Juventud Femenina NacionalSocialista

El origen y los principios del Servicio del Trabajo obligatorio para la juventud femenina son casi idénticos a los del Servicio del Trabajo para los jóvenes. “La educación llevada a cabo en el espíritu del nacionalsocialismo hacia la comunidad nacional, hacia la camaradería e igualmente hacia una concepción moral más elevada del trabajo, no es menos necesaria para la juventud femenina que para la masculina, Conforme a su finalidad, el Servicio del trabajo de ambos sexos es algo unitario, total.” (Hierl).

En 1933 fue posible la unificación del Servicio. Hasta el 1.º de enero de 1934 el Comisario del Reich para el Servicio del Trabajo, que hasta entonces había sido voluntario, confió la jefatura de la juventud femenina, como organización única, a la Sra. Scholtz-Klink, bajo el nombre de “Servicio femenino del Trabajo”. El territorio del Reich fue dividido en 13 secciones regionales, cuyas directoras quedaron subordinadas a la directora general del Servicio femenino del Trabajo.

En los dos primeros años del Servicio femenino se hallaban frente a frente dos concepciones sobre el sentido y la misión de esta organización: Una tenía por base la idea de que el Servicio debía ser una escuela de educación de la joven como ama de casa y madre, la otra sostenía que es necesario una educación mediante el trabajo efectivo en interés del pueblo allí donde este sea necesario para llegar al conocimiento de la propia responsabilidad y de la abnegación indispensable para el servicio de la colectividad. Basándose en la experiencia se ha elegido como principio la segunda concepción.

El trabajo, que actualmente dura medio año, consiste en ayudar a aquellas mujeres y madres alemanas que, agobiadas por el trabajo o la enfermedad, no están en situación económica que les permita pagar el sueldo a sus sustitutas. Se presentó aquí un vasto campo de acción, particularmente en las regiones recientemente colonizadas. Desde el punto de vista educativo el trabajo constituye un deber de importancia trascendental para la joven.

Pero no solamente aquí sino también en las regiones rurales azotadas por la miseria y en los barrios obreros de las ciudades industriales es de urgencia capital la ayuda a las mujeres y madres con numerosa familia. Por todas partes han sido colocadas las obreras del Servicio, con objeto de ayudar a las mujeres en las labores domésticas, en el corral, en las faenas del campo... o para suplir el puesto de la madre enferma confiando sus hijos a las escuelas infantiles instaladas en el campo.

La naturaleza de esta aportación personal de trabajo debe ser cimentada y completada por la vida en común de las jóvenes de todas las clases sociales en los campos de trabajo, practicada y formada a base del consciente deber de responsabilidad. Para la enseñanza, organización de las horas libres, cultura física, etc. se aplican los mismos principios que para el Servicio del Trabajo en los hombres, si bien adaptados a la naturaleza de la mujer. Hasta mediados de 1935, el Servicio femenino del Trabajo dependió económicamente de la oficina nacional para la colocación obrera y de seguro contra el paro forzoso. Así se pudieron colocar a numerosas jóvenes sin trabajo. El 1.º de abril de 1936 el Servicio femenino se incorporó al Servicio obligatorio del trabajo, con la denominación actual de “Servicio obligatorio del Trabajo para la Juventud femenina”. Las 13 secciones regionales continúan subsistentes, pero sus directoras están ahora subordinadas al jefe del Servicio obligatorio del Trabajo bajo cuya dirección se encuentran en vías de realización diversas reformas de los campamentos (para 40 muchachas) de la enseñanza y de la educación. El Servicio femenino del Trabajo a principios de 1938 alcanzaba la cifra de 25.000 muchachas distribuidas en 600 campamentos.

Hace algún tiempo tuve ocasión de visitar, en compañía de algunos colegas de prensa, un campamento femenino que me produjo la más satisfactoria impresión. Allí estaban reunidas muchachas de las más diversas clases sociales, pletóricas de salud, sonrientes y tostadas por el sol. En nuestro honor entonaron viejos cantos patrióticos y algunas canciones populares, nos enseñaron sus bonitas habitaciones adornadas con flores y su sala de reunión. En el jardín ejecutaron danzas populares, haciéndonos penosa la despedida de aquel lugar colmado de juventud y alegría. (Del autor Cesare Santoro)