Arno Breker



Entrevista a Arno Breker (1980)

El escultor Arno Breker constituye, hoy por hoy, una de las más flagrantes muestras de la represión a ultranza que un régimen autotitulado democrático puede llegar a ejercer sobre un artista. Su obra, una de las más gigantescas que hayan sido levantadas en nuestro siglo (también una de las más perseguidas), ha debido sufrir los más violentos ataques por parte de las fuerzas 'democráticas' de ocupación en Alemania.
Escultor sumamente prolífico, nacido en 1900 cerca de Dusseldorf se trasladó hacia 1927 a Paris, donde trabó, amistad con destacados estatuarios y artistas del momento, mereciendo destacar las muestras de simpatía y admiración recibidas hacia su persona y hacia su obra (jamás disimuladas ni contradichas luego) por parte de Charles Despiau, Arístide Maillol, Jean Cocteau, o los pintores Vlamínck, Derain, etc, Breker se hizo a pulso un nombre en Paris, y su exposición en l'Orangerie en 1942 no fue sino la culminación de un largo proceso artístico, a cuyo éxito contribuyó, no poco, el libro que Despiau le dedicare a él y a su obra.

Alemán de nacimiento cuando su patria resurgía del caos democrático y nada en ella un sentido unitario de Pueblo, volvió a su país: Desde 1934, Breker abandonó París y Roma para residir en Berlín. Aunque difíciles los primeros tiempos, pudo luego trabajar ampliamente y desarollar unos proyectos tan asombrosos como pocos europeos podian siquiera imaginar. Autor de esculturas de dimensiones colosales, de relieves gigantescos, de concepciones geniales, entre sus obras de estos momentos cabria destacar el "Prometeo" realizado para el ministerio de Cultura. "La Fuerza" para el Zeppelinfeld de Nuremberg, "El Partido" y "El Ejército" para la Nueva Cancillería de Berlín, la gran fuente del nuevo eje de Berlín y los relieves de 22 metros de altura (más de 7 pisos) para el monumental Arco del Triunfo, asi como un sinfín de esculturas de fuerza y belleza sorpredentes en nuestro siglo.

Su apoyo a los artistas franceses durante la ocupación sería decidido: Gracias a él, Derain o Maillol recibieron encargos oficiales de Alemania. Su interés por la amistad y la colaboración entre Francia y Alemania sería siempre manifiesto. Como en tantos otros casos, la derrota de 1945 supuso para Breker el comienzo de una larga etapa oscura de represión terrible. Su taller fue asaltado - pocos meses después de acabada la guerra - por tropas norteamericanas, y sus esculturas y enormes instalaciones (que estaban intactas) junto a la ingente cantidad de obras almacenadas o en periodo de construcción, fueron apiladas en grandes montones fuera del taller y totalmente destruidas. Años y años de trabajos en el arte, de contribución activa a la cultura europea, al arte contemporáneo, eran así destrozados por unos bárbaros llegados - cual las primitivas tribus - del exterior, sólo que esta vez los modernos bárbaros procedían de países democráticos y su finalidad era acabar con todo rastro de cultura creado por doce años de auténtico socialismo europeo.
Desde entonces han pasado 35 años... 35 años durante los que el boicot a Breker ha sido total, durante los que el Estado alemán ha impedido cualquier encargo que se le pudiera hacer, durante los que ha recibido ataques de prensa y TV y durante los que el silencio sobre su obra ha sido interrumpido.
Aunque en aparente libertad, Breker es - como aquella otra sombra que aún yace en carcelada, y que se llama Rudolf Hess - un vestigio de la represión a ultranza que las fuerzas de la barbarie han desencadenado y mantenido contra la Cultura Europea. Cuando las generaciones venidera descubran y reconozcan en él y en su obra, al gran genio de la escultura contemporánea, cuando su ya ingente galería de retratos de personajes ilustres de nuestro siglo sea valorada en su trascendente importancia, el nombre de Breker ocupará el lugar de honor que le corresponde, aunque para entonces el artista habrá muerto ya, y su vida no habrá sido más que una muestra clara de la hipocresía de unos regímenes que se auto titulan democráticos pero que no son más que terriblemente tiránicos.
En exclusiva para nuestros lectores, hemos realizado una breve entrevista al escultor perseguido para que nos explique directamente sus impresiones de la visita efectuada a Paris en compañía de Adolf Hitler y Albert Speer, en 1942, única vez que el Führer quiso pisar suelo parisino. El Canciller alemán escogió a Breker como guía y acompañante en aquella breve visita, y ese acompañante, con la sencillez y la sinceridad que le han caracterizado siempre y con el respeto a la verdad histórica que cultiva, ha contestado así a nuestras preguntas:

¿Sostuvo usted contactos con Adolf Hitler?.
- Sí, le conocí personalmente.

¿Por qué había decidido visitar Paris con usted?.
- Me explicó la razón:
'Quiero visitar París con usted, porque es el único, entre los que me rodean, que ha vivido varios años en Paris'. Su visita a Paris tenía como meta, principalmente, hacerse una idea de las nuevas construcciones y de todo su urbanismo, porque quería transformar completamente Berlín.

¿Es verdad que sentía profunda admiración por la arquitectura francesa?.
- Seguro, Escuche: Yo no tenía idea alguna de sus opiniones acerca del arte porque nuestras relaciones personales no habían sido muy estrechas, y el debía pensar en la guerra y en toda clase de dificultades políticas. Pero, después de su visita a París, e incluso durante esta visita, me senté - detrás suyo - muy extrañado de que conociese Paris a fondo. Gracias a los libros y a los mapas, conocía Paris mejor que yo. Me equivoqué una vez y me dijo: "Escuche, se equivoca..."; "Yo soy parisino, no puedo equivocarme' - le dije -. Y nos paramos ante un edificio que tenía inscrito en la parte de arriba: Cámara de Comercio. Como él había dicho que se trataba de la Cúpula de la Cámara de Comercio, ante este titulo me indicó: 'Lea esto''.

¿Cuál fue su impresión sobre el urbanismo de la gran ciudad de Paris?.
- Se emocionó bastante ante la belleza de la arquitectura parisina y el urbanismo de los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel, etc - Dos horas más tarde, Paris se despertaba; nos disponíamos a atravesar Les Halles, cuando nos vieron las primeras personas. El primer hombre que vimos fue un vendedor de periódicos. Los llevaba bajo el brazo y gritaba dirigiéndose a nuestro coche: ¡Le Matin! ¡Le Matin!. Cuando reconoció a Hitler al lado del chofer, fue presa del pánico: Tiró todos los periódicos al suelo y se escondió en una casa. Instantes después vimos tres mujeres que hablaban juntas y, mientras el coche pasaba muy lentamente, se volvieron hacia nosotros exclamando: 'Oh! ¡Mirad!. ¡Es él!. "El padre Adolf". Siempre ocurría lo mismo:
Cierta parte de la población mostraba gran admiración, mientras que la otra mostraba pánico ante él. El pueblo francés se hallaba dividido en dos clanes.
La última visita fue subir al Sacre Coeur, para contemplar bien el panorama. Tras esa visita volvimos al avión y él volvió a su trabajo. Por la tarde, antes de cenar, salió de su refugio, de su bunker. Todos los generales se hallaban alli, pero él me vio entre todos ellos. Me hizo una señal. Fui hacia él y nos dirigimos juntos hacia un bosque vecino. Cuando nos encontramos suficientemente lejos de los otros, se paro, cogió mi mano derecha con las suyas, diciéndome: "Breker, quisiera excusarme ante usted porque durante varios años, hasta el momento no le he visto con buenos oios debido a la falsa información que tenía de su persona, ahora sé quién es usted."

¿Cuál fue la impresión, general de Hitler a raíz de su visita a Paris?,
- Quedó fuertemente impresionado. Después me dijo:
"Le he dicho a Bormann que todos los arquitectos que hayan recibido pedidos en Berlín, Munich, etc., deben volver a empezar sus trabajos porque su arquitectura es demasiado pesada, le falta gracia. Hoy he aprendido mucho en Paris". Y añadió: "Hubiera podido bajar por los Campos Elíseos al frente de mis tropas, pero no quisiere herir el alma del pueblo francés. He venido con mis artistas, y de incógnito". Su conducta fue sensacional y, ¿esto muestra la talla de un hombre. En los Inválidos, permaneció verdaderamente conmovido ante la tumba de Napoleón, y se le ocurrió la idea de colocar a su hijo, que descansa en Viena, al lado de su padre. ¿No encuentra usted esto formidable?. Pero nunca recibió una sola Palabra de agradecimiento por parte de Francia...

¿No volvió a Paris?.
- No, fue la única vez que visitó París. Y - ¿sabe usted? - no creo eso que dicen de que quería quemar Paris - jamás ocurrió por otra parte -. No lo hubiera admirado de esa forma. Esto son solamente invenciones de los vencedores para destruir su imagen.

¿Hizo algún comentario sobre el resultado de una guerra en el mismo corazón de Paris?.
-
Ciertamente. Fijese. Usted en Berlín: Está muerto para siempre. Para él, Paris representaba el símbolo de la cultura, la cumbre de la cultura. Su sueño era alcanzar la misma calidad en las ciudades alemana... Por ello se debía estudiar la arquitectura y el urbanismo parisino tal y como Haussman lo hizo.

¿Tenias algún plan similar para Berlín?.
-
Si. Pero su plan de Berlín que yo conocía se basaba mucho en el de París; y estaba hecho antes de la visita de Hitler a Paris, lo tenía en su Cabeza.

¿Después de la visita a Paris. continuo usted sosteniendo contactos con él?.
- Si, muy a menudo, en la Cancillería. Iba allí a almorzar. Comía con él. Así fue siempre durante la guerra, y los generales jugaban el papel principal: Venían del frente y le explicaban la situación del momento.

¿Cree usted verdaderamente que él deseaba la guerra?,
-
No. La guerra destruyó todos sus planes. No quería declarar la guerra a Francia. Sus ejércitos no marcharon contra Francia hasta que no quedó más remedio. permanecieron casi un año retenidos. de agosto de 1939 hasta que debió atacar debido a la declaración de guerra del gobierno frances. Siempre creyó que la guerra seria inútil. Por que él no quería absolutamente nada de Francia; había renunciado a Alsacia y Lorena oficialmente, solemnemente. Pero hoy todo se encuentra cambiado en la interpretación histórica...

¿Una vez superadas las dificultades económicas y sociales, ¿qué habría deseado para su país?.
-
Este hombre, según escuché en diversos discursos y ocasiones, temía y desconfiaba del comunismo. Para él la frontera del Este estaba demasiado cerca de Berlín. Si la URSS empezaba un ataque - que hubiera tenido lugar como se demostró más tarde -, seria imposible pararlos y Berlín caería. Hacia falta alejar el frente.

¿Cree uusted que la guerra con Polonia fue dirigida por los gobiernos de Francia e Inglaterra?.
- Seguramente. No quiero decir que sea seguro, pero Hitler esperaba encontrar en Polonia un amigo que dejaría pasar las tropas alemanas hasta la frontera de la URSS. En este época, de todas formas, el plan de destruir Alemania se encontraba ya en los dossiers.

¿Podría usted darnos su opinión sobre las intenciones de Hitler en Alemania si la guerra no se hubiera desencadenado?.
- Hitler encontró una nación completamente arruinada a causa de la situación económica mundial, sólo que esta situación era todavía más terrible en Alemania. Por ejemplo, cuando atravesé el Ruhr, centro de la gran Industria,. a principios de los años 30, ¡recuerdo que no funcionaba ninguna industria!. Es una situación que he vuelto a ver después de la guerra. tras la derrota de Alemania en 1945.
Lo que éste hombre hizo constituyó un verdadero milagro, consiguió que el pueblo se fortaleciera y se volviera alegre y bien organizado.

¿Era popular?.
- Completamente. ¿Sabe.?.
Si una mujer, por ejemplo, se pasea por la calle dé noche, ahora se halla en peligro, pero en aquella época todos los criminales se encontraban trabajando. Se les cogió a todos, y Alemania se convirtió en un paraíso. Una mujer podía andar, completamente sola por los paseo, por el bosque, sin ningún riesgo de ser atacada.

Profesor Breker, cuando acabó la guerra, tenemos entendido que el General Franco le llamó a usted para que fuese a España a hacer, probablemente, el Valle de los Caídos - que realizaría Juan de Avalos -, ¿qué hay de cierto en ello?. ¿Porqué no fue?.
- Efectivamente. El General Franco me llamó para hacer una serie de esculturas, aunque no me especificó que se tratare del Valle de los Caidos, simplemente, debía realizar unas obras escultóricas.
No fui porque los americanos no me dejaron y me retuvieron en Alemania. De no ser por esto yo hubiese ido a España.

¿Es verdad que los rusos le hicieron una oferta similar?
- Si, poco después de lo que antes he contado. Stalin personalmente mandó un avión desde Moscú para realizar unos trabajos escultóricos. Naturalmente yo me negué, además, esto coincidió con una enfermedad que me obligó a permanacer en un hospital, En esta ocasión, los americanos sí que quisieron que fuese, pero me negué.
En otra ocasión, también recibío una propuesta de hacer unos trabajos, del General Perón, pero esta vez al igual que con el General Franco, fui vetado por los americanos, y no me dejaron ir.