La farsa neofascista

Alfonso Beltrán - "La verdad es revolucionaria"

Durante años, en ciertos ambientes "radicales", hemos tenido que soportar un discurso monotemático, idealista y exaltado acerca de la experiencia "neofascista", de la "lucha armada" contra el Sistema y de la derecha radical italiana como punto de referencia central de las presuntas vanguardias revolucionarias europeas durante los años sesenta, setenta e incluso ochenta.

Hoy, la perspectiva histórica que tenemos – que no es precisamente fruto de los años transcurridos desde entonces sino de nuestro voluntario apartamiento del submundo militante del neofascismo español - nos hace ver las cosas de muy distinta manera.

Alguien, incluso desde dentro de resistencia, nos objetará sobre el interés que pudiera tener hoy en día evocar aquellos años y aquella experiencia histórica - no sólo italiana; también española, europea y sudamericana - habida cuenta de los profundos cambios en la escena internacional sufridos durante esta última década y de la falta de conciencia crítica por parte de todos aquellos que pretenden asumir un fenómeno que, por lo demás, sólo conocen a través de la interesada manipulación de los mass-media y de ciertos ideólogos contrarrevolucionarios empeñados en que hagamos "nuestra" tan nefasta herencia, presentándose ellos mismos como "albaceas políticos testamentarios" de esta corriente de pensamiento.

Les responderemos brevemente. En primer lugar, el conocimiento de la Verdad, histórica o no, es el primer deber de todo revolucionario que se precie, y ajustarse a ella la forma más segura de iluminar cualquier acontecimiento, tanto pasado como presente.

En segundo término, los cambios producidos en la escena internacional están indisolublemente ligados a la guerra sucia anticomunista promovida estratégicamente por los Estados Unidos y sus tentáculos políticos, económicos y militares durante aquellos años.

En último lugar, pero no menos importante, las condiciones sociales y humanas que determinaron la colaboración de la peonada mercenaria "neofascista" en la defensa del Estado Burgués y del Occidente plutocrático y americano no sólo no han desaparecido sino que, ahora mismo, se reproducen política e ideológicamente: el tipo humano no ha cambiado y el carácter instrumental de las organizaciones de extrema derecha respecto a la estrategia de poder del Partido Americano sigue siendo idéntico.

Peteano 1972, un atentado sin "control"

En mayo de 1972, un coche-trampa explotó en un bosque cercano a la localidad de Peteano, al noroeste de Italia, causando la muerte de tres carabineros e hiriendo gravemente a un cuarto. El vehículo, un Fiat 500, presentaba varios impactos de bala.

Algunos meses después se produce un intento de secuestro aéreo en el aeródromo de Ronchi dei Legionari; tras un tiroteo con la policía, el miembro de Ordine Nuovo, Ivano Bocaccio, cae muerto sin conseguir su objetivo de hacerse con un aparato.

Estos dos sucesos, separados en el tiempo y en el espacio, tienen sin embargo un origen común y un mismo objetivo que, precisamente, las fuerzas policiales italianas no podían ignorar por cuanto la pistola usada por el terrorista "negro" muerto en su intento de secuestro aéreo y los casquillos hallados en el lugar del atentado de Peteano coincidían.

Durante años, la responsabilidad de la acción de Peteano se atribuyó indistintamente a las Brigadas Rojas y a la delincuencia común; incluso se produjeron ciertas detenciones. Era evidente que los mandos policiales italianos sabían perfectamente hacia donde llevaban las investigaciones, y sin embargo desviaron, manipularon y encubrieron la responsabilidad de la autoría de un atentado que se salía fuera de los planificados esquemas de la estrategia de la tensión.

No fue hasta más de una década después, cuando Vincenzo Vinciguerra, el cerebro del atentado, se constituyó voluntariamente en prisión, que se descubrió, a través de varios procesos judiciales, no sólo la responsabilidad de altos mandos de los Carabineros en este oscuro asunto, sino también - y más importante si cabe - la conexión existente entre el Estado italiano y el terrorismo "subversivo"; entre organizaciones paramilitares anticomunistas y servicios de seguridad de la OTAN - red Gladio -; entre la "estrategia de la tensión" desarrollada durante los "años de plomo" en Italia y las instrucciones recogidas por los manuales de contrainsurgencia de la CIA: Todo ello orientado a impedir el acceso democrático al poder del más fuerte partido comunista de Europa occidental - el PCI - y asentar las bases del liderazgo USA en todo el "mundo libre" mediante la manipulación interesada del fenómeno terrorista en clave anticomunista.

Un largo viaje a través del neofascismo

"Asumo la plena responsabilidad, completa y total en la ideación, organización y ejecución material del atentado de Peteano que se encuadra en una lógica de ruptura con la estrategia seguida hasta entonces por fuerzas que consideraba revolucionarias, llamadas de derecha, y que por contra seguían una estrategia dictada por centros de poder nacionales e internacionales, situados en los vértices del Estado". (1)

Con esta sorprendente autoinculpación, Vincenzo Vinciguerra asumió su responsabilidad penal, política y militante durante el juicio oral celebrado el 28 de junio de 1984 sobre el atentado de Peteano.

Antes de nada, debe quedar claro que Vinciguerra no era y no es un "arrepentido", como tantos otros que a derecha e izquierda, buscaban beneficios procesales, penales o económicos, a cambio de su delación y de su colaboración con ciertos jueces-estrellas del Estado terrorista italiano. De sus declaraciones judiciales no se han derivado ni condenas ni persecuciones contra sus ex-camaradas, ya que de lo único que les ha "acusado" es de colaborar con los aparatos del Estado, en defensa del status quo imperialista querido por dicho Estado, y eso no es, por supuesto, ni allí ni aquí, ni entonces ni ahora, "delito"...

De hecho, la sentencia que lo condenaba a prisión de por vida no podía por menos que reconocer su condición de "soldado político", no de "arrepentido": "...el imputado... no ha colaborado en una declaración que sea un reconocimiento de conductas ilícitas, sino que ha pretendido asumir una responsabilidad en el marco de una reconstrucción histórica que lo ha convencido todavía más de la validez de su orientación política dentro de la cual encuentran justificación los concretos episodios delictivos constatados. Su figura de soldado-político no ha cedido jamás y mantiene intacta su potencialidad ofensiva frente al estado democrático".

Es a partir de estas premisas desde donde hay que entender la feroz crítica de Vinciguerra al conjunto del fenómeno histórico "neofascista" - que no es sólo italiano, repetimos - y la elaboración de una serie de tesis políticas sobre la llamada "estrategia de la tensión" que no solamente no han podido ser refutadas por ningún elemento para-estatal de la extrema derecha, sino que constituyen hoy un indispensable instrumento de análisis para interpretar los más oscuros aspectos de la realidad política global de los últimos cincuenta años.

Porque es, precisamente, a través de su militancia en las principales organizaciones neofascistas italianas y de su experiencia internacional como prófugo de la justicia transalpina, por un lado, y la confirmación de sus sospechas, tras el encubrimiento y manipulación policial del atentado de Peteano, sobre la oscura dirección estratégica de la violencia política y terrorista durante aquellos años, por otro, lo que llevó a Vinciguerra a entregarse, tras un largo periplo militante, a la justicia con la intención de desenmascarar a los poderes nacionales e internacionales responsables de la llamada "estrategia de la tensión", verdaderos inductores de una serie de provocaciones y masacres de Estado que aún siguen impunes en la mayoría de los casos, y que han interesadamente adjudicado unas veces a las "tramas negras" otras al "terror rojo" la responsabilidad de estos delitos para desviar de ellos mismos cualquier investigación seria.

Como es sabido, Vinciguerra estuvo en España a mediados de los 70. Aquí contactó con el exilio neofascista italiano, presidido por el famoso líder de Avanguardia Nacionale, Stefano della Chiaie, habitual colaborador de los servicios de información policiales tanto italianos como españoles.

En España pudo verificar la común identidad antropológica de ambos "neofascismos": "No existía ninguna diferencia con el ambiente del "neofascismo" italiano: Incapacidad de análisis político, confianza dogmática en el Ejército y en la Guardia Civil (en español en el original, ndr), división más aparente que real entre los moderados de Fuerza Nueva (idem, ndr) y los distintos grupos falangistas que no se reconocían en el franquismo aun no teniendo ninguna voluntad de contraponerse a él".

Para Vinciguerra, los falangistas tenían al menos el "atenuante" de haber combatido junto al Ejército franquista contra "comunistas y antifascistas". "Si bien pueril, el análisis de los falangistas españoles no nacía de una falsificación de la historia, sino que era coherente con ella: el Ejército español garantizaba, de hecho, por cuarenta años el orden franquista y se podía esperar que quisiera continuar haciéndolo también tras la muerte del "generalísimo".

En cambio, la vinculación de los neofascistas italianos a la defensa de un Ejército y de un Estado ajenos ideológicamente era, según Vinciguerra, "el resultado de una artificiosa construcción de la posguerra que había oscurecido la memoria acerca del comportamiento y de las elecciones hechas por la casta militar durante la segunda guerra mundial y la guerra civil, cuando había cerrado filas contra el fascismo y los fascistas".

El universo humano del exilio neofascista en España constituyó una devastadora experiencia militante para Vinciguerra: "Comenzaría entonces a madurar en mí la idea de que si aquellos eran los ‘fascistas’, yo era evidentemente ‘antifascista’, y una vez empecé a prepara un fichero de ‘enemigos’ comenzando justamente por ellos. Fue Stefano della Chiaie quien me lo prohibió, pero sigo pensando que tenía yo razón, y los años siguientes me lo confirmaron completamente".

Directamente implicados en actividades "antisubversivas" - guerra sucia antiETA - y en diversas provocaciones de Estado - Montejurra 76 -, Vinciguerra y su grupo abandonaron España y partieron hacia Chile y Argentina, donde la situación social y política a mediados de los 70 reflejaba las consecuencias del voraz apetito hegemonista de los Estados Unidos, que durante décadas cubrió el continente de masacres, intervenciones y golpes de Estado, so pretexto de la lucha en defensa del "mundo libre" contra el comunismo.

Sin embargo, en Argentina por ejemplo, el comunismo y el partido comunista apenas existían como "enemigo" a batir... "El verdadero enemigo de las oligarquías argentinas era el peronismo, contra el cual se empleaban las mismas técnicas utilizadas en los países europeos, en particular en Italia, contra los partidos comunistas en ascenso electoral. Infiltración y creación de una fuerza peronista de "izquierda" (se refiere a los "Montoneros", ndr), fueron los medios que el poder... empleó... contra las masas justicialistas, a fin de provocar la división y el debilitamiento político y electoral (...). Nada distinto a cuanto han hecho los servicios europeos y norteamericanos en sus países, creando los grupos ‘chinos’ y de ultra-izquierda para restar fuerza a los partidos comunistas".

Sin lugar a dudas ha sido el más feroz e hipócrita anticomunismo el instrumento unificador del poder estadounidense en todo el mundo. Afirma Vinciguerra: "El anticomunismo ha sido el arma resolutiva que ha permitido a los Estados Unidos reducir al ‘mundo libre’ al estado en que hoy se encuentra, que les ha permitido hacer de todo, porque, decían, la ‘libertad’ no tiene precio y hay que hacerlo todo por defenderla: Y para ‘defenderla’ mejor nos la han quitado".

Roma 1965: Se inicia la estrategia de la tensión

Ciertamente, las afirmaciones de Vinciguerra pueden parecer más bien fruto de una experiencia política frustrada y frustrante y de una visión "conspirativa" de los acontecimientos históricos sin base documental alguna. Nada más falso.

Aquellas intuiciones de Vinciguerra han encontrado confirmación a posteriori en diversos documentos "confidenciales" y en los testimonios de muchos de los protagonistas de aquellos negros y sangrientos años. Veamos.

Del 3 al 5 de mayo de 1965 se desarrolló en el hotel Parque de los Príncipes de Roma un congreso organizado por el Instituto Pollio, una entidad próxima al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas italianas.

En esta reunión se delineó genéricamente lo que luego se denominó "estrategia de la tensión", y que no era - como algunos pretendieron- una acción dirigida por una hipotética "orquesta negra" con objeto de derribar el estado democrático e instaurar una dictadura "fascista", sino un conjunto de tácticas orientadas a salvaguardar los intereses norteamericanos en Europa a través de una serie de operaciones encubiertas destinadas a mantener un status quo imperialista nacido en Yalta.

La extrema derecha, como la Masonería, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Mafia y otros poderes fácticos, no eran más que otros tantos instrumentos al servicio de la estabilidad del poder americano.

"Desestabilizar para estabilizar". He aquí la esencia de la guerra no ortodoxa, sucia y subversiva dirigida por los Estados Unidos en alianza con los servicios secretos occidentales, más allá y por encima de la voluntad de unos "estados" sometidos a una especie de "soberanía limitada" dentro de la relación de fuerzas del bloque atlántico.

Por otra parte, el elenco de los asistentes al congreso del Instituto Pollio demuestra la supeditación evidente del neofascismo italiano - y europeo - a las necesidades defensivas y estabilizantes tanto de los estados capitalistas como de la OTAN.

Entre los asistentes, aparte de un buen número de militares, periodistas, catedráticos y exministros, hallamos a ciertos elementos clave de la historia neofascista; a saber: Guido Giannetinni, el "agente Z", periodista de extrema derecha, conspirador profesional; Giorgio Pisanó, neofascista "atlántico", senador del MSI; Pino Rauti, fundador de Ordine Nuovo, organización "neonazi" de servicio (secreto), y que actualmente dirige el "renacido" MSI-Fiamma Tricolore, que reconoció no hace mucho haber trabajado para los servicios de información militares. (2)

También se encontraban entre los asistentes: Della Chiaie (vinculado al SID, inteligencia militar) y Mario Merlino ("el infiltrado por antonomasia") anarquista y camarada íntimo de Giorgio Freda (el "agente T"), implicados ambos en diversos atentados.

En este congreso no se habló de otro cosa que de la aplicación de las teorías de guerra contrarrevolucionaria en función anticomunista y estabilizadora según la doctrina Kennedy de "antiguerrilla universal".

Particularmente se analizó a los partidos comunistas europeos y sus "tácticas insidiosas" (es decir: Intentar conquistar el poder mediante las urnas).

En el caso italiano, concretamente, se precisaba adoptar unos métodos y unas técnicas adecuadas a la realidad de un partido comunista que era a la sazón el más fuerte y poderoso de la Europa occidental.

De hecho, para los estrategas de la guerra no ortodoxa la oposición global entre la URSS y China debía ser tomada muy en serio: "Creo que no debemos subestimar la importancia de la disputa que hoy separa a la Unión Soviética de China... esta contradicción se convierte en un motivo de debilidad si se es capaz de denunciarla e instrumentalizarla", profetizó Renato Mieli uno de los ponentes del Congreso...

..."La teoría de la ‘infiltración" a la izquierda en los grupos ‘chinos’, anarquistas, marxistas-leninistas, críticos hacia el PCI está aquí claramente anunciada", advierte Vinciguerra: "Algunos años después (1967) será una realidad práctica y concreta por obra también, entre otros, del agente ‘T’, más conocido por vosotros como Giorgio Freda, y de sus amigos y colegas de aparato (de Estado), Claudio Orsi, Claudio Mutti y tantos otros".

Más aún: "Ha sido Tedeschi (periodista de extrema derecha, ndr) quien nos encargó pegar los ‘manifiestos chinos’, me decían en Avanguardia (Nacionale), y Robert Leroy (agente doble francés ligado a la ultraderecha, ndr) habría declarado después que la acción para crear la ultraizquierda en Europa había sido decidida en Berna durante una reunión entre todos los servicios secretos occidentales...", recuerda Vinciguerra dando el golpe de gracia final que derriba el último mito fracasado de ciertas fracciones "radicales" de la extrema derecha europea de ayer y hoy.

Por consiguiente, según cuanto se desprende de las afirmaciones de Vinciguerra, el nazi-maoismo, Lotta di Popolo, Joven Europa y la supuesta alianza táctica con la China de Mao propugnada por el "katangués" Jean Thiriart, no eran más que otras tantas expresiones instrumentales vinculadas a la estrategia antisoviética de los USA.

Nuevas tácticas, viejos hombres: "No creo que sea una novedad decir que los conocidos ‘katangueses’ de la Universidad Estatal de Milán se llamaron así porque fueron instruidos en técnicas de guerrilla urbana y de defensa personal por ex-mercenarios que habían actuado en Katanga; nada nuevo revelo cuando señalo que la llamada ‘batalla del Valle Giulia’ (1968) en la Universidad de Roma, que señaló el inicio oficial de la contestación estudiantil, tuvo por protagonistas a los activistas de Ordine Nuovo, Avanguardia Nacionale y el MSI"... Y no es novedoso tampoco - añadimos nosotros - recordar que esos mismos "katangueses" figuraban entre "los terribles defensores de La Sorbona" de París en mayo del 68, y que - como los ideólogos neofascistas siempre recuerdan con "orgullo" - el primer cóctel molotov de esta algarada francesa fue lanzado por militantes neofascistas de "Occident"... Y que el objetivo verdadero de mayo del 68 era romper la alianza tácita formada entre el PC francés y De Gaulle, orientada a mantener a Francia fuera de la influencia norteamericana... Nada nuevo bajo el sol, ¿o no?.

Rebasar al PC por la izquierda, radicalizarlo, desprestigiarlo, presentándolo como un peligro inminente y real para el "mundo libre". Estrategia de la tensión, en definitiva. Vinciguerra: "El ‘ataque’ comunista contra el Estado que en 1965 era ‘percibido’ por pocos, era ahora advertido por todos: los estrategas de la ‘guerra contrarrevolucionaria’ habían vencido su primera batalla en defensa de aquel orden político, económico, social y militar salido de la victoria anglo-americana sobre Europa".

La invención de la ideología "neofascista"

Queda aún por determinar las razones ideológicas profundas que han llevado a las organizaciones neofascistas a convertirse en un instrumento operativo subordinado a los vencedores de una guerra ganada precisamente contra el fascismo y los fascistas.

Alguien nos dirá: "Bien, fueron tácticas erróneas, tal vez, pero ¿y la lucha armada antisistema?"...

Dejemos que sea el propio Vinciguerra, que intervino realmente en una acción armada, quien conteste: "¿Qué lucha armada? (...) Avanguardia Nacionale no ha hecho jamás atentados, no ha matado nunca, no ha atacado jamás militarmente a nadie, mucho menos al Estado. Pino Rauti, con Ordine Nuovo, no podía iniciar una ‘lucha armada’ contra sí mismo, dedicado a lustrar los zapatos del general Aloia en su despacho de jefe del Estado Mayor del Ejército... Terza Posizione... aparte de alguna intemperancia juvenil, no ha conducido jamás ninguna ‘lucha armada’ contra el Estado". (3)

La única lucha cierta y característica que han desarrollado las organizaciones neofascistas tanto italianas como europeas ha sido el anticomunismo más primario y elemental, por cuenta además del Estado y del Ejército: "En la derecha extraparlamentaria se actúa (contra los ‘rojos’) o se nos adiestra en vista al enfrentamiento (con los ‘rojos’) dado por descontado e inminente; se nos infiltra (entre los ‘rojos’) y cuando se nos dedica a la formación cultural se pone el acento en la defensa de la civilización occidental, ‘hombres en pie entre las ruinas’, amenazada, ¿hace falta decirlo, por los ‘rojos’".

"El anti-americanismo, que existe también en forma reducida, no se traduce en términos políticos, permaneciendo confinado en un desprecio intelectual por sí mismo"... O sea: En la lucha "cultural".

El anticomunismo, en clave anti-rusa, ha sido la ideología única de la derecha radical, lo que coincidía, no por casualidad, con las exigencias de la política imperialista americana.

Para que tal ideología fuera operativa dentro de las organizaciones "fascistas" había que eliminar todo rastro de aquello que no fuera "defensa de occidente" dentro del universo político-cultural del neofascismo. La manipulación ideológica fue llevada a sus últimas consecuencias: "Del fascismo y del nacionalsocialismo, mitos sepultos y superados, se recuerda sólo lo que sirve para alimentar el anticomunismo de las viejas generaciones y para generarlo en las nuevas. No existe un solo libro (de la derecha neofascista o neonazi), ni uno sólo... que hable de la guerra europea sobre los frentes occidentales, sino sólo de aquella sobre el frente oriental".

Más todavía, insiste Vinciguerra: "Se recuerdan las empresas de las Waffen SS en el frente del Este y se calla sobre las batallas desesperadas de las divisiones SS en el frente occidental, para que junto al sacrificio quede sepultado también el recuerdo de que Europa fue vencida por los aviones americanos, por los tanques americanos y por los ejércitos americanos"...

La identificación que se realizaba no era en ningún caso testimonial puesto que "... no podía quedar limitada al pasado... sino que era proyectada hacia el presente: de los caballeros templarios y teutónicos, se pasó a la Waffen SS y, por fin, a los cuerpos de élite de los ejércitos occidentales: La Legión Extranjera, los paracas, los marines".

"Se estableció una línea de continuidad que desde las grandes batallas del pasado transcurría a través de aquellas sostenidas por el ejército alemán y las Waffen SS sobre el frente oriental... hasta llegar a aquellas del presente en Corea, en Indochina, en Argelia y, para muchos en el desierto del Sinaí, idealmente alineados al lado de las divisiones blindadas israelíes que hacían pedazos a las hordas ‘harapientas’ del Islam anticristiano"...

Como vemos, la actual "línea" antiislámica - mayoritaria últimamente entre las organizaciones "postfascistas" europeas - está basada en "algo más" que en los habituales prejuicios etnocéntricos o culturales... Ya se sabe: "Hoy como ayer, Occidente nuevamente al combate!"...
De hecho, hace un par de años, el entonces secretario general de la OTAN, Willy Claes, ya comparó el islamismo con el comunismo, esbozando así la nueva estrategia atlántica respecto al Islam radical, que no es otra... ¿hay que decirlo?... que la misma estrategia de la tensión de siempre aplicada más brutalmente si cabe. Argelia es el modelo, pero aún veremos cosas peores... (4)

Hombres, ideas y organizaciones

Para cumplir la misión subordinada y represiva asignada por los Estados Mayores de la OTAN, los sedicentes nazifascistas de postguerra debían adoptar un modelo político e ideológico adaptado a las nuevas circunstancias. El neofascismo, en todas sus variantes, habría de ser "otra cosa" sin una auténtica relación con los fascismos históricos, y en la recreación de la nueva mitología nacionalrevolucionaria se echaría mano de cualquier doctrina por muy metafísica y aristocrática que fuera..."El evolianismo triunfa".

"Demonizados por los antifascistas, mitificados y negados en su verdad doctrinal y en su realidad histórica por los ‘neofascistas’, el fascismo y el nacionalsocialismo se transformaron, en las nociones de la masa juvenil que en ellos se inspiraba, de regímenes de masas en órdenes de ‘creyentes y combatientes’; de revoluciones que partían de lo bajo en revoluciones aristocráticas; de revoluciones en las cuales el elemento social revestía una función esencial en revoluciones en las que éste desaparecía del todo;... de revoluciones que proseguían y completaban la francesa y la bolchevique en revoluciones que las negaban y combatían". Es decir, se transformaban en movimientos contrarrevolucionarios empeñados en la defensa del poder establecido y del "mal menor" americano, y no en organizaciones revolucionarias a la conquista del Estado tal como lo fueron los fascismos.

Afirma Vinciguerra, en su análisis de las organizaciones "neofascistas": "El MSI, no tiene una ideología propia, tiene sólo una línea política que camina sobre el filo de dos direcciones: el nacionalismo y el anticomunismo". Evidentemente, poca cosa para infundir temor en el régimen democrático y antifascista. No olvidemos por lo demás, que el MSI ha sido hasta su disolución en Alleanza Nazionale el principal modelo político, orgánico y doctrinal, de la derecha nacionalrevolucionaria europea.

Ordine Nuovo, fundado por el agente doble Pino Rauti, hoy refundador de un "nuevo" MSI, y semillero ideológico de las nuevas generaciones neofascistas fue un caso especial: "...una formación política que no hace ‘política’, que desarrolla sólo una actividad de tipo formativo... que tiende a ‘crear’ los hombres, seleccionarlos, reclutarlos, fascinándolos con las teorías de Evola y Guenon... ¿para qué sirve si no es una secta esotérica – y Ordine Nuovo nunca lo fue?"...

La respuesta a esta pregunta del millón la suministra el propio Vinciguerra: "El Centro Ordine Nuovo fue, por consiguiente, con el desconocimiento de la enorme mayoría de sus inscritos, una ‘organización paralela’, según lo que el mismo Rauti había teorizado en su intervención en el congreso de mayo de 1965, de las fuerzas militares italianas y atlánticas".

Sin embargo, no sólo la manipulación ideológica ha podido mantener la supeditación operativa del neofascismo a los intereses americanos. Se precisaba una clase política dirigente que, reivindicando incluso - formal y aparentemente - la herencia revolucionaria del fascismo social y republicano, estuviera vinculada estrechamente al poder del Estado antifascista.

Como acertadamente señala el prologuista y amigo de nuestro autor, Gaetano Sinatti: "(El neofascismo es un)... fenómeno nacido muerto, privado desde el principio de un grupo dirigente válido, habiendo heredado del fascismo histórico, como ‘jefes’, a hombres escapados del ajuste de cuentas de 1945 con doble juego, pactos y compromisos que, más allá de los aspectos éticos, mostraban solamente vacío ideal, miopía política, incapacidad de analizar lúcidamente la realidad".

Por ejemplo, el célebre fundador del MSI, Giorgio Almirante, codirector, durante el régimen mussoliniano, de la revista racista Difesa della razza, alto cargo en la RSI, se ocultó en la casa de un judío (¡!) turinés huyendo de la quema. "Único entre todos los dirigentes de la RSI... en no ser procesado por ‘colaboracionismo’..."

El no menos célebre Junio Valerio Borghese, alias el "príncipe Negro" (aunque realmente nunca se consideró "fascista", sino monárquico-conservador), fue salvado del pelotón de fusilamiento por el agente de la OSS (el servicio secreto yanqui) James Angleton, pasando - por lógico agradecimiento - a depender de la CIA, hasta el final de sus días. Líder del movimiento golpista "Fronte Nazionale", autor del intento de golpe de Estado de 1970 y destacado miembro de la estructura paralela "Rosa de los Vientos"... (La rosa de los vientos es precisamente el símbolo común tanto de la CIA como de la OTAN... ¿otra "casualidad"?).

También fue salvado de una muerte segura, por Emilio Daddario, otro agente del OSS, el famoso general Graziani, jefe de Estado Mayor de la RSI.

En realidad, lo que los angloamericanos tenían in mente, ya desde la invasión de Italia (Sicilia 1943), era servirse de los restos del naufragio mussoliniano para preparar su "paz": "En la primavera de 1945 se trataba de evitar que la ‘masa honesta’ de los adherentes a la RSI y de sus soldados regulares, no de partido, se alinease a la izquierda, confluyendo por reacción en los paridos socialista y comunista, dado también el carácter fuertemente social del último fascismo", afirma Vinciguerra. (5)

Con semejantes mimbres, el cesto del "neofascismo" sólo podía ser lo que fue, y la clase dirigente de las nuevas generaciones ultraderechistas no podía por menos que comportarse como lo hizo y servir a los mismos poderes a los que sus ideólogos y líderes sirvieron.

A este respecto, calificar de "traidor" y "vendido" a alguien que, como Gianfranco Fini, ha tenido la impúdica coherencia de presentar el neofascismo "misino" como un movimiento derechista/prefascista, filomasónico, prosionista y fiel servidor de los intereses transatlánticos, no es más que la enésima forma de desviar la atención sobre la única y verdadera traición fundacional y sobre la estrategia de mentiras creada en torno a los hombres, las ideas y los objetivos del "neofascismo" italiano y de sus organizaciones (MSI, Ordine Nuovo, Avanguardia Nazionale, Lotta di Popolo, Terza Posizione, etc.)... Fini no es un traidor ni pretende engañar a nadie, sino que asume plenamente la esencia reaccionaria, anticomunista, colaboracionista, de defensa del orden político establecido y del status quo imperialista que ha caracterizado siempre al MSI.

No es casualidad que en el "refundado" MSI-Fiamma Tricolore se reencuentren los apellidos históricos del neofascismo "eversivo" de siempre: Rauti (Ordine Nuovo, MSI), Tilgher (Avanguardia Nazionale), Enzo Erra, Sandro Saccucci (Ordine Nuovo), y demás compañeros mártires empeñados en seguir ensuciando la experiencia revolucionaria fascista con su colaboracionismo de Estado y su seudo-revolución pendiente...

La cínica coherencia "antifascista" de Fini frente a la hipócrita incongruencia "neofascista" de Rauti; a esto se reduce hoy el panorama de la derecha radical europea... ("nacionalistas-jacobinos", incluidos).

Nosotros, desde luego, nos quedamos con la lúcida y despiadada crítica revolucionaria del soldado político responsable Vincenzo Vinciguerra. Es una cuestión de higiene... racial.

El combatiente revolucionario Vincenzo Vinciguerra cumple actualmente su condena en una prisión de máxima seguridad en la región de Milán, donde no se le han ahorrado - por cierto - las habituales "presiones" del aparato carcelario-estatal democrático a causa de su condición de "no arrepentido". Porque, con gran escándalo de los chacales del Poder, Vinciguerra no se "arrepiente" de nada; menos aún de una acción de guerra conscientemente realizada en sentido contrario a aquellas con las que el poder se reforzó a costa de la sangre de su propio pueblo.

"El poder político es el único beneficiario de la ‘estrategia de la tensión’...", ha repetido hasta la saciedad frente a los que le "invitaban" a callar o a olvidar.

"La ley del silencio en una batalla política no existe, porque la omertá no es patrimonio del militante político, sino del bandido callejero...".

A pesar de todo, Vinciguerra ha reivindicado siempre su condición de soldado político responsable, fascista y revolucionario.

Él mismo lo ha afirmado sin tapujos en la sede judicial: "El fascismo en el cual he creído es el anti-estatalista del 23 de marzo de 1919, el marginado durante el Ventennio, el que resurgió en la breve y sangrienta etapa de la RSI, aquel físicamente aniquilado, políticamente borrado e ideológicamente traicionado en 1945". Afirmando inmediata y taxativamente aquello que puede ser considerado como la "máxima herejía" posible dentro del neofascismo europeo: "No he tenido jamás simpatía por las ‘fuerzas del orden’ encargadas de la defensa de un ‘orden’ que rechazaba entonces tanto como ahora".

El conocimiento, la discusión y el estudio de las tesis políticas de Vinciguerra recogidas en varios libros y en bastantes escritos todavía inéditos, es una obligación no sólo histórica por parte de todos los revolucionarios europeos, sino más aún: Una necesidad política para un efectivo esclarecimiento ideológico que sirva como punto de referencia en el análisis del presente y en las perspectivas de futuro de esta guerra de aniquilación contra el Sistema y el Estado capitalistas que desde resistencia se impulsa y apoya.

Notas:

1) Todas las citas en negrita han sido extraídas de los escritos de V. Vinciguerra.
2) "(La extrema derecha)... ha colaborado más o menos bajo cuerda... con los servicios secretos... Yo mismo he estado involucrado en relaciones con los militares. Escribiendo , junto con Edgardo Beltrametti, el opúsculo Le mani rosse sulle forze armate, comisionado por el general Giuseppe Aloia...". Así lo reconocía en una entrevista publicada en el suplemento de Corriere della Sera. Cit. en Avanguardia nº 110, febrero de 1995.
3) En un documento titulado La estrategia del silencio, publicado en 1994, Vinciguerra insiste sobre el tema: "Se puede afirmar que el control de los aparatos de seguridad sobre el ‘terrorismo negro’ ha sido tan total, tan absoluto, que produce una amarga sonrisa oír todavía hoy hablar de ‘lucha armada’ contra el Estado y de ‘subversión negra’ favorecida por ocultas complicidades militares y policiales o, inclusive, de ‘infiltraciones fascistas’ en los ganglios vitales del Estado. (...) No ha habido ninguna ‘desviación’ de los organismos de seguridad, ninguna ‘infiltración’ fascista, ni mucho menos ‘subversión negra’ y ‘lucha armada’ contra el Estado: ambos, militares y ‘fascistas’, han seguido el largo camino trazado por las ‘superiores exigencias’ de la defensa del ‘mundo libre’ por las fuerzas políticas que, en la postguerra, han hecho ‘cruzadas’ y construido ‘diques’ contra el comunismo".
4) "El fundamentalismo (islámico) es casi tan peligroso como lo fue el comunismo. Por favor, no hay que subestimar este riesgo", afirmó el corrupto Claes en una entrevista concedida al Suddeutsche Zeitung en 1995, y añadía: "La OTAN es mucho más que una alianza militar", (nunca lo hemos dudado), "La organización se ha comprometido con la defensa de los principios básicos de Estados Unidos y de Europa Occidental"... más o menos como la extrema derecha antiislámica... ¿verdad?
5) Añadamos, por otra parte, que tal estrategia no fue exclusiva del caso italiano. En la Alemania vencida y ocupada, los norteamericanos reconstruyeron a su imagen y semejanza los antiguos servicios de información militares - la "red Gehlen" - alemanes en función de la nueva oposición global anticomunista denominada "Guerra fría".