Tribus urbanas, un producto del Capitalismo: Anarquistas y fracasados con símbolos "NS"

La última de las tribus urbanas, los “skins”, son los herederos de los jóvenes sin destino y sin sentido que han ido creciendo al calor del mundo moderno, un mundo vacío y abocado a la autodestrucción, que ya no sabe donde situar las fronteras entre la niñez, la adolescencia y la madurez. Nacieron sin ideología definida del universo anglosajón, entre los últimos años de la década de los sesenta y los primeros de los setenta; querían recuperar la dureza originaria del Rock y extenderla al resto de la sociedad. Típico producto de nuestro tiempo de fin de siglo, los skin encarnan, mas que cualquier otra tribu rival, la confusión y el caos socio-cultural, la desintegración y la crisis del actual momento histórico. Ellos mismos son la postrer etapa del nihilismo que viene.

En la primavera de 1954 apareció el disco de Bill Haley titulado “Rok around the clok” que históricamente abre la "era del rock". Pero no sería unos pocos años más tarde cuando el disc-jockey Alan Freed bautizaría a esta corriente musical con el nombre con que hoy lo conocemos: rock & roll. Ritmo trepidante, sincopado, extático, agresivo, siempre se ha atribuido al rock un gran poder destructivo. Y todo induce a pensar que ciertamente es así. Ningún otro movimiento musical ha pagado tan caro su dinámica interior como el rock. Víctimas de la droga, el alcohol, los accidentes y la violencia; tres generaciones de rockeros han visto cómo sus más conocidos líderes morían uno tras otro presas de "la maldición del rock".

Alan Freed, la personalidad más influyente en la música americana de finales de los años 50, sería el primero en inaugurar la lista de víctimas del rock. Luego le seguirían docenas de líderes rockeros: Budy Holly, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Brian Jones, John Lenon, Sid Vicious, entre los más conocidos; pero hay docenas de víctimas entre los segundones...

Grupos como "Janus" en Italia, "Legion 88" en Francia, "Slayers" y "New Order" en Estados Unidos, "Ragnarók" en Alemania, veinte años después de que sonaran los primeros precursores, no habían hecho sino llegar a las últimas consecuencias lógicas del rock originario. Definían el "skin-rock". No hay nada en el skin-rock actual que no estuviera potencialmente contenido en las primeras canciones de Buddy Holly o Bill Haley.

No hay futuro.

Al compás de la música rock y paralelamente a ella fueron apareciendo tribus urbanas cada vez más agresivas. En un principio se preocuparon por establecer una "filosofía de la vida" y justificar sus comportamientos en novelas y relatos autobiográficos. Con el rock nació la "beat generation". Gracias a estos escritores vieron la luz las mejores páginas de la literatura americana de este siglo:

Kerouac, Vinsberg, Ferlinghetti, Borroughs... Cuando se perdió el impulso intelectual de los "beatniks", la agresividad el comportamiento violento y desesperado pasó a ser una actitud vital, no un razonamiento ideológico. Así se llegó a los "teddy boys" norteamericanos, los "halbstarken" alemanes, los "hooligans", que convirtieron alcohol, rock y violencia, en su nueva trinidad. Lo que había tras esta actitud no era sino un intento desesperado de cubrir el nihilismo mediante un "furor de vivir" y una actividad situada siempre en espacios límite. Con el cerebro oscurecido por el alcohol y después de horas de escuchar música sincopada, la agresividad contra el "enemigo tribal" (otros grupos de jóvenes, la familia, las instituciones, contra sí mismos) les ayudaba a olvidar lo vacío de sus vidas y lo desesperado de su situación ante una sociedad en la que no encontraban lugar. Se revelaban contra el Todo por que no tenía cabida en ese Todo.

El gran logro del movimiento skin - acaso su único valor - radica en que han sabido sintetizar en su lema "No hay futuro", un estado de ánimo hasta ellos impreciso. Los skins son hijos de la desesperanza, el producto de una frustración: la opción de quienes no se sienten "competitivos” ante las actuales exigencias de la sociedad y subliman su fustración en violencia. No son los únicos; frecuentemente, las otras tribus urbanas que tienen ante sí y con las que se miden a estacazos, otros tantos reflejos de la misma sensación de impotencia de una parte importante de la juventud.

Contraimagen del Hippismo

Los orígenes remotos del movimiento skin se sitúan en un momento impreciso entre 1969 y 1970 en el universo anglo sajón cuando aparecen conjuntos de música rock que intentan recuperar la dureza originaria de este estilo. Pero su reacción va más alla de la música. Nacen como respuesta al movimiento hippie que ya por entonces había iniciado su rápida decadencia. Los primeros skins eran "puros y duros", rechazaban el consumo de drogas psicodélicas que había caracterizado el hippismo; el pacicifismo fue sustituido por una beligerancia que frecuentemente les llevaba al uso de la violencia. Las sandalias se cambiaron por botas militares; las túnicas y las flores reemplazadas por jeans ajustados y uniformización. La svástica ocupó el lugar del signo pacifista. Y finalmente, como muestra de la antítesis deliberada con el hippismo, las largas melenas dejaron paso a un corte de pelo al cero.

El hippismo suponía un peldaño inferior en relación a la oleada anterior: el movimiento beatnik, la "beat generation". Si ésta mantenía aún un espíritu de revuelta y una beligerancia contra la sociedad (expresada en poemas electrizantes como el “Aullido” de Allen Ginsberg), el hippismo se refugiaba en sí mismo; en la práctica, rechazaba cualquier intento de cambiar la sociedad; más bien se aislaban de ella intentando crear comunas autosuficientes.

Con el movimiento skin volvió a renacer un espíritu de beligerancia y agresividad contra la sociedad, pero reducido a pura visceralidad: Inútil buscar ideologías entre los skins, no existen planteamientos ideológicos profundos, ni siquiera textos que puedan considerarse indiscutibles o significativos; la estética "nazi" se queda en mera estética, pero los skin ignoran lo esencial de lo que fue el "nazismo" y son incapaces de resumir sus planteamientos más allá del racismo. Por lo demás el hippismo tenía un proyecto alternativo - las comunas, la contracultura -, el movimiento skin, carece de cualquier propuesta positiva: Es un nihilismo apenas disimulado tras la litrona y el ruido ensordecedor de un rock áspero y durísimo.

Hoy, cuando la "pureza de los orígenes" se ha perdido, el movimiento skin ha demostrado su personalidad a todo tipo de toxicomanias: la cerveza unido a ciertas drogas - speed, cocaína, drogas de diseño - se ha convertido en el principal motor de su violencia. Los viejos "apóstoles" del movimiento skin se han dejado crecer el pelo e integrado en una vida más o menos convencional, o bien han terminado cayendo en el ámbito de la delincuencia. Y esto llama la atención ¿por qué la militancia en el movimiento skin es tan impermanente? ¿por qué sus miembros apenas duran unos meses en la tribu? Para entenderlo debemos hacer un viaje al mundo primitivo.

Los Ritos de tránsito

Las sociedades tradicionales establecieron siempre lo que se ha llamado “ritos de tránsito” para marcar el paso de la pubertad a la madurez. Hoy muchos de estos ritos siguen en vigor en las sociedades primitivas; y hasta no hace mucho quedaban residuos en la Europa industrial. Se sabe, por ejemplo, que los estudiantes alemanes, hasta la llegada del nazismo, conservaban la costumbre de desafiarse en duelo a espada y para ellos representaba un orgullo mostrar en su rostro a lo largo de toda su vida las cicatrices derivadas de estas luchas. Gracias a estos duelos podían entrar en las corporaciones estudiantiles, máximo orgullo de un joven alemán. Básicamente, lo que se pretendía era que, a través de una prueba de referencia, el adolescente y la sociedad, fueran capaces de establecer un "antes" y un "después": Antes de la prueba el sujeto era un niño; superada con éxito, se convertía en un hombre. Cada situación implicaba unos derechos y obligaciones diferentes y establecía rango social.

La antropología moderna ha rescatado y estudiado centenares de estos ritos de tránsito: Los Gisu de Uganda, por ejemplo, deben pasar por una ceremonia, el “bunyali”, en donde se trata de afirmar su carácter y personalidad; esto implica que deben superar ciertos obstáculos; si un joven fracasa, el oprobio le persigue durante años. Los jóvenes de la isla de Wogeo añaden una particularidad: su iniciación se realiza en fases perfectamente jerarquizadas, que implicaban acumulación de experiencias sucesivas y un nivel creciente de conocimientos.

Podríamos multiplicar los ejemplos. Estas ceremonias han ido desapareciendo en el Occidente civilizado: Ya no se sabe exactamente en qué momento se abandona la infancia y empieza la madurez. Los problemas derivados de todo esto resultan evidentes: jóvenes que no toman conciencia de su edad y se niegan a asumir responsabilidades, padres que tratarán siempre a sus hijos como adolescentes, aunque vayan camino de los treinta años, confusión sobre cuales son los deberes y derechos de cada etapa de la vida, etc. Esta falta de puntos de referencia es sustituida en ocasiones mediante sucedáneos que reconstruyen esa necesidad genética que tiene la naturaleza humana para conocer exactamente en qué punto de su maduración o desarrollo se encuentra el sujeto. Y esto enlaza perfectamente con la temática skin.

Mutilaciones rituales y aventura iniciatíca

Los ritos de paso culminan con dos episodios clave: La mutilación ritual y la aventura iniciática. Los Gisu circuncidan al sujeto, el cual debe mostrar valor y aplomo durante la operación realizada en vivo y con un instrumental primitivo. Otro tanto ocurre entre los Masa¡ y los Samburu.

En otros casos, la mutilación ritual consiste en practicar incisiones sobre la piel. Se impide la cicatrización normal de la herida mediante la aplicación de ungüentos y aceites; una vez sanada, la cicatriz resalta formando dibujos geométricos. Los tatuajes de los maoríes entran dentro del mismo contexto y son realizados en el curso de idénticos rituales de tránsito. Otras tribus, en el curso de estos ritos de paso se realizan incisiones en la nariz, insertando huesos o dientes de animales, queriendo asumir sus cualidades y potencialidades totémicas. A esta ceremonia sigue la aventura iniciática. En ocasiones es la cacería de un animal salvaje, en otras el robar algún objeto perteneciente a otra tribu, o quizá participar en algún combate singular; también la aventura puede tener lugar en grupo: los jóvenes que aspiran a ser admitidos como hombres en la tribu realizan la aventura de forma comunitaria; se les enseña así que forman parte de un grupo; frecuentemente están ligados por juramentos fraternos.

Siempre, tras la aventura coronada con éxito, se desborda la alegría y termina la ceremonia con un ágape ritual. Muy a menudo - caso de los Mau-Mau, de triste memoria durante la descolonización de Kenia - se recurre en alguna fase del ritual a la utilización de drogas o bebidas energentes. La agresividad en estos jóvenes se considera necesaria y, su ardoroso furor, imprescindible; sólo se enfatiza la necesidad de dominarse para el futuro. De esta irascibilidad extraerán fuerzas para coronar con éxito la aventura iniciática.

La Iniciación ritual "skinhead"

Todo esto recuerda extraordinariamente los ritos practicados por los skinheads. Cámbiese la mutilación ritual por el corte de pelo al cero, las incisiones en la piel por tatuajes; la aventura iniciática se ha transformado en pelea con otras tribus urbanas y en furor demostrado en los estadios por los hinchas de fútbol organizado en alguna "hermandad iniciática" (Boix Nois, Ultra-Sur, Brigadas Blanquiazules, que cuentan con una notable presencia skin). El ágape es sustituido por la litrona y las drogas extraídas de los hábitats naturales, por las sustancias estimulantes obtenidas de los traficantes urbanos. Los tambores y ritmos sincopados que acompañan siempre a estas ceremonias se ven reemplazados por el ruido ensordecedor de las discotecas.

Los jóvenes africanos y asiáticas que todavía siguen estos ritos, suelen utilizar signos externos que identifican su rango y situación: Determinadas pinturas, prendas, armas, distintivos, otro tanto ocurre con nuestras tribus urbanas: las botas "Doctor Martens", el signo de los "afrikaaners", la svástica, los jeans adecuados, el cinturón apropiado, la camisa negra, la "chupa" militar, todo ello define a un joven skin con la misma precisión con la que un baktaman guineano pinta sobre su piel distintos signos geométricos o adorna su carcaj con llamativas plumas de ave. Los Gisu, por su parte, reciben en esta ceremonia un arma para que prueben su valor: si logran mostrar su aplomo tendrán el derecho de portar armas. Probablemente lucirán su arma con el mismo orgullo que un skin muestra su puño metálico o luce un bate de beisbol.

Todo esto explica también por qué la permanencia de un joven en el movimiento skin tiene poca duración y por qué todos estos grupos tienen gran movilidad entre sus miembros: realizada la aventura iniciática, consumado el rito del corte de pelo, experimentada una sensación diferente a la adolescencia, confirmada su aspiración de sentirse y saberse hombres, la ceremonia termina y comienza otra etapa en la vida...

Productos del tiempo nuevo

El movimiento skin es un movimiento maldito. Ellos mismos gustan hacer un culto de la fealdad y la violencia, presentarse como arquetipos de la brutalidad e incluso de la maldad. Si algunos de ellos tienden a identificarse con el "nazismo" es porque perciben en él algo tan maldito como ellos: El grado máximo de lo aborrecible.

Su opinión política - si es que así puede llamarse - no tiene nada de profundo, ni meditado: es pura visceralidad, ausencia de ideología, pose, actitud vital; hoy quieren entronar con el "nazismo", mañana probablemente se identifiquen con los "chetcniks" servios de Milosevic, o con las "milicias" patrióticas norteamericanas; ya hoy en los países del Este glorifican a Stalin: Y no vale decir que "todo es lo mismo"; hay entre cada una de estas opciones políticas suficientes matices diferentes como para saber que estamos hablando de cosas muy diversas, su único común denominador es el miedo que provocan en las buenas gentes, el rechazo de los que tienen un lugar en la sociedad y no en sus márgenes.

Los skins son un producto del tiempo nuevo; encarnan, más que cualquier otra tribu rival, la confusión y el caos sociocultural, la desintegración y la crisis de nuestro momento histórico. Los skins responden a la necesidad colectiva de encontrar referentes comunes y reconocerse en ellas, establecer ceremonias y ritos que afirmen la propia identidad y establezcan nítidamente quienes son los "amigos", los "propios", los miembros del clan, en contraposición a "los otros". En los usos y costumbres skins, existe un transfondo que recuerda los ritos primitivos; pero junto a esto queda implícito el "poder destructor del rock", la marginalidad y la ausencia de una verdadera "sabiduría" que en los ritos antiguos deriva de "los ancianos de la tribu".

La velocidad con que discurre la vida en el Occidente moderno ha roto la continuidad generacional; la transmisión de conocimientos de una a otra generación se ha interrumpido: el mundo de hoy es tan diferente del de hace solo diez años, que resulta imposible seguir el paso de los cambios. El joven skin - como cualquier otra tribu urbana - está pues aislado, sólo se tiene a sí mismo y a su tribu. Los ancianos kikuyus de Kenia llevaban a los labios del joven iniciado una copa y le decían "...haz de ella una copa de amor y bébela toda". A partir de entonces saben que deben dominar su furor: son hombres. Ojalá Occidente pueda hacer algún día otro tanto con sus jóvenes más agresivos.

Revista “Próximo Milenio”, nº 27, Septiembre 1995.
Extraído del Foro NacionalSocialista Ortodoxo, aunque el artículo está algo desviado. (Dicha "tribu urbana" no tiene nada que ver con la doctrina, es un producto del "Novus Ordo Seclorum", es decir, hijos del Nuevo Orden Mundial).