Significado y Consecuencias de la Ley Racial (Gottfried Feder)

La importancia de la ley racial es extraordinaria. "Lo que ninguna ley de protección de la raza, de la Antigüedad ni de los tiempos modernos, logró, se logró aquí: Un pueblo por cierto numéricamente significativo (tres o cuatro millones, incluyendo a los judíos de Babilonia y de Egipto) se encerró en conjunto para todos los tiempos como un ente especial, evitando de este modo que componentes racialmente extraños penetraran en mayor medida". La consecuencia de la delimitación de los judíos por medio de la ley racial es que los judíos son más que un pueblo: Han llegado a constituir una familia, y, más exactamente, una familia endogámica. "Retrocediendo hasta Esdras hay que contar setenta hasta cien generaciones, para lo cual se tuvo en cuenta que al judío le es permitido casarse a los trece años, debiendo estar casado a los dieciocho. Se sucedían por consiguiente las generaciones más rápidamente que entre los alemanes. Esto es causa de una endogamia tan pronunciada como no existe en ningún otro grupo social, ni siquiera en las familias reinantes. Pues, si cada judío debiera tener ascendientes separados, tendría que haber habido hacia 430 a.C., trillones de judíos. Como este no fue el caso, no solamente los ascendientes de aquella época deben coincidir hasta una parte diminuta, y cada judío estar emparentado estrechamente con otro judío en un 99,9 %, sino que cada antecesor está presente en cada uno muchas miles de veces, actuando con fuerza multiplicada en igual medida. La fuerza de actualización de todo cruzamiento consanguíneo de esa índole es tan extraordinaria, que hubo judíos que pudieron sostener que hasta en la décima generación el descendiente de un judío particular sea judío total. Casos de atavismo del tipo pronunciadamente judío se producen en algunos casos efectivamente hasta en la cuarta o quinta generación. Esto explica también la gran semejanza familiar de los judíos por mayor que sea la diferencia en la coloración, la figura y la fisonomía. Los judíos no constituyen una raza, pero sí una familia endogámica (A raíz de que el pueblo judío es el producto de un mestizaje, el autor (siguiendo a Günther) rehusa calificarlo como raza). En ello reside una parte esencial de su fuerza. Pero dado que las partes componentes de la mezcla difieren muy ampliamente entre sí, se originan en cada individuo y en la totalidad, inevitablemente las más graves discordancias. Todos aquellos fenómenos que provocan desde afuera la lucha de tan numerosos grupos contra ellos, unido a este hecho deben llegar a constituir necesariamente la causa de su hundimiento." (Judíos y Alemanes, página 23).

Especialmente instructivo en lo que respecta a las consecuencias de la mestización es el ejemplo de los griegos, quienes, en la época en que dieron al mundo los poemas homéricos, a Esquilo, Sófocles, Eurípides, Aristófanes, un Fidías y un Praxiteles, los grandes filósofos, Platón y Aristóteles ante todo, los grandes historiógrafos, investigadores de la naturaleza, matemáticos y todos los eximios estrategas y estadistas, que para nosotros aún hoy tienen vida, se designaban con orgullo como "de elevada estatura, blancos y rubios" (megaloi, leukoi, xanthoi), pero que en la actualidad son un pueblo drávída de coloración parda obscura. Precisamente estos griegos trataron, poco antes de Esdras y Nehemías, de introducir una ley racial semejante. Fue el mismo Pericles quien promulgó en Atenas, en el año 451 a.C., la ley que establecía que sólo podía ser ciudadano pleno aquel que de parte del padre y de la madre fuera un hombre libre ático. Como esta ley al principio fue realmente utilizada, eso lo comprobamos por los discursos de Isócrates: Durante una hambruna había arribado cereal proveniente de la ciudad amiga de Cirene para los atenienses de linaje puro, y en esa ocasión algunos se esforzaron por obtener una cuota que según la ley no les correspondía, y trataron de lograrla por la vía jurídica. Pero Atenas no se mantuvo firme. Como en la batalla sangrienta de Queronea contra Filipo de Macedonia habían caído miles de ciudadanos atenienses (338 a.C.), se decidió incorporar cerca de 20.000 ciudadanos de 2da. clase al estamento y a la comunidad sanguínea de los ciudadanos plenos. De este modo la ley racial existió entre los griegos y únicamente en el grupo pequeño aunque sumamente valioso de los atenienses, sólo un poco más de un siglo. Lo que Atenas produce en la época posterior no alcanza ni en lo más mínimo a sus creaciones y acciones durante la época de su pureza de raza.

Otros centros espirituales se forman, así en Pérgamo, ante todo en la Alejandría egipcia fundada por Alejandro el Grande, y bien pronto aventajan a Atenas, donde la Academia, que se remonta a Platón, consigue a duras penas conservar algún prestigio. El dominio de Atenas lo detentan primero los macedonios, luego los romanos. El centro político llega a constituirlo Bizancio -Constantinopla, con su afluencia siempre renovada de arios, ilirios, eslavos, y hasta escandinavos. La Grecia propiamente dicha, desde que el eslavo Justiniano hasta cerró también la Academia, se vuelve insignificante para la cultura mundial, y constituye para la historia mundial únicamente un objeto, nunca más un sujeto. Por el hecho que los judíos son una familia endogámica, la más estrecha en absoluto que existe, se explica que los judíos, como hermanos, saben mucho mejor cómo favorecer a sus hermanos, que cualquier otro grupo no-judío. Todos los judíos están unidos entre sí; en un caso de apremio, todos apoyan a aquel que se halla acosado. Y abogan por su causa tanto con su astucia como con el poder brutal de su dinero. Hasta muchos criminales judíos son sustraídos a la justa pena mediante ese proceder. Pero a ello se opone que los judíos, precisamente como una familia endogámica surgida de partes constitutivas fuertemente discrepantes entre si sufren de las más graves incongruencias físicas y anímico-espirituales. En la mencionada serie de artículos Judíos y Alemanes se halla desarrollado este punto por primera vez (página 86 y siguente): "Las incongruencias raciales provocan entre los judíos un porcentaje extraordinariamente elevado de defectuosos y achacosos. Las malformaciones son sumamente frecuentes jorobados, torcidos, rengos, lisiados típicos, en lo espiritual deficientes de todas las especies, desde los exaltados hasta los imbéciles. La neurastenia es una enfermedad tan típicamente judía, que durante la guerra, en el ejército imperial y real (austríaco) a menudo se consideraba a todos los judíos como neurasténicos y a cada neurasténico como judío. Existe entre los judíos, sobre todo los del ambiente cultural, una gran tendencia a las enfermedades mentales. Igualmente grande es la tendencia al suicidio, a pesar de que el judío - todos aquellos con incongruencias de razas lo son - es considerado como miedoso, hasta como cobarde. Aquel que sin miramientos aprovechaba todas las posibilidades de ganancia que se le ofrecían, que quizás ya hubo dejado tras de sí diez arreglos ventajosos, pone fin de repente a su vida." En lo puramente corporal se observa en los judíos una especial tendencia a la obesidad, a las enfermedades de la nutrición, diabetes, hemorroides y prolapso rectal, que los convocados al servicio militar en Galicia provocaban sin más artificialmente a fin de resultar ineptos militarmente, de las hernias, que en ellos son tanto más notables por cuanto no son provocadas por el levantamiento de cargas pesadas o por esfuerzos exagerados de otra índole - pues cierto es que casi en ninguna parte el judío realiza los trabajos que requieren fuerza -, además, la frecuencia de todas las enfermedades de las arterias, en especial de la arteriosclerosis, que precozmente trae consigo várices y ataques de apoplejía. Las incongruencias internas del cuerpo y del espíritu se evidencian en las costumbres de la vida. En cierto nivel, el judío deviene en más de ochenta de cada cien casos, un sibarita. La comida ocupa el primer plano, pero tampoco faltan las bebidas fuertes. Sin incongruencias raciales no se vuelve uno glotón. Enteramente desenfrenada es la vida de los instintos, que las pesadas comidas y las fuertes bebidas excitan más aún. Las mujeres extienden su "vida amorosa" hasta la edad de la Ninon de Lenclos; abuela, madre e hija coquetean en el mismo salón. Pueblo agudamente desvergonzado, exige la libertad para la satisfacción sin limite del instinto en el hombre y la mujer, incita mediante escritos e imágenes la lascivia, en sí mismo y en los no-judíos defiende los crímenes más atroces cuando son cometidos por lujuria, trata de violar y modificar las leyes en ese sentido, desencadena, donde llega a ejercer el poder total, - como en el bolchevismo ruso -, un frenético bacanal, a cuyo remolino hace entrar todo lo que existe, hasta los niños de diez años. Un similar desenfreno como en lo sexual puede comprobarse en una gran parte de la judería en el ámbito comercial, que en este caso avanza profundamente en los terrenos del arte, de la ciencia y de la vida estatal. En este campo, los judíos, desde los tiempos de los romanos, preferentemente comerciantes e intermediarios, han tenido desde siempre mucho menos escrúpulos que los no-judíos. Ante todo hacen el distingo entre el judío y el no-judío (goim, akum) considerando permitido tratándose de éste, muchos procederes que para los demás son delitos o actos indecorosos. Los judíos pudieron considerarse en Palestina superiores a todos los no-judíos que habitaban allí o en los alrededores. Ya en tiempos de Tito poseían una ética utilitaria, mercantilista. Su "habilidad" comercial se basaba - como hoy - en los negocios turbios. En ese tiempo ya tenían una bien ganada fama de especuladores y usureros.

Pero a pesar de que se descubrió muy a menudo su juego, no desistían de él. Desde aquella época el judío es considerado en todas partes como hábil pero deshonesto comerciante. Bajo circunstancias duras tuvo que adaptarse a las costumbres generales, pero en cuanto las condiciones se volvían favorables, era nuevamente el perseguidor inescrupuloso del lucro, y pronto supo, muy astutamente, provocar él mismo aquella fluctuación, a fin de llevar a cabo, en medio de tales disturbios, sus actos de rapiña. Todo esto alcanzó una cima propiamente vertiginosa en la época de la Guerra Mundial y en el tiempo de postguerra. En la contrapartida de la sexualidad desenfrenada, la rapacidad, es tan insaciable como el libertinaje; se acrecienta cada vez más por propio impulso de igual manera, vive en una verdadera embriaguez, teniendo como meta cercana la reducción de todos los no-judíos a una total servidumbre, a la esclavitud de los amos judíos que podrían vivir exclusivamente para embolsar las tasas del trabajo compulsivo y para el placer. El futuro parece así tan asegurado para el judío que excluye toda posibilidad negativa. Donde ellas se produjeron - debido a repentinas pérdidas -, tuvieron lugar entonces epidemias de suicidios. Esto, como aquello, es expresión de la más grave inferioridad espiritual. A estas explicaciones, que traducen el punto de vista del especialista en ciencias naturales, debe agregarse además que precisamente estas disposiciones están establecidas en forma inconmovible, que ninguna agua bendita de bautismo puede por consiguiente anular, así como tampoco la "aceptación" de la cultura occidental misma. El mimetismo de los judíos, al que por lo demás tanto se apela, queda reducido a la nada frente a este enfoque científico-natural, mientras que al no informado lo engaña demasiado fácilmente. Y todo aquel que se compenetre de tales consideraciones científicas, comprobará en todos los casos que al judío nada le resulta más penoso, nada lo desconcierta más que este claro conocimiento de sus peculiaridades raciales. Se siente expuesto en su intimidad a los ojos de los demás, "reconocido". Mucho más le conviene el odio superficial que carece de juicios científicos, que no lo "reconocen". En tal caso siempre le será posible reírse para sus adentros del tonto akum aun cuando tal vez su vehemencia le sea personalmente desagradable, y puede tener la esperanza de obligar a pesar de todo, finalmente, al tonto akum precisamente porque es "tonto", a someterse a su voluntad, con ardides o por la fuerza: Frente a aquél que lo "reconoce" siente que sus triquiñuelas más astutas son anuladas. La separación por cría consanguínea de los judíos a partir de Esdras y Nehemías, aproximadamente 430 años a.C., es decir desde hace más de dos mil años (60 hasta 100 generaciones), ha traído como consecuencia la diferenciación de los judíos de los demás pueblos del mundo. Esto a su vez constituye la razón más profunda de la repulsa hacia los judíos del antisemitismo dirigido únicamente contra ellos y no contra otros pueblos semitas como los árabes y los abisinios.