A propósito de los Cerebros Rapados... (Alexis López Tapia)

Skinheads: Hijos del Nuevo Orden Mundial (Moda hecha por la Corona Británica, ajena a nuestra cosmovisión). El NacionalSocialismo no tiene nada que ver con la Moda "Skinhead", en el cual dicha moda le da una mala imagen a la Doctrina NacionalSocialista.

“Nuestra organización no trataba de imponer la violencia como finalidad, sino que pretendía salvaguardar de la violencia a los predicadores del ideal”.
“La S.A. no debía tener nada de parecido con una organización militar. Era simplemente un medio protector y educativo del Movimiento Nacionalsocialista”.
“Tampoco debía constituir una organización secreta terrorista, porque el objetivo de estas organizaciones se contrapone a la ley”.
(Adolf Hitler “Mi Lucha” Capítulo IX - Ideas básicas y organización de las S.A.).

El influjo de la globalización es poderoso. Su influencia no sólo se expresa en términos económicos, sino que antes - y preferentemente - en términos culturales. Se copian conductas y estereotipos extranjeros, y se los intenta artificialmente hacer parte de lo que verdaderamente nos pertenece y nos es propio. Por ello, no es sorprendente que un movimiento vinculado en su origen a los barrios más segregados de Liverpool, a los “suburbios”, y a la absoluta falta de referentes sociales positivos, haya encontrado perfecto eco para replicarse en cada rincón del planeta donde exista una juventud a la que el materialismo no da cabida. Los “skinheads” son -por ello -, un perfecto producto del Nuevo Orden Mundial: Fáciles de vender, fáciles de comprar, construidos desde el más profundo nihilismo, aptos para el consumo global del hombre masa y - por cierto - de los Mass Media. Por definición, este producto de consumo masivo carece por completo de una identidad ideológica definida. De allí que existan “skinheads” autodefinidos como “nazis”, otros que se declaran “marxistas”, “antifascistas”, e incluso quienes se proclaman “anarquistas”. Por ello tampoco debería extrañar que en términos de moda, su perfil pueda ser incluso adoptado por jóvenes de estratos socio-económicos plenamente integrados al mercado y el consumo. Son un estereotipo, una “clase”, y su absoluta falta de identidad espiritual se refleja precisamente en la fundamental externalidad de sus expresiones: El pelo rapado, las “flyjacket”, los parches, los bototos con su particular jerga de cordones, y la condición fundamentalmente gregaria de su accionar. Finalmente, su actuar clandestino, secreto, esto es, anónimo, el uso de sobrenombres - “chapas” -, y la carencia de una estructura formal, refuerzan esta definición.
Ello también se refleja en los ámbitos en que se desenvuelven: Estadios repletos de “hinchas” -ahora “hooligans” - conciertos musicales, “pubs”, es decir, allí donde precisamente existe y vive el hombre masa orteguiano. El correlato de su existencia es la violencia. La violencia no entendida siquiera como una justa defensa o reacción, sino la violencia como patrón y medida de su propio “valor”. Así, las justificaciones ideológicas en el fondo carecen de importancia: No se lucha o se defienden determinadas ideas. Si es violento porque así se justifica creer en algo, no importa lo que sea. No importa en qué se crea. De este modo, el sistema ha encontrado un aliado perfecto para insistir en su lucha permanente contra la identidad, autodeterminación y libertad de las naciones del planeta: Hoy los “skinheads” son el principal argumento a la hora de prohibir la existencia de las ideas nacionales y sociales en cualquiera de las formas políticas que puedan adoptar. Funcionales al propio modelo que dicen combatir, estos jóvenes se transforman en ciegos corderos del matadero de las ideas que creen defender.

Nada tienen que ver con los viejos cuadros de las S.A., obreros, profesionales, universitarios y cesantes, cuya función declarada y primordial era la defensa. Lejos están de las T.N.A. del M.N.S., compactos batallones, que forjarían en el “yunque de otra vida al hijo del obrero y del patrón”. Y - por cierto -, claramente nada tienen que ver con la disciplina, el espíritu, el orden y la preparación cultural, ideológica e intelectual de las mejores tropas políticas de la historia, las S.S. Tampoco tienen que ver con nada. No son parte en modo alguno de la Tradición de las ideas nacionales, y ello, comenzando por su propia denominación: “Skinhead”… algo así como si un chico de Arkansas, en EE.UU., creara un grupo “nacionalista” llamado “Los rotos pulentos de Arkansas”. Pero no sorprende. No debe sorprender. El influjo del mercado es poderoso, precisamente, porque estructura íconos transnacionales, ideas fuerza, imágenes primordiales, que pueden penetrar fácilmente - sin profundidad conceptual alguna -, en cualquier lugar del planeta. Y el fenómeno “skin” es precisamente eso: Un producto de mercado, basado en sus “leyes” y clara expresión de su fundamento primario: La crueldad. El mercado, el neoliberalismo, el materialismo, constituyen la máxima expresión de la crueldad negadora de la vida. De la crueldad negadora de la creación y la identidad. De la crueldad que segrega a nuestros compatriotas más pobres, y los sume en el barro de las inundaciones, el frío de las casas provisionales, el hambre y la falta de acceso a la cultura. En esas condiciones, reaccionar con violencia es, incluso, comprensible. Pero, por su propio origen, esta violencia no es liberadora. Todo lo contrario. Hace esclavo a quien la practica, y los ata al carro sin retorno del odio. De la destrucción. De la negación permanente y sin fundamentos. En palabras de Nietzsche: “No se odia a quien se desprecia, sino al adversario a quien se estima igual o superior a uno mismo”, y con esto está dicho todo. Esa negación, esa crueldad, ese odio profundo, se expresan incluso en los roles y formas de participación en los propios grupos, y por cierto definen a quienes actúan como sus líderes: Los más “duros”, los más violentos, los más “crueles”. Pero detrás de esa aparente dureza se esconde la fundamental fragilidad espiritual, la agonía y el dolor de sentirse segregado y agredido por un modelo que no tiene respuestas, y que nunca las tendrá.
El Maestro de Sils María sostenía: “No hay un creador que no sea duro”, y por ello, quienes nada crean, nada tienen - en realidad -, de duros. En su pretendida dureza no hay poder y no hay fuerza. Nunca los habrá. Lo que sí hay es un niñito que llora, solo, detrás del muro, clamando a gritos: “Hey, ¿hay alguien al otro lado?”. Lo que hay es un cobarde, que sólo se siente fuerte con apoyo del grupo, actuando en masa, anónimamente, a mansalva, confundido en el rebaño. Nada de ello es parte de las ideas que defendieron los movimientos socialistas nacionales en el pasado. El amor a la Familia, a la Patria, a la Nación, no es sinónimo del odio a los demás. La defensa de los valores que nos permiten vivir en sociedad, no es equivalente a la “eliminación” de los antisociales. La vida sana, limpia, sin drogas, no significa quitarle la vida a quienes, desgraciadamente, ya lo hacen por sí mismos. La defensa de las tradiciones nada tiene que ver con la negación de quienes piensan o son diferentes. Y por sobre todo, la identidad, la personalidad, no es la adopción de estereotipos, de clichés, de modas que lo único que hacen es negarnos la posibilidad de ser nosotros mismos. Que nos impiden llegar a Ser. Llegar a ser nada más y nada menos que nosotros mismos. Pero el sistema está feliz con su invento: Los “skinheads” se han transformado en el arquetipo más recurrido del “nazi” actual. En la expresión más cara para quienes quieren destruir cualquier vestigio de lo que realmente fueron estas ideas en el pasado, y en lo que podrían llegar a ser en el futuro. Imágenes primordiales, arquetipos, el paradigma de “American X” ha penetrado fuerte en las mentes débiles. Y lo ha hecho, porque representa precisamente la negación de todo lo que en realidad alguna vez fue defendido en función de estas ideas: Es más fácil creerle a Hollywood que a los libros. Es más fácil golpear que aprender. Es más fácil repetir slogans que comprender doctrinas. Es más fácil no ser, que verdaderamente llegar a ser. Carentes de reales fundamentos, vacíos de verdadera conciencia, huérfanos de líderes verdaderos y verdaderos ideales, los “skinheads” resultan en el fondo una gran mentira. Son la forma más fácil de apartar de sí mismos a los jóvenes que desearían vivir en una Patria mejor, con más libertad y justicia, con menos pobreza y enfermedad, con verdaderas oportunidades y futuro. Muy profundo en las vastas llanuras de sus almas, allí donde nadie puede mirar - ni siquiera ellos mismos -, se esconde un niño solitario, que juega a solas con el mar de un país que no existe, y que él desearía construir si supiera cómo hacerlo. Sabe - como sólo puede saber el niño que alguna vez todos fuimos -, que hay verdaderos ideales, por lo cuales vale la pena luchar, y por los que ciertamente vale la pena morir. Si hoy les hablamos con dureza, si hoy les decimos lo que no quieren escuchar, es precisamente porque creemos en el valor de ese niño, y en su fundamental convicción de verdad. Viejos emblemas sostenían: “Mi honor se llama lealtad”. Esa lealtad no alude a personas. Esa lealtad fue y ha sido siempre hacia los valores y los principios: Por tanto, es lealtad con la lucha en contra de los antivalores y de la falta de principios. Los “skinhead” son un fiel reflejo del sistema, y por ello nuestra lealtad consiste precisamente en demostrarlo y llamarlos a reflexionar: El camino no está en los íconos del sistema, en sus modelos o en sus patrones. No está en la ignorancia, la violencia o el odio.

El camino está en ustedes mismos, y en sus ansias profundas de que Argentina sea una Patria mejor para todos los hijos de su tierra. En palabras del Führer: “Sólo se puede luchar por aquello que se ama. Y se ama sólo lo que se respeta, pudiéndose respetar únicamente aquello que se conoce”.