Nosotros los Alemanes y el Fascismo de Mussolini (Joseph Goebbels)

Mi tema básico deseo que sea una frase de Treitschke, tomada en cualquier ocasión de Mussolini: La historia se construye con los hombres. Frase la cual sería una sofisticación, si se pretendiese inferir que, en la serie de evoluciones político - históricas en que se sustancia la vida de los pueblos, el elemento hombre constituye la determinante única y exclusiva. He aquí, por el contrario, la verdadera interpretación: los hombres representan la materia prima.

Abandonada a, sí misma, la materia prima no sabría ni darse una forma ni asumir una estructura. Por ello es ineludible condición la intervención de una mano ordenadora, el acto creador de una individualidad de superior naturaleza. La cualidad del intelecto político es artística: toda materia prima se transmuta por él en sustancia modelable. La cima máxima de la acción política reside, forzosamente, en la transformación inicial de la materia elemental humana en un pueblo: En su paulatina, elevación a estado nacional, portador de un valor político. Sin Mussolini es imposible concebir el fascismo, es imposible concebir la Italia contemporánea. Al principio y al fin de la evolución política denominada fascismo, se halla Mussolini. Con Mussolini el fenómeno denominado fascismo ha entrado por vez primera en él mundo fenoménico.

A Mussolini le debe el fascismo, no sólo su propio núcleo ideal, sino también su forma, estructura, organización. En cada expresión vivífica de la Italia contemporánea está impreso, también, y profundamente, el sello inimitable de esta individualidad de especie única.

Mussolini, él mismo, es la encarnación de una voluntad y de una idea. Debido a ello su acción - revelada al afrontar una situación política que no era ya el fruto concreto de la superioridad individual en acción, sino la resultante de un juego de grupos, facciones, entidades - ha podido aparecer tan gigantesca, tan duradera, tan capaz. En medio de un conjunto democrático y baboso de procuradores de sociedades anónimas y secretarios de cámaras de trabajo, su aparición había implicado, por primera vez, la presencia de un arquetipo, de una entidad independiente, de un hombre. En él se expresaba por vez primera, una individualidad política completa, proyectante de los problemas políticos en mi ángulo visual, no ya material y mecánico, sino político en sus fines.

Mussolini ha abierto así a la Italia contemporánea su ruta. Y contra una humanidad bajo la plena y entera supremacía del liberalismo, ha osado por vez primera el experimento de encuadrar a los hombres en marcos radicalmente renovados, de proponerles incluso un ideario social y nacional nuevo. Su máximo mérito histórico se anota aquí: Que, a través de revolución política tal, ha demostrado al mundo, de manera original, el teorema de la posibilidad de desmantelamiento del marxismo. Del marxismo, entendámonos, en su esencia. Nunca, hasta ahora, se había efectuado, ni siquiera intentado, esta demostración: Y, ante todo, se estaba convencido unánimemente, sea de la indemostrabilidad del teorema, sea de su absurdo. Una vez sobrepasada cada fase difícil, se elevaba ante Mussolini, un obstáculo ulterior, cada vez mayor. Sin embargo, no solamente ha terminado por reducir a cero el marxismo por primera vez en la historia, tanto en su eficiencia política como en su propio peso específico real. Además y siempre, por vez primera, ha rendido la prueba clásica del modo de superarlo; y hasta como movimiento y fermento obrero; no con el recurso de la teoría y los métodos de la reacción, sino con doctrinas y raigambres sociales. El fascismo ha resultado, por consiguiente, el primer proceso político y victorioso contra el liberalismo, generalizando más contra aquella corriente ideológica y mitológica que derramada inicialmente en 1789 con la toma de la Bastilla, inundó después, unas tras otras, las naciones, y las azotó con una secuela de convulsiones revolucionarias, y al final, hizo sumergirse a los pueblos en el pantano del marxismo, la democracia, la anarquía, la lucha de clases. Mussolini había opuesto, por vez primera, a aquella corriente, una noción de solidaridad nacional unificadora de clases, de sectas, de confesiones y profesiones, en el terreno de un denominador común nuevo, fundada en la participación nueva de un destino nacional común.

Esta sí que es una real y esencial revolución, puesto que Mussolini había visto de pronto, y lúcidamente, la inutilidad e imposibilidad de todo y cualquier pacto y compromiso con la humanidad, liberal y democrática. Dos principios diametral y espiritualmente antitéticos se erguían uno frente al otro, y cualquier fórmula de convivencia pacífica recíproca era inconcebible. El problema se había concentrado en la liquidación de toda una actitud psíquica, en su substitución por una actitud contraria.

Irrupción - en este caso - de la juventud. De la juventud pasada por el fuego del purgatorio de la guerra mundial y hecha digna y capaz de guardar las cosas de la patria; más con visión que la humanidad liberal y democrática no podía sospechar ni lejanamente. Naturalísima, pues, en las generaciones italianas menos jóvenes, la ininteligencia del fascismo surgente; inteligencia, antes y después, inevitable. Sí: El reactivo introducido por Mussolini en el mundo fenoménico se presentaba, en este punto, con caracteres tales de heterogeneidad, de modernismo, de novedad absolutamente inédita, que a una humanidad semejante era negada, por definición, la idoneidad de comprensión. Confirmándose viceversa la famosa máxima de Schopenhauer. Y, una vez más, los paraísos de hoy son los lugares comunes del mañana. En realidad, mí persuasión a tal propósito está consolidada. La onda política, vencedora hoy en Italia bajo la constelación del fascismo y en Alemania bajo la constelación del nacionalsocialismo, conquistará poco a poco a Europa entera. Para detenerla, ya no hay ahora, ni más adelante, dique o represa que baste. Y en el día de su primera manifestación, empieza la historia nueva de toda nuestra parte del mundo.

Europa se incorporará a esa forma a la cual nuestras miradas tienden. Y a Mussolini le habrá sido asignado el alto destino de haber sabido ser el primero en instaurarla en su patria, en vivificarla en el pueblo y con el pueblo italiano. En efecto, ninguna revolución es más internacional en su propia génesis: La toma de la Bastilla es un hecho típicamente francés. Pero todas las revoluciones son siempre internacionales en la totalidad de su desarrollo. Las revoluciones insurgen inicialmente contra sistemas, regímenes y concepciones gesticulantes - sé comprende - de maneras diversas en sus diferentísimos estados. Durante, y a la conclusión de cada ciclo revolucionario, en casi todo el mundo reina un orden nuevo. Los amotinados que en 1789 asaltaron la Bastilla parecían y eran, diez años después, la vanguardia de la joven Europa. Las cosas no podían suceder de otra manera. No transcurrirán años, sino que, deberán pasar sin duda decenas de años; no lo voy a negar.

Que es directamente actuante y operante la dinámica íntima de los recursos históricos; y la lógica de su desarrollo es una, inmutable, y siempre igual a sí misma. El recurso histórico ha sido proporcionado por la Marcha sobre Roma. Para la democracia liberal, la Marcha sobre Roma ha sido, en realidad, la campana del prontos al asalto contra la democracia liberal. Es el primer ensayo de fracaso de las construcciones ideológicas y cielos mitológicos liberales y democráticos, de su substitución por una concepción nacional y social orgánica y original. El fascismo no es artículo de exportación. Pero, entendámonos, ¿hasta qué punto?. Con seguridad que no hasta el punto de entender que el fascismo debía aparecer limitado a ser un puro y simple episodio de la historia de Italia, sin ninguna repercusión posible fuera de ella. La frase mussoliniana significa exactamente lo contrario.
Significa que el fascismo es la forma, el fenómeno italianísimo de la actitud y tensión psíquica nuevas; lo mismo que el nacionalsocialismo es el fenómeno muy alemán; igual que en Inglaterra, Francia, Rusia, Austria, etcétera, ya en camino, la renovación revolucionaria asumirá aspectos y expresiones, en cada caso, inglesas, francesas, rusas, austriacas, etcétera. Del curso revolucionario completo, general, habrá emergido una Europa diferente. No un coacervo poseído en conjunto con una red de cadenas internacionales, sin una Europa afianzada sobre fundamentos nacionales propios, basada en la naturaleza. Nación por nación, Europa habrá hallado una estructura singular en que concertarse, al mismo tiempo en consonancia con las tradiciones y condiciones singulares.
Pero la generación espiritual de la multiplicidad de estructura habrá sido común, única y una. Y dentro de diez, veinte o treinta años, la cara de la Europa entera - lo repito - no parecerá la de ahora, expresión de la actitud y tensión anterior. Me limito, pues, a una tentativa de examen del fascismo en su génesis ideal y concreta, y dejo al lector cualquier paralelo eventual con el similar fenómeno alemán.

Es el fascismo, por esencia, antiliberal, no solamente en el tronco, sino sobre todo en las raíces espirituales. Ha liquidado de hecho este cosmos liberal en que el ser humano se calcula siempre y solamente un individuo, un número entre los números, y nunca un hombre. Al fetichismo común de la masa, el fascismo ha substituido por vez primera, en la vida política, administrativa, económica de la nación entera, una justicia jerárquica, equilibrada bajo un sistema de responsabilidades individuales, postulando el principio de comando personal. Haber acentuado de manera tan explícita la responsabilidad personal del mando la idea de dignidad del pueblo. Y similar extensión ha habido en el orden corporativo instituido por el estado fascista. Dos pilares. Una institución lúcida del ser humano singular en su humanidad personal; una noción segura, y profundizada hasta las últimas consecuencias, de su aptitud para la responsabilidad, y el mando, por un lado. Por otro, una doctrina corporativa, encuadrando a la totalidad de los productores en la conciencia de un destino nacional común. Pero el fascismo no es solamente antiliberal; es también antipacifista. Y he aquí que pareciera presentarse un asomo de contradicción, puesto que, siendo antipacifista, encarna, sin embargo, una garantía de paz. ¿Cómo resolverlo?... El pacifismo es doctrina, por su naturaleza, radical, democrática. En la práctica política cuotidiana, se inspiran sistemáticamente los cabecillas y santones de la democracia en él, cuando no son, por lo general, más que portavoces de intereses particulares y utilitarismos privados: Abogados y procuradores de profesión la mayoría. Es realmente la cosa más natural del mundo que hombres de esta procedencia intenten introducir en la lucha política interna e internacional los procedimientos y la valentía de su profesión, y aunque no se lo propongan deliberadamente. Y esto conduce al descubrimiento del cáncer del régimen liberal, su enfermedad constitucional, el por qué congénito de su gangrena. Todos sus partidos no eran sino coaliciones de intereses privados; todos sus partidos no podían proyectar ni otear los problemas políticos estaduales más que de acuerdo al ángulo visual obligado por esos intereses privados.

Añádese que, para los príncipes del foro, la tentación de hacer del parlamento nacional un duplicado del foro, es verdaderamente demasiado fuerte. Sigue como consecuencia que, en todo parlamento liberal, las indignaciones no son en realidad indignaciones, los entusiasmos no son realmente entusiasmos.

Son odios y amores facticios y ficticios, para pasto de la barra; son fintas esgrimidas bajo banderas programáticas ondeadas sin ninguna convicción; son batracomiomaquias para la defensa de posiciones que, a telón bajo, nadie piensa ya en defender. Y en los, intervalos entre acto y acto, los enemigos mortales de poco ha continúan el paseo de bracete por los corredores, amigos y hermanos como antes, mejores que antes.

Hombres de este género - es natural - no llegarán jamás a comprender cuánta humildad y reverencia se deben hacia la patria, si de veras se sienten hijos de ella. Ni siquiera en la patria, ni aún en la vida de un pueblo, saben reconocer algo diferente, superior al despliegue de los intereses materiales más o menos asimilado a cualquier otra alineación de intereses privados, más o menos confiados a su patrocinio. Jamás ha visto ni sufrido tanto Europa que cuando se ha puesto en manos de los abogados. Y en primer lugar, porque los señores abogados no son, tontos, y el ir a la guerra no les gusta, prefieren enviar a sus clientes. Se necesitaba, por otra parte, que el pueblo tonto no descubriese el truco un poco sucio; y, para ocultarlo mejor, se invento y concluyó la doctrina pacifista. Los señores, con poco gasto, se habían pagado hasta el lujo de ser humanitarios, en los salones, entiéndase bien. Lobos rapaces de frac y sombrero de copa, como dijo en cierta ocasión Mussolini. El fascismo ha puesto las cosas en su lugar, y también en el capítulo de la guerra ha querido ser franco ha preferido la falta de misericordia de llamar a las cosas por su nombre. Tiene a menos condenar la guerra en abstracto, y no recurre a ella en concreto sino cuando ha tropezado una, dos, tres veces, conque la integridad nacional no podía, salvaguardarse ya de ninguna otra manera.

Y Europa, repuesta sobre los propios fundamentos naturales y nacionales - estoy seguro de ello - sabrá mantenerse en paz mucho mejor que la Europa de hoy, espejo del desorden liberal. Los nacionalsocialistas de todas las naciones, hablamos, en el fondo y hechos, la misma lengua; lengua de radicales espirituales idénticos; y nos comprendemos por ello, mucho mejor que los liberales y demócratas; lengua que tiene el coraje de defender a ojos vistas el honor de la patria propia, y rinde pleitesía siempre al honor de la patria ajena. A través del antipacifismo de Mussolini, se había venido afirmando, pues, una voluntad de paz tan profunda como valiente y, para los señores, descarada; fue necesario ponerla en acción cuando Mussolini, en momentos en que semejante actitud era contra el sentido de la corriente y los humores del tiempo, defendió frente al mundo la causa de Alemania.

Tercer liquidación del fascismo: La extirpación del anónimo. La democracia liberal jamás tuvo el hábito de llamar a las cosas por su nombre. Quedar en la sombra: he ahí su gran pasión. Trabajar entre bastidores, exponerse en el proscenio lo menos posible, no aparecer nunca por completo: Estos eran los usos y costumbres invariables de sus directores efectivos. Los que hoy están capitaneando la oposición democrática, mañana hacen el hilo y manejan los títeres de la mayoría gubernativa, y pasado mañana, si es necesario, pueden volatilizarse. Todo un estilo y moralidad política, cuyas formas concretas y acabadas se llamaban, en Italia, masonería: Sentadas, pues, las premisas antiliberales y antipacifistas del fascismo, no debía dialécticamente descender su declaración de guerra a la masonería, hasta su aniquilamiento total.

En realidad, la central psíquica de la masonería y la del marxismo son de idéntica naturaleza; la socialdemocracia, el marxismo y la masonería no obstante ser diversos en los matices antitéticos y métodos respectivos, se funden y confunden en el modo de pensar y obrar, forman en sustancia uno sólo. Este modo de obrar y pensar, Mussolini lo ha substituido con las normas de la responsabilidad plena, entera, Mussolini ha asumido todo el, poder y ha dado todo el poder a todo el fascismo. Más no para proporcionarse privilegios o preservarse de rendir cuentas. Antes bien, exactamente al contrario, para echarse encima las cargas gravosas, y responder entera, abierta y solemnemente de ellas frente a toda Italia y a todo el mundo. Norma y actitud que presuponen a su vez una toma de posición antihumanitaria, el ataque frontal contra el espíritu humanitario falaz, del cual nosotros sufrimos experiencias más que suficientes bajo el régimen liberal democrático.

¡Humanitarismo!: Ostentarlo hacia los enfermos, hacia los enclenques y todos loa oprimidos; más para poder después rechazar cualquier solidaridad humana con la salud y la firmeza. Hacer profesión de la humanidad hasta que se detiene en los ciudadanos, pero uno a uno, por separado; y renegar de toda humana caridad de patria. Montar cátedra para predicar una especie de humanitarismo falsificado, morboso, hipócrita; hacerse pregonero de una forma mental social, nutrida con promesas que son mentiras; y no tener sucesivamente el valor de un acto humanitario, de una acción realmente de hombre, de cortar por las raíces las desviaciones y las causas de los males. Destruir esto ha sido la gran valentía de Mussolini. Implacable cirujano ha puesto al descubierto, ha aislado las llagas de su tiempo y del nuestro, y, a través de un tratamiento duro y doloroso de años y años, las ha cauterizado. Ha demolido hasta los cimientos el mito humanitario embrollón de la democracia liberal, colocando y añadiendo, más allá, una meta viril y heroica, no solamente para la clase política dominante, sino para la totalidad del pueblo. La totalidad del pueblo marcha hoy hacia aquella meta y, en la vanguardia, su flor: La juventud fascista. Pues la juventud italiana de hoy está transformada, irreconocible; jamás, antes de ahora, su rostro viril europeo había ostentado tanto valor, tanta firmeza, tanta confianza en sí misma, tanta audacia, tanta temeridad. Es el resultado de la acción de Mussolini, es un heroísmo probo y generoso, ofreciéndose a sí mismo a la nación, colocando la mayor y más meritoria aspiración humana en estar al servicio de la nación fisiológica y psíquicamente templado para dejar de lado el lucro material.
Juventud tan templada, dibujase hoy como la seña más saliente del aspecto político de la joven Italia, y es natural. La peor maldición caída sobre la Europa de 1914 se ha transparentado, quizá, en la fatalidad que todos los gobiernos de todos los estados, eran gobiernos de gente vieja, que ninguna palanca de mando fuera maniobrada, en ninguna nación, por los jóvenes. Y los viejos sabían demasiado bien que, si la guerra estallaba, ellos y su generación no tendrían que hacerla ciertamente. Pero la gerontocracia sobrevivió a la guerra mundial. Regresar de las trincheras a la casa y encontrarse conque, después de cuatro años de calvario, todo en política seguía andando como si nada hubiese sucedido: He aquí algo que superaba la capacidad de soportar de los jóvenes, algo que los exasperaba hasta el paroxismo. No hay que maravillarse pues, si las ideas y palabras de orden de Mussolini se lanzaron bajo el punto de vista en cuyo campo se agolpaba el pueblo y su furor, si el fascismo prístino, en su centro, resultó un movimiento de combatientes, si Mussolini resucitó el estado de ánimo de los soldados en las trincheras, si esta tensión, resucitada, se convirtió en la levadura patética de la propaganda fascista inicial. En el llevar la juventud italiana al frente, Mussolini se había dado cuenta claramente que la trinchera, para los jóvenes había sido un curso acelerado de sabiduría civil y política, contrabalanceando con exceso la insuficiencia técnica eventual, la hipotética falta de práctica.

Existiendo, además, prerrogativas que son virtud exclusiva de la juventud, que no se le enseñan, que no hay escuela donde se puedan aprender. El valor del riesgo, la facultad de poder hacer todo, de inventar todo, la posibilidad de la acción política a largo plazo, sin la condena ni la espina del no deber ver la desembocadura..., éste es hoy, por el contrario, el privilegio inestimable de la clase política dominante fascista.
Clase de jóvenes, y, por lo tanto, de hombres, no con un gran porvenir dentro de sí, sino con la vida y el vasto futuro delante; que se han desprendido del miedo a la muerte, más para reconquistar el sentido reverencial de la muerte; que saben ver las cosas tal cual son, y de como se quisiera que fuesen; sin contagios sentimentales, sin inclinaciones patéticas deformadoras, sin romanticismos nebulosos. En su lugar, un estilo mental y moral nuevo, un romanticismo viril y energético, acerado y heroico; el romanticismo de nuestro siglo. En realidad, la Italia joven y fascista es riquísima y abundante en fuerzas creadoras. Gracias a éste su almacenamiento de energía, pudo proponerse e imponerse los problemas aparentemente más insolubles; y cuanto más difícil se le presente la solución, con tanto mayor entusiasmo lo ataca de frente y en bloque. La Italia fascista y joven puede osarlo, porque está en posesión de las premisas indispensables, porque lo mejor de su pueblo está en el vértice de su régimen.

Envuelta en el ardor de crearse su nueva historia, libre de la bola de plomo al pie de las coaliciones de intereses y los complots de facciones, puede poner ahora, efectivamente, en el platillo, el peso entero de su potencialidad. El fascismo es, en sí, la idea de un hombre único, madurada en la mente de una individualidad de especie única, de un genio; pero la chispa se acrecentó cuando la idea, inexpresa todavía, estaba sin embargo ya en el aire, casi en suspensión .Y Mussolini aborda empresas propias de rarísimos ejemplares humanos, en nombre de los cuales habla Goethe: Y si los fiambres bajo el dolor enmudecen, un dios me conceda la palabra de aquel que sufre...

La tensión, la aspiración flotante en el aire, oscilante, continuamente indecisa, la captó Mussolini, supo constreñirla en verbo activo, en acción lógica; suyo fue el arte de transportarla, de la zona de lo incognoscible, a la esfera del conocimiento, suya fue la virtud de promoverla, de la oscuridad de la subconsciencia, a la luz meridiana del mundo consciente. Idea de un hombre único, el fascismo deviene la confesión y profesión de fe de un partido político nacional; fe de una parte política, brota según el modo de pensar, sentir y vivir de un pueblo, surge con la esperanza de toda una nación.

Es superfluo extenderse en demostrar que el ejecutor de una obra tanto molis debería ser un hombre, necesariamente, de dotes innatas extraordinarias. Duro, muy duro, para la serie de los más diversos y variados exteriores que se han abocado a una interpretación definitiva del fenómeno Mussolini. Lo ha experimentado, en su juicio, la dialéctica hebraica, se han fatigado por ello las retóricas reaccionaria y marxista; Fatiga inútil, a mi ver, Mussolini escapa a la órbita del cuadro de toda especie de cesarismo, su estatura sobrepasa el parangón con la de todo jefe de partido.

En él, la juventud se multiplica por la voluntad; Es lógica, coincidencia y resultante de elementos, desde ya y de por sí, no solamente necesaria, sino suficiente para poder llevar a cabo una transformación política cuando, como en el caso de Mussolini, la personalidad en que la síntesis se efectúa sea detentadora del poder, o si las corrientes delineadas u hombres le bastaran para esperar conseguirlo. Además, en quien haya nacido de la cuna popular con la misión de atraer sobre si la fe popular, de objetivar en sí la dedicación nacional entusiasta, ocurre y ayuda una tercera determinante: El crisma de la facultad de entrar en contacto y quedar en contacto inmediato con el pueblo, con esta aura sutil propiciatoria, con esa aureola de especie mágica, siempre advertida y reconocida en torno de los héroes nacionales predestinados.

Un factor incoercible en la fórmula de una definición, un poder que es imposible llegar a expresar, un equilibrio entre la conciencia de la superioridad y la generosidad humana y viril, entre la aptitud ingénita para el mando y la moderación sabia: Esta es la esencia de Mussolini. Hombre todo instinto y percepción magnética, es la llave que abre el camino real orientado al corazón del pueblo italiano.

En nuestra primera entrevista, a los diez minutos estábamos ya de acuerdo.

Organización del partido, tiempo de la revolución, orden corporativo, partido y estado, forma y contenido del estado; este complejo totalitario de problemas, Mussolini lo abarca unitaria e instintivamente. Si existe una persona con la cual un nacionalsocialista auténtico se entienda al vuelo, esa persona es Mussolini. Con él no hay necesidad de discutir punto por punto ninguna cuestión: una relación, un bosquejo, y todo queda claro y en su lugar. El corazón de las multitudes Italianas late al unísono con el de él, y jamás estuvo con nadie como con él. Y si doce tribunos marxistas trinan contra la dictadura italiana, no hay más que volver a aplicar una historieta famosa, y los oradores no son otros que los zurradores de piel que se han quedado sin piel.

Puerilidad, insulsez, traje ridículo, todo el mundo sabe cómo van las cosas en realidad. Material magnífico para cualquiera, en Italia. Y un buen corte. En Italia, el vocablo marxismo ha desaparecido por completo de la lengua viva, y cuanto más la palabra bolcheviquismo, que hay que ir a buscarla en los diccionarios donde la vida la ha expulsado y confinado.
El Duce siempre tiene razón. Es una frase tal vez en parte ininteligible, al menos para nosotros los alemanes; no obstante, hablando y pensando de manera italiana, la fe de todo un pueblo se expresa en su complemento y coronación. Es una frase humanamente no acuñable sino dónde y cuándo la mayoría enorme está archiconvencida, en su fondo más profundo, de que el hombre de clase única está del lado de la razón. Al faltar hechos explicativos de perentoria premisa similar - es evidente - hubiera tenido repentino sabor a delirio o bufonada, y no hubiera sido tomada en serio ni repetida. Il Duce ha sempre ragione. Es, por el contrario, una proposición plenamente creída y representa una suma tan enorme de confianza y dedicación, un capital psíquico nacional tan seguramente imponible y convertible en acciones políticas concretas, que quererlo aumentar aún sería realmente imposible.

Mussolini es el arquetipo ideal de la juventud italiana. No hay balilla que no lleve consigo su fotografía, no hay italiano que no lleve su imagen en el pensamiento.

Es el hombre de los obreros y de los campesinos, que comprende al pueblo y se encuentra bien sobre todo en medio del pueblo, que no quiere hacerse fuerte con el pueblo, sino hacer fuerte al pueblo italiano.

El tipo militar nuestro - prusiano, germánico - se ha encarnado históricamente es una dualidad antitética de caracteres físico psíquicos preponderantes: en complexiones macizas, más bien robustas y duras, por una parte, y en complexiones descarnadas, ágiles y nerviosas, por otra. Se puede reconocer la perfección ejemplar del segundo subtipo en Moltke, general que sabe manejar lo mismo la pluma y la espada, tan artista nato como estilista consumado en las Cartas turcas. Y sobre todo, en el equilibrio inimitable de Federico Segundo de Prusia, rey y condottiero, músico enamorado de su flauta, y escritor Soldado insigne, mataba continuamente en sí al artista para que el creador de historia viviera, y en lucha tal se ejercitaba máximamente su heroísmo, se testimoniaba su calidad virilmente humana. En Mussolini, ahora me parece vislumbrar algo semejante. Es un soldado, pero también es artista; es también todo instinto, intuición, percepción magnética; en conclusión, conocimiento directo, conocimiento virtualmente infalible. Alguna vez, en cualquier particular secundario, podrá darse el caso que se equivoca también; él; pero en las cuestiones capitales es constantemente rectilíneo, seguro, con una seguridad sublime, de clarividente.

Proponeos ahora una definición semitemeraria, y llamaréis a Mussolini romano prusiano. Un antiguo romano, con la disciplina prusiana, la alegría de trabajar prusiana, el heroísmo prusiano; aparición única y, a punto en su unidad, no concebible ni posible más que en la tierra madre del romanismo.

Y si el fascismo es la obra maestra, su persona es el centro viviente de la Italia fascista. Mientras, la infalibilidad instintiva mussoliniana se revela y afirma en su método de acción demiúrgico en haber obrado siempre de abajo hacia arriba, y no al revés. Y entendamos bien que, si lo hubiese querido, habría podido elegir, en su lugar, el sistema contrario, sin dificultad, sobre todo sin la dificultad de Hitler, por cuanto se hallaba, ya a la cabeza de un partido potente y, por lo tanto, en las alturas. No; Mussolini prefirió establecerse en las raíces, deliberada y conscientemente; que para subir se va de las raíces al vértice, pero desde el vértice no se puede ya descender; las cosas son así y no de otra manera.

Conciencia heroicamente lúcida, Mussolini debió, por ello y ante todo, plantearse a sí mismo este axioma: Sí el fascismo vence, le espera una victoria total. El fascismo no ha nacido para comerciar con los demás partidos, y mucho menos para soportar otros dioses en su cielo. El fascismo se juega el todo por el todo: o llega, o fracasa; si fracasa, ha perdido de una vez para siempre: Mas si llega, todo le pertenece por derecho y también para siempre. Y en consecuencia, con una serie cerrada de golpes asestados al corazón, pone fuera de combate, uno tras otro, a todos los viejos partidos.

De los viejos partidos, en Italia, hoy ya, no se acuerda nadie: Socialistas, anarquistas, comunistas, populistas... pertenecen a la arqueología, ¡y de qué calidad!. El fascismo ha encuadrado políticamente a la totalidad del pueblo; ningún pueblo, en realidad, pudo ostentar jamás un cuadro, una armazón semejante que lo sostenga y distienda, diferenciada según los diversos lugares y tiempos, sea, como es evidente, en la configuración externa, sea en el proceso formativo íntimo. El sistema encuadrador asume una estructura histórica, en cada caso variada; es un orden religioso y guerrero, es una jerarquía militar, es un organismo político y civil, denominable partido: Condición inmutable, rigurosa, que perdura solamente por la presencia y la acción de mando de una minoría dirigente.

El patriciado romano antiguo, el ejército prusiano, el fascio de combate en la Italia fascista, el movimiento nacionalsocialista en la Alemania nacionalsocialista. Una armazón, una osamenta tal, no es posible ni concebible más que dentro del estado: fuera, sería absurda. El estado orgánico se constituye y construye alrededor de este esqueleto y armazón que es la presuposición ad hoc de su organismo, de su solidez, de su consistencia. Hacer del fascismo una función orgánica del estado: he aquí el problema capital en la evolución fascista próxima pasada. Los fascios de combate no flanquean el estado ni marchan a su zaga, sino que se funden y confunden con él: Fascio y estado se convierten en una unidad hasta en la convicción de cada fascista. El tiempo se colorea con las imágenes y semejanzas de los mayores; para hacer la historia quedan los descendientes.

Mussolini ha llamado oportunamente al secretario general del partido fascista para formar parte del gabinete, confiriéndole el grado y las prerrogativas de ministro en ejercicio.

Uniformándose con el impulso recibido desde arriba y partido desde el centro, la intromisión del partido en el estado ha continuado en sentido descendente y hacia la periferia, con un ritmo natural y sin sacudidas, en tal forma que, al término de una evolución apenas decenal, fascismo y estado italiano son, exacta y realmente, todo uno.

Y de esta manera ha podido dedicarse en cuerpo y alma a la conjunción permanente con la totalidad del pueblo.
¡Desgraciado de aquel gobierno que se eche sobre las espaldas el peso de toda responsabilidad y, después, sueñe mantenerse en contacto con el pueblo a través de la aplicación de la ley desnuda y cruda!. ¡Con seguridad que el régimen que no tiene confianza en nadie y no cuenta con nadie, debe levantar su burocracia y policía! Un régimen goza de vitalidad solamente cuando tiene tras sí y consigo una nación. Ni esta condición tendrá si su política no es nacional y popular. Entendámonos: Ser fascista, como ser nacionalsocialista, constituye la prerrogativa ambiciosísima de una minoría.

Pero no estamos en presencia de una minoría que tienda a depositarse en la superficie para cubrirla y hacer de revoque en la fachada, o viceversa, propensa a aglutinarse en la capital, a coagularse, para disponer después a su capricho desde la central. Trátase de una minoría distribuida jerárquicamente en el organismo del estado entero, incorporada orgánicamente a la vida total y totalitaria de la nación.

El jefe de la jerarquía ocupa el vértice de la pirámide; en la degresión del vértice a la base, la pirámide se ensancha proporcionalmente, y su eje de simetría se identifica con el eje de simetría del pueblo, de la nación, del estado italiano. Propulsor originario y órgano inicial de la revolución, el partido fascista se convierte con pleno, con plenísimo derecho, en órgano del estado fascista.

El jefe del gobierno es, simultáneamente, jefe del partido, y el partido no es, por consiguiente, sino la forma y la expresión plástica de la voluntad, pensar y acción fascistas; la Italia contemporánea sería imposible figurársela sin el fascismo, puesto que el fascismo ha permeabilizado, hasta la fibra más íntima, el tejido del pueblo italiano.

La nueva generación es su hechura y propiedad; la juventud crece a su calor exclusivo, sintiéndose parte viva del estado. Los fascistas más jóvenes advierten también, casi por fuerza de un fenómeno de correspondencia subconsciente, que en Alemania se está recorriendo una evolución similar. Fue demasiado calurosa la acogida que me prepararon los jóvenes fascistas para poderla explicar como convergencia de intereses materiales: demasiada cordialidad para poderla reducir a una coincidencia de directivas políticas internacionales. Revelaba un estado de ánimo más consonante, más profundo.

"Nosotros lo concebimos de la misma manera. Vosotros, en Alemania, queréis llegar idéntica y exactamente a lo que nosotros en Italia". Consonancia íntima, abiertos panoramas nuevos.

Una cosa es una revolución y otra una asonada. En 1918, los alemanes tuvimos una asonada en casa; hoy, en su lugar, se ha llevado a cabo una revolución. En la víspera de la Marcha sobre Roma, Italia contemplaba la asonada en su casa; la acción de Mussolini desde entonces hasta ahora, continua, y progresiva, todavía en pleno desarrollo, constituye, por el contrario, la revolución fascista. Las revoluciones jamás reniegan de las tradiciones nacionales: Las tutelan, las salvan, en cambio. Ni destruyen nunca por el gusto de destruir: demolen, aniquilan, sí, pero siempre y cuando sea rigurosamente necesario, indispensable, para dar lugar a las fuerzas vitales nuevas.

También la revolución fascista, también Mussolini, han dejado estar las cosas como estaban frecuentemente, incluso con mucha frecuencia, cuando no representaban una rémora para el impulso vital revolucionario.

Revolución de jóvenes la fascista, está en ligazón consciente con la tradición nacional, está dotada del sentimiento reverente de la historia nacional y del purismo tradicionalista más exigente. Y es profunda su aptitud para transformar en propia tradición su mismo pasado próximo ya histórico. Todo fascista está persuadido que la historia de la revolución fascista, desde su primer comienzo, ha constituido una sola cosa con la historia de Italia; y tienen razón.

Igualados en la veneración nacional a los Mártires de la causa nacional, los mártires de la cansa fascista son señales idénticamente luminosas, como en nuestro lied (1), los fascistas muertos marchan todavía entre los fascistas vivos.
Así ha sido el partido fascista el crisol metafórico del pueblo italiano; así es el crisol real del pueblo fascista; así, en ese crisol, la heterogeneidad de la materia prima humana se refunde en la homogeneidad de una sustancia humana plasmable, de cualidad civil, política: La mano creadora del genio artístico - político extrae de allí la figura viviente actual.
Y el régimen se auto defiende, sin necesidad de una policía adecuada, en especie, ni de cualquier otra forma de coerción material, en género. La medida de su fuerza es igual a la de la nación italiana, y es la misma medida porque es la misma fuerza. Es un hecho que el partido ha absorbido el partido de la multitud, y la multitud al pueblo, y el pueblo a la nación, y es erróneo decir hoy Italia, si no se quiere decir a la vez fascismo y Duce.

En el sector Occidental de Europa se ha esparcido y propagado la especie de que la inteligencia y cultura italianas, o son de corazón contrarias al régimen fascista, o, en el mejor de los casos, subsisten bajo una actitud llena de reservas. Cháchara cretina y manipulación de los notorios manipuladores profesionales de la "opinión pública" occidental inspirados por los apetitos personales, ni siquiera merece la pena de ser rebatida. Los intelectuales auto segregados del fascismo son ramas secas que sería una lástima reverdecieran en tan buen terreno; ocuparse de ellos, lo repito, sería perder el tiempo ahora, ya que han caído bajo la maldición más antipática exactamente para toda eventual aspiración a la inteligencia: ¡Fastidiosos!. Mas son personas sin ningún interés para nadie, mientras la vida incoercible y bullente sigue derecho, mientras las fuerzas revolucionarias jóvenes suscitan y vivifican la forma del nuevo orden social. Toda Italia se halla reconstruida, transfigurada: las multitudes inmensas arden en el mismo ardor que no se extingue en su jefe, renacen en la voluntad idéntica y unitaria de encarar de frente la totalidad de los problemas.

La revolución fascista recorre, vencedora, una vía real; y si un par de intelectualoides desequilibrados y dejados de la mano de Dios, se hacen los locos en la calle y gritan, y echan veneno, habrá que recordar que los rebuznos del asno no llegan al cielo. La actividad cinematográfica fascista apenas ha entrado en un ciclo productivo radicalmente renovado; principios por ahora modestos, mas ya significativos, por otra parte.

Se ha visto una serie de los primeros ensayos hasta aquí, en Alemania. Desde el punto de vista técnico paro, nosotros, en verdad, estamos más adelantados que en Italia; si en su lugar el juicio se efectúa sobre la voluntad de figuración de la causa, de representación del destino nacional, Italia está más adelantada que nosotros, al menos hoy.

Y lo esencial, a mi parecer, es esto. Todo lo demás se puede aprender; habilidades prácticas e ingeniosidad técnica, son accesorias: Basta trabajar con un cerebro sano para llegar a apropiarse de sus secretos; lo que no se enseña es el espíritu vivificador, el impulso suscitante.

El fascismo, en primer lugar, ha osado la experiencia de hacer del cinematógrafo un instrumento de acción estadual - nacional directa. Hoy por hoy no sabría dar una opinión definitiva sobre el éxito final del experimento, ni tampoco, sobre la oportunidad eventual de una repetición de él en Alemania. Yo he considerado, desde el principio, que toda nación es y debe ser nacionalista a su modo, que importar a tontas y a locas un nacionalismo extraño será tan cómodo como insensato y malaventurado, que es necesario tomarse el trabajo de pensar con la propia cabeza, que es preciso descubrir, inventar la armonía perfecta entre el orden jurídico - social nuevo, de un lado, y la estructura nacional - específica alemana, de otro.
Inspira admiración, en esta Italia rejuvenecida, la audacia tenaz con que se edifica. Una línea similar empieza a trazarse ahora en Alemania; y no con la intención de calcar la horma de la revolución fascista, sino en realidad, para corporizar nuestra convicción madurada. Ni las reformas que transmutan el flujo continuó de la vida, ni las revoluciones que transforman el ritmo cotidiano, son automáticamente suficientes para eternizar a sus héroes, las naciones; no es eterna más que la indestructibilidad de la piedra. Hacer de la piedra eterna un monumento a la eternidad de la nación: He aquí el privilegio superior, del cual se exige sean investidas.
Italia lo posee. Inmediatamente alrededor a la Roma antigua y vieja, se ha levantado otra ciudad; se han derribado barrios enteros; se ha edificado en las afueras un foro de mármol ciclópeo; se ha irradiado en la península un sistema de carreteras de inigualables longitud, comodidad, amplitud, estabilidad. Habrá quien se figure que de estas hermosuras, no disfruta el pueblo italiano; habrá quien se imagine, en los hombres del campo, monólogos como éste: ¿Qué beneficio trae hasta mí el foro romano?... ¿La autovía?... ¡Por ella van los autos de los señores!... No es cierto, sino lo contrario.
Desde el primero al último, todo Italia no siente y sabe que éste es su campo de deportes, que ésta es su autovía, que este conjunto de obras lo ha creado la fuerza creadora perpetua del ingenio italiano; y en años en los cuales el resto del mundo estaba sacudido por accesos de fiebre, se hallaba convulsionado por la crisis.

Nosotros tenemos el deber de llegar también al mismo punto, en Alemania; la voluntad de perpetuarse en la perpetuidad de la piedra, hasta ahora prerrogativa de hombres singulares, debe brotar en el orgullo de todas las naciones sin excepción. Todas las naciones deben imponerse este acto de voluntad. Y dentro de dos mil años, los monumentos sobrevivientes serán testimonios de nuestras generaciones de constructores.

En Italia, la ley de prensa ha sido reformada fundamentalmente. También en Alemania es de urgencia fijar con rigor los derechos y deberes de la prensa alemana, y pronto. El criterio legislativo italiano en esta materia no lo podremos adoptar más que parcialmente, al no coincidir, en una porción de casos, con la índole nacional alemana.
Pero tendremos que afirmarnos en una base común, y la prensa germánica estará también disciplinada en cuanto a actividad y responsabilidad pública se refiera, ya que el derecho de ejercitar la profesión periodística es, para con el estado, un deber. A los médicos no se les permite efectivamente el ejercicio de la medicina sin la habilitación del estado, y nadie encontró en ello nada censurable.

Con mayor razón, con mucha mayor razón, nadie tendrá que censurar nada si el estado se arroga el derecho de conceder la habilitación inherente a una categoría de profesionales que, en realidad, podrían y pueden envenenar el cuerpo social.
Entendámonos: No se aspira a un nivelamiento total y totalitario de la opinión pública; se exige y quiere, en orden a las instancias nacionales vitales, una opinión pública nacional, pero una sola: ¡No dos o más!. Hay Quien sale a predicar que la propiedad es un robo, mientras otro dice que es la quintaesencia de la civilización y el progreso. Para éste, la religión es el nivel definitivo de las aspiraciones humanas; para aquél, por el contrario, es el opio del pueblo. Pluralidad inadmisible, simultaneidad absurda. Hay que dar la razón al que la tenga, y el que esté de parte del error que elija.

En situaciones anónimas, en cuestiones de pura forma, los pareceres son libres para multiplicarse; pero cuando se trata de problemas capitales, la solución, la respuesta, es y debe ser siempre única. Y si las cosas no marchan así espontáneamente, entonces el deber de quien responde del estado nacional es uno solo: hacerlas marchar así de cualquier modo, meter en cintura al que lo necesite; y no dejar que campeen por sus respetos, con su "temperamento individual", el señor Tal o el señor De Cual. Nosotros no nos hemos colocado en el lugar de mando para vigilar un cultivo bacteriológico de "temperamentos individuales"; nos hemos colocado para conquistar para la nación, su derecho a la vida.
Desde la copa a la raíz, la Italia fascista está saturada de la savia de la energía y de la seguridad en sí misma. Lo cual es formidablemente hermoso, y á nadie le pasa jamás por la mente que eso pueda terminar.

Se reemprende a todo momento, y al encontrarse con cualquier nudo de dificultad, se corta; y no se interrumpe jamás el ritmo acelerado del trabajo; y se exploran sin descanso los sucesivos obstáculos, abatiéndolos sin un instante de titubeo; y el pueblo es consciente de ir guiado por los mejores de sus hijos, por la sabiduría más segura y más responsable.

Y a los italianos se les nota hoy en la cara. El primer italiano con que os cruzáis al salir, es un individuo convertido en propaganda viviente de la idea fascista. Por otra parte, es una experiencia sencilla de verificar; cualquiera que pase la frontera italiana, fíjese en el primer camisa negra de la milicia; ese romanismo viril, sano, consciente de su fortaleza, se podrá buscar por toda Europa, mas no se le encontrará en otro lugar. Lo dice la fisonomía, el porte: somos los hijos de la Italia fascista, los descendientes de los legionarios de Roma.
Experiencia para mí, tangible, sensación plástica, en la visita a Littoria. Hasta ahora, ha habido quienes quisieran discutir si el rescate económico de la zona pantanosa ha sido integral; pueden seguir discutiendo hasta que se entiendan. La misma circunstancia de haberse o no instalado en ella ochenta mil personas termina por resultar, en último análisis, secundaria. Lo que cuenta y vale es el coraje que ha querido y quiere, es la fría temeridad de haber emprendido y haberse empeñado en empresas como ésta. En primer plano no queda más que el hecho de que, en solo un hombre, en plena paz, haya madurado la decisión de reconquistar para su país una provincia como ésta, haya madurado suficiente persuasión como para persuadir y apasionar a la nación entera.

Para los nuevos italianos, Littoria es la gema más bella de la corona de Italia: La ciudad, la provincia, la obra maestra de nosotros, del fascismo. Observamos la obra maestra en acción, notamos que se personifica en los colonos de las lagunas pontinas disecadas, uno por uno. Los colonos no hacen, ciertamente, una vida señorial, y envidian la suerte de otros; pero no hay uno que no sea fascista al cien por cien. Son gentes en quienes ha hecho presa la solidaridad creadora de aquella voluntad, aunque las palabras que pronuncien sean rústicas. "Entre tanto, se ha reconquistado una provincia. En dos mil años no lo habían hecho: nos corresponde a nosotros fascistas. Nuestros combatientes, que hicieron la guerra en las trincheras, se han destacado. Y quien nos ha llevado a este lugar ha sido él, nuestro Mussolini". Y se ha acumulado así un capital de confianza nacional enorme, que fructificará inmensamente. Y el fascismo es para la nación como un demonio incitante a la acción constructiva.
Italia es un taller, una disciplina, una tensión, una urgencia: obra, y días concentrados en la obra. Es un pensamiento coral, unánime, dominante. "No hay tiempo que perder, no es suficiente la vida disponible para permitirse el lujo de apoltronarse".

Un tractor puede servir de símbolo. Si se ve a un tractor surcar un pantano de estos y, con, el tronco al sol, dos jóvenes fascistas manejarlo cantando a todo pulmón, al unísono con el ronquido del motor, se siente entonces verdadera admiración: ¡Qué no sabrá hacer el pueblo italiano, qué no se obtendrá de ese pueblo, si quienes lo guían son auténticos hombres!. Y la admiración vuelve a producirse al correr sobre las perfectas carreteras asfaltadas, amplias de un extremo a otro, extendidas por toda la superficie, del territorio nacional; tipo formidable de propaganda directa sobre los turistas extranjeros, red fantástica que ha absorbido inversiones sobre inversiones, esfuerzos sobre esfuerzos. Mas la nación se enorgullece; pero Italia ya no es el país del dolce far niente y del dejar pasar; pero los italianos se han apropiado, como divisa silenciosa, de la respuesta de Guillermo Primero: "No hay tiempo para sentirse cansado".

El pensamiento de Mussolini continúa influyendo sobre el pueblo trabajador, aún cuando la jornada de trabajo de los prestadores de mano de obra haya terminado. El Dopolavoro (2), con sus inscriptos a millones, es creación de sano origen, del fascismo; y sus actividades, promovidas y patrocinadas por el régimen, son múltiples y variadísimas: Teatros populares, espectáculos y fiestas, sports de todas clases, jiras culturales, excursiones y cruceros, enseñanza del canto coral. En Verona encontré el Carro de Tespis: En un escenario improvisado en la Piazza dell'Erbe, se representaba una obra.
Y desfilaron ante mis ojos el tenis; la cancha de football, los dispensarios y la enfermería, los hospitales de la "Obra Nacional Maternidad e Infancia", los parques populares extensísimos, concebidos y ejecutados con gran atrevimiento.
Es ejemplar, en Roma, la actuación de la legislación social, el ajuste asistencial.

El ciclópeo Foro Mussolini lo encontráis lleno de niños y adolescentes encuadrados en la "Obra Nacional Balilla". Persuasión inmediata, propaganda irresistible; nadie puede sentirse jamás abandonado a sí mismo: El estado nacional te toma por la mano, te educa, te forma, te recrea; (por una bicoca vas al cinematógrafo, pasas la velada en el teatro, te abonas a una temporada de conciertos. Tu soledad queda abolida, el estado es para ti asistencia, protección; ya no se encarna para ti en la inquietud del agente de impuestos, se ha convertido ahora en el garante que no te traiciona. La solidaridad social es de figura grandiosa y llena de majestad. Y no sólo para las generaciones presentes y crecidas, sino también, sino sobre todo, a beneficio de las generaciones futuras y a nacer.

Mussolini adora a los niños, es su, amigo reconoce en ellos la riqueza nacional verdadera, predispone todo sistema de providencia social apto para acrecentarla. Los asilos, las ambulancias, los hospitales y todas las demás instituciones de su "Obra Nacional Maternidad e Infancia", son la última palabra en cuestiones de prevención, profilaxis e higiene.

Influencia de la Civilización Islámica en Occidente (René Guénon)

La mayoría de los europeos no han evaluado exactamente la importancia del aporte que han recibido de la civilización islámica, ni han comprendido la naturaleza de sus tomas a esta civilización en el pasado y algunos hasta desconocen totalmente todo lo que a la misma se refiere. Eso viene de que la historia como se les enseña trasviste los hechos y parece haber sido alterada voluntariamente sobre muchos puntos. Es a ultranza que la enseñanza en cuestión proclama la poca consideración que le inspira la civilización islámica, y tiene el hábito de rebajar el mérito de la misma cada vez que se presenta la ocasión de ello. Importa destacar que la enseñanza histórica en la Universidades de Europa no muestra la influencia de que se trata. Antes al contrario, las verdades que deberían ser dichas sobre esta tema, ya sea que se trata de profesar o de escribir, son sistemáticamente descartas, sobre todo en cuanto a los acontecimientos más importantes.
Por ejemplo, si es generalmente conocido que España ha permanecido bajo la ley islámica durante varios siglos, jamás se dice que lo mismo ocurrió en otros países, tales como Sicilia y la parte meridional de la actual Francia. Algunos quieren atribuir este silencio de los historiadores a ciertos prejuicios religiosos. Pero, ¿qué decir de los historiadores actuales cuya mayoría carecen de religión, cuando no son adversarios de toda religión, cuando vienen a confirmar lo que sus antecesores han dicho de contrario a la verdad?.
Es pues menester ver ahí una consecuencia del orgullo y de la presunción de los occidentales, sesgo que les impide reconocer la verdad y la importancia de sus débitos hacia oriente.
Lo más extraño en esta ocurrencia es ver a los europeos considerarse como los herederos directos de la civilización helénica, cuando es que la verdad de los hechos incrimina esta pretensión. La realidad extraída de la historia misma establece perentoriamente que la ciencia y la filosofía griegas han sido transmitidas a los europeos por la mediación de los musulmanes. En otros términos, el patrimonio intelectual de los helenos no ha llegado a occidente sino después de haber sido seriamente estudiado por el Próximo Oriente y si no hubiera sido por los doctos sabios del islam y sus filósofos, los europeos habrían permanecido en la ignorancia total de esos conocimientos durante mucho tiempo, ello, si es que hubieran llegado jamás a conocerlos.
Conviene hacer observar que hablamos aquí de la influencia de la civilización islámica y no especialmente árabe como se dice algunas veces sin razón. Ya que la mayoría de los que han ejercido esta influencia en occidente no eran de raza árabe y si su lengua era árabe, era solo una consecuencia de su adopción de la religión islámica.
Dado que somos llevado a hablar de la lengua árabe podemos ver una prueba cierta de la extensión de esta misma influencia en occidente en la existencia de términos de origen y de raíz árabes mucho más numerosos de lo que se cree generalmente, incorporados en casi todas las lenguas europeas y cuyo empleo se ha continuado hasta nosotros, aún cuando que muchos de entre los europeos que se sirven de ellos ignoran totalmente su verdadero origen. Como las palabras no son otra cosa que el vehículo de las ideas y el medio de exteriorización del pensamiento, se concibe que sea extremadamente fácil deducir de estos hechos la transmisión de las ideas y de las concepciones islámicas mismas.
De hecho, la influencia de la civilización islámica se ha extendido en una muy amplia medida y de una manera sensible a todos los dominios, ciencias, artes, filosofía, etcétera. España era entonces un medio muy importante a este respecto y el principal centro de difusión de esta civilización. Nuestra intención no es la de tratar en detalle cada uno de estos aspectos ni la de definir el área de extensión de la civilización islámica, sino solo la de indicar algunos hechos que consideramos como particularmente importantes, si bien que sean poco numerosos en nuestra época los que reconozcan esta importancia.
En lo que concierne a las ciencias, podemos hacer una distinción entre las ciencias naturales y las ciencias matemáticas. Para las primeras, sabemos con certeza que algunas de entre ellas han sido transmitidas por la civilización islámica a Europa que se las tomó de una manera completa. La química, por ejemplo, ha guardado siempre su nombre árabe, nombre cuyo origen se remonta por lo demás al antiguo Egipto, y eso, aunque el sentido superior y profundo de esta ciencia haya devenido enteramente desconocido a los modernos y como perdido para ellos.
Para tomar otro ejemplo, el de la astronomía, los términos técnicos que son empleados en la misma en todas las lenguas europeas son todavía en su mayor parte de origen árabe, y los nombres de muchos cuerpos celestes no han dejado de ser los nombres árabes empleados tal cuales por los astrónomos de todos los países. Esto se debe al hecho de que los trabajos de los astrónomos griegos de la Antigüedad, tales como Tolomeo de Alejandría, habían sido conocidos por las traducciones árabes al mismo tiempo que los de sus continuadores musulmanes. Sería por lo demás fácil mostrar en general que la mayoría de los conocimientos geográficos concernientes a las regiones más alejadas de Asia o de Africa han sido adquiridos durante mucho tiempo por exploradores árabes que han visitado numerosas regiones y podríanse citar muchos otros hechos de este género.
Por lo que se refiere a las invenciones que no son más que aplicaciones de las ciencias naturales, han seguido igualmente la misma vía de transmisión, es decir, la mediación musulmana, y la historia del reloj de agua ofrecido por el Khalifa Haroun - El -Rachid al emperador Carlomagno, todavía no ha desaparecido de las memorias.
En lo que concierne a las ciencias matemáticas, conviene acordarles una atención particular bajo esta relación. En este vasto dominio, no es solo la ciencia griega la que ha sido transmitida a occidente por la mediación de la civilización islámica, sino también la ciencia hindú. Los griegos también habían desarrollado la geometría, e incluso la ciencia de los números que, para ellos, estaba siempre vinculada a la consideración de las figuras geométricas correspondientes. Ese predominio dado a la geometría aparece claramente, por ejemplo, en Platón. Sin embargo existe otra parte de las matemáticas perteneciente a la ciencia de los números que no es conocida, como las demás bajo una denominación griega en las lenguas europeas, por la razón de que los antiguos griegos la han ignorado. Esta ciencia es el álgebra, cuya fuente primera ha sido la India y cuya denominación árabe muestra suficientemente como la misma ha sido transmitida a occidente.
Otro hecho que es bueno señalar aquí a pesar de su menor importancia, viene todavía a corroborar lo que hemos dicho, y es que las cifras empleadas por los europeos son por todas partes conocidas como cifras árabes, aunque su origen primero sea en realidad hindú, ya que los signos de numeración empleados originariamente por los árabes no eran otros que las letras de alfabeto mismas.
Si abandonamos ahora el examen de las ciencias por el de las artes, haremos observar que, en lo que concierne a la literatura y a la poesía, innumerables ideas provenientes de los escritores y de los poetas musulmanes, han sido utilizadas en la literatura europea, y también que incluso algunos escritores occidentales han llegado hasta la imitación pura y simple de sus obras. De igual modo, pueden relevarse huellas de la influencia islámica en arquitectura, y eso de una manera enteramente particular en la Edad Media; así, la ventaja de ojiva cuyo carácter se ha afirmado al punto de que ha dado su nombre a un estilo arquitectural, tiene incontestablemente su origen en la arquitectura islámica, ello, aunque numerosas teorías fantásticas hayan sido inventadas para disipar esta verdad. Las teorías en cuestión son contradichas por la existencia de una tradición entre los constructores mismos que afirman constantemente la transmisión de sus conocimientos a partir del Próximo Oriente.
Estos conocimientos revestían un carácter secreto y daban a su arte un sentido simbólico; tenían relaciones muy estrechas con la ciencia de los números y su origen primero ha sido siempre atribuido a los que edificaron el Templo de Salomón.

Sea lo que fuere del origen lejano de esta ciencia, no es posible que la misma haya sido transmitida a la Europa de la Edad Media por un intermediario distinto que el del mundo musulmán. Conviene decir a este respecto que estos constructores constituidos en corporaciones que poseían ritos especiales, se consideraban y se designaban en occidente como extraños o, antes bien, como extranjeros, inclusive en su país natal, y que esta denominación subsiste hasta nuestros días, aunque estas cosas hayan devenido obscuras y no sean ya conocidas más que por un número ínfimo de gentes.
En esta rápida exposición, es menester mencionar otro dominio, el de la filosofía, donde la influencia islámica alcanzó en la Edad Media una importancia tan considerable que ninguno de los más encarnecidos adversarios de oriente podría desconocer la fuerza. Puede verdaderamente decirse que Europa, en aquel momento, no disponía de ningún otro medio para llegar al conocimiento de la filosofía griega. Las traducciones latinas de Platón y de Aristóteles, que eran utilizadas entonces, no habían sido hechas directamente sobre los originales, sino sobre traducciones árabes anteriores, a las cuales estaban agregados los comentarios de los filósofos musulmanes contemporáneos, tales como Averroes, Avicena, etcétera.
La filosofía de entonces, conocida bajo el nombre de escolástica, es generalmente distinguida en musulmana, judía y cristiana. Pero es la musulmana la que están en la fuente de las otras dos y más particularmente de la filosofía judía, que ha florecido en España y cuyo vehículo era la lengua árabe, como ello se puede constatar por obras tan importantes como las de Moussa - Ibn - Maimoun (Maimónides) que ha inspirado la filosofía judía posterior de varios siglos hasta la de Spinoza, en la que algunas de sus ideas son todavía muy reconocibles.
Pero no es necesario continuar la enumeración de hechos que todos los que tienen alguna noción de la historia del pensamiento conocen. Es preferible estudiar para terminar otros hechos de un orden enteramente diferente, totalmente ignorados por la mayoría de los modernos que, particularmente en Europa, no tienen ni siquiera la más ligera idea de ellos, mientras que bajo nuestro punto de vista estas cosas presentan un interés mucho más considerable que todos los conocimientos exteriores de la ciencia y de la filosofía. Queremos hablar del esoterismo con todo lo que se le vincula y todo lo que se desprende el mismo en tanto que conocimiento derivado, constituyendo ciencias totalmente diferentes de las que son conocidas por los modernos.
En realidad, Europa nada tiene en nuestros días que pueda recordar esas ciencias, es más, occidente ignora todo de los conocimientos verdaderos tales como el esoterismo y sus análogos, mientras que en la Edad Media la cosa era enteramente diferente; y, en este dominio también, la influencia islámica en aquella época aparece de la manera más luminosa y evidente. Por lo demás es muy fácil revelar las huellas de la misma en obra cuyos múltiples sentidos y cuya meta real eran muy distintos que literarios.
Algunos europeos han comenzado por sí mismos a descubrir algo de este género concretamente por el estudio que han hecho de los poemas de Dante, pero sin llegar a la comprensión perfecta de su verdadera naturaleza. Hace algunos años, un orientalista español, don Miguel Asin Palacios, ha escrito una obra sobre las influencias musulmanas en la obra de Dante y ha demostrado que mucho de los símbolos y de las expresiones empleadas por el poeta, lo habían sido antes de él por esoteristas musulmanas y en particular por Sidi Mohyiddin - Ibn - Arabi. Desafortunadamente, las precisiones de este erudito no han mostrado la importancia de los símbolos puestos en obra. Un escritor italiano, muerto recientemente, Luigi Valli, ha estudiado un poco más profundamente la obra de Dante y ha concluido que no ha sido el único en emplear los procedimientos simbólicos utilizados en la poesía esotérica persa y árabe; en el país de Dante y entre sus contemporáneos, todos estos poetas eran miembros de una organización de carácter secreto denominada Fieles de Amor de la cual Dante mismo era uno de los jefes. Pero cuando Luigi Valli ha intentado penetrar el sentido de su lenguaje secreto, le ha sido imposible a él también reconocer el verdadero carácter de aquella organización o de las demás de la misma naturaleza constituidas en Europa en la Edad Media (1). La verdad es que ciertas personalidades desconocidas se encontraban detrás de estas asociaciones y las inspiraban; eran conocidos bajo diferentes nombres, de los cuales el más importante era el de Hermanos de la Rosa Cruz. Éstos no poseían en punto ninguno, por otra parte, reglas escritas y no constituían una sociedad, tampoco tenían reuniones determinadas, y todo lo que puede decirse de ellos es que habían alcanzado un cierto estado espiritual que nos autoriza a llamarles sufis europeos, o al menos çawwufîn llegados a un alto grado en esta jerarquía. Se dice también que estos Hermanos de la Rosa Cruz que se servían como cobertura de estas corporaciones que hemos cuestionado, enseñaban la alquimia y otras ciencias idénticas a las que estaban entonces en plena floración en el mundo del islam. Ciertamente, formaban un eslabón de la cadena que ligaba oriente y occidente y establecían un contacto permanente con los sufis musulmanes, contacto simbolizado por los viajes atribuidos a su fundador legendario.
Pero todos estos hechos no han llegado al conocimiento de la historia ordinaria que no lleva sus investigaciones más allá de la apariencia de los hechos, cuando es que es ahí, puede decirse, donde se encuentra la verdadera llave que permitiría la solución de tantos enigmas que de otro modo quedarían siempre obscuros e indescifrables.

1) Publicado en Études traditionnelles, XII - 1950, páginas 337-344. Artículo traducido del árabe, aparecido en la Revista El Marifah.

Carta de Adolf Hitler sobre la Cuestión Judía

Es esta una carta que aparece en un texto de Jusegoje,"El Nacionalsocialismo y la Juderia", articulo que despeja dudas y desviaciones sobre la cuestión judía y los esfuerzos serios y cientificos del Tercer Reich.

La Carta del Führer del 19 Septiembre de 1919.

El 10 de Septiembre de 1919, cuando Hitler estaba aún en el ejército, uno de sus superiores, el capitán de Estado Mayor Karl Meyer, le solicitó su opinión sobrela actitud de los Socialistas hacia los judíos. Esta solicitud fue hecha al “Estimado señor Hitler”.

Hitler respondió el día 16 de Septiembre de 1919 y su respuesta es la que reproducimos más abajo. Se ha hecho lo imposible por mantener el sentido del original.

Si la amenaza con que la judería se enfrenta a nuestro pueblo ha dado lugar a una hostilidad innegable por parte de grandes sectores de nuestra población; la causa de esta hostilidad no debe ser buscada en el hecho claro de que la Judería como tal está teniendo, deliberada o involuntariamente, un efecto pernicioso sobre nuestra nación, si no principalmente en el trato interpersonal, en la pobre impresión que el judío hace en forma individual. Como resultado, el antisemitismo asume un estricto carácter emocional. Esta no es la respuesta correcta. El antisemitismo, como movimiento político, no puede y no debe ser modelado por factores emocionales si no por el reconocimiento de los hechos. Los hechos son: Para comenzar, los judíos son incuestionablemente una raza y no una comunidad religiosa. El judío no se describe a sí mismo como un alemán judío, un polaco judío o un americano judío, si no que siempre como un judío alemán, polaco o americano. Lo más que ha absorbido un judío de los pueblos extranjeros en medio de los cuales ha vivido es el idioma. Y, como un alemán que está forzado a emplear el francés en Francia, el italiano en Italia, y el chino en China no viene del francés, italiano ni chino; así no podemos llamar a un judío que viva entre nosotros y que esté forzado a emplear el alemán, un alemán. Y aún la fe mosaica, no obstante su importancia para la preservación de esa raza, no debe ser el único criterio para decidir quien es judío y quien no. Hay difícilmente una raza en el mundo en que todos sus miembros pertenezcan a una religión única.

A través de la endogamia de miles de años, frecuentemente en círculos muy pequeños, el judío ha sido capaz de preservar su raza y sus características raciales más exitosamente que muchos de los pueblos dentro de los cuales vive. Como resultado, tenemos viviendo en medio del pueblo alemán una raza extranjera no alemana, poco dispuesta y en realidad incapaz de despojarse de sus características raciales, sus sentimientos, pensamientos y ambiciones particulares y, sin embargo, gozando de los mismos derechos políticos que nosotros. Y como los sentimientos judíos están limitados a la esfera de lo material, sus pensamientos y ambiciones están destinados a ser eso mismo aun más fuertemente. La danza alrededor del becerro de oro viene de una lucha despiadada por aquellos bienes que nosotros sentimos interiormente que no son ni los más altos ni los únicos por los que vale la pena luchar en esta tierra. El trabajo de un individuo no está ya más determinado por su naturaleza o por la importancia que pueda tener para la comunidad, si no por el tamaño de su fortuna, su hacienda.

La grandeza de una nación no está ya más medida por la suma de sus recursos morales y espirituales, si no únicamente por sus bienes materiales.

Todo esto resulta en esa actitud mental y esa búsqueda de dinero y poder para protegerlo que permite al judío ser tan inescrupuloso en su elección de medios y tan misericorde en su uso para sus propios fines.En los estados autocráticos se arrastra delante de la “majestad” de los príncipes y abusa sus favores para convertirse en una sanguijuela del pueblo.

En una democracia busca los favores de las masas, se humilla delante de la “majestad del pueblo”, pero sólo reconoce la majestad del dinero.

Mina el carácter del príncipe con adulación bizantina; el orgullo y la fuerza nacional es por la desvergonzada seducción al vicio. Su arma preferida es la “opinión pública” tal como es falsificada por la prensa. Su poder es el poder del dinero que acumula tan fácil e interminablemente en la forma de interés y con el cual impone un yugo a la nación, yugo que es el más pernicioso ya que su brillo oculta sus terribles consecuencias. Todo lo que hace luchar a un pueblo por cosas más grandes, sea religión, socialismo o democracia, sirve al judío meramente para la satisfacción de su avaricia y sed de poder.

El resultado de su trabajo es una tuberculosis racial de la nación. Esto tiene las siguientes consecuencias: El antisemitismo puramente emocional halla su expresión última en la forma de progrom. Por el contrario, el antisemitismo racional debe conducir a una lucha sistemática y legal contra y por la erradicación de aquellos privilegios de que gozan los judíos sobre otros extranjeros que viven entre nosotros. Su objetivo final debe ser la remoción total de todos los judíos de nuestro seno. Ambos objetivos sólo pueden ser alcanzados por un gobierno de fuerza nacional, no por un gobierno de impotencia nacional.

La República Alemana debe su existencia, no a la voluntad unida de nuestro pueblo, si no a la turbia explotación de una serie de circunstancias que, tomadas en conjunto, se expresan en una profunda insatisfacción. Estas circunstancias, sin embargo, surgen independientemente de la estructura política, y están trabajando aún hoy día. En verdad más que nunca antes. Por eso una gran parte de nuestro pueblo ha llegado a reconocer que no por cambiar la estructura del estado nuestra posición será mejorada, si no sólo por el renacimiento de la moral y de las fuerzas espirituales de nuestra nación.

Y este renacimiento no puede ser preparado por el liderazgo de una mayoría irresponsable influenciada por dogmas partidarios o por frases cliché y eslóganes internacionalistas de una prensa irresponsable, si no por actos determinados de la parte de líderes nacionales con un sentido interno de responsabilidad.

Este hecho sirve para privar a la República del soporte interno de las fuerzas espirituales que cualquier nación tiene mucha necesidad. Por lo tanto los líderes actuales de la nación están obligados a buscar el apoyo de aquellos que sólo se han beneficiado y continúan beneficiándose al cambiar la forma del estado alemán, y de aquellos que por esa misma razón se convirtieron en la fuerza motriz de la revolución: Los judíos.

Menos preciando la amenaza judía, la cual es indudablemente reconocida aun por los líderes actuales (como testimonian varias afirmaciones de personalidades eminentes), estos hombres están forzados a aceptar favores judíos para su beneficio privado y a devolver esos favores. Y la devolución no involucra meramente el satisfacer cualquier posible petición judía, si no sobre todo impedir la lucha del pueblo embaucado contra aquellos que lo engañaron, mediante el sabotaje del movimiento antisemita.

Adolf Hitler.

El verdadero Nacionalismo en Argentina

En el siguiente texto vamos a explicar lo que es el verdadero nacionalismo después de las corrientes desviadas del nacionalismo como el “nacionalismo católico”, “nacional bolchevismo” y “nacional anarquismo”.

Algunos no conocen el verdadero significado del nacionalismo, otros los tergiversan a su gusto, es hora de explicar lo que es el verdadero nacionalismo.

El nacionalismo se basa en la raza, el verdadero concepto de nación es justamente el derivado de la sangre. Nación deriva de nacimiento, así como patria deriva de padre, dos conceptos que apuntan justamente a la herencia sanguínea, a la raza. Y es que es la sangre la que determina el ánimo espiritual de los pueblos en un lugar y tiempo determinado.

Asi que, como hemos explicado que el nacionalismo es racista, la primera y más común de tergiversaciones del nacionalismo, es el “nacionalismo católico”, que se basa en una entidad religiosa, que es la católica y el problema es que el nacionalismo no puede ser religioso, porque tiene que tener su eje en la nación, o sea en una comunidad popular derivada de un nacimiento común, con padres en común, con una misma patria.

El “nacionalismo católico” adhiere al concepto liberal de nacionalidad, un concepto materialista, puramente jurídico, igualitario donde todos son parte de lo mismo por el solo hecho de haber nacido en el mismo lugar.

Por lo tanto, y como resultado de lo dicho, ese "nacionalismo católico” no es un verdadero nacionalismo, sino que es una mera desviación del concepto real y biológico de la nación. El verdadero nacionalismo, es el Nacionalsocialismo, porque justamente es el que acepta sin condiciones la realidad del pueblo, la realidad de su sangre.

El “nacional bolchevismo” y el “nacional anarquismo” son también desviaciones y estas desviaciones enemigas tienen que ser combatidas.

La nación según el concepto Nacionalsocialista, tiene como base la sangre. La cultura y las costumbres, podrán ser características de una comunidad en particular, pero nunca lo que les da origen. Tanto las naciones como sus respectivas culturas, tienen origen en la sangre de sus componentes.

Las distintas naciones son la expresión de una raza determinada en un espacio geográfico y en un tiempo determinado.

La nación india, la hitita, la egipcia, la romana, la griega, la celta, la ibera, la rusa, la germana, etcétera son expresiones de la misma raza en tiempos y lugares distintos.

La nación es un concepto absolutamente ajeno al concepto de Estado. Son los teóricos liberales los que pretenden hacer creer que la nación es un producto del Estado, y es por eso que hoy en día la mayor parte de la gente cree que todos aquellos que nacen dentro del territorio que pertenece al Estado llamado “República Argentina”, pertenecen a una sola nación llamada “Argentina”, cuando en realidad se trata de personas de distintas razas, que por lo tanto pertenecen a distintas naciones. Lo mismo para el Estado llamado “Reino Español”, que les otorga la ciudadanía a personas, por ejemplo, de origen africano. Este mero acto administrativo, a la vista de la mayoría de la gente habituada al pensamiento liberal, convierte al africano en un "compatriota nacional" del español ario, cuando en realidad se trata de integrantes de naciones distintas separadas por su sangre.

Por otro lado, así como existen Estados donde coexisten varias naciones, existen otros que dividen a una misma nación. Hitler intentó, por ejemplo, unificar a su propia nación, los germanos, que están divididos en varios estados: Islandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Austria, Luxemburgo, Holanda, etcétera.

Teniendo en cuenta todo esto, las características del caso argentino son obvias. La nación argentina propiamente dicha, como todas las otras naciones arias, es la expresión de nuestra raza en un tiempo y un lugar determinado. La nación argentina está compuesta de los miembros de otras naciones europeas que emigraron a Argentina y Uruguay y que formaron su propia idiosincrasia e identidad, distinta (pero relacionada) con la de sus ancestros españoles, italianos, etcétera. Un caso parecido es la nación Boer, en Sudáfrica. El territorio de la Nación Argentina actualmente consiste, básicamente, en todo el territorio nacional actual, sumado a Uruguay.

Este territorio es compartido con otras naciones compuestas básicamente por los aborígenes locales: La nación Toba, la nación Wichi, etcétera. En Uruguay coexisten básicamente dos naciones: Los argentinos (descendientes de europeos), y los africanos. (Para este análisis se dejan de lado a los inmigrantes recientes: Aborígenes no - locales, senegaleses y nigerianos, chinos, coreanos, y también a la raza judía).

El problema es el carácter liberal de los estados llamados "Republica Argentina" y "Republica de Uruguay". Este carácter lleva a la destrucción de las identidades de todas las naciones que residen entre sus fronteras artificiales. Tanto a argentinos, a aborígenes y a negros, se los despoja de sus identidades reales y se los obliga a ser parte de una masa amorfa a la que se bautiza con el nombre de "nación", cuando en realidad es todo lo contrario. A los argentinos en particular, además se los divide en dos estados y se los hace ajenos unos a otros, al mismo tiempo que se los obliga a adoptar artificialmente a aborígenes y negros como compatriotas, cuando no lo son.

El resultado final de todo esto es la destrucción de la identidad real, de la identidad de la sangre, la naturalización del mestizaje, y la creación de pueblos totalmente inconcientes de si mismos, que no saben quienes son, de donde vienen y en consecuencia, a donde van, que no tienen personalidad ni historia, y que constituyen simplemente una masa esclava perfecta. El estado liberal y la democracia son herramientas para convertir naciones libres en masas esclavas.

Comparen esta decadencia nuestra con los valores actuales del Estado judío: Israel es un verdadero Estado nacional, porque existe solo para su raza, la judía, y está basado en la sangre y se organiza según las costumbres y la tradición judía. Ellos combaten el racismo en los demás pueblos, pero lo aplican como precepto sagrado entre ellos mismos.

Para la doctrina Nacionalsocialista, el Estado es simplemente una herramienta del conductor o líder para conducir a su nación. Por eso los Estados actuales, que dividen y destruyen naciones, son aberraciones para todo nacionalsocialista verdadero.

Argentina entonces tiene que adaptarse a su realidad: Los actuales territorios de la "Republica Argentina" y la "Republica Oriental del Uruguay" deben constituir un solo territorio bajo un solo Estado para la nación Argentina. Y las demás naciones, los aborígenes, deben obtener lo que la democracia les promete hace años y nunca les da: Territorios culturalmente autónomos y el reconocimiento de sus costumbres. De esa forma pasaríamos a conformar una confederación de naciones donde a diferencia de los Estados liberales actuales, se le reconozca a cada una de las naciones componentes su identidad natural real.

La Lucha por Nuestra Concepción del Mundo (Alfred Rosenberg)

La Lucha por Nuestra Concepción del Mundo - Nota de la editora central del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán

A fines de enero de 1934 el Führer encargó a Alfred Rosenberg la supervisión del adoctrinamiento y de la educación de todo el Movimiento Nacionalsocialista. El 22 de febrero Alfred Rosenberg inauguró su actividad con un gran discurso fundamental sobre La Lucha por la Concepción del Mundo. Al acto concurrió la casi totalidad de la Reichsleitung (Conducción del Reich) del Partido Nacionalsocialista, la mayoría de los Reichsstatthalter (Gobernadores del Reich) y Gauleiter (Dirigentes de Comarcas), representantes de los Gobiernos del Reich y de los Länder (Estados provinciales), el cuerpo diplomático, la totalidad de la prensa del interior y del exterior, representantes de las universidades e Iglesias y de toda la Alemania espiritual. El discurso fue transmitido por radiodifusión y luego reproducido en Sud y Norteamérica, Africa y Asia.

¡Altos invitados!. ¡Mujeres y hombres alemanes!. Cuando en noviembre de 1918 los Ejércitos regresaron a la Patria después de la más grande de todas las guerras, seguramente ellos y con ellos todos los otros millones que sufrieron la prueba, tenían el natural deseo de volver a dedicarse a su profesión, a su vida personal. Pero muy pronto se hizo evidente que todo el mundo exterior e interior se había transformado, que la Guerra Mundial formaba una cesura entre dos épocas vitales que ya no estaban unidas entre sí por ninguna clase de relaciones más profundas.

Incomprensibles aparecían las formas de existencia anteriores a 1914, extraño el optimismo superficial del tiempo de preguerra, sin sentido el pensar puramente comercial. Y aunque este alejamiento de un pasado agonizante, por de pronto no se hizo perceptible entre las potencias victoriosas en la embriaguez del poder material conquistado, sin embargo, la fuerza de la resistencia interior contra un viejo mundo se desarrolló especialmente en todas partes allí donde el término de la guerra había provocado un profundo inconformismo o hasta un ambiente de desesperación. Creó un rumor en constante crescendo que pasa a través de millones y millones de almas humanas como expresión de un profundo saber de que vivimos en uno de los más grandes cambios de tiempos y mundos, en una época que significa una transformación que va hasta las raíces, no sólo en algunos campos de la existencia sino en todo nuestro sentir vital.

Dondequiera que miremos, en todas partes los viejos dogmas han sucumbido, las viejas conducciones desaparecido. En la vida social vemos que muchas barreras que hace pocos decenios aún eran conceptuadas como insalvables, han caído. Juicios y prejuicios entre distintos estamentos y profesiones en la actualidad casi ya no existen en millones de cerebros y corazones. En el campo político los viejos partidos, que en apariencia estaban tan firmemente fundamentados, han sido barridos de la escena. Todos ellos eran los testigos exteriores de que vigorosas concepciones del mundo antaño estaban detrás de ellos, que alrededor de ellos estaban agrupadas gigantescas estructuras del siglo XIX: Potencias de la industria y del comercio, grandes concentraciones del dinero.

La dimisión de estas potencias, empero, finalmente por cierto sólo significa que interiormente se habían vuelto sin fe, que ya no poseían una fuerza de resistencia interior para poder enfrentarse eficazmente a un nuevo tiempo y sus problemas. Ahora los millones de anteriores adeptos de todos estos dogmas y agrupamientos fenecidos buscan un nuevo contenido de la vida. Y éste ha sido el secreto también del éxito nacionalsocialista en estos 14 años, que desde el comienzo no hemos atacado a un grupo único, a un partido único, sino que hemos conducido la lucha en un ataque frontal contra todos.Por eso este ataque estaba fundamentado no sólo política y socialmente sino ante todo ideológicamente. Una victoria tan sólo política nunca hubiera traído a nuestro Movimiento la ansiada verdadera realización. Si hoy nos quisiéramos conformar solamente con el poder puramente estatal, entonces el Movimiento Nacionalsocialista no hubiera cumplido su misión. No hubiéramos podido exigir en estos 14 años de lucha estos grandes sacrificios de todos nosotros, no hubiéramos debido sufrir que seres humanos entregasen por este Movimiento y su Führer sangre y vida, si sólo se hubiera tratado de provocar un desplazamiento del poder político. Aun cuando hubiésemos podido decir que este sistema político hoy derrocado era carcomido y corrupto y que con razón llevábamos la lucha por una renovación política, sin embargo, hubiéramos debido decir también simultáneamente que esta nueva evolución política apenas podría durar más que nuestra propia existencia humana ya que no podíamos llenarla e impregnarla con la sangre de una gran idea, con una potente fe, con un contenido creador de toda nuestra vida. Sólo con ello estaba dada la premisa de que la probada mentalidad estatal y popular podía propagarse de generación en generación y las funestas potencias que habían sido derrocadas fueran vencidas para siempre sin ninguna perspectiva de que jamás volverán a dominar a la Nación alemana.

Estábamos todos en medio de una pugna de los más diversos sistemas espirituales. Por el alma de cada alemán luchaban concepciones del mundo con frecuencia totalmente opuestas, de excluyente orientación de los impulsos. Llamamos liberal a la concepción del mundo de los siglos XVIII y XIX, y marxista es la que vemos levantarse a fines del siglo XIX. Observamos finalmente a través de todos estos tiempos, que formas del Medioevo siguen aún manteniendo su lugar.La concepción del mundo liberal, contra la cual hemos llevado la lucha, era la consecuencia de una cada vez mayor adaptación a la ciudad del ser humano alemán, y no sólo del alemán, sino de todos los europeos en general. Cada vez más desligado de la Sangre y del Suelo el hombre de la ciudad mundial debía perder poco a poco el juicio sobre los fines útiles de su accionar.

El productor, campesino o artesano, podía siempre examinar en el resultado final visible de su, trabajo, si sus medios y formas de proceder eran apropiados al fin, si eran justos, es decir, si llevaban fruto orgánico o no. El ser humano de la máquina, en cambio, el esclavizado de las gigantescas empresas industriales al término del siglo XIX no podía valorar con justeza el fin y los medios de su oficio. Y por eso aquí no era de extrañar que la original tesis liberal del perfeccionamiento de la personalidad individual, condujo finalmente a un exangüe e inconsistente intelectualismo de las grandes ciudades. Junto a estos intelectuales extraños al mundo y al pueblo, fueron creciendo luego las cada vez mayores masas de trabajadores de las ciudades mundiales, que se habían alejado tanto como ellos de la vida y no encontraron en aquel tiempo a ningún guardián y protector que se hubiese ocupado de ellos en verdad interna y externamente. Así vemos como resultado de esta evolución que duró decenios, que el intelectual desraizado y el "proletario" no ya vinculado a la sangre se encontraron y devinieron ambos víctimas de una ideología utópica y enemiga del pueblo, que llamamos el movimiento marxista. Así como un fumador de opio en sus embriagueces puede soñar con los más hermosos castillos y los más audaces pensamientos de poder mundial, así fue posible narcotizar con este opio marxista también a las anchas masas de todos los pueblos, de todas las ciudades mundiales, y volverlos infieles a sus propios intereses naturales. Hemos combatido en estos 14 años esta teoría marxista en todas las aldeas y ciudades de Alemania; hoy la hemos echado por tierra política y estatalmente, pero no es superfluo volver a recordar siempre de nuevo estas teorías y precisamente ahora, en la cima del poder político, no contentarse con lo que hemos rendido durante 14 años porque sabemos exactamente que muchas premisas para la consolidación de la concepción marxista existen aún hoy, y que por eso sigue apareciendo como necesario luchar contra sus principios ideológicos. Me permitiré, por consiguiente, caracterizar brevemente cuatro puntos cardinales.

Cuando el marxismo hablaba de una solidaridad de todos los proletarios del mundo, con ello no había proclamado una consigna favorable a los trabajadores, sino que por el contrario había puesto el hacha en la raíz vital del trabajador alemán; porque mientras los pueblos viven, el trabajador, el campesino o el artesano están ligados con su destino indisolublemente a la Sangre y al Suelo. Desde que existe el mundo sólo gente rica tuvo la posibilidad de recorrer viajando muchos países y de llegar a conocer pueblos extraños. En el curso de la historia mundial nunca fueron internacionalistas los trabajadores, campesinos y artesanos, siempre solamente los prestidigitadores, charlatanes y defraudadores del pueblo. Por eso no es casualidad que al crecer las urbes mundiales estos tipos de la sociedad pasaran a primer plano. La segunda teoría del marxismo fue la prédica de la lucha de clases. A través de ella se ha asestado un segundo golpe contra el trabajador, porque es falsedad llamar a una parte de un organismo contra la otra a la revuelta y prometer luego a todo el cuerpo el saneamiento. Esto fue interna, orgánica e ideológicamente, el mayor fraude que se cometió contra el trabajador alemán; aún cuando comprendemos que millones siguieron esta consigna porque sintieron dirigidos contra ellos otra lucha de clases, una lucha de clases del capitalismo, desde arriba. Por eso la historia ha de juzgar la lucha de clases capitalista desde arriba de la misma manera que la lucha de clases marxista desde abajo. Ambas son culpables de la miseria de la Nación alemana.

En tercer lugar la prédica del pacifismo fue la consecuencia necesaria de estas dos confusiones de conceptos. No significa otra cosa que este organismo integral, puesto en un estado de graves convulsiones, debía ser ahora también librado al mundo circundante enemigo. El pacifismo en esta forma - que no ha de ser confundido con el auténtico amor a la paz - era un llamamiento a la alta traición y a la traición a la Patria, era un medio para reunir a todos los adversarios de Alemania y volver al pueblo alemán incapaz de toda resistencia. Hemos vivido en estos años cómo esta consigna ejerció su efecto en el campo político exterior, que nos arrojó a una esclavitud tributario y a aquel desprecio político exterior en el que estuvimos sumidos durante 14 años.

Un envenenamiento anímico especialmente profundo fue finalmente la negación del concepto de propiedad. Comprendemos muy bien que la forma en que el concepto de propiedad fue entendido y aprovechado en el siglo XIX, representaba una contradicción al sentir alemán. Pero el marxismo sólo había echado mano de una frase pronunciada al azar por Proudhon y declarado: La propiedad es un robo. Negaba con ello el impulso interior y la fuerza creadora no sólo económicamente, sino también ideológicamente en todos los terrenos; porque negaba por principio a todo artista y a todo inventor el derecho de propiedad sobre el fruto de su talento y de su fuerza creadora y birlaba al campesino los productos de su laboriosidad. El marxismo predicaba con ello la inferioridad para todos, el rebajamiento de toda gran personalidad al nivel de lo más improductivo y de lo más inferior. Nosotros declaramos al respecto que el concepto de propiedad recibe su juicio valorativo delhecho de si esta propiedad ha sido adquirida honesta o deshonestamente. El concepto de propiedad es, por tanto, para nosotros no una controversia de pálidas teorías, sino una cuestión de carácter. Y, por cierto, la teoría marxista enemiga de la vida se exteriorizó luego en la práctica marxista en forma tal que no acaso la propiedad fue declarada robo, sino que los mayores robos fueron declarados propiedad legal.

Los hombres de la época de preguerra, con sólo pocas excepciones, no se han ocupado seriamente de las necesarias consecuencias prácticas de una determinada idea triunfante, y escarnecieron, librando a la amarga soledad o impeliendo a la demencia a los anunciadores con visión de futuro del derrumbe, tales como Nietzsche, Wagner, Lagarde y Dühring. Se dedicaron al comercio mundial y a la técnica, y aunque perfeccionaron los armamentos vivían en forma superficial y optimista, sin sentir la gravedad de un destino que se estaba desarrollando. Hasta que finalmente en los días de julio de 1914 las oscuras nubes emergieron en el horizonte y la tempestad comenzó.

Entonces se percató repentinamente todo el mundo de que la esencia de esta vida no consiste en hacer negocios, sino en cumplir un gran destino, al que ningún pueblo puede sustraerse. Estos años conmocionaron a Alemania, a todos los pueblos, hasta lo más hondo. En 1914 el pueblo alemán arrojó sobre sí todas las costras extrañas, y en estos días de agosto de 1914 comienza la Revolución Alemana. Pero cuatro años de penuria, de extirpación de las mejores fuerzas, del gasto de energía anímica y finalmente el derrumbe político, social y cultural de 1918 llevaron a Alemania próxima al abismo. Ahora se levantó como última consecuencia de la idea marxista, pero también como primer indicio de una terrible catástrofe mundial, la Revolución comunista. Este movimiento bolchevique comunista no es una teoría económica, tampoco es sólo una potencia política, sino que es el alarmante síntoma de una decadencia cultural, de un desaliento de almas humanas que tienen que defender una civilización de muchos milenios. Y aquí, donde este movimiento comunista tocaba lo más sagrado que los pueblos europeos tienen como patrimonio, debió mostrarse dónde, pues, existían aún las fuerzas de defensa para superar estos peligros ideológicos y políticos.

Si aquí al comienzo de mis exposiciones trato tan detenidamente el marxismo, es porque parto del profundo convencimiento de que a ningún pueblo le será ahorrada una clara decisión. Sí bien cada nación tiene su carácter, su tradición más propia, y su destino le ha dado su particular impronta específica, empero, el problema en sí: "Nacionalidad (Volkstum) y Marxismo" debe ser solucionado por todos. El relampagueo de huelgas aparentemente económicas, de erupciones políticas apasionadas en casi todos los centros de Europa, muestra que para todos los europeos - y no sólo para ellos - ha llegado el tiempo álgido de mirar realmente a los ojos al siglo 20 y, en una visión superior, incorporar los hasta ahora movimientos enemigos del nacionalismo y del socialismo - después de la depuración de ambos - a los eternos valores de la vida de todo pueblo, de acuerdo a la forma sólo adecuada a él. Un pueblo, empero, que no quiere ver este problema y por esto tampoco lo puede resolver, tendrá que pagar con alzamientos convulsionados de sangre y de muerte este desprecio de los problemas de nuestro siglo. En este lugar el Movimiento Nacionalsocialista debe hacer la comprobación decisiva de que aquellos órganos en Alemania que ante el relampagueo visible de la revolución mundial comunista, en primer término hubieran sido los encargados de defender la cultura de todo el Occidente juntamente con la esencia de su ser nacional, no fueron capaces de ofrecer realmente resistencia. Las instituciones ideológico - culturales, haciendo abstracción de seguramente muchas excepciones valientes, se han conformado con algunas protestas ineficaces, considerándose generalmente como demasiado elevadas con respecto al pueblo como para que hubiesen bajado para llamar a toda la Nación a la resistencia.

Más allá de esto a través de los grupos de poder políticos correspondientes a ellas - Centro (1) y partidos liberales - también rindieron al marxismo, para más, servicios de auxiliares como reconocidos socios de coalición. No decimos esto para ejercer a posteriori una acerba crítica del pasado o para abrir viejas heridas, sino solamente para constatar el derecho de primogenitura del Nacionalsocialismo. Tenemos el convencimiento que, si en medio de los peligros del derrumbe de 1918 hasta aproximadamente 1921, se reunieron los combatientes de los Freikorps (2) para abatir las rebeliones comunistas, ellos hicieron más para la conservación de la religión y la cultura que aquellos que más tarde, nuevamente desde la altura de una existencia asegurada, pusieron a estos combatientes de los Freikorps bajo la más amarga persecución, o que aquellos que hoy hablan sobre Nacionalsocialismo sin mencionar los discursos del Führer o la literatura Nacionalsocialista. Tenemos el convencimiento de que el Partido Nacionalsocialista configuró ideológicamente esta lucha de defensa y la transformó de una manera decisiva para el destino de Alemania, en un enérgico contraataque en toda la línea. Toda visión del mundo es exactamente tan fuerte como la voluntad de sus portadores de defenderla. Esta es la única vara de medir para el juicio sobre las luchas histórico - mundiales. El Movimiento Nacionalsocialista ha sido templado ya en los primeros días de su génesis, ha crecido como planta autónoma espiritual y política en medio del caos de aquellos años y por eso también se ha conquistado luchando honestamente su propia forma de plasmación en todos los ámbitos de la vida.

Sería demasiado pedir esperar que ya hoy la concepción del mundo Nacionalsocialista en su totalidad, a tan breve plazo de la victoria política, se hubiera convertido en bien común de todos los alemanes, porque si bien la revolución político - estatal ha terminado, la refundición espiritual - anímica, sin embargo, recién está en sus comienzos. Decisivo para estos primeros años no es tanto lo particular del contenido, sino la actitud del carácter frente al destino y los poderes de la política y la cultura. Esta postura significativa para el Nacionalsocialismo en todos los campos, la llamamos heroica y entendemos por tal de ninguna manera un comportamiento militarista, sino la veracidad interior y el coraje de responder a los interrogantes también en el caso de que esto contradijera viejas costumbres y formas de razonamiento aparentemente aseguradas. Esta postura heroica parte, por de pronto, de una confesión única, pero decisiva para todo. A saber: De la profesión de fe de que la sangre y el carácter, la raza y el alma son sólo distintas designaciones para la misma esencia. En la evolución del triunfante Movimiento Nacionalsocialista se mostró un profundo misterio de la sangre, que aparentemente había muerto en la Guerra Mundial y, no obstante, renació en este nuevo Movimiento. Bajo su signo volvió a producirse la estructura celular del alma alemana, del pueblo alemán. Y alrededor de esta novel sangre nacida, en vías de saneamiento, giran todos los pensamientos de aquellos que querían luchar por esta nueva Alemania y por un gran tiempo venidero. Esta vivencia fue acompañada paralelamente por la génesis de una nueva ciencia, de un nuevo descubrimiento científico, que llamamos raciología (Rassenkunde). Esta raciología, observada desde muy arriba, no es en su profundidad nada más que un intento de gran envergadura de la toma de conciencia alemana del propio Yo.

Nuevamente se esforzó el alemán en retroceder a las profundidades primigenias del propio Yo, de la comunidad alemana, de la familia europea de pueblos. Se investigaron las leyes corporales y los imperativos anímicos de estas comunidades y se encontró entonces que espíritu y cuerpo no podían ser separados el uno del otro, que las leyes de la herencia corporal tienen su reflejo directo en la postura anímica y en la firmeza interior de un determinado grupo humano. Este nuevo conocimiento natural, por lo tanto, no es un chato materialismo, como fue combatido en todos estos años, sino que significa un gran despertar humano, como antaño, cuando la ciencia natural europea después de un "tiempo muerto" de 1.500 años a partir de la extinción del mundo griego antiguo, empezó a darse cuenta acerca de la ley de los astros que giran en órbita al igual que sobre la conformidad a leyes de la circulación de la sangre en el cuerpo humano. También entonces la investigación de la naturaleza fue combatida en la forma más acerba por las potencias de la época, pero se impuso contra todos los poderes y llevó aquel rasgo heroico de veracidad e intrepidez interior que también caracteriza a los anunciadores de la ciencia de la raza y del alma de nuestra época. Más de un erudito liberal de nuestras universidades, que libremente podía proclamar sus convicciones y que simultáneamente expresaba un rechazo de la nueva ciencia racial, había olvidado que él en su zona sin peligro era un heredero de las heroicas luchas de hace 500 años, que entonces habían exigido tanta sangre y sacrificios.

Si en estos pasados años se declaraba que la raciología es anticristiana, podemos hoy constatar con satisfacción que la bandera con la svástica flamea tanto en iglesias católicas como protestantes que, por lo tanto, se ha realizado el reconocimiento exterior y que las Iglesias están dispuestas a otorgar su derecho a la nueva ciencia. Pero si después de esta concesión se declara nuevamente que la investigación racial no debe dirigirse contra el Cristianismo, entonces debemos decir que esto en sí tampoco lo ha hecho, pero por lo demás una investigación de la naturaleza no puede hacer depender su proceder de si los resultados contradicen una u otra concepción, sino sólo de si sus premisas prueban ser falsas o exactas. Al respecto, no hay una ciencia sin premisas, sino que siempre ha habido sólo ciencia con premisas, y sólo se trata de esto, de si tales premisas nacidas del espíritu de hombres geniales prueban ser verdaderas o no en el curso de las investigaciones.Si en este pasado año ha sido formulado contra el Movimiento Nacionalsocialista y nuestro Estado el reproche de que amordazamos la libertad de la ciencia, debemos declarar que este reproche injusto nos ha dolido especialmente. Porque en verdad nosotros defendemos como herencia exquisita del espíritu europeo la libertad de la investigación, empero, hemos enfatizado que esta libertad de investigación no debe ser confundida con la libertad de insultar la grandeza del pasado alemán y a los grandes alemanes desde una cátedra de una universidad alemana, como lamentablemente ha sido el caso en alarmante medida en los pasados 14 años.

Tenemos la convicción de que este punto de vista será comprendido poco a poco en todo el mundo docto y debemos agregar, además, que una verdadera libertad precisamente en el así llamado sistema democrático nunca existió. A las cátedras de economía popular, historia, etctéra, fueron llamados casi solamente hombres que enseñaban una economía liberal de producción y consumo a favor de un capital financiero internacional, e imponían a Alemania una interpretación de la historia que en parte era puramente dinástica, por otra parte puramente confesional y por fin, en tercer lugar, determinada por teorías abstractas de la Revolución francesa del siglo 18. El victorioso Movimiento Nacionalsocialista toma para sí también el derecho de ocupar poco a poco los correspondientes lugares en las universidades alemanas con los representantes de nuestro espíritu. Porque la Revolución Nacionalsocialista, terminada a nivel de poder político, está, esto sea dicho una vez más, recién al comienzo en lo histórico -e spiritual. Y como primera consecuencia de esta concepción de que el alma y la raza, pero asimismo la falta de carácter y el caos racial se condicionan mutuamente, que un alma nace con una raza y con ella se extingue, también debe anunciar una nueva concepción de la historia.

Porque también la historia no es, como una época vuelta exangüe se afanó por enseñarnos, una crónica enumeradora, sino que en su verdadero contenido siempre ha sido valoración. Y según cómo sentía una época así, plasmó, en consecuencia, el pasado. Unos círculos valoraban a los seres humanos según los rendimientos que habían realizado por una confesión, otros según qué incremento de poder habían aportado a un principio dinástico o republicano. La nueva concepción de la historia, empero, mide la grandeza de los hombres y mujeres del pasado en todos los terrenos según con qué fuerza y perfección mantuvieron la sangre y el suelo de la Nación alemana, en qué medida protegieron los altos valores del sentimiento de honor germánico, y de qué manera una fuerza creadora fortaleció y transfiguró a la Alemania espiritual. Desde este punto de vista que todo lo abarca, seguramente muchos seres humanos del pasado que parecieron grandes ocuparán otro lugar en nuestra conciencia, y una nueva galería de antepasados espirituales se destacará a la clara luz de la interpretación de la historia de nuestra época.

Nosotros creemos en este sentido que de la ciencia de la raza y del alma no hay una verdadera historia universal, es decir, ninguna historia de acuerdo a la cual todos los pueblos y todas las razas son conducidos por así decir hacia una única planificada disolución. Según ello un plan debía consistir en la cristianización de todas las razas, más tarde todo debía servir a la meta de la humanización de la así llamada humanidad. Nosotros creemos, en cambio, que la historia de los pueblos representa un círculo vital de por sí, y que, por ejemplo, la historia de los griegos no ha sido un preparativo "planificado" para los futuros tan "espléndidos tiempos". Vemos también hoy que la historia de los griegos no forma una unidad anteriormente afirmada, sino una lucha grandiosa de los troncos que inmigraban desde la Europa central contra los pueblos del Asia Menor y Africa.

Una lucha dramática, que se desarrollaba entre los seres humanos al igual que entre los dioses de la luz y del cielo contra los dioses de la noche. y de la tierra. Vivimos por eso en nuestros corazones hoy un renacimiento de la Antigüedad en un sentido muy distinto y mucho más profundo que anteriormente, porque poseemos la libertad de no designar como griego todo lo que antaño tuvo lugar en esa porción, de tierra que es llamada Hélade, sino que eliminamos lo que se ha introducido subrepticiamente en cuanto a componentes extraños en la genuina vida griega. Apolo y Palas Atenea, la "hija de ojos azules de Zeus" de Homero, esto es griego. El posterior extatismo y demonismo, eso es anti griego. El templo dórico es griego, el tipo del sátiro no es heleno. El uno lo sentimos como emparentado a nosotros, el otro como extraño.

Y así también la historia alemana está ante nosotros en una luz distinta que hasta el presente. El portador de la idea del Reich Alemán para nosotros no es Carlomagno, sino su adversario más enconado, el Duque sajón Widukind. El Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana no es el escalón previo al Tercer Reich Nacionalsocialista, sino que los precursores de éste los vemos en todos los grandes rebeldes contra el primer Reich, ya sea que, como el inconcebiblemente grande Federico Segundo el Hohenstaufen, actuasen en medio de una idea de la monarquía universal o se levantasen contra ella y se llamasen Enrique el León, Federico Guillermo de Brandenburg, Lutero, Hutten, Federico el Grande o Bismarck. Hoy, en el giro de un milenio, podemos declarar que si el Duque Widukind fue vencido en el siglo 8, en el siglo 20 venció para siempre en Adolf Hitler. En este sentido - así lo creemos, nosotros - será escrito en el futuro la historia alemana, con la más severa exposición de hechos en forma de crónica, pero con una nueva valoración humana de las personalidades que encontraron su concreción en la crónica.

En el campo del arte en su totalidad se realiza la misma transformación de la posición espiritual e ideológica. No pensamos en anunciar cualquier dogma del arte, pero sí resulta de la crítica de lo adversario, la orientación para la creatividad del futuro. Nosotros mismos hemos sido testigos de cómo del suelo asfáltico de la urbe mundial cada año brotaban velozmente nuevas tendencias artísticas como plantas de invernáculo, no generadas por vigorosas fuerzas creadoras de grandes artistas, sino por intenciones propagandísticas de mercaderes del arte específicamente extraños. Por encima de todas las escuelas, sin embargo, por fin hasta el ser humano de la gran ciudad buscó, con todo, por su expresión propia, y así conocimos esta mezcla de doloroso genuino pugnar y de distorsión conscientemente representada de nuestra humanidad en el último movimiento expresionista.

Al recapitular esta época podemos decir que aquí tragedia y negocio muestran un tejido frecuentemente difícil de deshacer, pero de todos modos resulta evidente que miles querían expresar algo y no tenían ya nada que pudiesen expresar. De las galerías de cuadros de los últimos dos decenios nos mira fijamente un horroroso desamparo, atrofias corporales y representaciones de la idiotez estaban colgadas aquí como signo exterior de una enfermedad anímica que llegaba hasta las raíces. Los "artistas" de esta especie, ellos no poseían ya una imagen de belleza en el interior y, por consiguiente, tampoco podían crear tal imagen también hacia afuera, eran caóticos, en el alma y por eso ya no tenían la fuerza para encontrar una forma hacia afuera. Las galerías de esta época, y también muchas aún de hoy día, ya no eran la representación del ser humano alemán, del paisaje alemán y del alma alemana, sino que eran un gabinete de anormalidades espiritual - anímico - corporales.Contra todos estos grupos también se dirigió el sano instinto del Movimiento Nacionalsocialista y plasma ya visible en la actualidad un ideal de belleza antiquísimo y, sin embargo, nuevo. El siente el parentesco de la Palas Atenea de la Acrópolis de Atenas con aquellas mujeres que pintó Tiziano, pero también su afinidad esencial con Gudrun y la Dorothea de Goethe. Él ve un profundo parentesco entre las figuras de Aquiles y de Diómedes con Sigfrido y Fausto, y lentamente ante nuestra mirada inquisidora el alma renaciente se aparta de la enfermedad del pasado y coloca en el centro de su plasmación no ya al ser humano problemático y martirizado, que a diario hurga en sus heridas anímicas, sino al vigoroso y sano, a su lucha y a su victoria, pero también a su heroica derrota.

Aunque al hacer esta constatación también debemos decir que la nueva postura espiritual aún no ha encontrado su expresión plástica y poética, con ello, no obstante, no ha sido expresado un testimonio de pobreza, sino solamente la realidad de que durante 14 años hemos debido luchar por lo más vitalmente necesario y recién hoy, poco a poco, podemos emprender la tarea de posibilitar, partiendo de la posición espiritual - anímica, la plasmación exterior. Estamos orgullosos de que la obra del alzamiento Nacionalsocialista no esté acaso terminada, sino que aquí aún esperan grandes cometidos para nuestra y para muchas venideras generaciones. En el campo del más estrecho círculo de la visión del mundo, de la filosofía y de la vida religiosa, se producen actualmente por igual profundas luchas y conmociones. Aquí la postura de nuestro Movimiento ha sido inequívoca desde el primer día, y ésta posición ya tomada no será cambiada por el Movimiento Nacionalsocialista como Partido ni como Estado.

El Nacionalsocialismo no es culpable de que en Alemania haya varias confesiones religiosas, no puede ser considerado responsable de lo que importa la herencia de dos milenios y más allá de ellos. Su Führer, por consiguiente, como verdadero hombre de Estado y hombre de Pueblo se ha colocado en el punto de vista de que el gran movimiento combativo ha de mantenerse alejado de las diferencias individuales de opinión acerca de la vida religiosa. El Partido Nacionalsocialista declaró siempre que reconoce y está dispuesto a proteger toda genuina confesión religiosa que no contradice los valores germánicos. Al respecto podemos decir con orgullo que el Gobierno Nacionalsocialista como primero ha vuelto a expresar esta protección de la religión frente al sistema de 1918 hasta ahora imperante, donde todos los valores religiosos habían sido librados, casi como puestos fuera de la ley, a la más descarada burla en la literatura y en el teatro, y ello también con el auxilio político de aquellos partidos burgueses que presuntamente habían arrendado la protección del Cristianismo. Pero igualmente debemos dejar sentado que el Movimiento Nacionalsocialista, como organismo cerrado en sí y crecido de la confusión de la época, no puede ser el ayudante de ninguna confesión.

Con el Nacionalsocialismo se derrumba también el concepto de que la totalidad del pueblo pudiese, en cierto modo, constituir el brazo secular de una confesión religiosa. Si un Nacionalsocialista se pone la camisa parda deja de ser católico, protestante, miembro de la Iglesia Alemana, etctéra, es entonces exclusivamente un miembro combatiente de toda la Nación alemana. A la inversa, empero, debemos adjudicar a todo Nacionalsocialista como personalidad el derecho de tomar posición con respecto a cada una de las cuestiones religiosas de nuestro tiempo en la forma que su conciencia le ordene. Ahora bien: Este verdadero respeto interior ante toda profunda convicción religiosa, no es acaso una "vuelta al liberalismo" como algunos círculos se afanan por presentarlo, sino no otra cosa que el nuevo reconocimiento de una antigua postura de carácter germánico, conforme a la cual a causa de una confesión religiosa los seres humanos no deben ser arrojados a la discordia y asangrientas luchas. Esta antigua disposición anímica de los visigodos y al mismo tiempo de un Federico el Grande, es un mandamiento también para nuestra época. Nosotros respetamos la creencia de las Iglesias estatalmente reconocidas, pero también aquellas aspiraciones que buscan nuevas formas religiosas. No sabemos si los afanes por una iglesia nacional alemana tendrán éxito o no, comprendemos y respetamos cuando el rechazo de estos intentos de reforma es expresado claramente por las otras confesiones, pero no nos adjudicamos a nosotros el derecho, ni como Movimiento ni como Estado, de presentar a dirigentes de tales aspiraciones como inmaduros exaltados. Por eso sí en la camisa parda no queremos ser nada más que alemanes, en caso de que alguien de entre nosotros se ocupe de cuestiones o debates religiosos, le prohibiremos a éste la camisa parda. A ningún Nacionalsocialista le está permitido llevar discusiones religiosas públicas con el uniforme de su Movimiento. El Partido Nacionalsocialista no ha luchado por dogmas religiosos y tampoco luchará por éstos.

La controversía por dogmas para nosotros ha terminado, la gran pugna de los valores, en cambio, tomó su comienzo. No nos trasladaremos al campo de lucha del Medioevo, nos hemos elegido otro campo de lucha, aquél sobre el cual hemos logrado nuestros éxitos. No nos dejaremos incitar a batirnos en un terreno en el cual el Partido Nacionalsocialista no está dispuesto a luchar. Pero combatiremos en aquel terreno que fue la premisa del triunfo Nacionalsocialista. Si la vieja época había trabajado con el miedo y utilizado los sentimientos de temor como medio para su dominio, el Movimiento Nacionalsocialista, al contrario, apeló al valor, y como un fuerte imán volvió a pasar siempre de nuevo sobre la nacionalidad alemana. De esta manera ha reunido alrededor de sí a los seres humanos más fuertes, a los más valientes, y a los más dispuestos a asumir responsabilidad, y la dureza de este núcleo finalmente venció a todo lo demás. El Movimiento Nacionalsocialista predicó no el autodesprecio ni enseñó una mentalidad sumisa como condición de un buen ser humano, sino que volvió a hacer viviente la conciencia del orgullo por la esencia alemana y con ello estableció relación con aquella profunda doctrina de Goethe, que presentó el respeto ante sí mismo como la más profunda religión. Esto no es altanería, sino solamente la condición previa para superar la enfermedad de una época perimida, para volver a instaurar en sus honores al autorespeto.

Por más que, por consiguiente, el Movimiento Nacionalsocialista se mantenga alejado de todas las controversias dogmáticas, sin embargo, se ve afectado cuando por el otro lado han de ser librados la historia alemana y los grandes alemanes al desprecio. Si en estos días una alta personalidad eclesiástica hace difundir sus discursos, nadie de entre nosotros como funcionario del Partido Nacionalsocialista criticará expresiones de su dogmática. Pero si el príncipe de la Iglesia se traslada al terreno de la historia y de la prehistoria alemanas, a él se lo debe juzgar aquí de la misma manera que a todo otro alemán, sea erudito o laico. Nosotros consideramos incompatible con la concepción alemana de la historia, si desde ese lugar casi sin metáforas se hace un reproche a los germanos por haber echado a los romanos por la fuerza de las armas del bosque de Teutoburger.

No lo consideramos admisible cuando los conductores de la nueva Alemania son presentados como antiguos germanos ávidos de guerra, con lo que, en cierto modo, son subrayadas desde alta parte eclesiástica las denuncias desde el exterior. Y si finalmente al término de tales declaraciones dice que la mano de Dios no nos preservó del paganismo ruso para dejar que nos hundamos ahora en un paganismo germánico, se genera a través de tales expresiones que vienen de boca de la autoridad eclesiástica, el peligro de que las cosas de este tiempo sean vistas desde una falsa perspectiva. Porque del comunismo ha sido preservada la Nación alemana y todas las Iglesias, única y exclusivamente por el Movimiento Nacionalsocialista, que en estas palabras citadas es presentado casi como un mar o pantano en el que amenazan hundirse las Iglesias. Tenemos, por el contrario, la convicción de que la verdad histórica alguna vez será ésta: Adolf Hitler, con su victoria, salvó a toda Alemania del comunismo y a todo el mundo occidental del hundimiento en un sangriento caos.

Creemos que las Iglesias y todas las otras instituciones espiritual - culturales, aun cuando en uno u otro punto creen su deber efectuar una crítica a nuestro Movimiento, tendrían, sin embargo, todo motivo, en vista de los movimientos comunistas que siempre de nuevo relampaguean en otros Estados, de expresar al Führer de este Estado su más profundo agradecimiento por el hecho de que les es posible predicar libremente en sus iglesias. Tenemos la esperanza de que esta gratitud interior exigible se presentará poco a poco en todos los pastores y sacerdotes como condición previa para una verdadera pacificación de toda la vida política y espiritual de Alemania, a la que aspiran todos los que son de buena voluntad.

No es necesario para un gran Movimiento establecer diariamente fórmulas nítidamente delineadas para la vida ideológico - espiritual, sino qué tiene solamente la misión de señalar la orientación; el ritmo del tiempo traerá luego la evolución orgánicamente necesaria. Por este reordenamiento de los valores se lucha hoy, el futuro mostrará si aquí se conquistará la victoria como premisa de que el Movimiento Nacionalsocialista no representa la incumbencia de una generación, sino el fundamento cosmovisional y político para siglos venideros.

Después de haber llegado a su término la migración de pueblos germánicos, un principio religioso se constituyó en señor sobre todos, alternando bajo una forma de césaro - papismo (Cäsaro - Papismus) y de papo - cesarismo (Papo - Cäsarie). Bajo este dominio universal dormitaban, empero, siempre de nuevo otros impulsos. De la lucha por una confesión única se generó la pugna de muchas confesiones, que echó sus sombras sobre siglos sangrientos. Italia, Francia, Alemania e Inglaterra constituyeron los escenarios de aquella controversia acerca de cuál de ambas confesiones debía ocupar el primer rango; esta controversia terminó sin decisión con un compromiso. En la época siguiente los motivos religiosos pasaron a segundo plano y su lugar lo ocuparon los puramente políticos. Las luchas ya durante y después de la Guerra de los Treinta años fueron libradas para las dinastías, los pueblos, en cambio, aparecieron casi sólo como medios de determinados poderes domésticos en Europa.

La idea republicana se hizo viviente luego mediante revueltas, y así vemos, a más de un siglo ondear de acá para allá en la contienda entre el principio de la dinastía y el principio de la república, hasta que alrededor de mediados del siglo XIX el concepto de clase se hizo cada vez más fuerte, y la historia fue interpretada como historia de las clases; y la salvación de la miseria social como lucha de clases y guerra de clases. Esta terrible lucha en el corazón de toda Nación consumió casi las últimas reservas de Europa y trajo entre otros a Alemania, el espantoso 9 de noviembre de 1918. Todas estas luchas por los valores supremos nombrados han pasado a segundo y tercer rango en el alma de nuestra generación. El supremo valor por el que hoy se lucha y que configura la misteriosa fuerza del Movimiento Nacionalsocialista es el honor nacional. Desde este punto de vista ha de valorarse todo aquello por lo que hemos luchado en el campo político interior: la limpieza en la vida política y económica, la reforma del Estado de derecho alemán, la restauración de una genuina nobleza campesina ligada a la sangre, la incorporación del trabajador alemán en los destinos globales de la Nación.

A partir de este pensamiento - núcleo del honor nacional y social se ha estructurado la concepción del mundo Nacionalsocialista; este misterioso núcleo también le seguirá otorgando como Estado la fuerza constructiva. En último término reside en esta idea también la valoración del pasado y del presente alemán y con ello también la única garantía para un futuro alemán no rico materialmente pero internamente valioso. Tenemos el convencimiento que cualquiera sea la posición que adoptemos metafísicamente con respecto a los interrogantes del más acá y del más allá, en este mundo no podemos hacer más que desarrollar en nosotros el supremo y más noble valor y ponemos como seres humanos enteros al servicio de la totalidad alemana. Creemos que ningún Dios puede exigir de nosotros más que actuemos en todos los ámbitos de la vida en este sentido. Sentimos con ello un parentesco interior con todos los grandes del Ser alemán como una obligación ante el pasado y como legado para todos aquéllos que aún han de venir, al servicio de una única idea: ¡La Eterna Alemania!.

Notas:

1) Partido judeocristiano similar a la actual democracia cristiana.
2) Cuerpos de Voluntarios.