El Rex (Christus Rex)




Forzosamente, no podemos hablar de Rex, sin hacer referencia a su caudillo León Degrelle, porque sin duda alguna, el triunfo de este movimiento Nacional Revolucionario belga, obedece a la avasalladora personalidad del que fue su jefe que, con su entrega apasionada a la lucha, arrastró tras de si al pueblo belga que supo ver en él al hombre honesto, al soldado valeroso y fiel, al hombre idealista y místico que dedicaría su vida entera a la salvación de Europa.

Nace León Degrelle en el seno de una familia numerosa medio burguesa en la pequeña aldea de Bouillon el 15 de junio de 1906. Cursa los estudios primarios en el colegio de los jesuitas de Namur. Su infancia y juventud transcurren con toda normalidad, aunque muy joven despierta ya en él cierta inquietud por la literatura, la religión, la justicia social..., inquietudes que le impulsarán a matricularse en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de Lovaina en 1925, publicar su obra "Jeunes Plumes et Vieilles Barbes de Belgique" en julio de 1928 y a debutar en el periodismo colaborando asiduamente a partir de Noviembre de 1929, en el diario "Le Vengtieme siecle".

Luchador infatigable y seguro de si mismo, se embarca en 1930 en la aventura de dirigir la editorial de Acción Católica Rex (de Christus Rex), que en 1933 pasaría a ser de su propiedad, y de la que nacería el semanario Rex que alcanzará en poco tiempo gran difusión en todo el país y que, a su vez se convertirá en el punto de partida del movimiento Rexista. Dentro de esta editorial fundará "Foyer" revista para la familia; "Soirees" revista de actualidad de las letras "Rex" revista literaria de categoría, y finalmente "Vlan" su primera publicación política, de cuyo equipo inicial ocuparán puestos en el Partido sus fieles colaboradores Victor Matthys y Jean Dennis.
La actividad editorial sigue proporcionando gran resonancia al Rexismo, y éste no desaprovecha el momento propicio en el que se encuentra, lanzando el 3 de mayo de 1936 la edición del diario "Pays Reel" de difusión nacional y poco más tarde el periódico "Nieuwe Staat" su homónimo en versión flamenca.
En enero de 1934, l´Action Catholique de la Leunesse Belge se separa del Rex. Por estas fechas, Degrelle emprende su batalla dialéctica, interviniendo en el turno de "ruegos y preguntas" en cuantos mítines organizan los partidos marxistas. Si ya era conocido por sus directos y osados artículos en la prensa, ahora, el pueblo belga tiene ocasión de hacerlo personalmente asistiendo a los enfrentamientos orales con sus oponentes políticos. Dotado de gran facilidad de palabra, mordaz, hiriente, claro en su exposición, su distinguido porte y sus elegantes ademanes conmueven al pueblo belga que le sigue apasionadamente en los mítines que celebra con asiduidad, ya apartir de 1935.

Ultra católico, no duda en arremeter públicamente contra el propio Partido Católico y, en especial, contra su Ministro de Estado Paul Segers; se querella contra la Banca Boerenbond por sus sucios negocios; y también contra el Partido Socialista, al que tilda de aburguesado y marxista, lanzando un ataque despiadado contra el Banco del Trabajo que perjudica las economias de los obreros socialistas que le confían sus ahorros.
Como consecuencia de los ataques contra el Partido Católico, el 20 de Noviembre de 1935 por Decreto Episcopal, el Cardenal Van Roey pide a los sacerdotes que no participen en las actividades de Rex y el 21 de Febrero de 1936, se anuncia la ruptura definitiva del Partido Católico con el Rex, condena que corroborará definitivamente Van Roey el 9 de abril de 1937, prohibiendo a los católicos que voten al Rex, e incluso que acudan a las urnas. Degrelle en sus numerosos mítines arenga al pueblo belga para que se una a las filas del Rex, exponiendo su programa que se basa fundamentalmente en los siguientes puntos:

- Potenciación de las virtudes humanas: La dignidad de la persona y la solidaridad de los hombres entre si.
- Potenciación y desarrollo de la vida espiritual del hombre.
- Lucha contra la degeneración a todos los niveles, tanto política como socialmente.
- Estabilidad y unidad.
- Gusto por el trabajo bien hecho.
- Orden.
- Sentido de la Patria.
- Justicia Social.
- Fomento de las grandes virtudes: Honor, Obediencia, Caridad, Responsabilidad, Sentido del Deber, Disciplina...
- Logro del Bien Común.
- Gobierno fuerte.
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Fomento de la familia.
- Respeto para la mujer y la madre.
- Prestigio de las elites naturales.
- Jerarquía.
- Defensa del regionalismo.

Degrelle no se cansa de decir que el Rex es un movimiento espiritual, que no pretende explotar al hombre, sino que aspirar a salvar el país: Afirma que es un movimiento popular nacional que lucha para conseguir la paz social, lingüística y religiosa. Dada la existencia en Bélgica de las comunidades Wallona y Flamenca, el Rexismo concede vital importancia a aclarar su postura respecto al problema del regionalismo. Desea que ambas comunidades puedan desarrollarse libremente dentro de un Estado Federal. Su defensa del regionalismo se basa en la afirmación de que la región es la riqueza moral y espiritual fundamentales de un país, pero cada una de sus regiones, con su cultura, civilización y lengua, no puede vivir sin la confraternidad, necesitando, por consiguiente, cada región de la otra para su supervivencia. Para Rex, la región es la Patria de verdad, es allí donde se ha nacido, donde se ha formado y donde el hombre se ha enriquecido espiritualmente. Degrelle, lo mismo que el Nacional Socialismo, aspira a conseguir la Gran Unidad Europea que se logrará contando con la autoridad popular de un jefe que represente el interés general, y con la inestimable cooperación ciudadana que pondrá de su parte la fe, el ideal y la pasión social, que permitirán recobrar a cada etnia su propia personalidad y establecer la Gran Unión fraternal de todos los hombres de Raza Aria.
Plenamente introducido en la lucha política, participa en las elecciones legislativas de 24 de mayo de 1936, obteniendo 271.491 votos, que representan un 11,49 por ciento de votos a su favor.
Por esta época y llevado por sus inquietudes espirituales, Degreile escribe el que él mismo considera su libro más importante "La Revolución de las Almas", al que seguirá más tarde, y dentro de la misma línea "Almas ardiendo". En ambas obras se nos aparece un Degrelle profundamente sensible y religioso, optimista y tierno, un hombre que cree en la transformación espiritual del ser humano, un hombre que se rebela contra el materialismo, un idealista dotado de un elevado sentido poético que canta a la mujer y a la madre, a la infancia, a su inocencia, a su ingenuidad y sencillez de corazón que equipara a la limpia mirada de los animales; que enaltece a Dios confesándole su profunda fe y su arrepentimiento par no haber obrado en consecuencia con su Bondad infinita..., produciendo en el lector una reacción que contrasta grandemente con la visión que normalmente se tiene del hombre político actual, que no se preocupa en absoluto de esos valores espirituales que tanto enaltecen al ser humano y que lo alejan, afortunadamente, de lo puramente material.

A partir de 1936, se suceden los mítines y Congresos multitudinarios. Se firma el 8 de octubre de 1936 un acuerdo entre Rex y el Movimiento Nacionalista Flamenco Vlaamsch National Verbund, y en las elecciones legislativas es cada vez mayor el número de diputados que el Rexismo coloca tanto en la Cámara Alta como en el Senado. Sin embargo, el 10 de mayo de 1940 Bélgica es invadida, y con ello, se irá a pique la organización que Rex planeaba para reconstruir espiritual y materialmente su país. Degrelle, que a la sazón era diputado, es detenido, sin que le sirva para nada la inmunidad diplomática de que es acreedor en razón de su cargo. Conducido y tratado en condiciones infrahumanas al campo de Vernet (Pirineos Orientales Franceses), se salva milagrosamente de la muerte siendo liberado el 22 de julio de 1940, a petición del Mariscal Pétain.

El 8 de Agosto de 1941, Degrelle parte hacia el Frente del Este como simple Soldado raso, con el primer contingente de la Legión Wallonie. A pesar de que el propio Degrelle confiesa que la guerra era inútil y que no la quería por ser una guerra civil europea en la que no se podía ganar nada y se podía perder todo, a pesar de ello, parte para intentar salvar a Europa, porque Europa era para los bravos soldados de la Legión Wallonie un bien sagrado, una parcela de su propio patrimonio, de su propia Patria y da con ello ejemplo al mundo de que Bélgica es un país capaz.