El NacionalSocialismo, una Revolución Natural y Racional



Criticar es fácil, construir no tanto. No podemos pues por menos que demostrar donde está la revolución NacionalSocialista tras haber dejado (quizás un tanto cínicamente) en su sitio nuestra visión de la Tradición. El NacionalSocialismo es una doctrina de la naturalidad, no defiende postulados utópicos ni Verdades nebulósicas. Lo que es cierto y natural es NacionalSocialismo, así de sencillo. La Verdad en el NacionalSocialismo se debe probar, es una verdad bajo prueba de su realidad y su funcionamiento. La Verdad en el NacionalSocialismo se somete al carácter científico. El NacionalSocialismo apoya el arte y el espíritu pero no como un ente infinitamente alejado, sino como una actividad del pueblo, de la gente, como una realidad social. La Historia no está escrita, se debe ganar, no hay dioses que garanticen la victoria ni razas predestinadas a ganar, todo debe ganarse con esfuerzo. No hay ciclos ni finales felices, hay que luchar para salir de la miseria actual, y habrá que luchar para mantenerse en un buen estado. Si se hace mal se pierde, sin más, sin ciclos cósmicos ni edades de cartón piedra.
El hombre es un ser complejo, en el que se mezclan indisolublemente elementos materiales y sentimentales, conocimientos y una espiritualidad natural... todo mezclado formando el ser complejo que es el hombre. La Naturaleza influye en todo, en lo que pensamos y sentimos, en lo elevado y lo bajo, en defecar o en pintar un cuadro, todo es una actividad humana. Por supuesto nos oponemos a las utopías, al igualitarismo, a la reducción del hombre a lo económico, y a las utopías deístas. El NacionalSocialismo acepta las religiones y los dioses siempre que las religiones no se opongan a la realidad y a las necesidades del pueblo. Si las religiones ayudan en ese trabajo de dar al pueblo una oportunidad de mejorar, bienvenidas sean, si se oponen hay que doblegarlas. El NacionalSocialismo no es un producto de una época, es la aplicación de los conceptos de naturalidad en cualquier época. Es muy probable que el pensamiento tradicional sea de mucha utilidad en algunos momentos, y por ello el NacionalSocialismo no es combatiente contra la Tradición. Pero desde luego no se debe plegar un pueblo a ninguna utopía, si los esfuerzos por llevar adelante al pueblo son favorecidos por los tradicionalistas las relaciones serán positivas, si en un momento una utopía pretende oponerse al paso de un pueblo en lucha por su supervivencia no hay que dudar en arrasarla. El NacionalSocialismo es una lucha por llevar a la realidad una vida mejor, las utopías son ladrillos que se pueden usar si son útiles, y que se trocean si no sirven. Quizás una forma elemental de ver la diferencia de 'estilo' entre la Tradición y el NacionalSocialismo sería hacer unas 'vidas paralelas' entre René Guénon (el mejor pensador de la Tradición) y Alfred Rosemberg (uno de los más señalados pensadores del NacionalSocialismo). Mientras Guénon murió de viejo, convertido al Islam en El Cairo, llevando una vida de ascetismo yoísta, aislado del mundo y más aun de su pueblo, Rosemberg fue asesinado, ahorcado, por los enemigos de su pueblo tras haber luchado armas en mano como Representante de su pueblo en los territorios del Este. Ambos fueron grandes intelectuales, ambos eran conocedores de las tradiciones raciales y culturales, ambos tienen libros de gran interés, pero la Tradición lleva al yoísmo, a la contemplación interiorista y aislacionista, y el NacionalSocialismo lleva a luchar por el pueblo real, en la realidad diaria de supervivencia.