Los judíos, un problema biológico

Parece difícilmente explicable la razón por la cual hay tan poca gente capaz de afrontar el problema judío de una manera honrada sin dejarse llevar por sus emociones ya sea a favor ya en contra de ese pueblo extraño.

Lógicamente debe haber una explicación al conflicto entre judíos y gentiles a lo largo de miles de años y lógicamente tambíen un escritor debiera ser capaz de escribir sobre ello. No obstante que sepamos ningún escritor ha sido capaz de hacerlo. No encontramos a ello más explicación que el miedo. Estamos en la Edad del Gran Miedo. Del miedo a tener miedo. Del miedo químicamente puro.
Miedo que explica en gran parte, no hay explicaciones totales y exclusiva para nada, el éxito que está teniendo lo que el catedrático de la Universidad de Bucarest, Traian Romanescu, llamaba la gran conspiración judía.

En efecto: Ningún escritor gentil ha sabido o ha querido ocuparse del problema. Ningún escritor judío ha sabido o ha podido escribir lógicamente sobre los judíos, a pesar de que unos y otros hayan escrito centenares de libros sobre ese tema. Curiosamente todo libro escrito por un judío para explicar el fenómeno de lo que se llama "antisemitismo" llega a la misma conclusión: "Los gentiles no nos quieren a causa de nuestra religión". Desde el principio de los tiempos esta es la única respuesta que los judíos han ofrecido al problema del "antisemitismo". ¿No es extraño que un pueblo tan listo y lleno de recursos que ha conseguido sobrevivir durante miles de años en ambientes siempre hostiles pueda ofrecer una repuesta tan ilógica?. Imaginemos que logramos reunir a mil gentiles a los que no gustan los judíos y les preguntamos la razón. Seguramente darían varias razones diferentes, valídas o no, pero de lo que no puede caber la menor duda alguna es de que si les preguntámos qué sabían acerca de la religión judía nadie sabría responder con exactitud. Lo único que los gentiles saben acerca de la religión de los judíos es que se réunen en uno templos llamados sinagogas y nada más. Ante tal ignorancia en ese tema, ¿cómo puede pretenderse que los gentiles odian a los judíos a causa de su religión?. Si los gentiles leyeran el Talmud y otros libros santos de los judíos entonces sí habría motivos para decir que los judíos son odiados a causa de su religión, pues tales libros santos no son más que un inmenso recetario para estafar y denigrar a los "extranjeros", es decir a los gentiles. El llamado "antisemitismo" a través de la historia no ha sido más que la reacción de los gentiles contra la manera de actuar de los judíos que cohabitaban con ellos. El mismo Theodor Herlz, el padre oficial del moderno sionismo, lo ha reconocido así (Theodor Herlz: "Un Estado Judío"). ¿Quiénes son los judíos y qué hacen durante miles de años viviendo separados en medio de los gentiles?. Debemos referirnos a hechos biológicos pues nos negamos resueltamente a entrar en juicios de valor y en calificaciones éticas. No se trata de bondad o maldad pues esos términos sólo son válidos dentro de grupos humanos relativamente homogéneos. Se trata, precisar las palabras "parásito", "huésped", "engaño" y otras, no tienen connotación del tipo moral o ético alguna.

Los judíos son un pueblo parásito cuyos miembros erran a través de todo el mundo en busca de un buen lugar en el que puedan establecerse en el seno de una comunidad ya instalada, en la que puedan permanecer y properar a expensas de los demás. A los judíos, en efecto, se les encuentra por todas partes paro nunca aparecen como pioneros; esto se lo dejan a los ingenuos blancos caucasianos. Luego vienen los judíos en cuanto ven que allí se puede medrar. No fueron los primeros en Alaska pero ellos aparecieon inmediatamente después de que allí se descubrieron los yacimientos de oro. Igual sucedió en Sudáfrica y en California. La marcha hacia el lejano oeste la abrió el anglosajón, pero apareció el judío siguiéndole los pasos cuando el indio ya había sido dominado y los blancos instalado comunidades prósperas. El mismo caso se dió en Australia, en Africa Colonial, en la India...

Como pueblo parásito que son los judíos sólo pueden sobrevivir a expensas del trabajo de los demás. No traen nada consigo y sólo subsisten con la apropiación de los bienes de sus huéspedes. Un ejemplo bien reciente: La propaganda oficial pretende que unos industriosos y honrados judíos se presentaron en Palestina en 1948 y en esa salvaje e inculta región fundaron un Estado moderno, próspero y progresista. Pero la realidad es que los judíos invadieron un pacífico país árabe y arrebataron las ciudades, las fábricas y las tierras a los palestinos con la ayuda de millones de dólares convertidos en armas y procedentes de banqueros judíos de diversos países. El origen de la única nacion judía totalmente independiente en la historia del mundo identifica a ese pueblo con una tribu de bandidos. Esa palabra "bandidos", dicha sin ningún transfondo peyorativo, como demostrare más adelante.

Si los judíos no traen nada consigo, ¿cómo es que los gentiles les dejen permanacer en su compañia?. ¿Por qué dejan que los judíos se apropien de sus bienes e incluso de sus vidas?. Bien. La realidad es que el judío sí trae algo consigo. Algo inmaterial basado en el profundo conocimiento de los hombres que su constante viajar por el mundo le ha dado. Trae su ingenio y también trae su tremenda determinación a quedarse en casa de su huésped por muchos esfueszos que se hagan para echarle. Usando su ingenio, el judío pretende ofrecer algo que el pueblo huésped quiere o necesita. El judío ofrece conexiones comerciales con países extranjeros, información valiosa sobre enemigos reales o potenciales; con su cosmopolitismo se agencia el barniz de una cultura y unos conocimientos que no siempre corresponden a una realidad objetiva; con tales conocimientos se presenta como "salvador", médico, curandero, vidente, mago, hombre importante que siempre de la sensación de saber infinitamente más de lo que aparenta. Surge como "médico de almas", psiquiatra, psicólogo, consejero de todo; como actor, comediante y mago, que sólo desea entretener a los atareados gentiles o aparecer como un ser esotérico ofreciendo los itinerarios de nuevos caminos hacia el cielo o inéditas carreteras hacia el paraíso. Verdadero marchante de arena se especializa en vender "servicios", reales o imaginarios. Si el pueblo huésped necesita dinero, le ofrece dinero o se lo promete. Y si no lo necesita, le hace creer que lo necesita o le pone en una situación en que lo necesite realmente. En cuanquier caso si se le permite quedarse en muy poco tiempo el judío ha extendido sus tentáculos alrededor del pueblo huésped y ya será imposible echarle.

Cuando el pueblo huésped se da cuenta de lo que ha sucedido, de que ya no es el dueño de su propia casa ni de sus propios destinos y de que su bienestar y prosperidad están gracemente amenazados por el parásito que ha permitido que se instalara en sus dominios, reacciona. ¿Cómo reacciona?. ¿Acaso se pone a reflexionar lógicamente con calma filosófica?. No. Esto no es natural. Los pueblos reaccionan biológicamente. En la naturaleza podemos observar a veces a peces y a otros animales agitándose erráticamente y efectuando bruscos giros. En muchos casos se trata de huéspedes que están intentando librarse de sus parásitos. Los hombres, la especie humana, no se conducen de manera menos desesperada e irracional. La primera reacción de los gentiles ante los judíos es de pánico. Luego viene la rabia y a continuación la violencia. El pánico se produce cuando la comunidad descubre que es su seno se ha instalado otra comunidad halógena peligrosa y de la que no es posible saber exactamente el número y a veces ni siquiera su naturaleza y de la que intuye no se puede esperar nada bueno. Luego viene la rabia. El gentil reacciona frenéticamente y quiere echar al parásito. Finalmente se desata la violencia y ocurre el tradicional progrom contra el judío (la palabra "progrom" proviene del ruso y significa: "Destrucción", y también "tumulto", aunque por extensión se aplica a un ataque desordenado popular contra personas y bienes judíos). El judío cuando inmigra en una comunidad gentil sabe que más pronto o más tarde su presencia provocará la violencia, de manera que ya está preparado para ello. El ataque de la comunidad gentil le hará un daño comparativamente pequeño. Unos cuantos judíos morirán, otros serán apalizados, unos cuantos comercios serán derruidos y alguna sinagoga quemada, pero no importa. El judío sabe que el gentil lo pagará caro. Una vez pasada la tormenta, los líderes de la comunidad gentil cometen el típico y humano error de juzgar a los judíos por sus propios criterios. Y les dicen a sus seguidores que ahora los judíos han aprendido la lección y que tendrán que portarse bien. Pero el progrom ha sido beneficioso para los judíos. Ha servido para revelarles quiénes son los líderes naturales de los gentiles; quiénes son los que pueden ponerse al frente de ellos en caso de peligro. Al mismo tiempo ha servido para que la comunidad judía se frotalezca; en el progrom desaparecen sólo los más débiles mientras que los supervivientes fortalecen hasta el paroxismo sus lazos de solidaridad. Además el progrom ha servido para potenciar hasta el máximo el natural odio del parásito hacia su huésped. Y el odio es un sentimiento fortísimo y utilísimo en política.

El parásito así va minando y destruyendo gradualmente a los líderes naturales de los goyim, a los dirigentes materiales o espirituales del progrom. Las fortunas personales de esos líderes van desapareciendo una tras otra. Aparecen documentos que demuestran que sus propiedades ya han dejado de ser suyas. Empiezan a circular de boca en boca historias relativas a su honradez personal o a su solvencia económica, todas ellas en sentido peyorativo. Sus reputaciones son arruinadas y la comunidad gentil les vuelve la espalda. Otros líderes aparecen al frente de la comunidad gentil; todos ellos sin exepción son hombres pudientes y, también sin exepción, sus fortunas dependen en última instancia de la asociación con o del apoyo financiero de prepotentes judíos. Quien se atreve a oponerse a los nuevos líderes comparte el destino de los antiguos. Sus propiedades son confiscadas, sus familias destruidas, la comunidad es persuadida de que son hombres malignos y pernicioso y son expulsados ad patres. Así el pueblo huésped, privado de sus leales líderes nativos dependen en última instancia de los judíos. Tal ha sucedido en todas partes en una nación tras otra a través de los siglos y cuando sucedió en Rusia a esa enfermedad judía se la dió un nuevo nombre: Comunismo.

En caso de que los nuevos lideres una vez en el poder oficial quieran cambiar de idea y convertirse en líderes reales, los judíos ponen en marcha los mecanismos de defensa que han preparado para tal eventualidad. Esos nuevos lideres han sido escogidos entre gente que tenga alguna mancha descalificatoria en su pasado reciente o incluso en su presente. Esa mancha se hace pública en caso de desobediencia de tales líderes y quedan desacreditados para siempre ante su pueblo.

Resumen de la historia de los judíos

Hemos dicho que en los seis mil años de historia documentada los gentiles nunca han conseguido liberarse de una forma total y duradera del parásito judío mediante las naturales reacciones biológicas de pánico, rabia y violencia. Debido a su incapacidad para expulsar a los parásitos, los goyim han sufrido muchos reveses y frustraciones. Pese a la moderna falsificación de la historia llevada acabo en gran escala, todavía quedan miles de documentos que testifican sobre la actuación de los judíos. Muchos de los documentos que han sobrevivido son considerados como "libros raros" y no son accesibles al gran público. Pese a ese "blackout" literario, se conoce muy bien la historia de los judíos.

Se conoce por ejemplo que Babilonia fue una gran civilización que dió albergue a una gran comunidad judía y que Babilonia fue destruida. Se conoce que Egipto fue una gran civilización que dió albergue a una gran comunidad judía y que Egipto fue destruido; lo mismo puede decirse de los estados Griegos. Lo mismo del Imperio Romano; lo mismo del imperio Ruso; y del Imperio Británico, hoy recien recuerdo, ¿coincidencia?. Preguntamos: ¿Son verósimiles tantas coincidencias?.

¿Por qué destruyeron los judíos a su nación huésped una vez han obtenido el control total sobre la misma?. Esto puede extrañar a los que buscan explicaciones lógicas según sus propios módulos a situaciones naturales, es decir biológicas. En realidad se trata de un proceso puramente natural. No se puede esperar que un parásito administre son éxito los asuntos del huésped aún cuando deseara hacerlo. Y el caso es que el judío no desea hacerlo porque su principal preocupación es su propia seguridad. Debe permanecer incrustado en su huésped y todo lo demás, incluyendo el futuro del huésped, debe ser sacrificado a esa finalidad. Aun cuando ejerza un dominio completo sobre su huésped el parásito judío nunca se sentirá completamente seguro.

Su propia salud depende enteramente del huésped gentil y por tal razón el judío desarrolla un odio terrible, irracional, contra aquél. Los libros santos de los judíos con el Talmud a la cabeza están llenos de imprecaciones contra los gentiles y contra sus líderes religiosos. Las imprecaciones del Talmud contra la persona de Jesucristo, por ejemplo, son tan viles que aún en una época de tan escasa fe religiosa como la actual, de ser conocidas por la mayoría de gentiles el subsiguiente progrom sería sobrecogedor.

Esas expresiones de odio, no obstante, son más manifestaciones biológicas que odio genuino. El judío odia al gentil porque el huésped es todo lo que el parásito nunca podrá ser: Autosuficiente, capaz de defenderse él solo contra enemigos físicos con su fuerza y no con su astucia y capaz de creer en la existencia de un más allá y de un alma inmortal. El judío no puede ser nada de eso. Por consiguiente cualquier asamblea de judíos termina siempre con expresiones de desprecio hacia el rebaño de goyim. El judío considera al gentil como rebaño en el campo cuya misión es ser esquilado. Y si los gentiles son un rebaño, ¿qué es el propio judío, entonces, sino un moscardón comedor de excrementos posado en las espaldas de los miembros de ese rebaño?. Esto lo sabe también el judío y si siente odio y desprecio hacia el rebaño gentil, también siente en el fondo odio y desprecio hacia su propio pueblo. Dice Millins (Eustace Clarence Mullins: "Millins on the Jews") que ningún gentil puede saber lo que es la grosería hasta que oye a un judío insultando a otro. Algo similar nos descubre Céline con su ácida ironía en un libro prohibido por los abanderados de la literatura de la libertad de expresión (Louis Ferdinand Céline: "L`ecole des cadavres").

El judío pues contempla a su huésped gentil con terribles sentimientos mexclados de odio, envidia y desprecio. El siente así, aún cuando comprende perfectamente que su bienestar depende enteramente de huésped. Esto origina una extraña dicotomía en la mente judía que a menudo resulta en una violenta esquizofrenia, es decir una doble personalidad y una locura sin esperanzas. No es esto una apreciación gratuita. En la misma enciclopedia judía se admite que el pueblo judío da un porcentaje de tarados mentales muy superior, incomparablemente superior, a cualquier otro. Por una parte el judío quiere destruir al odiado gentil de quien depende y por otra él sabe que es suicida para él actuar de esa manera. A causa de esa típica esquizofrenia en el judío que se ha convertido en dueño del destino del gentil, sumerge a los goyim en tremendas aventuras contrarias a sus intereses reales.

A veces la irrupción masiva de los judíos en la comunidad gentil coincide con una época de gran prosperidad pero por un brevísimo lapso de tiempo y a cambio de interminables guerras, despilfarro de recursos naturales y desmoralización general. Por otra parte, siempre están los judíos en convivencia con los enemigos de su huésped al no poderse desviar de su pauta, de su imperativo interno de subversión y traición. Cuando Ciro el Grande y sus ejércitos llageronante las murallas de Babilonia, fueron los judíos quienes le abrieron las puertas de la ciudad. Así Persia se convirtío en la primera potencia mundial de su tiempo. Naturalmente Ciro, un ario, actuó de acuerdo con su manera de ser. No la suya personal sino la de su raza. Actuó de acuerdo con su esencia, biológicamente, y agradecido concedió toda clase de privilegios a los judíos. Y tal como era biológicamente previsible, no pasaría mucho tiempo sin que las arañas tejieran sus hilos en las ruinas del palacio de Ciro.

Fueron también los judíos los traicionaron al rey visigodo Don Rodrigo en beneficio de los árabes, posibilitando la invasión de España en el siglo VIII y ello a pesar de los privilegios que los reyes godos les concedieron. En todas partes han sido siempre los judíos los amigos del extranjero y cuando gracias a su colaboración con éste pueblo huésped ha sido finalmente subyugado, se han hecho los aliados temporales de los enemigos de su amigo de la víspera. Siempre ha sido así. En Egipto se aliaron con los enemigos del faraón en numerosas ocasiones para hacerse pagar a continuación su traición cuando Egipto terminó por hundirse en el caos y ser dominado por los extranjeros. En este mismo siglo los judíos alemanes se aliaron con los enemigos del Káiser en el transcurso de la Primera Guerra Mundial y luego se vanagloriarían de ello, haciéndose pagar por los vencedores en el Tratado de Versalles. Y tras la Segunda Guerra Mundial y la subsiguiente derrota de Adolf Hitler, el mayor enemigo que ha tenido el judío, las democracias occidentales que tanto lucharon por la supervivencia política del pueblo judío vieron cómo se les iba de las manos sus inmensos imperios coloniales. ¿Cómo?.

Por las derrotas militares y el entreguismo fraguado desde las propias metrópolis. ¿Por quién?. Evidentemente por políticos venales infeudados al sistema del que más adelante les hablare en extenso. Limitémonos ahora a vuelapluma a citar algunos cuantos casos de flagante traición metropolitana en Europa: El judío Henri Alleg fue el empedernido campeón de la independencia de Argelia. El judío Pierre Mendes France el entreguista oficial de Indochina. El judío Gollancz, el apólogo literario oficial de la indepandencia de la India. Los judíos Rockefeller, los que más laboraron para que los americanos se fueran de Vietnam y lo abandonaran en manos de los comunistas para ir a luchar a Palestina y sacarle las castañas del fuego a los israelitas contra los árabes. En todas partes han sido los judíos los enemigos de la presencia del hombre blanco en el mundo. Este es un hecho que no se puede paliar.

En toda la historia conocida de la humanidad sólo hubo un imperio que los judíos no consiguieron nunca destruir: El Imperio Bizantino, es decir el Imperio Romano de Oriente. Este imperio funcionó durante doce siglos con su capitalidad en Constantinopla y fue el de mayor duración en toda la historia. Se sabe que por edicto imperial durante toda la existencia de ese imperio estuvo prohibido a los judíos ocupar cargos públicos, educar a la juventud, dedicarse al comercio al por mayor y al préstamo de dinero. La razón aducida: Los judíos son extranjeros y no pueden intervenir activamente en la vida nacional. Bizancio cayó finalmente en manos de los turcos tras crear una magnifica civilización propia, razón por la cual los judíos en los manipulados libros de historia actuales le dan el tratamiento del silencio. Y aún puede añadirse que el auxilio que los reyes cristianos de Occidente iban a prestar al Imperio Bizantino no pudo concretarse porque los habituales proveedores de fondos para las empresas bélicas de los monarcas medievales en aquella ocasión, milagroamente, "no disponian de dinero". Historiadores de la talla de Roth y Fisher, (Hebert Fisher: "A History of Europe", volúmen uno y Karl Roth: "Historia del Imperio Bizantino") explican con detalle esa increíble atonía de los que siempre han sido llamados "los mercaderes de la guerra".

De hecho los judíos no fueron molestados excepto cuando trataron de contravenir el edicto imperial que limitaba sus actividades. No es pues de extrañar que los judíos traten de borrar de los libros de historia la memoria de esa feliz tierra que se libró de la influencia judía. Fue el sabio norteamericano Ezra Pound quien más hizo en nuestro siglo para revalorizar a ese gran imperio de cuya historia extrajo su fórmula no violenta para controlar al judío: "La repuesta al problema judío es simple", explicó. "Hay que mantenerlo fuera de la banca, fuera del gobierno y fuera de la educación".

Y así es en verdad de sencillo. No hay ninguna necesidad de matar a los judíos. Basta con que un gobierno fuerte, digno de este nombre, los mantenga lejos de la banca y no podrán controlar la vida económica de la nación. Lejos de la educación y no podrán pervertir a la juventud con sus doctrinas subversivas. Y lejos del gobierno y no podrán traicionar al país. Pero nada de progroms que sólo sirven para deshonrar a los que en ellos participan y que a menudo y tal como se predice en uno de los Protocolos de los Sabios de Sión, han sido instigados por ellos mismos en su propio beneficio.

¿De dónde procede este pueblo extraño?. Los judíos nunca se han preocupado mucho de aclarar por sí mismos el problema de sus orígenes. Se han limitado a informarnos de que son "el pueblo elegido" de Dios. Nada menos. Pero dejemos al Todopoderoso en paz y vayamos a los hechos los cuales no son muy agradables para el megalómano orgullo judío, pues es un hecho que no existe, propiamente hablando, una civilización judía.

Aunque aparecen durante seis mil años en la historia de los otros pueblos de la tierra, nunca consiguieron construir una nación durable e independiente para sí mismos. Es un pobre historial para una raza tan distinguida, especialmente cuando uno se para a considerar que es la raza favorita de Dios. Ningún otro pueblo presenta un historial tan patéticamente pobre. Incluso los pigmeos africanos consiguieron desarrollar una muy rudimentaria civilización propia. La mayor parte de los documentos históricos emanados de los mismos judíos constituyen un mezcla de realidad y de ficción que es casi tarea de detectives el descubrir la verdad. La "Historia de los Judíos" de el judío Joseph Kastein es la más comúnmente aceptada como digna de fe. Pues bien, este escritor especializado además en temas biblicos, escribió:
"Las diez tribus, el primer gran contingente de judíos que fue llevado en cautividad, desapereció sin dejar rastro" (Joseph Kastein: " History of the Jews"). Los historiadores, por regla general, no escriben con tal frivolidad cuando se refieren a un pueblo que logra desaparecer "sin dejar rastro". Trabajan basándose en fuentes materiales, en documentos contrastados. Kastein en cambio se basa en una tradición oral, la "de las diez tribus perdidas" y se queda tan ancho.

Por lo menos cuatro historiadores serios; Mullins, Toynbee, Fasken y Gunther, nos dicen que el origen de los judíos es revelado por el origen de su nombre tribal. Los judíos, para empezar, eran desconocidos como tales en la historia antigua. Eran conocidos como "hebreos" y esa palabra "hebreo" nos dice sobre los judíos todo lo que es preciso saber. Según el universalmente aceptado Diccionario Webster, la palabra hebreo deriva del arameo "ebri" y significa "el que viene del otro lado del río". Según Fasken (Fasken: "Israel`s Racial Origins and Migrations"). "... en el mundo antiguo los ríos eran, frecuentemente, fronteras entre pueblos, y uno que viene del otro lado del río es, simplemente un extranjero". En todos los países del mundo antiguo los judíos era conocidos como extranjeros. La palabra significaba también en lenguaje popular "aquél de quien se debe desconfiar". En todas las literaturas antiguas hebreo se escribía "Habiru". Esta palabra aparece frecuentemente en la Biblia y en la literatura egipcia. En la Biblia "Habiru" es utilizado como palabra indistinta con "sagaz", que significa "degollador". En toda la literatura egipcia cada vez que aparece la palabra "Habiru", la palabra "sagaz" la acompaña. De manera que los egipcios siempre se referían a los judíos como "los bandidos degolladores del otro lado del río". Durante casi cinco mil años los escribas egipcios describieron a lo judíos de esta manera. El famoso egiptólogo inglés Gadd escribió en 1923: "Habiru se escribía con un ideograma, sagaz, que significa degollador" (Gadd: "The Fall of Nineveh").

En la Biblia cuando aparece la palabra "Habiru", por "hebreos", se usa para significar "bandidos" o "degolladores", (Isaías, 1 - 23. Proverbios, 28 - 24. Oseas, 6 - 9).

El mismo Kastein ya citado, en su "Historia de los Judíos" identifica a muchos grandes personajes de su pueblo como bandidos, Jeptah, David, Salomón, son según ese historiador judío jefes de bandas de ladrones, (Joseph Kastein: "History of the Jew", página 31.). El mismo episodio bíblico que nos presenta a los judíos como perdidos durante cuarenta años en el desierto el Sinaí. Y a simple vista parece insultante que un pueblo como el judío "se pierda" en ese pequeño desierto... ¡durante cuarenta años!. ¿No parece más lógico suponer que los judíos estaban en ese desierto, encrucijada de tres continentes y lugar de tránsito de caravanas, ejercitando su profesión de bandidos?. ¿Suposición gratuita?...

El "Horizon Book of Christianity", un libro importante y conocido, dice a este respecto:

"No es un accidente que los judíos aparecieran tan pronto en Palestina pues allí se encontraban las rutas comerciales, terrestres y marítimas del Viejo Mundo. Inevitablemente, las caravanas eran presa de piratas y bandidos, que podían a continuación escapar fácilmente o esconderse en las grutas a proximidades del Mar Muerto" ("Horizon Book of Christianity", página 10).

En el mismo libro se dice lo siguiente con respecto a la supuesta "Cultura Judía":

"Los judíos empezaron como una aglomeración de pequeñas tribus dispersas que más tarde alcanzarían la independencia sólo en el intervalo de la creación y desaparición de grandes imperios. No hay legado ningún gran monumento a la posteridad. No hay mausoleos de reyes judíos. Los arqueólogos en Palestina no han encontrado restos de estatuas al rey David o al rey Salomón o a los Hermanos Macabeos; solamente restos de unos cuantos botijos" ("Horizon Book of Christiany", página 11 ).

Es un hecho que los judíos sólo alcanzaron fama como destructores en el mundo antiguo. No produjeron nada en el campo del arte, no fundaron dinastías, no construyeron grandes ciudades y, únicos entre los antiguos pueblos, no tuvieron talento alguno para las realizaciones más refinadas de la vida civilizada. Y esto al fin y al cabo es lógico pues la idea de cultura va unida a la de territorio y nungún pueblo nómada del mundo ha dejado a la posteridad.

El historiador Arnodl Toynbee definió a los judíos como "un pueblo fósil", añadiendo que no habían conseguido desarrollarse desde la Edad de Piedra, como demuestran sus primitivos botijos que con tanto orgullo exhiben en sus museos. Por otra parte, dice Toynbee, fueron incapaces de hacer nada en agricultura, ganadería, arquitectura o las bellas artes (Arnold Toynbee: "East to West: A Journey Roud the World"). Por lo demás, todo lo que los judíos han dado al mundo son unos cuantos cientificos (y aún habría que descontar los histericones como Freud y otros), algunos artistas aislados (aunque en el "arte" moderno sean legión) y varios destacados virtuosos en la música, a pesar de que la historia "New Look" que nos están fabricando pretenda presentarnos a los judíos como los abanderados de la ciencia, el arte y el progreso.

Esta "nueva historia", por ejemplo, está llevando a cabo una gran campaña de glorificación del idioma hebreo. Se nos dice que el hebreo es una de las más grandes lenguas de todos los tiempos; que una gran parte de los monumentos literarios de este mundo se escribieron en hebreo, que es un idioma en el que se pueden formular los más nobles sentimientos. No obstante, una fuente absolutamente aséptica y prestigiosa como la de "La Enciclopedia Británica, tomo XI, página 280", nos afirma que el hebreo es un lenguaje muy limitado con sólo unas quinientas palabras básicas. Más aún, según la misma fuente el hebreo no es realmente un idioma sino una composición de varias lenguas orientales: "Una mezcla de lenguajes semíticos, arameos, canaanitas, arcadios y asiriobabilónico". En pocas palabras, el hebreo no era más que el yiddish del mundo antiguo; un argot políglota que los judíos utilizaban en sus actividades subversivas. En cuanto a la "gran literatura" supuestamente escrita en ese idioma es otro mito sin ninguna base factual. Los Evangelios del Nuevo Testamento, según afirman la gran mayoría de estudiantes bíblicos, fueron escritos en griego no en hebreo. Muchos escritores judíos admiten que casi todos los escritos "hebreos" fueron meramente tomados de fuentes Babilónicas y Egipcias. Los Salmos son una copia, palabra por palabra, de los Himnos al Sol escritos por el Faraón Akhenaton seiscientos años atrás en Egipto. Horace Meyer Kallen, un profesor judío, dice que el Libro de Job procede de una obscura tragedia griega (según Mullins en "History of the Jews"). Otro judío, Velikovsky (Igor Velikovsky: "Las religiones de la India"), admite que hay muchos "paralelos" entre los himnos védicos de la India aria y los libros de Joel e Isaías. El famoso decálogo fue tomado enteramente del Libro de los Muertos egipcio. Incluso la famosa Ley del Talión está sacada del Código de Hammurabi.

Pero es nuestras escuelas y universidades se enseña el mito del gran idioma hebreo y de la gran literatura hebrea. El hecho es que los judíos, completamente privados de talento creativo, robaron la literatura del mismo modo que robaron todo lo demás a los pueblos que los toleraron en su seco.

Ahora bien: ¿Cuál es el origen étnico y geografico de los judíos?. ¿De dónde proceden?.

Los judíos son una mezcla de razas que posteriormente practicarían una rigurosísima endogamia. De ahí que la raza que se ha creado, la raza judía, sea un nueva raza que recoge características tanto de los mongoles como de los negros en menor grado; hay algo de elemento eslavo (aunque la aportación eslava sería muy posterior) y mucho de semita. ¿Cuál fué la génesis de ese pueblo?...

El origen fueron los tchandalas de la India. De acuerdo con la legislación de castas, todos los elementos que habían cometido actos contrarios a la Ley o al honor eran segregados de sus respectivas castas y colocados aparte, formando una especie de "casta fuera de castas" inferior en status a la última casta, la de los "parias". Se llamaban los tchandalas y también "comedores de perros". Forzados por la situación en que se hallaban, se sabe que los tchandalas emigraron hacia el sudoeste, es decir hacia Asiria y Palestina.

Para Fasken, Isherwood, Roderich - Stoltheim, Mullins, Burton y Cox (Fasken: "Origen Racial y Migraciones de Israel" - Isherwood: "Racial Countours" - Roderich - Stoltheim: "The Riddle of the Jew`s Success" - Eustace Clarence Mullins: "History of the Jews" - Richard Burton: "The Jew, the Gipsy and the Islam" - Earnerst Sevier Cox: "America Blanca"), como mínimo, los judíos proceden de los tchandalas y el patriarca Abraham que aparece en Ur (Caldea), el que hacía pactos con Dios, ¡nada menos!, es el eslabón que une a los judíos "historicos" con los "prehistoricos", (según la Biblia (palabra de Dios) Abraham era un proxeneta que prostituyó a su propia mujer Sara para constituirse un Capital. Sara era además hermana de Abraham, hija de su polígamo papá).

Posteriormente en el siglo VII los khazaros, pueblo de estirpe turiana (turco mongola) aunque con acentuada aportación eslava que estaba instlado en el territorio de la actual Rusia entre el Mar Negro y los Montes Urales, se convirtieron en masa a la religión mosaica. Los motivos de esa conversión fueron políticos, nos dice el escritor judío Arthur Koestler (Arthur Koestler: "El Imperio Khazaro y su Herencia"); en aquellá época la religión tenía una incidencia política y era incluso el leitmotiv de la "Djair" o Guerra Santa de los árabes. Los khazaros, de religión cristiana ortodoxa, entre el expansionismo ruso cristiano y el árabe islámico, vieron una posibilidad de supervivencia adoptando la religión de los judíos que residían en número importante en su territorio. Además los khazaros ofrecieron su apoyo a los islámicos contra los cristianos rusos y así lograron sobrevivir. Muchos judíos que residían en territorios cristianos invadídos por los árabes obtuvieron de tal modo asilo en el país khazaro. Se prodújo así una verdadera simbiosis étnico religiosa tribal de la que emergería la facción de los actuales judíos orientales llamados también askenazis. Y mencionemos de paso que los procedentes de la India, los tchandalas, son los llamados sefarditas (el nombre "sefardita" proviene de Sepharad como llamaban a la península ibérica los judíos. Los sefarditas eran pues los judíos que se instalaron en los territorios de las actuales España y Portugal ya en tiempos de la dominación romana. Aún después de la expulsión ordenada por los Reyes Católicos los miembros de las juderías de los Balcanes y del norte de Africa, a donde fueron la mayor parte de los expulsados pobres "los ricos se fueron a Holanda e Inglaterra", continuaron llamando a España Sepharad); (del libro "El imperio khazaro y su Herencia" de Arthur Koestler).

En todo caso tchandalas y khazaros primero; sefarditas y askenazis despúes se mezclarían también en cierto modo, aunque los tipos de unos y otros quedarían claramente diferenciados como las dos etnias de una misma raza; la raza judía. Aunque los sefarditas presumen de una cierta "nobleza" entre los judíos, los askenazis alardean con toda razón de ser los más ricos y en consecuencia poderosos. En el actual Estado de Israel, por ejemplo, los askenazis copan los cargos más importantes (exceptuando al Primier Ministro Shimon Peres "Pérez" los apellidos de todos los estadistas conocidos de Israel son askenazis); e incluso en la muy amordazada prensa contemporánea han aparecido, con relativa frecuencia, relatos de sefardies que se sienten discriminados en ese Estado lo cual no deja de revestir un cierta ironía (más irónico aún resulta que los askenazis, que administran el Estado de Israel mayoritariamente, no son propiamente hablando israelitas sino khazaros. Si acaso los "israelitas" serían los tchandalas o verdaderos hebreos. De manera que la mayoría de los actuales israelitas no sólo han robado un territorio (Palestina) sino incluso un nombre (Israel).

No cabe duda de que en su constante peregrinar por el mundo los judíos se han cruzado con otras razas, pero tales cruces han sido en términos generales muy raros, por motivos religiosos y también sociales, tanto judíos como gentiles han sido refractarios a las uniones mixtas (Lothrop Stoddard: "A Galery of Jewish Types"). Por parte de los judíos sólo ha habido una decidida voluntad de mezclarse con segmentos influyentes de la población en dos casos muy concretos y especificos: Con la nobleza británica y con el mandarinado chino. Los motivos, como salta a la vista, era ganar influencia política y social. Por lo demás las uniones mixtas son casi anecdóticas y no tiene relevancia alguna en un contexto general.

No hay en toda la historia del mundo un pueblo que haya padecido más persecuciones y haya sido expulsado de más países que el pueblo judío. Ahora bien: El lector sabe que siempre han sido ideólogos judíos los que siempre y en todas partes han propugnado por el establecimiento de la democracia; y la democracia parte del supuesto de que la mayoría tiene la razón. Pero el caso es que prácticamente la totalidad de los pueblos han tomado medidas draconianas contra los judíos. ¿Qué pueden responder los abogados judíos del sufragio universal ante este permanente sufragio en contra suya llevado a cabo por toda la humanidad?. Porque es un hecho que los judíos fueron expulsados del reino islámico de Granada en el año 1066; de Francia en 1254, de Inglaterra en 1290; de los Estados alemanes en 1283 y 1298. En 1306 Felipe IV volvió a expulsarlos de Francia a donde habían regresado ilegalmente, y otra vez (la tercera) serían echados de Francia en 1394. España los expulsó en 1492. Portugal en 1496. En los dos siglos siguientes fueron echados de Suecia, de Dinamarca, de Polonia, de Turquía, de Hungría, de Austria, de Suiza e incluso de los Estados de la Iglesia Católica. En muchos otros casos, sin llegar a la expulsión, se adoptaron contra ellos toda una gama de medidas discriminatorias que limitaban sus actividades, medidas que sólo podían tener un carácter defensivo ante el temor que los pueblos gentiles les inspiraban las practicas del gran parásito. Entre tales medidas se contaban la obligación para los judíos de llevar un distintivo especial, la prohibición de ostentar cargos públicos, de dedicarse a la industria al por mayor, a la banca o al periodismo, de poseer tierras o de tener sirvientes cristianos. Hombres de todas las razas y religiones adoptaron tal tipo de medidas contra los judíos. Los Papas no fueron una excepción a esa regla, muy al contrario. Nada menos que veintiocho soberanos pontífices dictaron cincuenta y siete bulas y edictos de ese tipo, desde la "Sicut Judaeis no sesset licentia", de Honorio II hasta la "Beatus Andreas", de Benedicto XIV. Los Papas que dictaron bulas contra el judaísmo fueron: Honorio III, Gregorio IX, Inocencio IV, Clemente IV, Gregorio X, Nicolás III, Nicolás IV, Juan XXII, Urbano V, Martín V, Eugenio IV, Calixto III, Pablo III, Julio III, Pablo IV, Pío V, Gregorio XIII, Sixto V, Clemente VIII, Pablo V, Urbano VIII, Alejandro VII, Alejandro VIII, Inocencio XII, Clemente XI, Inocencio XIII, Benedicto XIII, y Benedicto XIV.

Y que no nos vengan ahora con el "argumento" de que los judíos eran víctimas de la intolerancia religiosa de la época pues no fueron sólo los Papas, también fueron las iglesias protestantes con Lutero a la cabeza. Y también fue Mahoma, y también fueron hombres de las más dispares épocas, procedencias y orígenes. A lo largo del tiempo ningún pueblo de la Tierra ha conciliado contra sí una tan apabullante unanimidad. He aquí algunos ejemplos:

"Tenéis por padre al diablo y deseáis cumplir los deseos de vuestro padre. El era homicida desde el principio. Cuando habla la mentira habla de su cosecha, por que es metiroso y padre de la mentira. El que es Dios, escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escuchaís, porque no sois de Dios" (Jesucristo - El Evangelio de San Juan).

"Para ellos en la vida habrá bochorno, y en la otra vida castigo grande. Escuchadores de mentiras... apartao de ellos y si os apartaís no os harán gran daño" (Mahoma - El noble Corán).

"Lo que hacen de malo los judíos no deriva de los individuos, sino del modo de ser fundamental de ese pueblo" (Napoleón - Pensamientos).

"Estos tunantes judíos va na todas partes donde hay dinero que ganar... pero, a pesar de ello, son los mayores mendigos que han ensuciado jamás la faz de la Tierra" (Voltaire - Essais sur les moeurs et l `esprit des nations).

"Los judíos son el pueblo más fatídico de la historia universal, y han falseado totalmente a la humanidad" (Nietzsche - Asi hablaba Zaratustra).

"Yo pediría a Dios que algunos de los más atroces judíos de cada Estado fuesen colgados en una horca cinco veces más alta que la que fue preparada para Amán" (Jorge Washington - Maxims of Washington).

"Debes saber, querido cristiano, que despúes del diablo, no tienes enemigo más duro, venenoso y violento que un judío que desea seriamente ser judío" (Lutero - Von den Juden und ihren Lügen).

"Los hebreos van saliendo, España se va limpiando" (Lope de Vega - El niño inocente de La Guardia).

"Los judíos son una nación de estafadores" (Kant - Anthropologie im pramatischer Hinsicht).

"El pueblo judío posee muy pocas de las virtudes y casi todos los vicios de los demás pueblos... Su religión les permite robar a los gentiles. Este pueblo astuto ve solo camino abierto: Mientras el orden exista, no tiene nada que esparar" (Goethe - Wilhelm Meisters Wanderjahre).

"Allí donde se instalaron, los judíos hicieron descender su nivel moral y su honradez comercial, y siempre han sido un minoría perseguida que nunca ha llegado a identificarse con la patria donde viven ocasionalmente" (Franklin).

"El judío y su banca son hoy los amos de toda Europa... de la educación, de la civilización, del socialismo: Sobre todo del socialismo, por medio del cual el judío desgarrá la cristiandad en sus raíces y destruya la civilización" (Dostoievsky - Crimen y castigo).

"Debiéramos barrer, por el bien de la república, a esta multitud de judíos que turban nuestras asambleas" (Cicerón - Oratio pro Flacco).

"El judío no come el pan con el sudor de su rostro, sino con el sudor del rostro de los demás" (Richard Burton - The Jew, the Gipsy and the Islam).

"¡Oh gente aniquilada! ¡Oh infame! ¡Oh sucia raza, y a qué miseria os ha traído vuestro vano esperar, vuestra locura y vuestra incomparable pertunacia, a quién llamáis firmeza y fe inmutable contra toda verdad y buen discurso!" (Cervantes - La Gran Sultana Doña Catalina de Oviedo).

"Los judíos son una raza tan pestilente, leprosa y públicamente peligrosa que merecen ser arrancados de raíz y destruidos antes incluso de su nacimiento" (Giordano Bruno - Spacio della bestia trionfante).

"Los judíos odian el nombre de Cristo y tienen un secreto e innato rencor contra los pueblos entre los cuales viven" (Francois Bacon - La Nueva Atlántida).

"La nación más ruin que el sol mira y calienta del mundo oprobio y afrenta" (Tirso de Molina - La prudencia de la Mujer)

"El comunismo es hoy la gran cruzada que la raza judía hace contra el mundo europeo y su cultura son un fin catequista" (Pio Baroja - Comunistas, judíos y demás ralea).

"Los judíos son la más desaliñada raza humana" (Schiller - Die Sendung Mosis).

"Miserable inhumano, incapaz de piedad, cuyo corazón vacío está seco de la más paqueña gota de clemencia " (Shakespeare - El Mercader de Venecia).

"Es ese el verdadero enemigo; el invasor procedente del Este, el druso, el rufían, el parásito oriental, en una palabra, el judío" (Bernard Shaw - La tragedia de un caballero entrando en años).

"Las costumbre judías son tristes, sucias, viles y abominables y deben su persistencia a su depravación" (Tácito).

"Es inimaginable la cantidad de cosas que el judío aniquila dondequiera que pone su planta" (Spengler - La Decadencia de Occidente).

Hemos citado un par de docenas de frases ciertamente poco amables para con los judíos. Podríamos citar docenas más. Se recomienda leer "150 genios opinan sobre los judíos", Editorial Bau, Barcelona. "Antizion" de Grimstad. "Los judíos sobre si mismos ", Ediciones Wotan, Barcelona. Ciertamente, desde su espectacular triunfo de 1945, muchos prominentes líderes políticos se pasan el tiempo halagándoles. Son paniaguados que les deben su miserable pitanza. Pero los testimonios que acabamos de aportar son de verdaderos genios de la humanidad, de las más variadas procedencias y de todas las épocas.

Los judíos siempre se llenan la boca glorificando el sufragio universal. ¿Se puede pedir un sufragio más "universal" que el expresado por todos los pueblos y todos los líderes de la Tierra?.

Hemos dicho que el judío constituye un enigma biológico por su unicidad. Es una caso único en todo el mundo. Ningún otro grupo racial o político ha concitado tantos odios contra sí. ¿Cómo lograron sobrevivir?. Lo lograron porque la supervivencia es una técnica suya y también es su religión. Sabiendo, o mejor intuyendo, por estar inscrito en su memoria biológica que más pronto o más tarde serian expulsados su primer acto al entrar en un país consistiría en hacerse amigos entre los gentiles, reclutar aliados mediante regalos y sobornos y más tarde mediante chantaje. Así siempre en la historia estuvieren donde estuvieren, encontraron individuos que les dieron cobijo durante los progroms o que les sirvieron de tetaferros pra paliar los efectos de leyes y decretos antijudíos.

Cuando finalmente eran expulsados de un país, iban a otro cuyas comunidades judías les ayudaban a instalarse. Pero por encima de todo los judíos sobrevivieron porque mantuvieron siempre una férrea disciplina sobre su propio pueblo. Los preceptos de esa disciplina mantenida durante miles de años raramente se guardaban por escrito. Se pasaban por tradición oral de los rabinos de generación en generación. Pero en 1956 un pastor jordano, por puro azar, descubrió en una covacha junto al Mar Muerto unos manuscritos que los arqueólogo han bautizado con el nombre genérico de Rollos del Mar Muerto. En los mismos se estatuye que el judío que titubee en obedecer las órdenes del Sanhedrín, si se arrepiente será castigado con una dieta mínima durante dos años y deberá llevar acabo los trabajos más duros. Repetimos: Si titubea y además si se arrepiente. A los traidores, es decir a los que obedecían los órdenes de las autoridades romanas de ocupación, se les aplicaba la pena de muerte.

Como unidad tribal bajo una disciplina absoluta los judíos lograron sobrevivir es las más hostiles áreas gentiles. Es un escritor judío, Kauffmann, quien confiesa: "La unidad sociopolítica israelita despúes de la conquista romana fue la tribu. La misma tribu es la unidad territorial autónoma" (Kauffmann: "Great Ideas of the Jewish People", página 38 ). Los judíos pues a pesar de la conquista romana instituyeron un gobierno clandestino basado en la tribu. Desde los albores de la historia siempre han sido una tribu con una mentalidad de la Edad de Piedra. No han conseguido hacer la progresión de tribu a ciudad, de ciudad a Estado, de Estado a Nación, como los gentiles. Al contrario: Los judíos quieren extender su forma de gobierno tribal a todo el mundo a través de instituciones tales como las Naciones Unidas gobernadas por un "Consejo", de la misma manera que ellos se gobiernan por el "Consejo de los Ancianos" o Sanhedrín.

El gran historiador griego Estrabón ya decía que en Alejandría la comunidad judía se regía por un enarca o sumo sacerdote, "que gobierna a su pueblo, dicta sentencias, adjudica contratos y ordenanzas, como si fuera un jefe de Estado soberano" (Estrabón: "Historia").

De hecho los judíos siempre se han gobernado a sí mismos como una unidad separada, fuera cual fuera la forma de gobierno que adoptara el pueblo huésped con el que convivían. Su manual de disciplina (Ese manual forma parte de los Rollos del Mar Muerto) les prohibe reconocer a los tribunales de las "bestias" gentiles. Esta puede ser una de las razones por las cuales los judíos son, casi siempre, por no decir siempre, unos revolucionarios. Como no reconocen a las instituciones de los gentiles, siempre están en oposición a ellas, lo primero que hacen al instalerse en un país es minar el ordenamiento jurídico y el legítimo gobierno de los gentiles y lo hacen por los medios de que disponen; corrupción, soborno, traición y chantaje, que son las armas favoritas de su arsenal. "La religión de Israel significó una revolución para el hombre", dice Kauffmann (Kauffmann: Ibid. Id. Op. Cit, página 12). En realidad esa religión o más exactamente esa simbiosis de religión y política que conlleva el judaísmo no es más que el afán de destrucción de la fe de los gentiles en sus propias instituciones con objeto de debilitarles y hacer posible el control judío. Pero Kauffmann, no sabemos si por inadvertencia, suelta una verdadera bomba a propósito de la esencia de esa "religión revolucionaria" cuando descubre: "En ningún pasaje de la Bíblia la idea israelita se formula explícitamente, ni tampoco en ningún otro libro judío posterior. Aparece como una intuición primaria, informando toda la creatividad judía" (Kauffmann: Ibid. Id. Op. Cit, página 12).

Perfecto: Esto es asi, ¡qué extraña admisión para una supuesta "gran cultura"!. No es una idea, dice Kauffmann, sino una intuición. Esto es correcto porque la idea israelita de un grupo parasitario de criminales viviendo a expensas de un huésped es puramete intuitiva. No es una idea consciente para el pueblo judío y por consiguiente no hace falta plasmarla en documentos escritos. Cuando se toman nota taquigraficas como las de los Protocolos que hemos glosado con anterioridad, es simplemente para la élite, para los jefes naturales de la tribu. Los estratos inferiores de la tribu, los ejecutores y beneficiarios del plan y eventualmente las víctimas, no saben nada. Repetimos: No saben nada. Pero intuyen. Y ahí radica la tremenda fuerza del parásito que organicamente "sabe" por su plasma sanguíneo, no por su cerebro, lo que tiene que hacer. Lo que su esencia de parásito le compele hacer. Se trata de una conspiración, como dice Romanescu; es cierto. Pero no de una conspiración "a la florentina". No es lo que los gentiles entendemos por una conspiración. Es algo orgánico. No necesita plasmarse por escrito en microfilms con tinta invisible. Los animales no necesitan escribir cómo hacer para evitar las celadas de los tramperos ni qué hacer para obtener sustento en la selva, y tampoco los judíos necesitan escribir sobre papel sus técnicas de supervivencia entre los gentiles.

El código no escrito de supervivencia de los judíos sólo se preocupa de proteger a los malhechores de la tribu para permitirles continuar con sus actividades, naturalmente en beneficio de la tribu. Para llevar a cabo ese programa los derechos individuales deben ser dejados de lado. Por consiguiente el miembro de la comunidad judía no tiene derechos ni libertades. Debe hacer lo que se le manda, y si sus superiores piensan que tal vez esté pensando en traicionarles o simplemente en abandonarles, puede ser suprimido ipso facto. Esto es lo que sucede en la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas con las constantes purgas de judíos por judíos, porque esta es la única manera de que una comunidad parasitaria logre evitar su destrucción.

No es sólo la negación de los derechos individuales una parte básica y fundamental de la cultura judía. También lo es su obsesión por situar lo artificial sobre lo natural en la vida. El judío odia a la naturaleza y prefiere cualquier clase de ambiente artificial, por sórdido que sea, que uno natural, limpio y sano.

Kauffmann dice despectivamente: "La base de las religiones paganas es la deificación de los fenómenos naturales" (Kauffmann: Ibid. Id. Op. Cit, página 8). Y Kastein añade: "Los cultos canaanitas y griegos estaban relacionados con el sol, la tierra y la fertilidad... en cambio, cuando se planteaba una cuestión relativa a su existencia como nación, los judíos sólo conocían un Dios y reconocían una idea: La teocracia" (Joseph Kastein: "History of the Jews", página 19).

¿Qué era esa teocracia judía?. Era el gobierno de los Ancianos de Sión, la férrea dictadura ejercida por el Sanhedrín. Los Sabios de Sión tienen poder sobre cada miembro de su comunidad. Esa palabra "comunidad" es nueva es todas las actividades judías como es la palabra "solidaridad". Estas palabras se oyen ahora en todos los idiomas civilizados. Como también se oye eso tan manido de "relaciones estre comunidades". ¿De dónde procede?. Es el impacto judío sobre instituciones sociales gentiles que ahora actúan según las modas judías. En las revueltas comunistas, por ejemplo, la palabra "solidaridad" se usa como contraseña. Es una contraseña judía para proteger a los judíos que no toman parte en el alzamiento.

El judaísmo es pues una simbiosis de raza y religión. Biológicamente el judío es diferente, esencialmente diferente al hombre blanco. Huelgan pues las condenas morales. La moral del judío es diferente porque los códigos de conducta responden a la naturaleza interna, organica, de los individuos. Y un parásito se comportará de una manera necesariamente diferente que el huésped en el cual y del cual vive. Es una ley inmutable de la naturaleza.

El problema judío es un problema biológico. No religioso. No es, por lo menos íntegramente, político, un problema biológico, total. La solución debe ser biológica y total. Es decir, debe aislarse al parásito para salvar al huésped.