La Solución del Problema Judío (Gottfried Feder)



Nosotros vemos, de acuerdo con el claro texto de nuestro programa, la solución del problema judío en que los judíos sean considerados dentro del pueblo alemán como extranjeros, tales como son y, como ellos mismos se consideran, y por lo tanto deben ser sometidos a la ley para extranjeros. Esto no significa ningún pogrom contra ellos. Los judíos tienen únicamente la misma posición dentro del Estado que los ingles, franceses, italianos, japoneses o negros que viven entre nosotros. A qué Estado quieren pertenecer, si al sionista de Palestina, o al país de origen de la mayoría de ellos, Polonia, esto no nos afecta mayormente, esto queda enteramente a criterio de cada uno de ellos. Como miembros de un Estado extranjero no tienen derechos dentro del Estado alemán, y también el derecho de residencia solamente mientras se sometan a las leyes del Estado, no se constituyan en criminales contra él o contra sus miembros, y mientras el Estado alemán no vea a sus propios ciudadanos perjudicados en sus condiciones de trabajo y de alimentación debido a su permanencia. El francés, inglés, italiano, etc., que se haga culpable de determinados delitos puede ser expulsado como "extranjero indeseable". El mismo derecho debe corresponder al Estado alemán en cuanto a los judíos. El derecho de residencia de los judíos individualmente deberá ser reexaminado como tal. Delitos que fueron cometidos antes de la vigencia de la ley de los judíos no han quedado extinguidos por el eventual cumplimiento de una pena. Pues el delito como tal no ha sido llevado a la situación de no cometido. El delito incumbe a la moral. (Al que por malicia ha hecho que sufriera daño un hijo mío, a ése no le confiaré un segundo niño, aun cuando quizás haya expiado la pena por aquel hecho). Pero, la mayoría de los delincuentes judíos no han sido castigados en absoluto. Por esa razón exigimos sin cesar, en escritos y en discursos, que los criminales contra el pueblo alemán - y no solamente los judíos, que por cierto constituyen mayoría - sean emplazados ante la justicia. La colocación de los judíos bajo el derecho de extranjeros, que forma una parte esencial de nuestro declarado inalterable programa, tiene en realidad únicamente y exclusivamente como base el conocimiento de que los judíos son un pueblo extranjero y continuarán siéndolo a raíz de su especial naturaleza. El "mejoramiento ciudadano" de los judíos según el concepto del káiser José II ha evidenciado ser un error. Este mejoramiento no estaba dado en absoluto por el hecho de que se hiciera llevar a los judíos nombres y vestimenta europeos y finalmente se los equiparara al pueblo autóctono. Fueron judíos, son judíos y seguirán siendo judíos, porque su consanguinidad de más de dos mil años de existencia impide que dentro de su pueblo-huésped sean otra cosa que una liga secreta y nómada, con todas las cualidades y los efectos que de este hecho emergen. No sería posible - como pretenden algunos - absorber a los judíos, es decir, incorporarlos por casamientos en el curso de generaciones. Esto ha sido propuesto y ensayado, pero en las primeras generaciones, que se ha podido comprobar, ha traído un número extraordinariamente elevado de seres humanos de aún mayor divergencia racial y por consiguiente en sí mismos infelices, melancólicos y para la generalidad, a menudo peligrosos, y sería completamente desacertado cargar con ellos al pueblo alemán a causa de los judíos y de su estirpe foránea. No deseamos dentro del pueblo alemán vástagos de judíos, todo lo contrario, apoyamos una re-nordización y una de las primeras condiciones para ello es que de ahora en adelante no sean incorporados ni judíos, ni negros, ni gente de color en general a la sangre alemana. Mucho gustan los judíos mismos presentarse como imprescindibles para su pueblo huésped. El judío vienés Bettauer, que con sus escritos impúdicamente pornográficos sirvió mejor que ninguno a la misión judía de pervertir la juventud de su pueblo-huésped, redactó una novela: La Ciudad sin Judíos, dentro de la cual, después de la expulsión de los judíos, hace surgir circunstancias tales que es necesario implorar a los judíos que regresen. La gloriosa salida para recibirlos con solemnidad forma el final burlón. Reiteradamente los judíos se muestran ante los crédulos alemanes como grandes impulsores de la cultura, haciendo valer ante ellos supuestas "realidades históricas": Todo país que ha expulsado a los judíos habría sucumbido irremediablemente. El ejemplo más en boga es España. España ha expulsado a los judíos en el año 1492, y habría caído desde entonces en un estado de impotencia estatal, habría devenido pobre y yerma, sin cultura. No. ¡Exactamente lo contrario es cierto!. La gran ascensión de España a Estado de potencia mundial y el florecimiento de su cultura tuvieron lugar recién después de la expulsión de los judíos. Esta se encuentra al inicio del ascenso, es la primera expresión del mismo. Es una prueba de la vigorización de la nobleza goda de los españoles que trataron de deshacerse de los judíos. La consecuencia es no sólo la gran prosperidad económica, sino también la gran cultura de los dos primeros siglos que siguen a la expulsión de los judíos. Nombres que pertenecen a la cultura mundial son los poetas dramáticos Lope de Vega y Calderón, junto a los cuales deberían mencionarse aún varios otros, de casi igual mérito. Cervantes, el único, pintores como Velázquez, Murillo y Ribera, cada uno de los cuales encarna una cúspide inalcanzada dentro de su arte. E igualmente importante fue la ciencia española en aquellos dos siglos. Simultáneamente se vieron a generales españoles llevar a la victoria sus tropas en todos los campos de combate de Europa y a diplomáticos españoles demostrar su habilidad. Entre todos estos genios españoles no se encuentra ni un judío, ni un vástago de judío. Un Velázquez fundaba su mayor orgullo en el hecho de ser caballero de la Orden de Cristo, que se otorgaba sólo a aquél cuyo árbol genealógico resultara libre de sangre mora y judía. Cierto que España halló sólo una solución imperfecta al problema judío, únicamente al modo medieval de que el judío que se convertía en cristiano podía quedarse en el país. Estos "cristianos aparentes" habían permanecido, como ya se explicó, en un número por cierto demasiado grande en el país y en sus posiciones y estos judíos bautizados dominaban, al igual que antes, la vida económica, ante todo las finanzas del Estado. Ya bien pronto su idiosincrasia judaica que había sido ocultada en parte, volvió a manifestarse abiertamente, y entonces comenzó la tiranía de un crudo mammonismo: El oro del nuevo mundo fluyó a los grandes bancos, y la servidumbre del interés se hizo sentir, brutal e insoportable, produciéndose aquí también la decadencia. Hoy día estos cristianos ficticios, que desde 1492 habían permanecido aferrados a sus leyes judías y que, sobre todo, no se habían mezclado con la población peninsular, han erigido la República Española. No se muestran en absoluto, por supuesto, como propulsores sino como destructores de los últimos restos de cultura de los españoles. No es la ruina la consecuencia de la solución del problema judío conforme a nuestro Programa, sino una nueva ascensión. España vivió su más alto período histórico recién después de la expulsión de los judíos; Francia conoció la plenitud histórica y la prosperidad también después de tomar igual medida en el año 1394 bajo Enrique IV y Luis XIV; la ruta de Inglaterra hasta la dominación mundial se realiza sin judíos, a los que expulsó en 1291. A partir de Cromwell se autorizó el afincamiento de una pequeña colonia de judíos portugueses, pero sólo con posterioridad al año 1840, comenzó la inmigración de numerosos judíos alemanes, a los que siguieron luego los provenientes de Polonia, Rusia y Hungría. De resultas de lo cual el judaísmo desde alrededor de 1900 ejerce el control de toda la vida política y económica inglesa, cuyo resultado es una visible e inexorable decadencia que comenzó aceleradamente cuando Inglaterra - en contra de sus más profundos intereses - se colocó al lado de la Francia dominada por los judíos y luchó en la Guerra Mundial con esa Francia al servicio de la judería mundial. Inmediatamente después de la "victoria" se inició su desmoronamiento. (En la última contienda reiteró esta política suicida - obedeciendo al dictado del judaísmo internacional - y esto ha significado su desaparición como potencia mundial, tal como había advertido reiteradamente Adolf Hitler. - (N. del T.). La solución del problema judío - tal como lo indica el Programa Nacionalsocialista - constituye la base de la re-vigorización de nuestro pueblo alemán (y de todos los que adopten esta auténtica e integral solución), y entrañará su consolidación interior así como un nuevo desarrollo, el despliegue de la potencia de su sangre, puesta inequívocamente de manifiesto a través de sus grandes hombres.