Sobre la Justificación y Límites de la violencia (Ramón Bau)

Siempre he sido un defensor de una estrategia legal de lucha NacionalSocialista, y contrario al uso de la violencia como método de lucha actual en nuestros medios.

Sin embargo creo que puede ser mal comprendida esta posición sin una explicación a fondo de la ética de la violencia y su uso como método de lucha política.

Entre los medios que llamaríamos ‘fascistas’ existe una mezcla entre el sentimiento de la violencia, el coraje y la capacidad de defenderse dignamente, como ‘valor’ y la propaganda del sistema sobre el sentido violento esencial del ‘fascismo’.

Las bases éticas del sistema

“Nosotros los que somos de otra ciencia, nosotros los que consideramos el movimiento democrático no meramente como una forma de decadencia de la organización política, sino como la forma de decadencia, esto es, de empequeñecimiento, del hombre....” Nietzsche ("Como filosofar a martillazos")

Lo primero que hay que entender es que el Sistema condena la violencia en base a un principio: Las cosas se arreglan mediante el voto, o sea, la violencia es ilícita porque la democracia permite solucionar los problemas expresando el deseo la mayoría.

Este argumento, absolutamente falso y manipulado, ha sido tan sistemáticamente imbuido por todos medios de difusión que ha calado muy profundamente en la masa media.

Los argumentos contra esa base ‘democrática’ tienen varios niveles:

Primero: Y fundamentalmente, la democracia no existe, es una plutocracia, es un sistema dictatorial del dinero, por tanto no existe libertad de expresión sino de mercado de información. El dinero bloquea todo camino a la libre exposición de ideas en medios de masas. Para poder expresarse es preciso tener dinero, no el tener la razón.

Segundo: En todo caso la expresión de ideas Nacionalsocialistas está prohibida en muchos países totalmente y en otros casi totalmente (como en España), de forma que al prohibir la pacífica expresión de ideas queda ya justificado incluso según su ‘moral’ el uso de la violencia por parte del Nacionalsocialismo contra esa dictadura plutocrática.

Tercero: La democracia ha usado y usa la violencia cuando la precisa incluso contra el deseo expresado en votos. Recordemos por ejemplo que apoya y promovió golpes como los de Argelia o Turquía cuando partidos legales islámicos estaban logrando pacíficamente la mayoría de votos. Y eso lo ha hecho en docenas de ocasiones, siempre que ha sido necesario para los intereses plutocráticos.

La democracia apoyó totalmente a Israel pese a que usa la violencia, la expulsión y la limpieza étnica contra el voto palestino.

Se llama a Hitler "dictador" pese a que subió con mayoría de votos aplastante.

Derrocó por un golpe organizado por la CIA a Perón pese a que tenía el apoyo popular y de voto... podemos seguir ‘ad infinitum’.

Recordemos al miserable político ‘socialista’ Lluch que apoyaba y aplaudía a ETA cuando gobernaba Franco, y cuando luego fue asesinado por ETA se deshacían sus amiguetes la boca en condenas. La democracia-plutocracia es hipócrita en su propia esencia.

Las bases utilistas del sistema

La mafia que ‘protege’ a un comerciante de sus propias represalias si no paga esa ‘protección’ también es ‘pacifista’.

Hay otra forma de razonar por parte de los plutócratas para justificar la condena a la violencia, son las razones que llamaríamos ‘utilistas’.

Dicen:

“Si la democracia lleva un sistema capitalista, pero es el menos malo de los sistemas, si lo pretendemos cambiar entraremos en un ciclo de luchas y violencias que ya hemos soportado en el pasado y que son horrorosas. Mejor un mal conocido que un estado de violencia enorme aunque pudiera mejorar teóricamente los males actuales del Sistema”.

La violencia sería inútil porque provocaría daños mucho mayores a los males que quiere solucionar. O sea, para arreglar los males de la democracia-capitalismo o de regímenes no democráticos pero ‘políticamente correctos’, como Turquía o Egipto, el grado de violencia que hay que aplicar es tan grande que provocaría mayores males que los que pretende arreglar.

Este argumento tiene una triple lectura:

Primero: Es cierto, o sea tienen razón en que para librarnos del poder económico capitalista vamos a tener que aplicar una violencia fuerte, que es lamentable de tener que ejercer y soportar. Y el motivo es que los capitalistas, los demócratas, usarán todo su dinero y poder para oponerse al cambio y provocarán atentados, guerras y todo tipo de desmanes, compraran tiranos o militares, crearán hambres o crisis, todo para salvar su dinero y poder.

Segundo: Es un claro chantaje, la democracia nos asegura la no violencia si somos obedientes a su dictadura.

Tercero: Minimiza los males y las ventajas del cambio. La gente del pueblo actual no puede ni imaginar como sería la vida sin capitalismo, el cambio de vida, de sentimientos, las formas artísticas y humanas, la ecología, el tercer mundo, las ciudades, el orden o las familias, la educación y el honor, el cambio es tan radical que es difícil de imaginar a los que solo han vivido ese infecto mundo del dinero y la usura. Con los medios modernos y una dirección sana el mundo sería otra cosa.

La eliminación del capitalismo podría ser sencilla y pacífica sin su resistencia violenta, son ellos, la mafia del dinero, los que hacen precisa una revolución violenta.

Las bases pacifistas contra la violencia

En democracia es menos grave robar que defenderse. El pacifismo es el virus que el sionismo nos inculca para evitar nuestra defensa ante sus opresiones.

Existe una creciente propaganda en difundir que toda violencia es mala, sea cual sea el motivo, todo hay que arreglarlo con diálogo. La violencia engendra violencia y no da justicia sino más injusticia. La izquierda progresista es muy partidaria de este mensaje, excepto cuando son ellos son que son atacados claro. Pero lo importante es su mensaje, que apoyado por una parte importante de las iglesias "cristianas", ha influido mucho en las masas conservadoras moderadas y en las masas de una izquierda utópica.

Hoy en día el asesino, el violador, el ladrón, el vendedor de drogas, el corruptor son ‘personas a educar’, son gente repleta de ‘derechos humanos’, el niño que escupe al profesor no puede ser abofeteado, los chicos de 15 años que pinchan con navaja al educador o a su hermano no son juzgados, la dejadez, la blandura ante la decadencia y la delincuencia es total. El pacifismo es una dejadez moral que sufre toda la sociedad, provocada por la propaganda sionista para destruir las bases de resistencia personal contra el mal. Hay que doblegar el espíritu natural del hombre ario, el sentido común, que le hace responder violentamente ante las agresiones, la mala educación y los atentados al honor, convertir ese sentido común en un sentido de ‘culpa’ constante, no ya de ‘perdón’ sino de incapacidad para juzgar y responder a las agresiones... y las opresiones.

El pacifismo es una enfermedad del espíritu inyectada como virus por la prensa usuraria, una enfermedad que proviene del relativismo y del abandono de la capacidad de juzgar y de indignarse, llevando a una humanidad de borregos.

Nuestras bases éticas sobre la violencia

Si el pacifismo es la enfermedad que nos quiere inculcar el sionismo, la brutalidad es la enfermedad que a veces sufren nuestros medios.

Nuestra ética no es antiviolenta, no creemos que la fuerza sea un elemento desechable para arreglar estados injustos o situaciones de opresión.

Para nosotros hay actitudes y hechos que solo pueden ser contestados por una cierta violencia. Un chico que escupe al profesor debe recibir un castigo físico inmediato, proporcionado y no brutal, pero si inmediato y sin dudas.

Ante un intento de agresión se debe poder contestar con la fuerza necesaria para repelerla, sin que la defensa propia excluya el uso de fuerza superior al del agresor. Es ridícula esta legislación que ha condenado a un joyero por disparar contra su atracador que ‘solo’ llevaba una navaja. Es increíble que se procese a un policía que dispara contra el atracador con pistola que esta huyendo si éste no dispara primero.

Pero esta clara visión de sentido común no debe llevar a confundir la violencia necesaria y justa con la brutalidad. Hay ‘camaradas’ que creen que toda violencia es buena y lo peor, que la práctica de la violencia es un elemento educador positivo.

La violencia en si no es algo positivo, es algo necesario pero no positivo. No nos gusta usar la violencia pero no aceptamos que ese ‘no gustar’ sea superior a la necesidad de justicia y de solucionar los problemas que exigen violencia.

No nos gusta la guerra, las frases como: "La guerra es el padre de todos los seres y reina sobre las cosas. A unos los muestra como dioses, a otros como humanos, a unos como esclavos, a los demás, libres" (Heráclito) tienen su raíz en otros tiempos, cuando una casta guerrera luchaba por la supervivencia de los pueblos en estado de continua guerra, pero la guerra es una miseria que debemos evitar en lo posible.

Las víctimas de la guerra son siempre inocentes, personas que sufren injustamente.

Hoy día deberíamos traducir en este tipo de frases ‘guerra’ por ‘enfrentamiento’, en el sentido personal. La necesidad de defensa, de saber enfrentarse al peligro, las situaciones extremas, descubren al cobarde y al héroe, ponen de manifiesto la honradez y la doblez, este es el sentido correcto de este tipo de expresiones.

No a la crueldad, a la brutalidad y la guerra. Nuestra voluntad es de una vida pacífica pero no pacifista.

Una visión estratégica de la no violencia en el NacionalSocialismo actual

Buscamos una lucha legal solo y únicamente porque no podemos luchar por otros medios en este momento. No tenemos respeto alguno por la dictadura plutocrática actual.

Como hemos dicho el sistema plutocrático puede ser éticamente destruido por la violencia, al ser una dictadura violenta e hipócrita.

No hay ningún sentimiento de respeto o de ‘pacifismo’ frente al sistema, no tenemos ninguna cortapisa ética para destruirlo si pudiéramos por medios violentos, puesto que el sistema usa y se impone mediante la violencia y la tiranía.

No nos dejamos engañar por las apariencias legalistas ni por la trampa electoral, sabemos que son solo marionetas y señuelos, máscaras, del usurero y que detrás está su violencia y brutalidad absoluta cuando sea precisa para defender el poder de su oro.

Pero hoy en día, ahora y aquí, la lucha revolucionaria contra el Sistema pasa por aceptar una lucha no violenta. No es una decisión libre, es la única posible.

La lucha violenta contra el sistema es por ahora imposible y solo comporta una represión mayor contra todos, no solo contra los que han seguido la lucha violenta sino que recrudece las legislaciones contra los que tratan aun de sobrevivir en la lucha legal, ya de por si llena de dificultades legales.

Por tanto la lucha violenta es un error estratégico, es un problema para la lucha antisistema actualmente, pero además no solo es un error sino que es una traba para nuestra lucha y por tanto debemos explicar y tratar de convencer a los que no lo entienden así los problemas que nos causan y evidentemente distanciarnos de ellos en la lucha.

He hablado de lucha violenta, no de lucha ilegal. La legalidad no es más que una farsa en este tema, las prohibiciones contra el Nacionalsocialismo son una opresión, y cualquier medio para saltárselas es ético. No hay ética en las leyes democráticas contra el Nacionalsocialismo, solo hay opresión.

La lucha ilegal no violenta es perfectamente aceptable, aunque es preciso estar preparado para ello, pues sin esa preparación lo único que se consigue es quemar a los camaradas y generar problemas personales. Una lucha ilegal no violenta es una opción válida pero que exige una fuerte preparación y análisis de los medios a usar.