan debía ser puesto en práctica por el veterano general Friedrich Fromm, jefe de las reservas militares alemanas, y para asegurar el éxito del golpe de Estado era preciso reclutar a Fromm en la conspiración o neutralizarlo en caso necesario. Inclusive a mediados de 1944 la conspiración obtuvo un nuevo apoyo en el general Carl Heinrich Von Stülpnagel, jefe máximo de las guarniciones germanas en Francia, quien ofreció tras la muerte de Hitler tomar el control de París y negociar un armisticio inmediato con las tropas estadounidenses y británicas que avanzaban y con la resistencia francesa.

Las derrotas de las tropas alemanas en 1942 e inicios de 1944 dificultaron los planes de asesinar a Hitler, pues éste pasaba la mayor parte del tiempo no en Berlín sino en su cuartel general militar conocido como Wolfsschanze (Guarida del Lobo) situado en Prusia Oriental, o en su refugio alpino de Berchtesgaden. En ambos sitios Hitler era muy resguardado por tropas de la Schutzstaffel y no recibía personalmente sino a sus colaboradores más cercanos, sobre todo después que el jefe máximo de las Schutzstaffel, Heinrich Himmler, empezase a sospechar mediante la Gestapo respecto de planes entre algunos pocos oficiales traidores de la Wehrmacht para asesinar a Hitler.

Planes para un golpe de Estado

Desde 1938 existían grupos de oposición al régimen Nacionalsocialista en una dependencia tan importante como el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores, donde Ulrich Von Hasell, Friedrich Graf Von Der Schulenburg y Adam Von Trott Zu Solz, todos diplomáticos profesionales, eran activos en formar una red de opositores a Hitler. Otro ente de actividad de oposición al régimen era el servicio de inteligencia militar (Abwehr) dirigida por el almirante Wilhelm Canaris y donde estaba el general Hans Oster, un convencido antinacionalsocialista protegido por el mismo Canaris, y quien logró incorporar a su círculo al ex presidente del Reichsbank Hjalmar Schacht.

A estos grupos se unía la red secreta de opositores formada desde 1938 por el ex alcalde de Leipzig, el derechista conservador Carl Goerdeler, junto con otro político de la misma corriente, Johannes Popitz, a ellos se uniría después el socialista Julius Leber en su esfuerzo por preparar planes para un derrocamiento de Hitler y un nuevo gobierno para Alemania. En simultáneo se formaba otro grupo opositor secreto, el "Círculo Kreisau" dirigido por Helmuth James Graf Von Moltke, alto funcionario del Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores.

Aun cuando hacia 1943 todos estos grupos se unieron a los conspiradores ya existentes dentro de la Wehrmacht, los círculos de civiles mostraban grandes diferencias entre sus miembros había monárquicos, conservadores, liberales, socialistas, antiguos aristócratas, cuyo único punto en común solía ser la necesidad de terminar con el régimen Nacionalsocialista. Pese a esto, se trazaron algunos planes para un gobierno que debía necesariamente instalarse tras el asesinato de Hitler y el derrocamiento del régimen: Se pactó que el general Ludwick Beck quedaría en el cargo de "Presidente del Reich", tal como existía en la extinta República de Weimar, Goerdeler sería nombrado Canciller, a Julius Leber se le confiaría el Ministerio del Interior y el mariscal de campo Erwin Von Witzleben sería comandante en jefe de la Wehrmacht, otro elemento clave era terminar la guerra mediante una paz negociada, determinando que el Ministerio de Asuntos Exteriores quedase a cargo de Friedrich Graf Von Der Schulenburg (el último embajador del Tercer Reich en Moscú) si se buscaba negociar primero con la Unión Soviética. En caso de negociar primero con Gran Bretaña o Estados Unidos dicho puesto se confiaría a Ulrich Von Hasell.

Apartir de Septiembre 1943 Claus Von Stauffenberg organizaba varios atentados contra Adolf Hitler que fallaron todos. Como el de Axel Von Dem Bussche en Noviembre 1943.

Desde inicios de 1943 la misma Gestapo investigaba sobre una posible conspiración contra Hitler, lo cual no era tarea difícil pues la mayor parte de los implicados eran altos jefes militares bastante conocidos. No obstante, el almirante Wilhelm Canaris, jefe de la Abwehr (servicio de inteligencia y espionaje del Tercer Reich) también había conocido la existencia de tal conspiración pero no la reprimió en tanto el mismo Canaris apoyaba la idea de derrocar a Hitler.

La creciente posibilidad de ser descubiertos por la Gestapo y la rápida victoria aliada en la Batalla de Normandía causó preocupación entre los conspiradores respecto al escaso tiempo que les quedaba para ejecutar sus proyectos antes de un total colapso militar del Tercer Reich que causaría la destrucción de Alemania y de ellos mismos.

El 1 de julio de 1944 el coronel Claus Von Stauffenberg quedó agregado al Cuartel General del Ejercito de Reserva en Berlín, como jefe de Estado Mayor del general Friedrich Fromm, lo cual le permitía acudir a las conferencias de Hitler con los altos jefes militares, sea en Berlín, en Prusia Oriental, o en Berchtesgaden. Tal nombramiento causó que el mismo Stauffenberg presionase a Tresckow para ejecutar el plan de golpe de Estado, en tanto ahora Stauffenberg era el conspirador en mejor situación para asesinar a Hitler.

El 20 de julio

A inicios de julio de 1944, Von Stauffenberg ya había acudido a dos conferencias militares de Hitler con una potente bomba oculta en su maletín, más no la había activado porque según Goerdeler y Beck era necesario que junto con Hitler muriesen también sus posibles sucesores Hermann Goering y Heinrich Himmler; tal requisito dificultaba el plan pues Himmler, en calidad de jefe máximo de las Schutzstaffel, recibía órdenes directas de Hitler y rara vez iba a conferencias militares de la Wehrmacht. El 15 de julio, ante la presión del tiempo, se permitió que Stauffenberg ejecute el asesinato en cuanto pudiese, sin requisitos previos; el plan consistía en que Stauffenberg llevase su maletín con una bomba, lo dejase al costado de Hitler en medio de la conferencia, pretextase una excusa para salir del recinto y luego huyese a Berlín a reunirse con los otros conspiradores en el Cuartel General del Ejército de Reserva, situado en la avenida Bendlerstrasse (llamado por ello el Bendlerblock). Tras esto, Fromm iniciaría la "Operación Valkiria" movilizando las tropas en apoyo al nuevo gobierno, arrestando a los líderes Nacionalsocialistas; semejante plan era arriesgado y dependía de una gran coincidencia de hechos para tener éxito.

El 15 de julio de 1944 un error de comunicación causó que el general Friedrich Fromm iniciara parcialmente la "Operación Valkiria" creyendo que Hitler había sido asesinado pero con gran esfuerzo se detuvo la movilización total de tropas alegando que la convocatoria para ello era sólo un ejercicio de práctica. El día 18 de julio Stauffenberg supo que la Gestapo podría arrestarlo en cualquier momento y se decidió a matar a Hitler en la primera ocasión viable, para ello salió de Berlín por avión en la mañana del 20 de julio hacia Rastenburg, localidad de Prusia Oriental; a 15 kilómetros al este de dicha población se hallaba el cuartel militar de Hitler llamado Wolfsschanze (Guarida del Lobo) y allí se dirigió Stauffenberg con una bomba oculta en el maletín.

La conferencia militar de Hitler con otros jefes militares empezó en una amplia sala poco después del mediodía, donde acudieron el mariscal de campo Wilhelm Keitel, los generales Alfred Jodl, Walter Warlimont y otros altos oficiales, entre los cuales se hallaba Stauffenberg, bordeando una enorme mesa con mapas; minutos después de empezada la reunión Stauffenberg activó la bomba en su maletín y luego pidió permiso para retirarse por unos minutos fuera del recinto, dejando su maletín en la sala junto a la gran mesa. A las 12:40 la bomba explotó destruyendo la sala de conferencias, matando a cuatro oficiales e hiriendo gravemente a otros cinco, pero dejando a Hitler, Jodl y Keitel sólo con heridas muy leves. No obstante Stauffenberg observó la humareda desde fuera de la Wolfsschanze y retornó a Berlín a las 13:00 creyendo que Hitler estaba muerto.

Poco antes de las 15:00, el general Friedrich Fromm recibió una llamada desde Rastenburg del general Erich Fellgiebel, del Cuerpo de Señales y participante de la conspiración, quien avisó a sus demás cómplices que Hitler había sobrevivido al ataque. Tal noticia alertó a los conspiradores reunidos en el Bendlerblock pues calcularon (tal vez con acierto) que si Adolf Hitler estaba vivo las tropas de reserva no obedecerían la movilización de "Operación Valkiria" ordenada por Fromm.

Aumentó la confusión entre los conjurados el hecho que Stauffenberg llamase después por teléfono al general Fromm a las 15.00, tras haber aterrizado en Berlín y le asegurase a los demás conspiradores que Hitler había muerto; recién a las 16:00 y con dos versiones contradictorias de distintos conspiradores, el general Olbricht lanzó la orden de empezar la "Operación Valkiria" y movilizar a las tropas de reserva disponibles, pero poco después Friedrich Fromm llamó por teléfono a Rastenburg y conversó con el mariscal de campo Wilhelm Keitel y éste (ajeno a la conjura) le aseguro que Hitler estaba vivo, además de preguntarle por el paradero del coronel Stauffenberg.

A las 16:40 Stauffenberg llegó al Bendlerblock y Fromm intentó arrestarlo de inmediato, se cree que para borrar evidencias de su participación en el complot, pero fracasó al no ser secundado por Olbricht ni otros oficiales. De todos modos a esa hora Heinrich Himmler había tomado medidas para que la Schutzstaffel ponga fin al intento de golpe de Estado y ordenaba a las tropas del resto de Alemania que no obedecieran la movilización de "Operación Valkiria", la sede ministerial de Joseph Goebbels fue cercada por las tropas de la guarnición de Berlín creyentes en las órdenes de Fromm y de Olbricht pero todavía Goebbels contaba con la línea telefónica no cortada por los conspiradores.

El momento decisivo ocurre a las 19:00, cuando Hitler estaba lo bastante recuperado para llamar por teléfono. Hitler pudo llamar a Goebbels, quien hizo arreglos para que aquel hablara con el comandante de las tropas que rodeaban su ministerio, el mayor Otto Remer, para persuadirle que estaba vivo y exigirle reprimir inmediatamente la revuelta en Berlín; esa misma noche Hitler ordenó que el mayor Remer fuese ascendido a coronel.

A las 20:00 un furioso Erwin Von Witzleben llega al Benderblock y discute airadamente con Stauffenberg, quien todavía insistía en que el golpe podía continuar. Witzleben abandona el edificio poco después. Alrededor de esta hora la toma del poder en París había sido abortada, cuando el general Stülpnagel fue arrestado por el general Günther Von Kluge al enterarse éste último que Hitler había sobrevivido.

Los miembros menos resueltos de la conspiración en Berlín comienzan a cambiar de bando ahora. Estalla la lucha en el Bendlerblock entre los conspiradores que apoyan al golpe y los leales a Hitler (entre estos últimos está el general Friedrich Fromm) y Stauffenberg es herido. El general Ludwig Beck, al convencerse que no había esperanza, se suicida (el primero de numerosos suicidios cometidos en los siguientes días). Hacia las 23:00 el general Fromm ha retomado el control del Bendlerblock, destruyendo huellas de su colaboración con los conspiradores, arresta a Stauffenberg y a Olbricht con otros oficiales que insistieron en continuar con el golpe de estado, se instituye a sí mismo en "corte marcial especial", y les condena a muerte. A las 0:10 del 21 de julio los cuatro hombres condenados por él mismo son fusilados en el patio trasero del edificio "Bendlerblock". Otros habrían sido fusilados, pero a las 0:30 irrumpe en el Bendlerblock Otto Skorzeny con un batallón de la Schutzstaffel, prohibiendo nuevas ejecuciones hasta determinar fielmente cuántos militares han participado en la sublevación. Fromm prefiere no enfrentarse a las Schutzstaffel y se dirige al día siguiente a visitar al Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, atribuyéndose el mérito de haberse enfrentado a los rebeldes, no obstante en ese mismo acto Fromm es arrestado, y tras descubrirse su participación en la conspiración por documentos encontrados en su caja fuerte y muere fusilado en marzo de 1945.

Represión

En las semanas siguientes empezó a investigarse en mayor detalle el intento de golpe de Estado y Heinrich Himmler ordenó a la Gestapo proceder al arresto de todo individuo que tuviese alguna clase de relación con los conspiradores, orden que luego abarcó extraoficialmente a numerosos alemanes sospechosos de oponerse al régimen Nacionalsocialista, como el clérigo Dietrich Bonhöffer, cuyas ideas antinacionalsocialistas eran ya conocidas, o el general Franz Halder, quien no se unió a la conspiración pero a quien Hitler creía capaz de iniciar otro complot por su cuenta. Inclusive fue arrestado el almirante Wilhelm Canaris por cuanto subordinados suyos habían participado en la conspiración.

Resultó sencillo reconstruir la compleja red de conspiradores debido a la incautación de cartas y diarios de los conjurados ya arrestados, lo cual permitió seguir la pista a numerosos conspiradores que habían abandonado la sublevación a último momento, por ejemplo en el caso de Friedrich Fromm la Gestapo halló en sus oficinas del Bendlerblock una lista del futuro "gabinete de gobierno" que pretendía formar Carl Goerdeler tras la muerte de Hitler.

Se calcula que hubo en total unos 5.000 arrestos y 200 ejecuciones de opositores al régimen, aunque no todas referidas a conjurados del 20 de julio. Los detenidos que no habían sido aún ejecutados quedaron a disposición de la "Corte Popular" dirigida por su presidente, el juez Roland Freisler.

Los primeros procesos empezaron el 7 de agosto de 1944; entre los condenados estaban Carl Goerdeler, Popitz, Julius Leber, Friedrich Graf Von Der Schulenburg, Ulrich Von Hasell, entre otros.

Escasos fueron los conspiradores arrestados que intentaron negar su participación en el complot, otros líderes de la conjura como Tresckow y Ludwig Beck se habían suicidado antes de ser arrestados, otros jefes militares fueron acusados también de haber tenido contacto con jefes de la sublevación y en consecuencia arrestados.

De modo similar el general Günther Von Kluge fue llamado a Berlín para ser investigado, pero temiendo ser considerado como conspirador debido a sus críticas a Hitler, también cometió suicidio.

Reacción fuera de Alemania

La Unión Soviética, Estados Unidos, y Gran Bretaña no consiguieron mayor información sobre lo sucedido sino hasta el final de la guerra y no mostraron interés en estimular una resistencia antinacionalsocialista en Alemania. En el caso soviético se puede atribuir este desinterés al hecho evidente que la conspiración no era dirigida por miembros del antiguo Partido Comunista de Alemania en coordinación con sus colegas soviéticos, a ello se agrega que la conspiración no tuviese entre sus líderes a simpatizantes de la Unión Soviética sino por el contrario a derechistas (Goerdeler y Popitz), socialistas moderados (Julius Leber), o militares profesionales (Ludwig Beck, Tresckow), todos rechazables por el régimen marxista de Stalin.

A pesar que conspiradores como Goerdeler, Ulrich Von Hasell y Adam Von Trott Zu Solz tenían posibilidad de comunicarse con el extranjero, mediante embajadas alemanas en países que mantenían neutralidad (como en Suiza, Suecia, o Portugal), tanto Estados Unidos como Gran Bretaña rechazaron acercamientos con conspiradores. Primeramente los aliados occidentales dudaban de las intenciones de los conspiradores y no confiaban en ellos, considerando a éstos como antiguos aristócratas de Prusia que habían apoyado a Hitler pero deseosos de salir bien librados de una segura derrota alemana; en segundo lugar tanto Franklin Delano Roosevelt como Winston Churchill deseaban mantener como aliada a la Unión Soviética y un acercamiento a los conspiradores contra Hitler causaría las peores sospechas de Stalin quien temía acuerdos secretos entre alemanes y angloestadounidenses.