Las Órdenes del NacionalSocialismo

1) El Movimiento Nacionalsocialista creó las Órdenes Hitlerianas, según la concepción de la jerarquía en el Nacionalsocialismo. Estas escuelas estaban abiertas a miembros que hubieran dado pruebas de su adhesión al partido, ofreciendo un historial de más de cuatro años de antigüedad a la SA, la SS o en las filas de la Juventud Hitleriana.

Los Ordensburg, o burgos de la Orden, eran tres en total: Había, sucesivamente, Crossinsee (en Prusia Oriental), Vogelsang (en Renania) y Sonthofen (en Baviera). Estos burgos o villas germánicos, que tenían tanto de castillo fortificado como de monasterio medieval, hacían pensar en el Krak de los Caballeros (recinto fortificado de Siria de tiempos de las cruzadas), tan importante era su arquitectura. El marco había sido cuidadosamente elegido, y esas tres construcciones se elevaban en medio de un paisaje de landas y de bosques.

La dirección de estos burgos dependía del NSDAP, es decir, el partido Nacional Socialista, y no de la SS; sin embargo esta enviaba allí profesores y alumnos para que perfeccionaran su formación política y espiritual. De hecho, entre el millar de hombres que anualmente salieron del ciclo de los tres Ordensburg no había más que SS.

Es interesante señalar que cada uno de estos tres burgos estaba especializado en una actividad muy particular, puesto que de estos tres establecimientos debía surgir una Orden llamada a tomar el relevo del Partido.

A partir de 1938, además de estos tres burgos, la formación de la Waffen SS, estaba garantizada por una escuela militar, cuatro escuelas técnicas destinadas más concretamente a la formación de especialistas de la información militar (en Torgau, a orillas del rio Elba), de contraespionaje interior y exterior (Bernau, cerca de Berlín), de la Gestapo y de los comandos (Friedensthal), y por fin, de oficiales de Estado Mayor.

En conclusión, los oficiales superiores SS, y sólo ellos, completaban su formación intelectual y política en el marco de estos tres Ordensburg: A partir de 1940 debían, por otra parte, representar la totalidad del efectivo de los burgos, es decir, cinco promociones.

Los Ordensburg dependían de un ciclo común de estudios, del cual eran sus tres eslabones. La especialización de cada uno era la siguiente:

Crossinsee incidía en el entrenamiento físico y militar, Vogelsang en la preparación en el terreno político y espiritual y finalmente, Sonthofen en la formación profesional superior, a saber, la preparación para las carreras políticas, diplomáticas y militares.

En Crossinsee se iniciaba el ciclo de enseñanza de los que serían futuros líderes de Alemania. En esta villa de Prusia Oriental, los alumnos desarrollaban especialmente la resistencia física y el carácter. El deporte empezaba en cuanto los internos se levantaban, a las seis de la mañana, y se proseguía durante toda la jornada bajo las formas más diversas; una dura formación propiamente militar alternaba con estos ejercicios físicos.

A su vez, se enseñaba a los alumnos “urbanidad”, esto es, comedimiento, atención y buen modo, ayudándoles a perfeccionarse en su forma de desenvolverse ante los demás, su postura, su educación y en definitiva las normas de convivencia para las diversas actividades sociales que la vida comporta.

Se realizaban conferencias y seminarios sobre métodos de acción, siendo el objetivo que guiaba esta primera formación, la liberación de todas las convenciones burguesas decadentes.

La enseñanza que se daba en Sonthofen repudiaba lo superfluo y se contentaba con formar los hombres políticos y los diplomáticos. En esta villa bávara, cada pensionista se perfeccionaba en la educación particular para la que había optado: Político, diplomático, carrera de armas.

En Vogelsang, se procedía a la educación política y espiritual de los Schlungsant-SS, es decir, de los educadores pertenecientes al personal de este cuerpo. A partir de 1940 formará la parte esencial del cuerpo de profesores. “Mein Kampf” era la base de la enseñanza política. Además se enseñaban ciencias políticas, administración, historia, biología y economía, con primacía de lo político sobre lo económico.

La historia abarcaba un vasto programa, que se iniciaba con la leyenda de Hiperbórea y se proseguía con el estudio del mundo antiguo, la Edad Media y se terminaba en el período contemporáneo con la historia del movimiento Nacional Socialista. El estudio de la historia se comprendía particularmente en el estudio de las obras de Gobineau, H. S. Chamberlain y Alfred Rosenberg.

Al respecto de la formación que recibían los jóvenes, es interesante destacar lo que Adolf Hitler dice en “Mi Lucha” (Volumen II, Capítulo 2: El Estado), ya que nos sitúa en cuales eran las prioridades Nacionalsocialistas a la hora de la educación de la juventud alemana:

"Si consideramos como el primer deber del estado la conservación, el cuidado y el desarrollo de nuestros mejores elementos raciales, para el servicio y por el bien de la nacionalidad, lógico es, pues, que ese celo protector no acabe con el nacimiento del pequeño congénere, sino que el estado tiene que hacer de él un elemento valioso, digno de reproducirse después.

Debido a que la condición esencial para la capacidad de realizaciones espirituales es la virtud racial, la educación debe tener en mira, en primer lugar el perfeccionamiento físico, porque es en los individuos sanos y fuertes donde se encuentra la mayor capacidad intelectual.

No desmiente nada esa verdad el hecho de que muchos genios son físicamente malformados y hasta, incluso, enfermos. Se trata, en estos casos, de excepciones, que apenas confirman la regla general. Si la masa de un pueblo está compuesta de degenerados físicos, muy raramente surgirá de ese pantano un espíritu realmente grande."


2) De su comportamiento no es lícito, en ningún caso, esperar gran cosa. Esa masa inferior, o no lo entenderá en absoluto, o será tan débil de voluntad que no logrará acompañar al genio en sus altos vuelos.

Fundándose en esta convicción, el estado racista no limita su misión educadora a la mera tarea de insuflar conocimientos del saber humano. No, su objetivo consiste en primer término, en formar hombres físicamente sanos. En segundo plano está el desarrollo de las facultades mentales y aquí, a su vez en lugar preferente, la educación del carácter y, sobre todo, el fomento de la fuerza de la voluntad y de decisión, habituando al educado a asumir gustoso la responsabilidad de sus actos.

Sólo después de todo esto viene la instrucción científica.

El Estado Racista debe partir del punto de vista de que un hombre si bien de instrucción modesta, pero de cuerpo sano y de carácter firme, rebosante de voluntad y de espíritu de acción, vale más para la comunidad del pueblo que un superintelectual enclenque.

Un pueblo de sabios, físicamente degenerados, se vuelve débil de voluntad y se transforma en un hato de pacifistas cobardes que nunca realizará grandes hazañas y ni incluso podrá asegurarse la existencia en la tierra.

Lo que hizo imperecedero el ideal de la belleza griega fue la armonía entre la perfección física, espiritual y moral.
El refrán popular, según el cual “la felicidad, a fin de cuentas, se reserva siempre a los más capaces”, también se puede aplicar a la armonía que debe existir entre el cuerpo y el espíritu.

El espíritu sano generalmente coincide con el cuerpo sano.

Por tanto, el perfeccionamiento físico no constituye en el estado racista una cuestión individual, ni mucho menos algo que incumbe en primer lugar a los padres, interesando a la comunidad sólo en segundo o tercer término, sino que es una necesidad de la conservación nacional representada y garantizada por el estado.

La labor educativa del estado deberá estar organizada de tal suerte que el cuerpo del niño sea tratado convenientemente desde la primera infancia, para que así adquiera el temple físico necesario al desarrollo de su vida. Sobre todo, velará porque no se forme una generación de sedentarios.

Este trabajo de educación y asistencia debe ser iniciado por las madres.

Fue un craso error tener hoy, incluso en el programa de las escuelas de grado medio, reservadas a la gimnasia solamente dos horas por semana, y esto incluso sin carácter obligatorio.

No debería transcurrir un sólo día sin que el adolescente deje de consagrarse, por lo menos durante una hora por la mañana y durante otra por la tarde, al entrenamiento de su cuerpo mediante deportes y ejercicios gimnásticos.

En particular no puede prescindirse de un deporte que, justamente ante los ojos de muchos que se dicen “racistas”, es rudo e indigno: El pugilato. Es increíble cuán erróneas son las opiniones difundidas a este respecto en las esferas “cultas”, donde se considera natural y honorable que el joven aprenda esgrima y practique con espada, en tanto que al boxeo se lo conceptúa como rudo.

¿Y por qué?. No existe deporte alguno que fomente como éste el espíritu de ataque y la facultad de rápida decisión, haciendo que el cuerpo adquiera la flexibilidad del acero. No es más brutal que dos jóvenes diluciden un altercado con los puños que con una lámina de aguzado acero.

Tampoco es menos noble que un hombre agredido se defienda de su agresor con los puños en vez de huir para apelar a la policía. Antes que nada, el muchacho sano debe aprender a soportar golpes. Eso, a los ojos de nuestros “luchadores intelectuales”, puede parecer salvaje.

Pero un estado nacionalista no tiene por misión fundar una colonia de estetas pacifistas o de degenerados físicos. El tipo humano ideal que busca el estado racista no está representado por el pequeño moralista burgués o la solterona virtuosa, sino por la retemplada encarnación de la energía viril y por mujeres capaces de dar a luz verdaderos hombres.

Es así como el deporte no sólo está destinado a hacer del individuo un hombre fuerte, diestro y audaz, sino también a endurecerle y enseñarle a soportar inclemencias.
En un estado nacionalista, el ejército no existe sólo para enseñar al hombre a desfilar o para otros ejercicios militares, sino que debe ser la más alta escuela de la educación nacional.

Naturalmente que el joven recluta debe aprender a manejar las armas, pero al mismo tiempo debe ser preparado para la vida futura. El objetivo principal de la instrucción militar tendrá que ser, empero, el mismo que otrora constituyera el mayor mérito del antiguo ejército: El lograr que esa escuela haga del joven un hombre; allí no solamente aprenderá a obedecer, sino a adquirir, asímismo, las condiciones que lo capaciten para poder mandar un día. Deberá aprender a callar no sólo cuando se le reprenda con razón, sino también (si es necesario) en el caso inverso.

3) Cumplido el servicio militar, dos documentos deben extendérsele: 1º, su diploma de ciudadano, como título jurídico que lo habilite para ejercer en adelante una actividad pública; 2º, su certificado de salubridad, como testimonio de sanidad corporal para el matrimonio.

El estado racista puede orientar la educación de la muchacha, análogamente al procedimiento que se emplea con el muchacho, partiendo de puntos de vista iguales. También en este caso tiene que recaer la atención ante todo sobre el entrenamiento físico y sólo después sobre el fomento de las facultades morales y, por último, de las intelectuales. La finalidad de la educación femenina es, inmutablemente, formar a la futura madre.

Alphonse de Chateaubriant, visitó en los años treinta el Ordensburg de Vogelsang, quedando agradablemente impresionado. Podemos leer en un texto suyo de la época cómo el reportero se refiere al comedor del burgo y a la bella armonía “perfecta” en la que este se halla presentado y decorado:

“Toda esta blancura se debe a la repetición de un millar de cubiertos inmaculados, cada uno con su impecable servilleta, dispuesta como una flor, al mismo tiempo que, cerca de cada copa en su jarrón de cristal, descansa en su vasta plenitud floral una gran margarita reina, brillante y lustrosa, que difunde sus rayos blancos, como una obra maestra salida del divino taller de los magos Meissen…"

“Vosotros que, por intermedio de una somera lectura, recibiréis la impresión atenuada, pero sin embargo, auténtica, de este hecho singular, no tengáis ninguna duda: una blancura tan franca y pura y una expansión floral tan notable practicada por este millar de jóvenes, mañana los conductores de un pueblo, dice mucho en esta hora de suciedad sobre el valor de la sangre y el alma aportado por estos hombres que se levantan para ser una fuerza inquebrantable. Dice mucho sobre lo que se elabora en el alma de los germanos, sobre lo que quieren salvar de sí mismos en sí mismos, extirpando los aspectos demoníacos de los humanos que, antaño merecieron o provocaron el diluvio. Dice mucho sobre lo que representó en el alma germánica la continuidad de esta flor de pureza que han proclamado los mitos de su raza."

“Ante esta blancura perfecta, en el seno de la cual se han reunido estos mil jóvenes caballeros de Vogelsang, no puedo evitar de pensar en el alma de Lohengrin y de Parsifal, descubrir entre estas dos purezas una relación de fidelidad milenaria y descendencia indestructible, ver que, a través de la misma sangre, la pureza de la leyenda y la pureza del hombre nuevo se sostienen juntas en la misma rama del árbol de Dios."