Adolf Hitler y la Caza



Ahora que asistimos a la dimisión de un ministro cazador, es buen momento para observar cuál era la opinión de Adolf Hitler hacia la caza. Su postura fue siempre abiertamente contraria hacia esa afición. No solamente le repugnaba sino que el Führer era contrario a toda clase de tortura animal. Su mismo vegetarianismo era de origen ético, es decir, estaba en contra de matar animales para su consumo. En ese sentido podemos afirmar que Hitler fue un adelantado también a su tiempo, cuando las posturas ecologistas y animalistas prácticamente eran desconocidas. Por cierto que esto también ha generado numerosos debates puesto que no les debe hacer ninguna gracia a los ecologistas ni a los animalistas tener entre sus defensores a un personaje de la talla de Hitler. Lo cierto es que Hitler fue un amante de los animales siempre. Numerosos son sus comentarios hacia los perros y hacia muchos animales.

Pero veamos lo que opinaba de la caza:

El elemento más simpático en la caza es el animal, después el cazador furtivo. Él por lo menos pone en peligro su vida. El último tipejo puede declarar la guerra a un corzo. La lucha es demasiado desigual entre un fusil de repetición y un conejo, que no ha progresado desde hace tres mil años. La caza no es un deporte popular. Si fuera cazador ello me perjudicaría más ante mis partidarios que una batalla perdida.

Precisamente el número dos del régimen, Hermann Göring, fue un gran amante de la caza. Sin embargo Göring, procuraba respetar al máximo las leyes de la naturaleza. A él se debió la primera (si no la única) ley en contra de la vivisección. Suyas fueron unas leyes de caza que se anticiparon a las que se aplican en toda Europa hoy en día. No obstante, cada vez que Göring y Hitler hablaban amigablemente, Hitler sacaba el tema de la caza, con el consiguiente sonrojo de Göring.

Como profesión no tengo nada contra la caza. Mas hoy la caza se ha convertido en una moda; todo funcionario del partido siente la necesidad de pertenecer a algún sindicato o grupo de cazadores, con objeto de inmolar sin hacer distingos a todos los animales de la tierra que han quedado reducidos al silencio.
Göring defendía el punto de vista del cazador, al que presentaba como protector de los bosques.

Hitler bromeó: Sí, es cierto. El cazador protege y defiende a los desgraciados animalitos hasta que llega el momento en que cree que ha de matarlos. El ojeador adiverte a su amo acerca del momento y el lugar en que el animal hará su operación; entonces el amo, cómodamente instalado detrás del anteojo, espía a su víctima para asesinarla. Después, el glorioso cazador, vuelve a casa llevando la presa.

Pero nuestras nuevas leyes sobre la caza prohiben la matanza sin discriminación - discutió Göring. Además, el verdadero cazador encuentra mayor placer en atacar a los animales salvajes.

Y bien - contestó Hitler - entonces, ¿por qué no siguen el ejemplo del duque de Windsor?. Le he preguntado si le gustaba la caza. Le gusta, en efecto... pero no con una escopeta: No lleva más armas que su cámara fotográfica.
¡Al diablo las bromas!. Si usted se llama cazador, ¿por qué no combate con un animal salvaje con armas iguales?. ¡Si, señor Montero!. Si yo le viera a usted matando un jabalí con una lanza, no dejaría de felicitarle.

Más adelante Hitler prohibió toda clase de artículos en la prensa que hicieran referencia a la caza.

Hitler también dijo: La caza y las carreas de caballos son los últimos restos de un mundo feudal ya extinguido.
Lamentablemente, el mundo de la caza continúa hoy en vigor. La cacería del Ministro de Justicia junto a un famoso juez nos dan fiel testimonio y me ha dado la ocasión para hablar de un tema que, personalmente, también condeno.